Mostrando entradas con la etiqueta Tony Cuesta. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Tony Cuesta. Mostrar todas las entradas

LA HISTORIA EN LA MEMORIA TONY CUESTA NARRA UNA DE SUS MÚLTIPLES HAZAÑAS-V- Y FINAL

miércoles, 23 de marzo de 2011

LA HISTORIA EN LA MEMORIA
TONY CUESTA NARRA UNA DE SUS MÚLTIPLES HAZAÑAS-V- Y FINAL
(3-21-11-5:00PM)
El "San Pascual", también conocido como "El Pontón"
1962, septiembre 10- Fue ametrallado por un barco pirata artillado, la embarcación cubana "San Pascual" y la nave inglesa "New-Lane", que cargaban azúcar, frente a Cayo Francés, en Sancti Spíritus. El barco cubano recibió 18 impactos y el inglés 13. El día 18/09 la organización terrorista radicada en los EE.UU., Alpha 66, se declaró autora del hecho. Participaron en esta acción los terroristas Antonio Cuesta Valle, Antonio Pérez Quesada , alias Antoñico el isleño y Ángel Pouxes, entre otros. (De la lista parcial de ataques marinos realizado por los patriotas cubanos, publicados por la Tiranía )
El día 9 de septiembre de 1962, aunque el tiempo no era nada bueno, al menos nos permitiría llegar hasta nuestro objetivo. Una lata gigante de chile con carne constituyó nuestra comida principal. Metidos dentro de los grandes huecos que el mar había formado en las rocas, protegidos del sol, descansamos par de horas. Luego llegó el momento de probar el funcionamiento de las armas. Los fusiles ametralladoras FAL funcionaron perfectamente. Los semiautomáticos Garand M-1, a pesar de ser sobrantes de la Segunda Guerra Mundial, probaron estar aptos para seguir defendiendo la democracia.
La nota cómica, que siempre aparece aún en los momentos más serios, se produjo cuando Lilo, queriendo efectuar el primer disparo de su vida en el cayo antes de enfrentarse al enemigo, accionó el gatillo de su M1. El disparo se produjo, pero el rifle se le desbarató entre las manos. Solo la imaginación de cada cual sería capaz de reproducir la cara que puso nuestro compañero ante el resultado de su primer disparo. Ramón, que ya se había convertido en un especializado armero, encontró la causa de aquel accidente: el pistón de los gases del Garand no se había colocado en la posición correcta. La remoción de ese pistón es lo que permite desensamblar el arma para su mejor limpieza y mantenimiento. Aquella cómica experiencia, que frente al enemigo no hubiese resultado tan cómica, fue la que nos determinó a jamás realizar un ataque sin previamente probar las armas lo más cerca posible del objetivo..
Exprofeso, dejé para lo último la realización de una hazaña que nadie había logrado hasta ese momento: la instalación de una ametralladora calibre 50 en un bote de 20 pies de eslora. Cuando consultamos sobre este particular a un experimentado artillero de la CIA, éste nos aseguró que  dicha pieza de artillería solo podía ser instalada en un barco de más de 40 pies; otro menor, quedaría destrozado por el tremendo golpeteo del arma al retroceder. Para prevenir esto, habíamos alterado  el montaje convencional.
Un tubo de acero de cuatro pulgadas de diámetro y seis pies de largo, descansaba en una cajuela fijada en el pasillo de proa entre los dos literas. Se removió la tapa de la claraboya de la cabina y el tubo salió al exterior a través  de ella, quedando su extremo al mismo nivel de la parte superior del parabrisas. Cuatro cables de acero con sus respectivos tensores  mantenían el tubo en su posición vertical y sin que éste tocara la estructura del barco. Cada uno de los cables iba a aferrarse a puntos equidistantes en la estructura interior de la cabina. Resistentes muelles espirales, situados en la patrte media de cada cable, serían los encargados de absorver la sacudida de cada disparo. En la parte superior del tubo quedó instalada la pieza en forma de U, encargada de recibir la ametralladora. Una vez terminada su instalación, la cubrimos con un grueso impermeable y amarramos su culata a la barandilla de la proa. Tardaríamos varias horas en cruzar el canal que nos separaba del objetivo y con aquel mar, nadie podía sostenerse tras la 50.(a la izquierda la placa del San Pascual)
No sé por qué no probé aquella instalación efectuando algunos disparos, tal vez influyó en mi decisión  las seguridades que me dió Gutiérrez, que sería quien la serviría, de que el arma se encontraba en óptimas condiciones. Con un crepúsculo lluvioso y olas poco invitadoras, definitivamente el compás marcó el rumbo exacto de nuestro objetivo.
Alrededor de las diez de la noche se vieron los primeros destellos del faro de Cayo Francés, que indica la entrada al puerto de la Ciudad de Caibarién, en la costa norte de la provincia central de Las Villas. Aunque la tripulación había descansado lo suficiente y estábamos acercándonos a la zona de combate, para sorpresa mia, los encontré a todos profundamente dormidos. Mis sacudidas y el argumento de que podíamos toparnos con una nave enemiga, acabó por alertarlos.
Contrariamente a lo que el enemigo pudiese esperar, no nos acercaríamos al objetivo utilizando el canal de entrada y llegando desde el norte. Confíados en la pericia de Antoñico y su hablidad para ver donde nadie podía ver, dándole un rodeo a Cayo Francés, simularíamos habernos acercado al objetivo desde la ciudad de Caibarién; para eso sería necesario atravesar el largo, estrecho y peligroso Cañón de Las Brujas, que separa el sur de Cayo Francés de Cayo Borracho.
Lentamente, con las luces de todos los instrumentos apagadas y las armas listas para disparar, nos adentramos en aquel zigzagueante pasadizo. El más pequeño error de cálculo y aquellos acantilados pondrían punto final a nuestra expedición. Contrariamente a lo que hubiera podido esperarse, Antoñico iba tras la rueda, tan relajado y seguro como si estuviese guiando un automóvil por Biscayne Boulevard, sin tránsito y a la luz del día.
Tan pronto como dejamos atrás el Cañón de Las Brujas, se  comenzaron a ver las luces de varios barcos mercantes y más allá el resplandor de la ciudad de Caibarién. Aunque aquellos mercantes estaban suministrando al enemigo y con gusto a todo los hubiéramso echado a pique, ninguno de ellos constituía nuestro objtivo.
Por fin Antoñico detiene la marcha y me dice: --"Mira Tony, esa mole que ves ahí es el San Pascual". Los últimos rayos de una luna que se hunde en el horizonte, me permiten ver hacia donde señala su mano. -¡Toma tú los mandos!  Si esperas unos minutos la oscuridad será completa y no nos verán acercar.
Al tiempo que me sitúo tras los mandos, le doy las últimas instrucciones a mis compañeros: Ramón, dale un Garand a Antoñico y ayuda a Lilo a montar el cañón anti tanque sobre la banda de babor. Gutiérrez, súbete a la proa y ocúpate de la 50...Ramón, cuando termines de ayudar a Lilo, alcánzame una FAL, y coge tú la otra. Ahora, que nadie hable. Voy a apagar los motores y dejaré que la brisa nos acerque un poco más.
Mientras nos dejábamos arrastrar lentamente hacia nuestro destino, sonreí satisfecho, realmente nuestra acción sería un rudo golpe para el enemigo. (De su relato "Guerrillas Marinas".)

LA HISTORIA EN LA MEMORIA TONY CUESTA NARRA UNA DE SUS MÚLTIPLES HAZAÑAS-IV

lunes, 21 de marzo de 2011

LA HISTORIA EN LA MEMORIA
TONY CUESTA NARRA UNA DE SUS MÚLTIPLES HAZAÑAS-IV
(3-20-11-5:00PM)
1962, septiembre 10- Fue ametrallado por un barco pirata artillado, la embarcación cubana "San Pascual" y la nave inglesa "New-Lane", que cargaban azúcar, frente a Cayo Francés, en Sancti Spíritus. El barco cubano recibió 18 impactos y el inglés 13. El día 18/09 la organización terrorista radicada en los EE.UU., Alpha 66, se declaró autora del hecho. Participaron en esta acción los terroristas Antonio Cuesta Valle, Antonio Pérez Quesada , alias Antoñico el isleño y Ángel Pouxes, entre otros. (De la lista parcial de ataques marinos realizado por los patriotas cubanos, publicados por la Tiranía )
Antes de dejar Orange revisé nuestra reserva de combustible. El recorrido que acabábamos de hacer con el mar friccionándonos  todo el casco sino también casi todas las bandas, nos había consumido poco más de cien galones. Si no éramos capaces de mejorar el rendimiento de cada galón, ni siquiera podríamos llegar a nuestro objetivo. Me tragué aquella desalentadora realidad, y antes de comunicársela a mis compañeros, decidí intertar la misma maniobra que nos había fallado tan pronto como abandonamos las costas de la Florida. El rugido de los Mercurys me dijo que esta vez sí lo íbamos a conseguir. Sin disminuir la aceleración, fui moviendo la tripulación  hacia adelante. Como una mosca que se acaba de despegar del papel engomado, el bote dió un respingo y salió a planear.
Al unísono, todos gritamos de alegría, cuatelosamente fui recortando máquina y pude sostener el planeo a 4,500RPM; el peso que habíamos perdido por el combustible consumido, era el responsable de aquel favorable cambio. Ahora íbamos cruzando cerca de los 30 nudos y la proa apuntaba hacia Dog Rock al norte del banco de Cayo Sal.(En la foto: Vista áera del Banco de Cayo Sal y Cayo Anguila)
Tan pronto rebasamos Dog Rock, pusimos  rumbo hacia la útima escala: Cayo Anguila. Este cayo de unas trece millas de longitud, se extiende de Norte a Sur y su parte más ancha no excede de un centenar de metros. Esto hace que sus contornos se asemejen a una gigantesca anguila nadando en el océano. Su rala vegetación sería incapaz de ocultar a un hombre y mucho menos a su embarcación.
Antoñico, que se conocía palma a palmo el cayo, no solo localizó el único y diminuto manantial existente, sino que también encontró un refugio ideal para nuestro bote en una rajadura de las rocas; la misma tendría unos 15 pies de largo por unos 30 de ancho. Esta circunstancia nos permitió amarrar todo los cabos a tierra. El bote quedó tan firmemente atado como si estuviera en una marina de Miami.
Alrededor de las tres de la tarde, comenzamos a preparar las armas y equipos. La alegría del próximo combate era experimentada por todops menos por Antoñico. Con su callosa mano como viscera, llevaba largo rato comtemplando un horizonte que para todos prometía el mejor de los tiempos; sin embargo, nuestro práctico veía algo bien distinto en aquella límpida atmósfera.
--Tony, creo que vamos a tener que esperar un ratico antes de que podamos cruzar el canal, el tiempo se va a joder muy pronto.-- Y no se equivocaba; esa noche un viento de más de 20 millas nos obligó a posponer la partida. Pero ¿Hasta cuándo?(Continuará)-  De su relato "Guerrillas Marinas".

LA HISTORIA EN LA MEMORIA TONY CUESTA NARRA UNA DE SUS MÚLTIPLES HAZAÑAS-III

domingo, 20 de marzo de 2011

LA HISTORIA EN LA MEMORIA
TONY CUESTA NARRA UNA DE SUS MÚLTIPLES HAZAÑAS-III
(3-18-11-5:15PM)
Elliot Key
1962, septiembre 10- Fue ametrallado por un barco pirata artillado, la embarcación cubana "San Pascual" y la nave inglesa "New-Lane", que cargaban azúcar, frente a Cayo Francés, en Sancti Spíritus. El barco cubano recibió 18 impactos y el inglés 13. El día 18/09 la organización terrorista radicada en los EE.UU., Alpha 66, se declaró autora del hecho. Participaron en esta acción los terroristas Antonio Cuesta Valle, Antonio Pérez Quesada , alias Antoñico el isleño y Ángel Pouxes, entre otros. (De la lista parcial de ataques marinos realizado por los patriotas cubanos, publicados por la Tiranía )
Mientras Antoñico zigzagueaba en un mar que para nosotros era igual en todas partes, Lilo sacó de la banda de popa una de nuestras cañas de pescar de utilería. Casi de inmediato subió a bordo una enorme barracuda. En la eventualidad de que algún guardacostas nos interceptara, unos pescados acabados de anzuelar no nos vendrían mal a bordo para encubrir nuestra verdaderas actividades.
En el aquel cruce transversal de la Bahía de Biscayne, el práctico me dio mis primeras lecciones empíricas de navegación. Por la coloración del fondo y los pequeños rizos de la superficie, combinándolos con la baja y la pleamar, fui aprendiendo a determinar la profundidad y la extensión de los diminutos canales entre los bajos y arrecifes. Aquel pescador profesional sabía tanto de las condiciones del tiempo y de navegación, que poco después diría: "prefiero tener a Antoñico conmigo a bordo, que al mejor de los radares y medidores de profundidad".
A la vista de Elliot Key, Antoñico nos anunció que como estábamos en plena marea baja, si queríamos ahorrarnos un largo rodeo, no nos quedaba otra alternativa que bajarnos a empujar para trasponer una barra de arena que nos cerraba el paso. Con los Mercurys levantados para que sus propias propelas no tocaran el fondo, le metimos las nalgas y las espaldas a la popa y comenzamos a empujar. Pulgada a pulgada logramos que el bote salvara aquel último obstáculo. Poco después, por babor, dejábamos atrás a Elliot Key y nos adentrábamos en el Océano.
Com sabíamos que el combustible apenas alcanzaría para llegar al objetivo y solo regresar hasta algún cayo de Las Bahamas, estábamos obligados a realizar todos los esfuerzos por ahorrar hasta la última gota de gasolina. Si lográramos planear le sacaríamos el máximo rendimiento a los motores, y lo que era más importante, al rescatar nuestra normal línea de flotación, alejaríamos aquel mar que amenazaba tragarse el barco. De no lograrlo, una simple olita de dos pies pondría término a nuestra operación. Realmente aquel proyecto parecía haber salido de las mentes de un grupo de kamikases japoneses, más que las de un grupo de cubanos exiliados.
Reemplacé a antoñico tras los mandos. Luego de advertirles que había que actuar con precaución y cautela fui moviendo mi tripulación hacia la popa: Cuando la proa se levantara lo más posible al agua, habría llegado el momento de intentar la maniobra. Aceleré a fondos los motores. Pese a que nuestras propelas eran de doble propósito (fuerza y velocidad), cuando mis compañeros se fueron moviendo nuevamente hacia la proa, por mucho que lo intenté no pude lograr que el casco planeara. Para llegar a nuestra primera escala, Cayo Orange, tendríamos que atravesar la Corriente del Golfo en toda su extensión, si el más leve aire batía en contra de la corriente, las olas se alzarían y nada nos salvaría del naufragio.
Ante tan pocas halagüeñas perspectivas, decidí transferir la responsabilidad de llegar a tierra firme, con aquel bote medio hundido, a quien consideraba muy superior  a Antoñico el Isleño: Dios y sus incalculables poderes.
Gracias a que el mar se mantuvo tan tranquilo como una mesa de billar, cayendo el atardecer arribamos a Cayo Orange; el que así lo bautizó le hizo un gran favor, pues no tenía nada ni de cayo ni de orange (naranja), sino puro arrecife de unos doscientos metros cuadrados de extensión, sin agua y sin ninguna vegetación.  Su mejor identificación  la constituía se semi derruída caseta de radar y telecomunicaciones, utilizada durante la Segunda Guerra Mundial en la lucha contra los submarinos alemanes.
Antoñico nos guió hasta el único lugar de desembarco en aquella masa de coral, después de todo, no vendría mal estirar las piernas y realizar las impostergables necesidades del cuerpo humano. Poco después Gutiérrez abría una lata gigante de espaguetis con bolas de carne, aquella fue nuestra primera comida en territorio inglés.
Antes de que se extinguiera la última luz solar, consideré de utilidad para las futuras operaciones, realizar un breve reconocimiento del islote. Entusiasta ante cualquier expedición no importa lo insignificante que esta fuese, Lilo se ofreció para acompañarme. Al terminar la inspección y disponerme a regresar al bote, mi acompañante con una expresión poco usual en su siempre despreocupado semblante, agarrándome de un brazo me detiene para decirme" --¡Escúchame Tony! yo no te lo dije antes porque temía que mi confesión me fuera a descalificar para esta misión...aunque anduve con tu primo Fernando en Cuba en Pleno clandestinaje, jamás he tirado un tiro y nunca me ví envuelto en ninguna acción de guerra. Además...
Cuando trato de interrumpirlo argumentándole que todos tuvimos alguna vez nuestra primera acción, Lilo continuando su discurso, no me deja ni abrir la boca.--Déjame terminar y después dime todo lo que quieras. Yo quiero pedirte un favor muy especial entre hombres, entre revolucionarios...lo único que quiero que me prometas es que, cuando suene el primer tiro si me apendejo, me metas un balazo en la cabeza y me tires por la borda. ¿Puedo confiar en que cumplirás mi petición?
Disimulo mis ganas de reir y la certidumbre que tengo de que estoy ante un valiente; su insólita petición avala la seguridad que tengo en relación a su futuro comportamiento. Sin embargo estoy obligado a darle alguna respuesta a aquel hombre.
--¡Despreocúpate Lilo! Tu petición ha resultado innecesaria. Entre nosotros el que se apendeje le damos, sin que lo pida, un balazo en la cabeza y se lo tiramos a los tiburones.
Tan pronto como Lilo descargó su única preocupación volvió a ser el optimista y alegre compañero de siempre. (Continuará)-  De su relato "Guerrillas Marinas".

LA HISTORIA EN LA MEMORIA TONY CUESTA NARRA UNA DE SUS MÚLTIPLES HAZAÑAS-II

jueves, 17 de marzo de 2011

LA HISTORIA EN LA MEMORIA
TONY CUESTA NARRA UNA DE SUS MÚLTIPLES HAZAÑAS-II
(3-17-11-5:00PM)
1962, septiembre 10- Fue ametrallado por un barco pirata artillado, la embarcación cubana "San Pascual" y la nave inglesa "New-Lane", que cargaban azúcar, frente a Cayo Francés, en Sancti Spíritus. El barco cubano recibió 18 impactos y el inglés 13. El día 18/09 la organización terrorista radicada en los EE.UU., Alpha 66, se declaró autora del hecho. Participaron en esta acción los terroristas Antonio Cuesta Valle, Antonio Pérez Quesada , alias Antoñico el isleño y Ángel Pouxes, entre otros. (De la lista parcial de ataques marinos realizado por los patriotas cubanos, publicados por la Tiranía )
Nos pusimos nuevamente en movimiento. Ya era bien entrado el mediodía cuando divisamos la entrada de la Marina de Homestead. Sus instalaciones, bien protegidas dentro de la Bahía de Biscayne, lejos de Miami y mucho más de Cayo Hueso hacía que su rampa, poco frecuentada por cubanos también fuese la menos vigilada por las distintas agencias federales. Pese a tener todos estos factores a favor nuestro , sabíamos que teníamos que depender de la sorpresa y la velocidad si queríamos no ser descubiertos.
Por fin, chirriando de la lindo hicimos nuestra entrada en el área de estacionamiento contigua a la rampa.....Siendo el más experimentado del grupo en maniobrar remolques me situé tras el volante. Solo necesité dos cortes para que bote y remolque quedaran alineados con la rampa. En el mismo instante en que las ruedas traseras del remolque tocaban el agua, se escapó un fuerte ruido producido por el metal al desgarrar el asfalto. De inmediato quedamos como clavados en medio del descenso.
Con la celeridad que imprimen los nervios desbocados, abandoné el sedán para averiguar lo sucedido; allí, en el vértice del ángulo que formaba la zona de acercamiento con el declive de la rampa, el sistema de enganche que tiraba del remolque, después de dejar un surco en el pavimento, se había hundido en el mismo. El exceso de carga en el bote nos acababa de jugar otra mala pasada. ¡Y en que momento! Sin pensarlo dos veces, tomé una drástica determinación.
--Ramón, hay que aligerar el bote! Con toda la gente saca todo lo que hay dentro--y señalando hacia el muellecito cercano--lleva hasta el último paquete hasta la punta de ese muelle. Que Roberto se lleve el remolque tan pronto como el bote esté en el agua...¿Entendido?
Ramón vacila, antes de actuar, me pregunta--Tony, ¿sabes a lo que nos exponemos? Por mucho que tratemos de disimularlo la gente no es comemierda, sabrán la clase de carga que llevamos...pero si tú lo ordenas, bajo hasta la calibre 50.
Te dije que lo bajaras todo. Si entre los mirones no hay un federal, nadie se atreverá a meterse con nosotros, aquí cada cual va a lo suyo. No tenemos otra alternativa. Haces lo que digo, o nos cogen  varados en esta rampa de mierda, ¿Está claro?
Mis últimas palabras fueron las banderillas que necesitaba aquel toro de lidia para que embistiera el arduo trabajo. Ramón subió al bote y de inmediato comenzaron a bajar bultos alargados de los que sobresalía el negro metal de los cañones. En menos de lo que toma relatarlo quedó organizada una verdadera estela humana que transportaba nuestra carga hasta el muellecito. Ante la perspectiva de ser sorprendidos en aquella actividad por las autoridades, ni siquiera reparamos en los norteamericanos que con asombro presenciaban la inusitada escena, que realizábamos a pleno sol y sin disimulos.
Tan pronto como se aligeró la carga, el enganche del remolque se desenganchó del asfalto. Cuando al fin el bote flotaba libremente ya estaba situado tras los mandos. Arranqué los Mercury y, sin perder un segundo, arrimé la borda al muellecito donde esperaban la carga y mis compañeros Lilo y Antoñico el práctico, saltaron a bordo. Desde el muelle, Ramón y Gutiérrez, iban alcanzando las armas y paquetes. A lo lejos, ví perderse en una curva al sedán con el remolque; al menos esta parte del equipo se había salvado.
Ahora los curiosos habían aumentado y eran mas atrevidos y suspicases. Les veía cambiar miradas de inteligencia y cuchichear exitados...¡ teníamos que apurarnos y no tratar de estirar demasiado nuestra buena suerte.
Con astuta preocupación observé que con cada paquete  que entraba en el bote, su borda se acercaba peligrosamente a la superficie del mar, especialmente por popa, donde gravitaba el peso de los motores. Allí el agua sobrepasaba el espejo y amenazaba hacer lo mismo con el falso espejo y penetrar en el interior de la embarcación. Al entregarme Ramón lo último que quedaba en el muelle, observé como llegaba a la Marina un perseguidor de la Patrulla de Fronteras con el faro rojo funcionando intermitentemente. Ante la inminencia de la captura, alguien se olvida de mantener la banda del bote pegada al muelle y de que Ramón todavía permanece en el mismo. Del perseguidor, que se ha detenido en la misma rampa, emergen dos agentes. No tengo tiempo de maniobrar y acercarme  de nuevo al muelle, pero no quiero quedarme sin la ayuda de Ramón y que éste sea capturado.
¡Salta coño, salta que te cogen! Con espanto veo que Ramón lo va a hacer por la popa. Si salta por allí vamos a naufragar ridículamente en la misma rampa. A como dé lugar hay que impedir que lo haga.
--¡Cebollón, salta por la proa...! Si lo haces por la popa tu peso nos hundirá. Ramón da media vuelta. Corre en dirección a nuestra proa y gritando: ¡Allá va eso!, cae estrepitosamente sobre la proa. El impacto de sus 220 libras alza la popa, de inmediato acelero gradualmente los motores. Al volverme para mirar hacía atrás por el espacio enmarcado por nuestros dos  inocentes cañas de pescar, veo llegar a la punta del muellecitoa los dos agentes de la Patrulla de Fronteras. Aunque hemos escapado por un pelo, no ha llegado el momento de cantar victoria; todavía nos queda evitar los helicópteros, salvar el peligro de la Bahía de Biscayne, y todo con un bote sobrecargado que apenas hacer diez nudos y que va calando demasiado.
Tan pronto como abandonamos el canal de salida, situé nuestra proa en Este perfecto y me dispuse dejarle aquella peligrosa navegación  al práctico, entre nosotros y Elliot Key, que por el Este separa a la Bahía de Biscayne del Océano. Nos quedaba un verdadero laberinto de bajos y arrecifes. Aunque el tiempo y la visibilidad eran perfectos, sólo Antonio Quesada, alias Antoñico el isleño, podía sacarnos de allí.
Ya con Antoñico tras la rueda (del timón), nos dimos el primer descanso en aquel ajetreado día. De la nevera sacamos  las últimas latas de Coca Cola y cinco Whoppers de los Burger Kings. Aquel sería nuestro último almuerzo semi-convencional en muchos días. (Continuará)-  De su relato "Guerrillas Marinas".

LA HISTORIA EN LA MEMORIA TONY CUESTA NARRA UNA DE SUS MÚLTIPLES HAZAÑAS

LA HISTORIA EN LA MEMORIA
TONY CUESTA NARRA UNA DE SUS MÚLTIPLES HAZAÑAS
(3-16-11-5:00PM)
1962, septiembre 10- Fue ametrallado por un barco pirata artillado, la embarcación cubana "San Pascual" y la nave inglesa "New-Lane", que cargaban azúcar, frente a Cayo Francés, en Sancti Spíritus. El barco cubano recibió 18 impactos y el inglés 13. El día 18/09 la organización terrorista radicada en los EE.UU., Alpha 66, se declaró autora del hecho. Participaron en esta acción los terroristas Antonio Cuesta Valle, Antonio Pérez Quesada , alias Antoñico el isleño y Ángel Pouxes, entre otros. (De la lista parcial de ataques marinos realizado por los patriotas cubanos, publicados por la Tiranía )
A pesar de que habían sido reforzados  con una viga de acero, los ejes se doblaban bajo el peso. Aquel viaje, que en condiciones normales se podía realizar en unos 45 minutos, ya nos consumía más de 4 horas. Fue necesario cambiar dos neumáticos del remolque que explotaron por no poder resistir la carga. La Marina de Homestead, al sur de Miami, aunque cercana, nos estaba resultando inalcanzable. Los autos que nos seguían frecuentemente lanzaban pitasos de protesta por la lenta marcha que llevábamos.
Desde luego, los inconvenientes que les estábamos causando  a aquellos motoristas de fin de semana eran preferibles a que, por querer acelerar la marcha, se acabaran de partir los ejes y causáramos un serio accidente por aquella transitada vía.
Por fin, la flecha que indicaba la localización de la Marina, nos hizo abandonar la carretera US1. Ninguno de los curiosos que nos veían pasar aquella mañana del 7 de septiembre del 1962, ni remotamente podían pensar cual era la causa de que aquel ligero bote de fibra de vidrio y de solo 20 pies de eslora, prácticamente fuese apachurrando su remolque de servicio pesado. Era evidente que no podía ser debido al peso de sus motores; aquellos dos fuera de borda Mercury de cien caballos de fuerza, eran usuales en cualquier bote de su tipo. De ser así...¿Por qué pesaba tanto aquel casco pintado de verde mangle? Nosotros si sabíamos la razón: ocupando todo el espacio entre el parabrisas y la popa, bajo el techo plegable, dos literas cubrían un tanque de quinientos galones de combustible. Escondidos en la cabina de proa llevábamos el siguiente armamento: una ametralladora calibre 50, su base y seis cajas de proyectiles y un cañón antitanque accionado por cerrojo de la Primera Guerra Mundial, también con su base y una caja de proyectiles. Completaban el cargamento de la cabina de proa varios paquetes con suficiente avituallamiento para cinco hombres durante una semana y un botiquín de primeros auxilios.
Diseminados por otras partes de la embarcación  y bien cubiertos por chubasqueras, lonas y salvavaidas, tres rifles Garands M-1 y dos fusiles ametralladoras FAL, todos con abundante parque. En aquel arsenal desentonaba un barrilito de cinco galones que llevaba adherido con fuertes cintas plásticas un paquete del que colgaban dos pedazos de mechas. Aquella, nuestra arma secreta, se encontraba bien oculta debajo de la soga del ancla.
Sabíamos que toda aquella carga rondaba el límite del peso que el bote podía resistir sin irse al fondo. Sin embargo sería menos peligroso no hacernos a la mar sin previamente  haber probado su capacidad de carga en cualquier canal, que iniciar  aquel largo viaje tan solo confiando en Dios y en nuestra buena suerte.
Ya en la carretera marginal que llevaba directamente hasta la Marina arrimamos a un lado de la poca transitada vía para poder revisar de nuevo el remolque. Sin aquella elemental medida de pracaución jamás hubiéramos podido recorrer las escasas dos millas que nos separaban de nuestro primer objetivo. El exceso de peso por fin terminó venciendo la escasa resistencia que le había ofrecido el sistema de suspensión. Los 4 guardabarros del remolque, impactados contra la banda de rodamiento de los neumáticos, comenzaban a generar fuego debido a la tremenda fricción entre el metal y el caucho.
Le pedí  a los dos miembros del grupo de apoyo que para no levantar sospechas siguieran sentados en el asiento delantero del sedán rural que transportaba mi exigua tripulación y tiraba del remolque. Ramón Font y Angel Puxes a quien apodábamos Lilo, me ayudaron a remover los guardafangos. El sol floridano y el calor  de los neumáticos nos hacían sudar, tanto al emplear las llaves y palancas, que imaginé encontrarme en pleno cuarto de i de El Tejana, ayudando a Larry y a Báez a reparar algunas de las frecuentes averías de aquel ex caza submarino.
La ingeniosidad y dinamismo de Lilo contribuyó bastante para facilitar aquella engorrosa tarea. De unos de esos canales que tanto abundan en el sur de la Florida, nuestro ayudante se las arregló para tener un cubo de agua que fue a refrescar, al menos por el monento nuestro fatigado remolque. Antes que termináramos Lilo tuvo que darse varios viajes más en busca de agua. Aunque llevábamos varios horas sin comer y sin dormir, agotados hasta la extenuación, cada milla que nos acercara al mar era como un tónico vivificante cuyo efecto nos aseguraba que, auqnue  sobre nuestros hombros, el bote llegaría al agua.(Continuará)-  De su relato "Guerrillas Marinas".  

SOBRE LA MEGA Y SU "MEGA CINE" DE PROPAGANDA CASTRISTA

sábado, 4 de diciembre de 2010


SOBRE LA MEGA Y SU "MEGA CINE" DE PROPAGANDA CASTRISTA
12-3-10- 5:00PM)

Tres héroes de la patria ofendidos y calumniados por Mega TV: Porfirio "El Negro" Ramírez (alzado) Raúl Vianello (Brigada 2506) Tony Cuesta (misiones y ataques desde el exterior). Que sigan los demás con sus pachangas. Nosotros, fuera, a la intemperie, rodilla en tierra, en defensa de sus sagradas memorias.

A 96 horas de nuestra primera nota sobre este bochornoso y ofensivo asunto, los líderes del exilio, no han movido un dedo, para defender la memoria de los patriotas, los héroes y  mártires de nuestra lucha contra el castrismo y su tiranía, ofendidos con la proyeción en el programa "Mega Cine" de La Mega TV. de Raúl Alarcón, con la exhibición de tres películas de pura propaganda castrista, realizadas por el ICAIC ("El Hombre de Maisinicú", "Guarda Fronteras" y "El Brigadista") en los que se tergiversa la verdadera historia de los cubanos que se alzaron en las montañas tratando de evitar la comunización de Cuba, y la de los que desde el exilio arriesgaban sus vidas, dejando atrás las comodidades de Norteamérica para llevar armas y pertrechos a eso alzados y para realizar ataques a objetivos de la tiranía; y de los integrantes de la Brigada 2506.

Destaquemos que los excelentes y leidos colegas "Cuba en el Mundo" y "Baracutey Cubano", de los dignos Roberto Solera y Pedro Pablo Arencibia, respectivamente, se hicieron eco inmediatamente de nuestra airada denuncia. A ellos nuestro agradecimiento y el de los que llevan el dolor de la patria y de sus muertos gloriosos en sus corazones.
Igualmente a los lectores que nos han escrito respaldando nuestra petición, una muestra de cuyos mensajes publicamos más abajo, le agradecemos su respaldo.
Pero lo descorazonante, es el silencio incalificable de los que son líderes de organizaciones, de partidos, movimientos, sombrillas de organizaciones, Municipios del exilio y otras tantas siglas que pululan en esta ciudad y sus alrededores, muchos de los cuales utilizan de pretexto para manifestarse y públicamente y atraerse la atención de los medios, cualquier tema por muy baladí que sea. En este caso, como los muertos no votan, y no asisten a manifestaciones, no dan rating, ni contribuyen económicamente; y además puede traer consecuencias el enemistarse con una poderosa cadena que puede brindar espacio para mantenerse en el "Hit Parade" del anti castrismo retórico y publicitario,  no consideran que valga la pena echar una batalla por el honor y la memoria sagrada de los muertos de la patria.
Y los furibundos comentaristas radiales que se comen el azúcar crudo y el agua sin mascar, también guardan silencio, porque la iniciativa no partió de ellos, y porque esta campaña no la patrocina ni paga el Partido Republicano, ni rendirá dividendo económico alguno.
Nosotros mientras tanto seguiremos en esta humilde trinchera alzando nuestra voz para denunciar no sólo a los enemigos, sino a los "amigos" indolentes, que no consideran que valga la pena dar una batalla por los los que regaron con su sangre el árbol de la libertad.