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lunes, 16 de diciembre de 2013
POR LOS FRENTES DE IBEROAMÉRICA:
LAS FARC APOYAN A GUSTAVO PETRO
(12-16-13-2:30PM)
Por Eduardo Mackenzie- Periodismo sin fronteras
Bogotá no necesita un agitador respaldado por la mayor organización criminal del continente. Necesita un verdadero alcalde, un ciudadano honorable y competente que saque a la capital de la crisis en que la hundieron los atorrantes alcaldes de izquierda y extrema izquierda que trabajaban para llenarse los bolsillos, para enriquecer a sus amigos y para el proyecto político castro-chavista.
El respaldo dado a Gustavo Petro por las Farc desde Cuba prueba una vez más que la tal “izquierda democrática” no existe en Colombia. Detrás de ese proyecto ilusorio está, como siempre, el brazo armado comunista.
Desde La Habana, las Farc gritan su apoyo a Petro en tono desgarrado. Insultan y amenazan de nuevo al Procurador General de la Nación (sin que el presidente Juan Manuel Santos, quien está obligado a conservar en todo el territorio el orden público, y a proteger la honra de la nación, se atreva a mandarlos callar). En todo caso, la banda narco terrorista no quiere que el caótico funcionario sancionado abandone ese puesto tan estratégico.
Las hienas de La Habana se disfrazan de ovejas. Se contorsionan, posan de “indignados”. Pretenden que los colombianos veamos a los asesinos de Inzá (donde dejaron 7 muertos, 53 heridos, 127 casas afectadas, cientos de personas traumatizadas y 3 mil millones de pesos en pérdidas materiales) como defensores de “la democracia”.
Las gesticulaciones de esa gente confirman que la elección de Gustavo Petro para dirigir a Bogotá hacía parte de un complicado andamiaje en el que las Farc han jugado y están jugando un papel central.
Si los bogotanos eligen ahora un alcalde que no esté bajo esa nefasta influencia, la olla podrida que se fue acumulando durante las últimas administraciones de la ciudad (todas salidas del partido Polo Democrático) será destapada. Pues el corrupto “cartel de la contratación”, de proporciones nunca antes vistas en Bogotá, montado por el también destituido y hoy encarcelado alcalde izquierdista Samuel Moreno Rojas, podría ser sólo la punta del iceberg. ¿O será que tal operación de saqueo de Bogotá se hizo de la noche a la mañana?
Las FARC apoyan a Gustavo Petro
Ante el apoyo dado a Petro por las Farc también es obligatorio repensar los atentados de bajo perfil que han estado sufriendo el Procurador Alejandro Ordóñez y su familia en los últimos meses. No hablo de la campaña difamatoria sistemática, sino de los atentados a bala que el Fiscal Montealegre, como cosa ignominiosa, no se molesta en investigar. La bala de alto calibre que, en días pasados, atravesó un ventanal a pocos metros del despacho del Procurador, pudo haber sido disparada por un francotirador formado por la subversión.
Las Farc quieren deshacerse del Procurador General pues él dirige la lucha más acertada y valiente contra la impunidad que esos criminales quieren obtener por medio de las transacciones en La Habana. Ahora se puede pensar que querían asesinarlo antes de que anunciara la destitución del alcalde Petro. Esa banda también quiere atentar contra el ex presidente Álvaro Uribe, según informes de inteligencia revelados hace unos días por el ministro colombiano de Defensa.
La actitud desesperada de Petro y de sus amigos ante la sanción impuesta con toda razón y en plena legalidad por el Procurador Alejandro Ordóñez Maldonado, muestra que es mucho lo que está en juego. Lo más asombroso es que el recién nombrado embajador de los Estados Unidos en Colombia, Kevin Whitaker, abuse de su posición y repita desde Washington lo mismo que dijeron las Farc: que la destitución de Petro “podría erosionar el proceso de paz”. La administración Obama cada vez está peor y ya nadie sabe en qué va a terminar.
El chantaje que consiste en mezclar la destitución de Gustavo Petro al futuro de las negociaciones en La Habana demuestra que los intereses de los bogotanos y de Bogotá, incluidas las capas más pobres, son la última preocupación de la franja izquierdista y de las Farc. Las ilegales “movilizaciones de masas” que Petro intenta desatar en la capital de la República le caen muy bien a la subversión pues ampliarán el contexto de desorden y violencia que servirán para arrancarle a Santos, lo antes posible, las concesiones que las Farc quieren en materia de narcotráfico, participación política y ocupación de territorios.
La tenaza Petro-Farc dejó de ser una hipótesis. La oposición y las instituciones que no han sucumbido a la corrupción sabrán rodear al Procurador Ordóñez para hacer fracasar los desmanes que están en desarrollo contra él, contra Bogotá y contra Colombia.
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viernes, 22 de noviembre de 2013
POR LOS FRENTES DE IBEROAMÉRICA:
VENEZUELA, UN PROYECTO TOTALITARIO EN MARCHA
(11-22-13-3:10PM)
Por Ricardo Angoso
La aprobación de la reciente Ley Habilitante por el presidente Nicolás Maduro hace temer que el proyecto totalitario se consolide en el país.
Como en una pesadilla orwelliana, cada día que pasa las cosas empeoran y se agravan en Venezuela. La reciente aprobación de una Ley Habilitante, que le da plenos poderes al presidente Nicolás Maduro, que podrá legislar sin necesidad de consultar al parlamento, viene a añadir más zozobra e incertidumbre a un país ya de por sí hundido en una grave crisis social, política y económica desde la desaparición del fundador del régimen, el sátrapa Hugo Chávez.
Nadie sabe a ciencia cierta las consecuencias que puede tener la aprobación de la medida, pero es más que seguro que el régimen utilizará la misma para intensificar los mecanismos de control de la población, perseguir y aislar más a la oposición y profundizar en el “proceso revolucionario”, es decir, cerrando las puertas a la tenue iniciativa privada que aún queda en pie y cercenando las libertades públicas. El G2 cubano también servirá a tal fin, como ha hecho hasta ahora, e introducirá nuevas medidas de control sobre su colonia caribeña.
Maduro, cuya inexperiencia, incapacidad e ineptitud rayan lo tolerable, pretende sacar al país del grave trance por el que pasa utilizando la demagogia y la fuerza bruta, la violencia contra la empresa y agudizando más todavía si se puede la división social y política en que se halla sumida la nación. Dice que quiere estas armas que le da la Habilitante para luchar contra el “sabotaje económico “y la corrupción, cuando estos dos fenómenos son solo los síntomas de una larga enfermedad que se nutre de catorce años de pervivencia de un sistema caduco, fracasado, despilfarrador y pésimo gestor de los bienes públicos.
Una herencia envenenada en todos los órdenes de la vida. El difunto sátrapa, Chávez, legó a Maduro una herencia envenenada. Un país hundido en lo económico, polarizado en lo político, crispado en los social y padeciendo la recesión más grave que ha sufrido la nación venezolana en toda su historia; ni en los peores tiempos de la “podrida” democracia burguesa los venezolanos habían vivido tan mal y sujetos a un régimen tan despótico, arbitrario y caprichoso. La situación actual no tiene parangón en la historia moderna de Venezuela, nunca se había visto un espectáculo tan dantesco y siniestro a la vez.
Las consecuencias de estas políticas erráticas, fracasadas, condenadas a los anaqueles de historia por su inutilidad manifiesta y los diabólicos efectos que producen, como conocen a la perfección los cubanos y los sufridos ciudadanos de los antiguos países comunistas, se están viendo ahora en Venezuela. Intervenir en los mercados, imponiendo tipos de cambio, regulando los precios y tratando de impedir el desarrollo de la economía de mercado, solo lleva al caos económico y al desbarajuste total, a la corrupción generalizada de las elites en el poder y a la anarquía. Incluso al saqueo y al miedo, tal como se ha visto en estos días en las calles venezolanas y se seguirá viendo. La inflación, superior al 50% este año, además, devora a los sueldos y devalúa el nivel de vida.
Juan Manuel Santos y Nicolás Maduro, pactaron la muerte de Álvaro Uribe.
La mentira institucionalizada, esencia del sistema. Luego está la mentira institucionalizada, tratar de culpar a los demás de los errores propios, ocultar tras cortinas de humo la ruina total de una nación por una gestión -si se puede llamar así- que lleva al naufragio total de todo un pueblo. Nunca tan pocos habían hecho tanto daño a Venezuela. Es como en la novela 1984, de George Orwell: “Saber y no saber, hallarse consciente de lo que es realmente verdad mientras se dicen mentiras cuidadosamente elaboradas, sostener simultáneamente dos opiniones sabiendo que son contradictorias y creer sin embargo en ambas”. Esa es la esencia del sistema: el engaño permanente para adecuarse a las circunstancias.
Se miente desde el poder, se manipulan los datos en beneficio propio, se crea un enemigo externo para justificar la inutilidad de los que gobiernan, se culpa a los otros de lo que sucede para no asumir las responsabilidades propias. Y se genera una cultura totalitaria, que justifica el poder omnímodo de los que supuestamente administran, para no escuchar ni tolerar ninguna crítica, aunque sea constructiva y razonable.
Para concluir esta tragedia venezolana y este cuadro de la situación realmente crítico, hay que añadir la “guinda” de la tarta: la inseguridad. Todos los días se producen centenares de delitos en todo el territorio, cada hora se derrama la sangre venezolana y las morgues de Caracas aparecen atestadas de cadáveres todos los fines de semanas. Más de 200.000 venezolanos han muerto debido a la inseguridad reinante en estos largos años de descontrol, tolerancia hacia el crimen, impunidad pavorosa y, sobre todo, una cultura del odio que se proyecta desde el poder y que ha permeado en todos los sectores sociales. ¿Alguien da más?
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domingo, 20 de octubre de 2013
POR LOS FRENTES DE IBEROAMÉRICA:
¿CON QUIÉN NEGOCIA SANTOS?
(10-20-13-4:30PM)
Por Eduardo Mackenzie-Periodismo sin fronteras
El presidente Juan Manuel Santos lanzó antier en Neiva un nuevo ataque verbal, bastante violento, contra la oposición. La acusó de lo que la viene acusando desde hace más de un año cuando comenzaron los contactos visibles con las Farc en Cuba. “Los enemigos del proceso están diciendo mentiras sobre lo que se está discutiendo en la Habana”, lanzó el mandatario ante un auditorio que esperaba de él otra cosa, en respuesta a los problemas urgentes del departamento, como el colapso de la justicia por la falta de nuevos jueces y juzgados y como la lentitud de las obras públicas por él prometidas (los trayectos Neiva–Girardot y Neiva–Mocoa–Santana) y el pago de un subsidio prometido a los caficultores.
En lugar de tratar esa temática, Santos se embarcó en una diatriba incendiaria al decir, según Radio Caracol, que el ex presidente Álvaro Uribe “se está oponiendo a todo, a su reelección (la de Santos) y al proceso de paz”. Enseguida, reiteró contra Uribe su epíteto preferido: “Uribe es uno de los enemigos de los diálogos con la guerrilla”. Según Santos, los colombianos también somos culpables. Dijo: “Los colombianos se están dejando llenar la cabeza de cucarachas y (…) por eso hay más incrédulos en el país que en el extranjero sobre la paz que se está negociando”. El jefe de Estado remató así: “Yo estoy negociando con la guerrilla, no con Uribe”.
Esas alegaciones insinúan algo que es a la vez cierto y falso. Es cierto que los colombianos –y por muy buenas razones– ya no creemos en el llamado “proceso de paz”. Las encuestas lo dicen: el 78% está contra la participación de los jefes de las Farc en elecciones; el 80% está contra la no entrega de las armas de éstas y solo la pretendida “dejación”; el 80% está contra la entrega a las Farc de las zonas de reserva campesina; el 87% está contra el no pago de un solo día de cárcel por los crímenes de las Farc; el 89% está en contra de que las Farc tengan una representación parlamentaria a dedo, es decir sin pasar por el voto de los ciudadanos.
Aunque Santos esté muy molesto con la opinión, debería admitir la verdad: las Farc y él mismo fracasaron en hacernos creer a los colombianos que esas aberraciones, esa capitulación en regla del Estado y de la sociedad ante las Farc, era lo mejor para el país. Por otra parte, no es exacto que “en el extranjero” estén muy felices de ver a las Farc convertidas en alegres borregos que nunca cometieron crímenes de guerra ni crímenes contra la humanidad. Pensemos en lo que ha dicho al respecto, con gran autoridad, la fiscal de la Corte Penal Internacional, de La Haya.
El otro punto, aún más importante es este: ¿Con quién está negociando Santos? Si él cree que está negociando con una guerrilla, el presidente se equivoca.
Las negociaciones en La Habana, en su estado actual, no son entre el gobierno colombiano y una guerrilla. En esas negociaciones las Farc están negociando no con el Estado colombiano en su conjunto, sino con una fracción del Estado colombiano que insiste en ese capricho, contra el desespero, aunque sea silencioso, de otra parte de ese mismo Estado. Por otra parte: las Farc están batallando allí, en La Habana, no para aplastar, en particular y de manera aislada, la democracia colombiana, sino que están batallando para hacerlo pero en nombre de los intereses globales del castro-comunismo en el continente americano y en el mundo.
Las FARC no son un grupo de buenos muchachos (foto)
Los que creen que las Farc son el “secretariado” de Timochenko y las bandas errantes que subsisten bajo su mando, se equivocan. Las Farc son mucho más que eso, son un animal mucho más letal, imprevisible y tentacular de lo que algunos creen. Las Farc nunca fueron un proyecto insurreccional anticapitalista en un sólo país. Esa organización era y es un eslabón de una cadena. Era y es un instrumento subversivo que depende de unos poderes extranjeros con ambiciones continentales.
Recordemos un detalle reciente que deja al descubierto ese fenómeno: cuando las fuerzas militares y de policía de Colombia dieron de baja a Raúl Reyes, el jefe de hecho de las Farc en ese momento, en su campamento en territorio ecuatoriano, el 1 de marzo de 2008, tres países rompieron inmediatamente relaciones diplomáticas con Colombia: Ecuador, Venezuela y Nicaragua. Esos gobiernos inflaron el incidente, que era susceptible, en condiciones normales, de ser arreglado por la vía diplomática, y lo transformaron en un casus belli: Venezuela envió ruidosamente tropas a la frontera con Colombia. Ecuador hizo otro tanto, con menos ruido. Nicaragua redobló sus intrigas para sacar a Colombia del Mar Caribe. ¿Por qué? Porque entre las Farc y esos regímenes había y hay una alianza política-militar, no solo una simpatía ideológica.
Es a la luz de hechos como ese, que algunos parecen haber olvidado, que se deben analizar las pretendidas negociaciones de paz en La Habana. ¿Santos pretende que está negociando con una guerrilla? Está negociando, en realidad, con una narco-guerrilla y con entramado de poderes y de ambiciones internacionales, es decir con un bloque totalmente anti colombiano. Yo creo que Santos sabe todo eso. ¿Por qué no lo dice a los colombianos?
¿Quién puede creer que de esa aventura en La Habana saldrán unas Farc sin narcotráfico y dispuestas a respetar, e incluso dispuestas a “ampliar” como ellas prometen, la democracia, la soberanía, las libertades, la separación de poderes, la libertad de prensa y la economía de mercado en Colombia?
Lo que buscan en La Habana es abolir la Colombia que hoy conocemos y amamos. Si los colombianos son “incrédulos”, como dice Santos, es porque saben eso, pues han escuchado lo que dicen las Farc desde La Habana, mientras ven a un gobierno mudo y acomplejado ante las vociferaciones y amenazas de los jefes de las Farc en Cuba. Y porque ven y sufren en carne propia los actos de terrorismo, infames y diarios, contra civiles, militares, policías y contra las infraestructuras del país, estimulados, precisamente, por esas “negociaciones de paz”.
No, el problema no es la “lentitud de los diálogos” en La Habana, como estima el presidente Santos. Tampoco es que las negociaciones estén “atascadas”, como cree saber la agencia Reuters. Es porque esas negociaciones son imposibles, pues buscan algo inadmisible: llegar a una situación de paz (relativa) en detrimento de la democracia. A una paz como la que existe en Cuba, o en Venezuela, o en Nicaragua. Pero no una paz en un contexto de libertades reales. Es decir, la salida que preconizan las Farc no conduciría sino a un solo escenario: a la verdadera guerra civil en Colombia. No hay en el continente una entidad más militarista que las Farc.
Los diálogos en La Habana son un peligro para el país. Por eso las Farc y sus acólitos, Piedad Córdoba, Iván Cepeda y otros, después de hacer la pantomima de rechazar los regalos de Santos, como el “marco jurídico para la paz” y el referendo, entre otros, regalos que ellos valoran, en realidad, como trampolines para alcanzar sus objetivos, no tienen en estos días sino un discurso: las negociaciones deben continuar, es la oportunidad de llegar a una “salida política” (la paz sin democracia), hay que negociar también con el ELN, etc.
¿Por qué esa insistencia? Porque las Farc y sus aliados, y la galaxia internacional que gira en torno de la dictadura cubana, el Foro de Sao Paulo, donde las Farc y el ELN tienen puestos fijos desde 1990, ven que la aventura en La Habana entre Santos y Timochenko abre una brecha, la única, para desbaratar el sistema político colombiano desde dentro y poder arrastrar un país clave del continente a la órbita de los cubanos.
Santos sabe perfectamente esto y, sin embargo, dice que está “negociando la paz” para Colombia.
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