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#eeuu LA INEPTOCRACIA #OBAMA

viernes, 7 de diciembre de 2012


LA INEPTOCRACIA
(12-3-12-5:00PM)
Ineptocracia.- Un sistema de gobierno que es incapaz de dirigir, que ha sido electo por la gente  menos capaces de producir, donde los miembros de la sociedad menos capaces de mantenerses ellos mismos y de prosperar, son premiados y reciben servicios pagados por los bienes confiscados, de las personas que producen  y  que cada día son menos.
Este es el sistema de gobierno que hoy tenemos en los Estados Unidos de América, y que muy pronto llevará este país a la ruina total.

SIGUEN COMPRANDO VOTOS. MÁS PARA EL LOTE DE "VOTOS CAUTIVOS"

martes, 4 de diciembre de 2012


SIGUEN COMPRANDO VOTOS. MÁS PARA EL LOTE DE "VOTOS CAUTIVOS"
(11-25-12-9:20AM)

VEA COMO LA ADMINISTRACIÓN OBAMA REGALA EL DINERO QUE NO HAY, PARA COMPRAR MAS "VOTOS CAUTIVOS".


¿PURGA EN LOS ALTOS MANDOS DE LAS FUERZAS ARMADAS #eeuu?

sábado, 17 de noviembre de 2012


¿PURGA EN LOS ALTOS MANDOS DE LAS FUERZAS ARMADAS?
(11-14-12-4:30PM)
  
De izquierda a derecha ¿los purgados?: General del Ejército David Petraeus; General del cuerpo de Marines John Allen y el General William Ward.
Por Aldo Rosado-Tuero
Llaman poderosamente la atención los “escándalos” desatados por “conductas inapropiadas” de—hasta ahora—tres respetados y prestigiosos generales de las Fuerzas Armadas  de Norteamérica. Es bien sabido que los organismos de inteligencia siempre han mantenido expedientes sobre la vida privada de funcionarios y altos dirigentes civiles y militares, pero que, hasta ahora, nunca se habían utilizado los deslices de relaciones extramatrimoniales y otros asuntos que no comprometieran la seguridad nacional para perjudicar a esas personas. La mejor prueba lo constituye la larga relación extramatrimonial existente entre el Comandante de todas las Fuerzas Aliadas en Europa y luego Presidente de EE.UU. El General Dwight David Eisenhower con su secretaria.
Por eso causan preocupación estas “revelaciones” que afectan a íconos de las Fuerzas Armadas estadounidenses, como si se quisiera desprestigiar a la institución y al mismo tiempo, dar un aviso subliminal a los demás altos oficiales.
Los que hemos venido siguiendo desde hace muchos años el movimiento de infiltración destinado a destruir desde dentro a esta Nación nos preguntamos: ¿Se trata de destruir la moral de estos militares que podían oponerse con su prestigio al  venidero corte de presupuestal que dejará a nuestras Fuerzas Armadas en condiciones terribles que mermarán su capacidad tanto ofensiva como defensiva? ¿Manchando el prestigio de estos y otros militares se facilitaría el cumplimiento de la promesa hecha al ruso Putin, de ser más flexible en este periodo presidencial? ¿No serán también estas movidas un mensaje a los demás altos oficiales de lo que les podría suceder si no se pliegan a los planes de la actual Administración? ¿Existe un plan para desacreditar a la institución?
A la mente nos vienen las tácticas usadas por el bolchevismo y sus discípulos a través de la historia. Cuando, en lo que después sería la futura Unión Soviética, se implantó el gobierno de Coalición de Kerensky, poco a poco los bolcheviques fueron purgando a los militares que no les eran afectos y que se oponían a los planes comunizantes de los bolcheviques.
Ese esquema se repitió en nuestra patria—Cuba—en 1959, cuando a la huida de Batista se constituyó un gobierno que incluía a personas y militares de distintos movimientos y aún se dejaron en el Ejército a militares limpios del antiguo Ejército Constitucional. Al poco tiempo se iniciaron las purgas de oficiales revolucionarios y de las antiguas fuerzas armadas que podían oponerse a la futura comunización del país.
Y para no alargar tanto esta nota, bastará con recordar lo ocurrido igualmente en Venezuela, con Chávez en el poder: Purgas, destitución, desprestigio y prisión para oficiales que se sospechaban por su ejecutoria que se opondrían a la comunización  de Venezuela.
Entonces ¿Es o no válido abrigar la sospecha de que ese es el camino que se ha emprendido aquí en los Estados Unidos?
Al  General William "Kip" Ward  dizque “por gastos lascivos y vuelos lujosos” le fue quitada, como castigo, una estrella de su rango de General de 3 estrellas y con ese rango se le retirará, pero el mismo día que eso ocurre, la Adminstración Demócrata premia a la roja Nancy Pelosi, ratificándola como la líder de la minoría de ese partido en la Cámara de Representantes, cuando la Pelosi, supera ampliamente al General Ward en sus lujosos y costosos vuelos a costa del contribuyente. ¿Por qué ese doble estándar? A mí por lo menos me retrotrae a los primeros años del castrismo en Cuba.
Para mi esto va mucho más allá del "asunto Benghazi” y debe de ser seguido con mucha atención.

EL DESASTROSO FRACASO DE LA POLÍTICA EXTERNA AMERICANA DESDE EL 2009 HASTA EL PRESENTE

miércoles, 24 de octubre de 2012


EL EMPERADOR NO TENÍA ROPA: EL DESASTROSO FRACASO DE LA POLÍTICA EXTERNA AMERICANA DESDE EL 2009 HASTA EL PRESENTE
(10-18-12-4:30PM)
Por Diego Trinidad, Ph.D.
En este conocido cuento, escrito por el Danés Hans Christian Anderson en 1837, un emperador de aquellos tiempos decidió comprar el traje más elegante posible. Un famoso sastre le vendió la idea de que le confeccionaría uno tan maravilloso que solo los tontos y los ciegos no lograrían ser deslumbrados por su elegancia. Pero había un problema: el habilidoso sastre nunca creó tal ropaje.  Simplemente convenció al emperador que ya vestía el traje cuando en realidad, ¡no tenía ropa!  Pero el emperador no quería demostrar que estaba ciego o era un tonto, de manera que orgullosamente salió a la calle desnudo.  Todos sus súbditos lo aclamaban, al igual que admiraban su ropaje inexistente.  Hasta que un niño exclamó: ¡Pero el emperador no tiene ropa, está desnudo! Efectivamente así era.  Efectivamente así mismo se puede decir de la política externa del presidente desde el 2009. NO EXISTE. Mucho peor, la que existe ha sido un colosal fracaso. 
Debido al pésimo estado de la economía americana desde el 2009, casi toda la atención de los votantes por estos últimos tres años y medio se ha concentrado en asuntos domésticos y la política exterior ha sido mayormente ignorada. Además, desde que el presidente pronunció un importante discurso en Cairo, Egipto, en junio del 2009, la política de la nueva administración hacia los países islámicos supuestamente cambió notablemente. Desde ese momento, según el presidente, la política americana hacia el Islam sería mucho más respetuosa y haría enmiendas por ofensas pasadas, sobre todo en el apoyo de Estados Unidos a dictadores en los países árabes. En la aclamación que recibió ese discurso, se olvidó que casi todos los países árabes todavía eran gobernados por dictadores. Poco antes el presidente se había embarcado en una nueva y grandiosa gira de “disculpas” en Europa, donde proclamó la culpabilidad de previas administraciones americanas por políticas arrogantes y unilaterales, y prometió grandes cambios en el tratamiento que su administración ofrecería a Europa. Prosiguió ofreciendo un nuevo planteamiento (reset) en las relaciones de Estados Unidos con Rusia y una nueva política de “compromiso” (engagement) haciaCuba. Todo esto fue un gran camuflaje, pero por varios años, entre la preocupación con la economía y la aparente tranquilidad en el resto del mundo, se llegó a creer que el presidente efectivamente había establecido una nueva y exitosa política externa. 
Los hechos, por supuesto, fueron muy diferentes, pero hasta la llamada “Primavera Árabe” que comenzó en enero del 2010 en Túnez y Egipto, la atención nacional no se volvió a enfocar en la política externa americana. Al principio, cuando repentinamente cayeron los gobiernos dictatoriales en Túnez y poco más tarde en Egipto (después que la administración primero pareció apoyar a Mubarak para luego retirarle todo apoyo) se produjo un gran júbilo porque aparentemente los países árabes se convertirían en “democracias”. Disturbios en Yemen y Bahrain fueron sofocados violentamente (incluyendo tropas de Arabia Saudita en Bahrain), pero el optimismo por el “cambio”, tal como sucedió en Estados Unidos en el 2008 cuando el pueblo americano recibió con brazos abiertos el “cambio” y la “esperanza” ofrecidos por el nuevo presidente, no se apagó. Poco después se produjo una rebelión en Libia contra uno de los peores dictadores árabes, Qaddafi, y el pueblo americano presenció otra novedad en la política externa de su presidente: dirigir (lead) desde atrás. En otras palabras, dejar que Francia, Gran Bretaña y la OTAN asumieran la ayuda, mayormente con bombardeos, a la oposición a Qaddafi. Estados Unidos se limitó a financiar la operación, la cual terminó con la captura y muerte de Qaddafi. En general, Libia se consideró una gran victoria para Estados Unidos y para la Democracia Mundial. 
En el 2010 vino el gran debate sobre la Ley de Salud impulsada por el presidente y promulgada a base de sobornos y presiones en el Congreso, el cual la aprobó sin un solo voto republicano. Ese debate dio en gran parte lugar a la tremenda victoria republicana en la Cámara de Representantes en las elecciones congresionales del 2010. El año 2011 trajo el asesinato de Osama Bin Laden en Pakistán (digo asesinato porque lo fue, lo mataron por la espalda cuando estaba desarmado, con lo cual no tengo ningún problema) y una larga celebración de esa enorme proeza, por la cual el presidente se atribuyó todo el crédito. Los detalles de la operación fueron divulgados—y celebrados—por largos meses, todo dedicado a enfatizar la figura del presidente y su enérgica política externa.  Así terminó el 2011. 
El en nuevo año 2012, la política electoral comenzó desde enero con las primarias republicanas. El interés nacional se mantuvo concentrado en los debates y primarias republicanas hasta el verano, aunque algunas nubes aparecieron en el horizonte mundial, como la guerra civil en Siria, donde el dictador Assad mataba a miles de sus súbditos sin que nadie protestara mucho, incluyendo la Secretaria de Estado Hillary Clinton, quien al principio hizo declaraciones en favor de Assad. Y algunas revelaciones de actividades secretas del aparato de inteligencia americano se dieron a conocer, aparentemente por funcionarios de la misma Casa Blanca.  Esto se hizo más serio cuando los republicanos lo utilizaron como material de campaña contra el presidente, pero no obstante, fueron revelaciones perturbadoras puesto que demostraban la ineptitud de la política externa del presidente, hasta entonces intachable. 
Entonces llegó el onceno aniversario del ataque terrorista  a las torres en New York en septiembre 11. Inexplicablemente, la administración americana no había tomado ningunas precauciones especiales para proteger sus embajadas y consulados en países islámicos a pesar del simbolismo de la fecha y a pesar de que, especialmente en Libia habían ocurrido más de 250 incidentes violentos, muchos de ellos contra entidades americanas, incluyendo la embajada en Trípoli y el consulado en Benghazi. No solo eso, sino que el embajador americano había pedido que se aumentara el personal de seguridad y su guardia personal. El Departamento de Estado negó su petición y redujo el personal de seguridad.
En la tarde y noche del 11 de septiembre todo estaba tranquilo en Benghazi, donde el embajador americano Chris Stevens se encontraba.  De pronto, una turba se presentó afuera del consulado y atacó por casi 5 horas, probablemente más de 250 hombres armados con lanza granadas, morteros y metralletas. El resultado fue la muerte del embajador y otros tres americanos (el embajador fue violado sexualmente, algo que ha sido ocultado al público americano, y arrastrado por las calles de Benghazi). Casi coincidentemente, otro ataque se produjo contra la embajada americana en Cairo, aunque en este caso la turba solo escaló los muros de la embajada y provocó daños menores, incluyendo la quema de la bandera americana. Debe destacarse que ambos ataques fueron contra territorio de Estados Unidos, ya que consulados y embajadas americanas son, bajo la ley y bajo el derecho internacional, territorio americano. 
Días después, grandes y violentos disturbios ocurrieron en 22 países islámicos, incluyendo Indonesia. En Sudán, un estado terrorista fracasado que fue dividido hace meses después de que su gobierno islámico mató a más de un millón de habitantes animistas del sur del país, el gobierno le negó a Estados Unidos una petición de fortalecer el personal de seguridad con Marines. Pero la reacción oficial de la administración—por ochos días—fue culpar un corto video de 12 minutos expuesto en YouTube en el Internet desde julio, por todos estos ataques, incluyendo el asesinato del embajador en Libia.  Este video, el cual pocos han visto, supuestamente presenta al “profeta” Mahoma como lo que fue: un pedófilo que se casó con Aisha, niña de 7 años y consumó el matrimonio cuando tenía 9, según el Koran, un ladrón y asaltante de caravanas, y un asesino despiadado que mataba por placer aparte de sus actividades “militares”. Pero hay varios problemas con esta explicación. Primero, el 99.9% de los habitantes de países islámicos son demasiado pobres y demasiado ignorantes para tener acceso y saber usar el Internet o hasta teléfonos celulares. Segundo, el video, estaba en YouTube desde julio. Tercero—y lo más importante—los cuerpos de inteligencia americanos determinaron en menos de 24 horas, que los ataques, sobre todo el de Libia y probablemente el de Egipto también, habían sido planeados y ejecutados por grupos terroristas afiliados con Al Qaeda (cuya organización, según el presidente, está “en sus talones”).   
No obstante, por ocho días, funcionarios de la administración, desde el presidente, a su secretario de prensa, a su Secretaria de Estado, y a su embajadora ante la ONU, repitieron sin cansarse la falsedad obvia de que los ataques y protestas masivas a nivel mundial, habían sido provocados por un video ofensivo al Islam. Todavía peor, la Secretaria de Estado y el presidente, grabaron otro video presentado prominentemente en Pakistán, disculpándose en tono casi suplicante por el video y renunciando ninguna responsabilidad por su autoría.  Y la embajadora ante la ONU Susan Rice se presentó el cinco programas de televisión nacionales el domingo 16 de septiembre declarando que “absolutamente” los ataques y protestas habían sido provocados por el video. 
Desde entonces, este tema se ha convertido en algo muy serio porque ha entrado de lleno en el final de la campaña presidencial, porque han continuado las revelaciones, y porque ya ha comenzado una investigación congresional donde los testigos declaran bajo juramento.  Lo que hasta ahora se sabe concluyentemente es lo siguiente: Los ataques, sobre todo el de Libia que resultó en la muerte del embajador y otros tres americanos, fueron planeados y ejecutados por grupos terroristas afiliados con Al Qaeda.  Y la administración ha mentido abiertamente y está conduciendo un complejo encubrimiento de los hechos.  El mismo vicepresidente declaró que ni él ni el presidente habían sido informados por los servicios de inteligencia nacional por una semana que los ataques habían sido terroristas.  En otras palabras, como es costumbre  de este presidente, ahora culpa a los servicios de inteligencia de lo sucedido.  Solo que esto es imposible, puesto que el presidente recibe un resumen de su asesor de seguridad nacional cada mañana, sin importar donde se encuentre (en este caso estaba de viaje rumbo a Denver para otra de sus interminables recaudaciones de campaña).
e manera que desde el día 12, el presidente sabía que el ataque en Benghazi había sido perpetrado por terroristas afiliados conAl Qaeda. Pero no obstante, tanto él como muchos miembros de su administración, mintieron y diseminaron desinformación por ocho días. El mismo presidente repitió seis veces en su discurso ante la ONU el 25 de septiembre que los “disturbios” y “protestas” habían sido provocados por un video “ofensivo” al Islam. Pero la alta funcionaria del Departamento de Estado Charlene Lamb, a cargo de la seguridad de 275 facilidades diplomáticas americanas en todo el mundo, declaró el miércoles 10 de octubre—bajo juramento—ante un comité investigativo de la Cámara de Representantes, que ella y varios compañeros del Departamento de Estado vieron y oyeron grabaciones y videos en tiempo real, mientras estaba sucediendo por seis horas, que el ataque al consulado en Benghazi había sido un ataque terrorista.  Eso lo tiene que haber sabido la Secretaria Clinton y el presidente inmediatamente.  Pero lo ocultaron y mal informaron al público por casi dos semanas. Ayer, octubre 15, la Secretaria de Estado Clinton “aceptó” la responsabilidad por el fracaso de la inteligencia americana en Egipto y Libia.  Pero esto no es suficiente, y el escándalo sin duda  continuará hasta la elección y después, y seguramente afectará el resultado de la elección: ya que la popularidad del presidente ha disminuido notablemente, sobre todo en el campo de la política externa, donde único tenía alguna ventaja.
El comentarista conservador (no lo es, realmente) Pat Buchanan, quien no está entre mis favoritos, ha hecho un buen análisis sobre esta situación, sobre todo al compararla con el encubrimiento del caso de Watergate que resultó con la renuncia delpresidente Nixon, para quien Buchanan trabajó. Señala Buchanan correctamente que Watergate solo fue un allanamiento de las oficinas del partido demócrata y no hubo muertos (excepto por muchas reputaciones).  Mientras que en este nuevo encubrimiento sobre lo sucedido en Benghazi si han habido cuatro muertos, incluyendo el embajador (primer embajador muerto en sus funciones desde 1979, bajo el presidente Carter) y no fue un simple allanamiento, sino un ataque terrorista a territorio americano. La comparación es válida y cada cual debe llegar a sus propias conclusiones, pero repito, esto solo está comenzando y durante las audiencias investigativas sobre todo, más detalles se revelarán que solo pueden perjudicar a la administración. 
En conclusión, la política externa del presidente ha sido, ahora que al fin se ha revelado, un gran fracaso. Y no solo  ante los países árabes. La nueva política hacia Rusia solo ha resultado en peores relaciones con Polonia y la República Checa entre otras, al retirar Estados Unidos los propuestos cohetes protectivos contra posibles ataques rusos y de manera alguna ha traído una mejor relación con Rusia (aunque el presidente prometió a Putin que después de su reelección sería más “flexible”). Con el resto de Europa, las relaciones no son buenas tampoco debido a la situación económica. Con China, la enorme deuda externa de Estados Unidos limita mucho sus relaciones y es difícil presionar por derechos humanos o por ajustes en las políticas monetarias chinas cuando la balanza de pagos y la deuda son casi incontrolables. Con Pakistán y Afganistán supuestos aliados, la relación es casi entre enemigos y muchos soldados americanos han perdido sus vidas—inútilmente—en ambos países debido a ataques por soldados pakistanis y afganos contra americanos y sus aliados. Con Irán, las sanciones económicas, a pesar de estar surtiendo algún efecto (a pesar que el presidente ha hecho mucho por aminorar y demorar tales sanciones), no han frenado en nada el esfuerzo iraní por adquirir armas nucleares.  Con Israel, el único aliado confiable en el área, las relaciones son las peores desde la presidencia de Carter. El presidente y el Premier israelí Netanyahu malamente tienen relaciones fríamente “cordiales” y ninguno confía en el otro, con toda razón, ya que el presidente ha llamado mentiroso a Netanyahu y ha presionado a su gobierno para evitar un ataque a Irán antes de la elección presidencial.   
Finalmente, las relaciones con Iberoamérica han sido, por lo menos, problemáticas. Con Cuba, las promesas y expectativas se redujeron al regreso a las políticas de Carter, mientras un ciudadano americano languidece en prisiones cubanas sin que el gobierno haga nada por lograr su libertad. Con Colombia y Panamá, tratados de libre comercio firmados bajo la administración de Bush hijo, han sido aprobados por el Congreso, después de una larga oposición del presidente a ellos, solo hace meses. ConVenezuela, ninguna oposición o presiones a las políticas del dictador Chávez han sido aplicadas. Al contrario, el presidente felicita al dictador por su reciente reelección mientras le sigue comprando petróleo como si fueran los mejores amigos. Con México, se permitió la demencial política de enviar encubiertamente armas a los narcotraficantes para luego identificarlos y capturarlos. Todo lo contrario ha ocurrido, con la muerte de algunos agentes americanos en la balanza y otro encubrimiento de la operación que resultó en la primera citación por la Cámara de Representantes de Estados Unidos por desacato al Fiscal General en la historia. Y no olvidemos a Honduras, donde la política oficial de la administración fue de no reconocer el gobierno del presidente legítimo Micheletti y de apoyar al destituido presidente Zelaya por mucho tiempo, en clara violación del derecho internacional y provocando grandes perjuicios al pueblo hondureño en el intervalo. 
El emperador, en verdad, NO tenía ropa, lo cual se comprobó adicionalmente en el primer debate presidencial hace dos semanas.  Pero la política externa del presidente no solo ha sido pésima, sino que también ha sido muy peligrosa, sobre todo en el caso de Irán y el terrorismo. Sí, Bin Laden está muerto, y sí, cientos de terroristas (y otros inocentes) también han sido muertos por aviones drones, pero el terrorismo vive, lo mismo que Al Qaeda ha también renacido y tiene una presencia cada vez más activa en lugares como Sudán, Yemen, Irak y Libia, para no mencionar la prominencia de la Hermandad Musulmana en países como Egipto y la misma Libia, los cuales, a pesar que Egipto ha prácticamente suspendido sus relaciones con Israel, todavía recibe $2 billones en ayuda americana anual. Un presidente desesperado por ganar la reelección, algo que parece cada vez más lejano, es capaz de cualquier cosa y muchos aún temen una nueva “sorpresa de octubre” que pueda cambiar la elección. Ese quizás sea el peligro mayor.

SIN MORDAZA Y SIN TARIFA: LA VERDAD ANTE TODO

domingo, 14 de octubre de 2012


SIN MORDAZA Y SIN TARIFA: LA VERDAD ANTE TODO
(10-8-12-5:10PM)
Por Aldo Rosado-Tuero-Director de Nuevo Acción.
"La verdad de la verdad / y la verdad verdadera / y la verdad como un templo / son verdades como fieras" 
Mucha valentía y civismo demostró Armando Valladares en el artículo de ayer en Nuevo Acción, en que puso al descubierto las arbitrariedades que se cometen en Radio y TV Martí. No produce dividendos pelearse con los poderosos, por eso no muchos se atreven a reproducir este artículo, como lo han hecho anteriormente con otros del mismo autor.  Para nadie medianamente bien informado es un secreto que la Administración Obama entregó Radio y TV Martí como un trofeo a la Fundación Nacional Cubano Americana y quienes son los que realmente mandan en esas dependencias.
Los lectores de Nuevo Acción deben de haberse dado cuenta de que desde que empezó la campaña electoral que terminó anoche, nunca opiné sobre las elecciones venezolanas, pues no quería ser el ave de mal agüero que desentonara en el ambiente de euforia completamente equivocado que tenía la oposición y que repetía una gran parte del exilio cubano. Yo nunca tuve ninguna duda de que Chávez no perdería.  A la oposición le era imposible remontar los dos millones de votos aumentados en Cuba, ya que el castrismo fue el encargado de hacer las cédulas electorales venezolanas y el fraude está hecho de antemano. El más grande error que se puede cometer en una lucha es creerse la propia propaganda...y eso es lo que ha hecho la oposición venezolana todo este tiempo. Se inventaban cosas, las lanzaban como propaganda, pero ellos mismos se las creyeron.
Según ellos, Chávez se moría antes de las elecciones, además de otros mil disparates como lo de los "30 oficiales cubanos que desertaron en Venezuela  y están en Miami."
En votos reales, Capriles obtuvo casi medio millón de votos más que Chávez, pero era obvio que no podía remontar los dos millones ya pre fabricados y metidos dentro del sistema. No se podía ir a las elecciones con posibilidades de triunfo si no  se purgaba antes el Registro Electoral inflado en más de dos millones de votantes inexistentes y de ya fallecidos. En en ese registro están inscriptos desde Pluto Pérez a Supermán Ramírez, hasta muertos desconocidos e ilustres como Manuela Saenz.
¿Cúando aprenderemos que los comunistas no sueltan el poder por las buenas después que se apoderan de él?
Era obvio que no podrán ganar jamás con semejante órgano rector del Poder electoral. El CNE está en un 95 % integrado por chavistas. La mejor prueba la tienen de quien dirige la campaña electoral del chavismo es Jorge Rodríguez,  quien fuera nada menos que el Rector-Presidente del Consejo Nacional Electoral y al que el chavismo premió su sumisión en ese organismo otorgándole la alcaldía del Municipio Libertador de la Gran Caracas y designándolo jefe de la Campaña oficialista.
Y ahora resulta que los mismos que se desviven por salvar al castrismo, supuestamente militando en nuestras filas, ya le están enviando recaditos a Raúl para--si se ve apretado en el futuro--haga lo mismo que Chávez en Cuba, sabiendo perfectamente que eso no traería la libertad ni la democracia, y mucho menos el bienestar para Cuba, pues para que haya elecciones libres, se necesita mucho más que la existencia de unos cuantos partidos.
Después de haber constatado que Mitt Romney no pertenece al Council of Foreign Relations (CFR); el tenebroso Consejo de Relaciones Exteriores que es uno de los organismos encargados de la instalación de un gobierno mundial; y que no ha participado nunca en ninguna de las reuniones de los Bilderbergh, tengo que confesar que creo que le va a ser muy, pero muy dificil llegar a la Presidencia de este país. Ojalá y yo esté equivocado por el bien de Norteamérica y de el mundo libre.

¿A QUIÉNES LES IMPORTAN LOS ESTADOS UNIDOS?

lunes, 24 de septiembre de 2012


¿A QUIÉNES LES IMPORTAN LOS ESTADOS UNIDOS?
(9-23-12-5:00PM)
Por Andrés Pascual
Resulta que el país está al borde de la bancarrota y el partido en el poder conduce “sus intereses” políticos de re-elección hacia argumentos sociales, algunos muy nocivos para la salud de una economía que decide la del mundo.
La Reforma Migratoria… ¿Debería ser un aspecto de seguimiento diario por la media a fin de que se apruebe como positiva la gestión del presidente-candidato que, además, solo atiende a una porción del delito de “ilegal”: a los mexicanos, con alcance por intereses definidos también al resto de descendientes de hispanos, portugueses, franceses o ingleses del sub-continente como haitianos, jamaicanos, brasileños, argentinos, colombianos… que nunca habla sobre otros de países del sudeste asiático, por ejemplo, para considerarlos en el saco propuesto también?
El matrimonio gay… ¿Cuál es el interés en hacer presidente a quien beneficie a los gays con leyes oportunistas de campaña por medio del ponte de acuerdo entre sus organizaciones y el propio presidente?
El Dream Act… No bastan las promesas a los ilegales y se cercena otra arteria que desangre al país, como cargarle al estado los riesgos (y gastos) socio-políticos de casi naturalización de un sector que, tenga o no la culpa en cuanto al delito por su entrada irregular, están aquí como intrusos, “dignos de lástima y consideración”, fabricados a propósito por el pulpo mediático.
Aun en el caso del Dream Act, las matrículas se las van a poner a 1,000 años luz de la tierra, pero entre la alegría por la condonación del delito violatorio de la Constitución y el “agradecimiento eterno al Califa”, ni se han dignado en averiguar.
Los gays, quizás porque la Biblia los condena, no creen en Dios mayoritariamente ni los musulmanes en el nuestro, por eso coinciden tan de buena forma con el Califa y su partido, por eso la bandera americana la retiran 3 de 4 veces que Obama acude al púlpito en la Casi Blanca, para no ofender a ese tipo de aliados que lo entienden inmediatamente y complacidos…
¿Dónde están los americanos? ¿Cómo es posible que la elección de un presidente de este país descanse en las manos de un par de minorías y de políticas anti-americanas derivadas?
Ah, pero la Media es capaz de cualquier cosa para beneficiar a la izquierda procomunista, una de ellas, la información tergiversada del estado de la carrera, basado en polls creados al efecto, con el claro objetivo de confundir para hacer desistir de votar republicano al ciudadano pobremente informado, porque “si desde ahora está perdido, ¿Para qué voy a invertir el tiempo en votar…?
Obama estuvo en Miami y su propuesta solo atendió a la inmigración ilegal y a “su reforma perniciosa”; en una de las ciudades más pobres del país, donde la queja por el desempleo es el orden del día, más que del miamense, del radio y la televisión que, pese a tener como cantaleta diaria estos fenómenos, como buenos liberales, se adaptaron a la agenda de nuevo tipo enfilada a apoyar a su “presidente” para un segundo término y… no tocaron el tabú (políticamente correcto).
Yo quisiera saber, una vez que a Obama no le interesa como elemento de importancia capital el grave problema económico de un país al borde de la bancarrota, en una ciudad donde las mayoría hispana es legal, ¿Cómo fue posible que la media se preocupara tanto por la reforma migratoria en las entrevistas y el propio presidente en la sarta de basura que dice como promesas en sus discursos que, si engancha otra vez, de alguna forma las obstaculizará, repito, yo quisiera saber quién es el encargado de enfrentar los gravísimos problemas crecientes de la crisis del mercado laboral y de la economía?
Para lo anterior, de magnitud imprecisable e impredecible en importancia ¿Dónde está el presidente de los Estados Unidos? Por eso el más grande discurso que he escuchado en 4 años fue el de Clint Eatswood en la CNR (foto), por eso la Media, con más miedo que sorna, porque leyeron las entrelíneas, intentó ridiculizarlo infructuosamente y, hoy, como solución a evitar respuestas que no tienen, lo silencian, aun en shows como el de Jon Stewart. Realmente esa silla, para la nación americana, está más vacía que nunca y sin intención de ocuparse si lo re-eligen.
Lo peor del problema es que, por necesidad de competir, es decir, de lograr votos a favor, el partido republicano se ha visto arrastrado hacia esa vorágine inmunda e indecente, sacrificando parte del conservadurismo obligatorio para arreglar un país que, a ciencia cierta, nadie sabe si lo tiene, que contempla como objetivos del manchurianismo otra vez, la concesión al enemigo, la blandenguería, la infidelidad, la traición y el anti-patriotismo de un presidente no solo antiamericano, sino antisocial.

CONVENCIÓN DEMÓCRATA:FIDEL CASTRO EN CHARLOTTE

miércoles, 12 de septiembre de 2012


OTRAS VOCES:
CONVENCIÓN DEMÓCRATA:FIDEL CASTRO EN CHARLOTTE
(9-5-12-10:50AM)
Por Rafael Prieto Zartha* -(Huffpost Voces)
Flaco favor le hacen a los inmigrantes, los activistas que se aparecen a las manifestaciones en que se aboga por una legalización de los indocumentados con camisetas con el rostro y el nombre del dictador cubano Fidel Castro.
Ocurrió en Charlotte, durante la marcha de protesta previa a la apertura de la Convención Demócrata, en la que los inmigrantes se presentaron con el lema de "sin papeles y sin miedo", que adornaron con figuras de las preciosas mariposas monarca, que anualmente vuelan de Michoacán a Carolina del Norte, sin que las detecte la Patrulla Fronteriza.
Precisamente, más de media docena de activistas con poleras amarillas y blancas con la cara de Castro se ubicaron detrás de los caminantes de la causa proinmigrante.
Con todo respeto les pregunté acerca del motivo de su indumentaria y la respuesta fue tan dictatorial como las ordenes del octogenario exmandatario oficial cubano.
"Apoyamos a Fidel Castro, a Hugo Chávez y estamos en contra del imperialismo", me contestó un individuo con acento del Sur de Sudamérica, que no dejó hablar a los demás, cuando estaba a punto de argumentarle que era una contradicción que estuvieran disfrutando de una actividad democrática imposible hacer en la Cuba de Castro, simplemente actuando como un matón lumpezco amenazó con golpearme.
El asunto por fortuna no llegó a mayores, el jefe del grupo, que tenía el cabello arreglado con rizos y una chivera mínima, se fue con sus áulicos para otro lugar del desfile y yo continué observando la marcha.
Entiendo perfectamente que todos tenemos derecho a tener una ideología propia y a expresarla pacíficamente.
Pero esa misma libertad me permite cuestionar a gente que viene aquí a promocionar a un personaje que ha sido enemigo de Estados Unidos, durante medio siglo, ad portas de un evento cívico para designar libremente al candidato presidencial de uno de los dos partidos políticos tradicionales.
No lo entiendo, porque Castro nunca ha permitido elecciones libres en la isla y mucho menos la expresión abierta de oposición a su régimen.
Si se ha perseguido y han organizado actos de repudio contra mujeres indefensas armadas con gladiolos, no me imagino lo que les podría pasar a los señores de las camisetas si se aparecieran en la Plaza de la Revolución de La Habana con ropa que tuviera mensajes en contra de Castro.
La cuenta de asesinatos políticos registrados en los 52 años de dictadura de "Alejandro", el guerrillero mítico de la embarcación Granma, va en más de 13 mil.
La Revolución Cubana surgió como la aventura romántica de un grupo de barbados que derrocó la dictadura de Fulgencio Batista y que en su camino construiría una nueva sociedad y un hombre nuevo en el Caribe, donde la brisa peina las palmeras.
Lo malo es que el experimento resultó en un fracaso macabro. Las historias de horror de amigos y compañeros de trabajo cubanos que conocí en Los Angeles y Miami, no me dejaron la menor duda que en Cuba ha imperado la opresión y el miedo.
Eso sí, disiento de la premisa de que los cubanos son los únicos que han sufrido, dado que en Latinoamérica cada nación ha vivido su propia angustia, dolor y sangre.
La comunidad hispana de Estados Unidos tiene que hacer un ejercicio de entendimiento en el que se busquen puntos de encuentro y se desdeñen símbolos que ofenden a otros y afectan la convivencia.
Y a los que odian a éste maravilloso país, que no está libre de defectos, les digo que las puertas son angostas para entrar e inmensamente anchas para que se vayan quienes estén aquí a disgusto, entre ellos los que vienen a actuar 
como delincuentes comunes.
¿Cómo se espera que a los indocumentados se les dé la oportunidad de legalizar su situación migratoria, sí se da la impresión de ir de la mano del enemigo?
*Rafael Prieto es periodista independiente. Anteriormente laboró como asesor de medios en español de America's Voice. Previamente trabajó para el semanario Mi Gente, EFE, Univision, CBS TeleNoticias, ECO-Televisa, Telemundo, Canal de Noticias NBC, Nuestro Tiempo (una publicación de Los Angeles Times), Noticias del Mundo y La Opinión de Los Angeles. Originario de Colombia, ha estado radicado en Los Angeles, Nueva York, Miami, Charlotte y Washington DC y en 2007 fue galardonado con el premio de mejor comentario editorial de la Asociación Nacional de Periodistas Hispanos (NAHJ).

EL FRACASO DE LA DEMOCRACIA LIBERAL Y LA ÚNICA ALTERNATIVA; UNA REPÚBLICA CONSTITUCIONAL -II-FINAL

jueves, 30 de agosto de 2012


EL FRACASO DE LA DEMOCRACIA LIBERAL Y LA ÚNICA ALTERNATIVA; UNA REPÚBLICA CONSTITUCIONAL -II-FINAL
 (8-20-12-5:15PM)
por Diego Trinidad, Ph.D.
Pero SI existe una solución mejor—en verdad, la única.  ¿Cuál es? Una república constitucional como la creada por la Constitución redactada en Filadelfia en 1787, con la que nació  Estados Unidos de América (los Estados Unidos de América, en plural, una confederación de Estados independientes, había sido creada en 1777 por el Segundo Congreso Continental también en Filadelfia).  Pero esa república, aunque se creó en 1787 y se ratificó por 12 de los 13 estados en 1789 y así entró en vigor, no fue una creación  mágica.  No con esa creación se terminaron todos los males de la Confederación que ganó la independencia de Inglaterra en 1783, males que se asemejaban mucho a los que ahora azotan a la Unión Europea. Había inflación en todos los Estados, insatisfacción y una gran ansiedad por la seguridad de los ciudadanos. La deuda pública era enorme.  Desórdenes, motines y turbas por todos lados. Una grave amenaza de que el gran experimento de la independencia terminara en una orgía anárquica.  
La Constitución creó las  bases de la nueva república, introduciendo un gobierno central, pero limitado, que compartía la soberanía con los Estados (un concepto novel entonces).  Después vino el nuevo respeto por esa creación de una  república distinta y por su Constitución, cementado por la gran figura que fue el primer presidente de la república, el héroe de la Revolución Americana, el general George Washington. Todavía más adelante, las medidas tomadas por el Secretario del Tesoro, Alexander Hamilton, que consolidaron la deuda pública y establecieron el crédito nacional e impusieron el orden en la economía de la nueva nación. 
Finalmente, en las primeras tres décadas del nuevo Siglo 18, las decisiones del gran Juez John Marshall (imagen a la izquierda) en la Corte Suprema afirmando el derecho de la Corte a la revisión judicial de las leyes, y más importante, la protección y santificación de los contratos, ayudaron a formar una república comercial única en la historia. Muchos, sin embargo, critican la Constitución americana, a pesar del éxito. Mantuvo la esclavitud y no mencionó los derechos de las mujeres. Es verdad, pero estas críticas son productos delmodernismo y no son válidos.  En el Siglo 18, la esclavitud, aunque no nos guste, era aceptada en todo el mundo. No obstante, algunos en la Convención, notablemente James Mason de Virginia, quien poseía esclavos, condenó la institución y trató de excluirla. Fue imposible y la insistencia de hacerlo hubiera evitado que la Constitución se redactara. Los derechos de las mujeres no se consideraron seriamente  por casi dos siglos más, aunque Abigail Adams (esposa del segundo presidente John Adams y madre del sexto, John Quincy Adams), entre otras prominentes mujeres urgió a varios delegados que le reconocieran al menos algunos derechos a las mujeres. 
Antes de la creación de Estados Unidos de América en 1787, habían existido otras repúblicas. La república romana duró más de cuatro siglos (la americana solo 236 años hasta ahora) y fue exitosa,  grande y populosa. ¿Cuál fue la gran diferencia de la república constitucional americana y todas las demás anteriores? Que en Estados Unidos de América la soberanía descansa en el pueblo. La república americana fue la primera en la historia que reconoció—en la Declaración de Independencia de 1776, documento eternamente hermanado y enlazado a la Constitución de 1787—que los derechos de los seres humanos provienen de la Naturaleza y del Dios de la Naturaleza y NO son otorgados por ningún gobierno ni por ningún rey o gobernante. Los derechos son derechos individuales (no como en las “democracias liberales”, derechos “humanos”) y son muy básicos: la vida, la libertad, la propiedad privada (este derecho fue omitido por Jefferson inexplicablemente, pero está en casi todas las demás Declaraciones estatales, la primera de las cuales fue la de Virginia, escrita por George Mason y el modelo que utilizó Jefferson para la de Estados Unidos) y la búsqueda de la felicidad, es decir, la libertad de hacer lo que cada uno desee mientras no se interfiera con el derecho de alguien más. Fue también la primera república en que su Constitución limitó absolutamente los poderes del gobierno creado por su pueblo.  Aquí el pueblo es soberano y se reconoce—en la Declaración de Independencia—que los gobiernos son formados por la voluntad y el consentimiento de los INDIVIDUOS para asegurar sus derechos. El pueblo tiene así mismo el derecho de rebelarse contra cualquier gobierno que sus ciudadanos consideren injusto, y cambiar ese gobierno por otro de acuerdo con su propia voluntad. El concepto total estaba basado en que los ciudadanos—y sobre todo los gobernantes—observaran y practicaran los principios de la virtud pública originados por los reformistas Whig ingleses, modificados por los fundadores en la Convención Constitucional en Filadelfia en 1787 y finalmente depurados por Madison, Hamilton y Jay en los ensayos  llamados Federalist Papers. Nada como esto existió antes en la historia.  Por eso,  se  le atribuye a Benjamin Franklin, cuando una señora le preguntó que clase de gobierno le habían dado los fundadores al pueblo con la Constitución, la siguiente respuesta: “una república—si  la pueden conservar”. 
Es de notarse que ni en la Declaración ni en la Constitución aparece la palabra democracia ni una sola vez. Por una buena razón: los fundadores de esta nación la detestaban y le temían a las destructivas consecuencias que las democracias anteriores—todas fracasadas—habían traído a sus pueblos. Por eso crearon una república constitucional, la cual ha sido conservada hasta ahora,  pero no como la que se creó en 1787. Esa duró relativamente intacta hasta principios del Siglo 20. Con el movimiento progresista, comenzó la destrucción de la república constitucional de 1787. El crecimiento descomunal del gobierno federal, a lo que tanto temían algunos de los fundadores, ha traído todos estos cambios indeseables. La entrada de Estados Unidos en las dos Guerras Mundiales, la Primera por la decisión (pero con apoyo popular, debe reconocerse) de ese pésimo presidente que fue Woodrow Wilson, un hombre que odiaba la Constitución con todas sus fuerzas y que hizo lo indecible por destruirla, y que en su soberbia decidió que había sido destinado por Dios para “salvar  al mundo para la Democracia”; la Segunda por el ataque de Japón a Pearl Harbor en diciembre de 1941 (lo que el presidente Franklin Roosevelt secretamente deseaba), propició la tremenda erosión de la república americana, su Constitución y los derechos de sus ciudadanos. En los años 1920s bajo el presidente Coolidge y en los 1980s bajo el presidente Reagan, esa erosión se frenó. Pero si no se logra regresar a los orígenes de la gran república de 1787, las probabilidades son que ésta termine como otra Democracia Liberal, al estilo de las que han fracasado en Europa. Todo este desastre lo  previó el extraordinario escritor francés Alexis de Tocqueville cuando visitó a Estados Unidos en 1831 para investigar las prisiones americanas y terminó quedándose dos años en el país y viajando por buena parte de él.  De esa experiencia resulto el famoso libro “Democracia en América” publicado en dos volúmenes en 1835 y 1840.   
Tocqueville estudió a fondo la sociedad americana. Curiosamente, decidió que la democracia (para él la democracia era más que nada la igualdad de oportunidades, no la obsesión moderna de contar votos y de gobernar con la mayoría de esos votos) era más importante que los principios republicanos y que la Constitución en la nueva nación americana. Quizás eso sucedió en parte porque en los 1830s, en Estados Unidos gobernaba el presidente Andrew Jackson, quien trajo una apertura popular (algunos la consideran populista) al país y quien cambió el concepto de “democracia” como se consideraba hasta entonces, en el sentido que era un hombre de la frontera oeste, un líder militar (el primero desde Washington) y definitivamente no pertenecía a la “aristocracia” de Virginia que gobernó a Estados Unidos por 24 años consecutivos desde la elección de Jefferson en 1800. En efecto, el país había cambiado, y Jackson y sus seguidores fueron grandemente responsables por los cambios.  Desde 1832 hasta casi la Guerra Civil, los “Jacksonianos” gobernaron a Estados Unidos. No que Jackson renunciara a los principios de los fundadores, todo lo contrario, sino que era un hombre de otra generación y más “del pueblo” que la “aristocracia” fundadora. Es verdad que por sus prejuicios eliminó el Banco de Estados Unidos (privado) lo que causó la primera gran depresión en el país años después. Un firme creyente en el gobierno limitado y una política fiscal responsable, fue el único presidente que pagó la deuda nacional y balanceó el presupuesto durante sus dos administraciones.  
Pero de todas maneras, el país se había transformado de la visión relativamente idílica de Jefferson de una república virtuosa de pequeños agricultores, aislada del resto del mundo (lo que nunca fue) a una gran república comercial como deseaba Hamilton, mucho más poblada, más diversa (la primera ola de inmigrantes había llegado) mas urbana y algo más industrializada, expandiéndose continuamente hacia el Oeste. El más prominente discípulo y protegido de Jackson, el onceno presidente  James Polk, peleó una guerra contra México que no solo casi dobló el tamaño de la nación, sino que la extendió hasta la costa oeste y la convirtió en una república continental cuando California fue incorporada a la Unión americana como resultado de esa guerra. Polk además creó un sistema bancario que funcionó eficientemente hasta la víspera de la Primera Guerra.  
Los principios de la fundación de la república, especialmente el individualismo empresarial dominaban la nueva sociedad.
Tocqueville(retrato) fue testigo de todo esto y dejó una serie de comentarios sobre la democracia americana que son muy importantes por su visión del futuro.  Hasta una comparación de la democracia y el socialismo (doctrina que ya se conocía en el mundo, sobre todo en Europa) incluyó en su gran libro. Según Tocqueville, nada tenían en común los dos sistemas excepto la igualdad. Pero la democracia buscaba la igualdad en la libertad, mientras que el socialismo la buscaba en el control y la servidumbre. Mucho más penetrante fueron sus comentarios sobre el futuro de la democracia. Sobre esto, predijo que “Una democracia no puede existir como una forma permanente de gobierno. Solo puede existir hasta que los votantes descubran que se pueden votar a si mismos ricos beneficios del tesoro público. Desde ese momento, la mayoría siempre votará por el candidato que prometa los mayores beneficios, con el resultado que la democracia siempre fracasará por su política fiscal irresponsable y siempre será sucedida por una dictadura”. Es imposible predecir el futuro de la democracia de una manera más certera. ¡Y esto se escribió en 1832! 
¿Qué lecciones  pueden aprender los cubanos que quieran y puedan construir una nueva república post castrista enCuba?  Son obvias si se absorbe bien todo lo anteriormente escrito. Pero como siempre que se trata sobre el futuro deCuba, hay que hacerlo con dos consideraciones presentes. Primero, que todo lo que sigue depende de la desaparición física de los hermanos Castro y de su camarilla de colaboradores más íntimos. Segundo, que la generación que los sigue, incluyendo a sus herederos, quienes casi seguro mantendrán el control político al menos por un tiempo, sean capaces de reconocer y adaptarse a la realidad del mundo presente. Si esto ocurre y están dispuestos a las aperturas necesarias para construir una nueva república, entonces todo es posible. Bajo ese entendimiento, la nueva república cubana debe establecer y absolutamente respetar, los derechos individuales básicos, otorgados por Dios y la Naturaleza a todos los seres humanos: el derecho a la vida, a la libertad, a la propiedad privada y a la búsqueda de la felicidad. Debe crear un gobierno con sus poderes limitados por la voluntad del pueblo y la soberanía residiendo en el pueblo. Debe redactar una constitución lo antes posible, que sea breve y concisa, no como la amalgama casi incoherente de legislación social que fue la alabada Constitución de 1940. Una constitución es un plano arquitectónico para gobernar, pero también es el documento básico y fundamental de una nación, la cual debe siempre respetarse y nunca tomarse para abusar de los derechos de los ciudadanos.  La nueva constitución cubana debe modelarse en la de 1901, y debe incluir una declaración de derechos individuales—no sociales--y una división de los poderes legislativos, ejecutivos y judiciales bien enumerados. Posiblemente una cláusula prohibiendo absolutamente la reelección presidencial y otra parecida a la “cláusula pétrea” de la constitución hondureña prohibiendo cambios en la constitución para permitir esa reelección. Finalmente, se debe reconocer que todo esto toma tiempo, nada ocurre por acto de magia. Pero hay que empezar por algo, con algo. Adoptar todas estas ideas, no importa que se haga lentamente, es una buena base para la construcción de una nueva república . 
Naturalmente que en una nueva república cubana no puede eliminarse la presencia, sobre todo en la economía, del estado por algún tiempo.  Una economía mixta, entonces, debe existir de inicio, pero la presencia estatal debe reducirse lo antes posible, para que eventualmente, el estado—el gobierno controlado y limitado por la voluntad popular—solo tenga que existir como un árbitro para proteger a los menos capaces de valerse por si mismos. La nueva república no debe eliminar eventualmente la presencia del estado en la sociedad solo por ideología, sino porque es lo que funciona. Se deben por eso también aprender las lecciones del fracaso inicial de las colonias americanas cuando trataron de establecer la posesión  de la tierra en común. Casi se mueren todos de hambre, debido a lo que describe la famosa “Tragedia de los comunes” (ensayo escrito en 1968 por el ecologista Garrett Hardin). Hardin enseña como la tenencia en común de la tierra en tiempos medievales resultó irrevocablemente en el agotamiento de la tierra.  La única manera de evitar esto—que por cierto aplica al resto de la sociedad y la economía—es de introducir la propiedad privada y de respetarla. ¿Por qué? Porque únicamente los propietarios tienen el interés de ocuparse, de cuidar y de hacer producir los escasos recursos de cualquier sociedad.  Cuba y su economía a través de medio siglo es la mejor prueba de esto.  Los cubanos lo saben bien. 
Los cubanos en la isla deben tener muy presente que los cubanos del Exilio no somos sus enemigos. Todo lo contrario. Todos somos un pueblo, separado únicamente por el Estrecho de la Florida y por un régimen totalitario opresivo que ha mantenido al pueblo cubano no solo en un profundo abismo económico por más de medio siglo, sino que también los ha engañado y los ha mantenido en la ignorancia de lo que ocurre en el mundo de hoy en día.  Todos aquí en el Exilio estamos en la mejor disposición de ayudar a construir una república nueva, si nos dan la oportunidad los que mantengan el poder en la isla  De manera que  si los principios verdaderamente  importantes se reconocen, si se aprende de los fracasos de las democracias liberales, si se comprende que la libertad y la justicia no pueden ser protegidas solamente por los votos de los ciudadanos, y que la “democracia” NO es lo más importante en la vida de los pueblos, entonces se puede construir, con el tiempo, una república constitucional duradera.

EL FRACASO DE LA DEMOCRACIA LIBERAL Y LA ÚNICA ALTERNATIVA; UNA REPÚBLICA CONSTITUCIONAL -I


EL FRACASO DE LA DEMOCRACIA LIBERAL Y LA ÚNICA ALTERNATIVA; UNA REPÚBLICA CONSTITUCIONAL -I
 (8-19-12-4:50PM)
por Diego Trinidad, Ph.D.
De acuerdo con ciertos textos de la antigüedad, una vez, después de ser nombrado magistrado jefe del gobierno de una gran provincia de China, alguien le preguntó a Confucio cual sería su primer decreto.  Confucio contestó: crear un nuevo diccionario. ¿Por qué, Maestro? preguntó uno de sus asombrados discípulos. Porque necesitamos definir los términos más precisamente y si no sabemos exactamente el significado de las palabras, no podemos ni siquiera comunicarnos de una manera efectiva, contestó el filósofo chino.  Así tenemos que comenzar este ensayo. Pero antes de definir lo que es una democracia liberal, es necesario definir sus dos componentes, lo que es democracia y liberalismo. 
Como famosamente dijo el Juez Potter Stewart de la Corte Suprema de Estados Unidos cuando trató de definir lo que es obsceno en un caso en 1964, “no lo sé definir, pero si lo veo, se lo que es obsceno”.  Así mismo casi todos a los que se les pregunta que es democracia creen saber lo que es. Pero no es tan fácil. La primera y obvia definición es la de los griegos clásicos, más específicamente los habitantes de la ciudad-estado Atenas, en la Grecia Antigua de 500 años AC. Para los atenienses que practicaban ese sistema de gobierno que ellos inventaron, la democracia era la mayoría de todos los votantes elegibles (en aquellos tiempos, quizás un 10% de la población de Atenas; no votaban ni las mujeres, ni los esclavos, ni los extranjeros, ni los menores de 20 años) más uno.  La minoría—el 49% o menos—no tenía sus derechos protegidos, excepto los que les reconocía la mayoría que gobernaba. Con los años—y la práctica—esa definición se ha ampliado y modificado de muchas  formas.  
 Con el crecimiento de las poblaciones, la democracia directa dejó de existir por necesidad, para convertirse en democracia representativa. También, hoy en día en una democracia se le reconocen los derechos a las minorías de alguna manera (casi siempre bajo una constitución) y el gobierno está basado en el sufragio universal de todos los votantes (con la única limitación la de una edad mínima). Pero el significado básico sigue siendo el gobierno de la mayoría, lo cual, en la práctica, ha desacreditado a la democracia como un buen sistema de gobierno. Esto es porque los votos de las mayorías se pueden manipular por políticos demagogos de tal forma que una vez electo un gobierno por esas mayorías, puede permanecer en el poder ilimitadamente simplemente cambiando la constitución y las reglas que gobiernan. Esto es lo que ha sucedido en los últimos veinte años en algunos países hispanoamericanos, como Nicaragua, Venezuela, Ecuador y Bolivia, al igual que en Ucrania y Rusia.  También hay el problema de quien vota. Por ejemplo, con la insistencia en una votación universal solamente limitada por la edad mínima, no se considera la capacidad mental o educacional de los votantes, ni su nivel de información. Además, por la misma insistencia en contar todos los votos, no se pesan las diferencias. ¿Debe contar igual el voto de un demente, de un retrasado mental o de un analfabeto como el voto de un graduado universitario o tan siquiera de una persona informada? Estas preguntas, por no mencionar la propensión a la corrupción del voto popular, son generalmente ignoradas en el afán de que todos voten por igual.  Quizás algunas limitaciones del derecho a votar, como  existió por mucho tiempo en Gran Bretaña y aquí en Estados Unidos sería beneficiosa, pero los defensores del concepto de la democracia no están dispuestos a considerar esas medidas puesto que según ellos, eso sería injusto.  Mejor que voten los incapaces y los corruptos a limitar de alguna manera la franquicia electoral para producir mejores resultados. 
El liberalismo clásico es también muy fácil de describir. Es una serie de ideas que se fueron desarrollando poco a poco desde el Siglo 17 principalmente en Inglaterra. Como filosofía, el liberalismo clásico está basado en un gobierno limitado, casi siempre por una constitución escrita, un estado de derecho bajo el reglamento de la ley, el debido proceso de la ley, la protección de las libertades individuales, y un sistema de comercio basado en el mercado libre.
Pero la realidad es que esos grandes principios, los cuales tienen un linaje generalmente reconocido como empezando con John Locke(retrato a la izquierda) en la Inglaterra del la Revolución Gloriosa (1688), prosiguiendo con los filósofos políticos escoceses del Siglo 18 (predominantemente Adam Smith y David Hume), los de la Ilustración francesa como Montesquieu, Condorcet y Voltaire, los fisiócratas franceses como Say y Turgot, los fundadores americanos como Jefferson, Madison, Mason y Hamilton, y finalmente, en el Siglo 19, los británicos Malthus, Ricardo y Mill, ya han desaparecido del mundo y hoy en día no se practican en ningún lugar, ni siquiera en Gran Bretaña y Estados Unidos, donde entre mediados del Siglo 19 hasta la Primera Guerra Mundial, fueron prevalentes.   
En los dos países, el liberalismo clásico reinó con pocas diferencias entre los partidos que se disputaban las elecciones, siendo las diferencias de grado y no substanciales. Por ejemplo, en Gran Bretaña, el Partido Liberal generalmente apoyaba el comercio libre, mientras que el Conservador prefería políticas proteccionistas que beneficiaban a las grandes empresas industriales. En Estados Unidos, el Partido Demócrata así mismo estaba a favor de aranceles más bajos y el Republicano favorecía tarifas proteccionistas. Pero en ambos países, todos los partidos generalmente favorecían los principios enumerados arriba con la excepción de mayor o menor libre comercio.  Extrañamente, en Gran Bretaña, los Conservadores favorecieron la expansión de la franquicia electoral para admitir a las clases trabajadoras. No en Estados Unidos, donde el Partido Demócrata desde su inicio dependió en gran parte del control del voto de los grupos inmigrantes, como los irlandeses, los italianos y los judíos.  Las grandes maquinarias políticas de New York, Chicago y Boston así se mantuvieron en el poder por décadas.  El surgimiento del Partido Laboral en Gran Bretaña y del movimiento progresista en Estados Unidos gradualmente cambiaron la aceptación de los principios del liberalismo clásico.  Cuando los conceptos de “justicia social”, del “bien común”, de la igualdad, de terminar con la pobreza, de limitar las ganancias a las grandes compañías, de regular la economía, y finalmente, de intervenir militarmente en guerras extranjeras (en el caso de Gran Bretaña, de extender sus posesiones imperiales, sobre todo en África), el liberalismo clásico gradualmente desapareció.  
Con las dos guerras mundiales, el triunfo temporal de regímenes socialistas—los que terminaron casi siempre en totalitarismos—prevaleció en buena parte del mundo. Lo que no conquistó el socialismo, lo suplió el economista británico John Maynard Keynes, la figura más influyente en el mundo económico desde la Primera Guerra. Sus teorías estatistas le dieron un papel prominente al gobierno para intervenir en las economías de casi todos los países no comunistas y fueron especialmente adoptadas por la administración de Franklin Roosevelt durante la Gran Depresión de los 1930s.  Después de la Segunda Guerra, hubo un renacimiento del liberalismo clásico con los economistas de la “Escuela de Austria”, prominentemente Ludwig Von Mises y Friedrich Von Hayek, y para fines de los años 1950s, con Milton Friedman de la Universidad de Chicago y sus discípulos.
En Estados Unidos ocurrió algo más importante. Un nuevo movimiento político nació en 1960, impulsado por el escritor William Buckley(foto de la izquierda) y su revista National Review.  El movimiento conservador moderno en Estados Unidos rescató los principios básicos del liberalismo clásico menos los lastres de justicia social y el bien común, pero con un alto contenido de anticomunismo. Ese movimiento eventualmente cambió radicalmente el panorama político americano y en 1980, con la elección del presidente Ronald Reagan, pareció brevemente que el liberalismo clásico había resucitado.  Con la caída del comunismo internacional, se pensó por un tiempo que las democracias liberales descritas por Fukuyama dominarían.  Todavía muchos lo creen.  Pero en estos momentos del Siglo 21 no ha sido solamente el socialismo que ha fracasado, sino también esas democracias liberales con sus incontrolables  estados de bienestar  social. ¿Qué queda? La única alternativa: las repúblicas constitucionales. 
Ahora podemos pasar a describir que es la democracia liberal, sabiendo que en verdad no es ni democracia ni liberalismo como hemos descrito antes.  El término se comenzó a usar durante la Segunda Guerra Mundial para diferenciar a los Aliados Estados Unidos y Gran Bretaña (pero desgraciadamente incluyendo a Rusia comunista, la cual obviamente nunca fue ni democracia ni liberal) de los Países del Eje, los Fascismos militaristas Alemania, Italia y Japón.  Al final de la Guerra, se mantuvo el término como casi un ideal al que todos los demás países del mundo podían y debían llegar.  De hecho esa fue la razón de ser de las Naciones Unidas, organización que desde su creación, incluyó a las dictaduras totalitarias comunistas, una contradicción y una perversión de un gran ideal utópico.
Pero ha sido desde la desaparición física de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas y sus satélites en Europa Oriental entre 1989 y 1991, que la Democracia Liberal ha tomado su lugar de honor entre las naciones del mundo, las cuales ahora casi todas orgullosamente se proclaman como democracias liberales.  Esto se puede reconocer como el engendro del historiador americano Francis Fukuyama, quien escribió el libro “El Final de la Historia” en 1992, como una epopeya al triunfo de la democracia liberal sobre el totalitarismo comunista. 
Muchos pensaron que el pretencioso Fukuyama (en la foto), quien se equivocó de entrada, puesto que lo que el denominó democracia liberal no fue ni efímeramente predominante en el mundo, estaba describiendo a la “democracia” americana, el sistema de gobierno de Estados Unidos. Era la conclusión lógica, ya que Estados Unidos había ganado la Guerra Fría, derrotando al Comunismo Internacional.  Esto, claro, no fue tan simple, y nunca fue tampoco siquiera aceptado por la Izquierda Eterna.  Pero es peor. Resulta que Fukuyama, años después de que su tonta pretensión fuera desacreditada entre casi todos los pensadores serios, sobre todo en el ámbito académico donde él se desenvuelve, declaró en una entrevista con el periódico británico The Guardian (2006) que él nunca consideró el sistema de gobierno de Estados Unidos como su modelo de una democracia liberal. Al contrario, para él, la Unión Europea y su sistema de gobierno—es decir, la social democracia--reflejaba mejor su modelo de democracia liberal. Más aún aceptando esta diferenciación, la conclusión de Fukuyama de que ese sistema europeo, que no es otra cosa que un socialismo modificado, sea el que prevalezca al “final” de la historia no es válida.  No obstante, admiradores y críticos deFukuyama han continuado utilizando el término Democracia Liberal como su modelo preferido. 
¿Por qué ha fracasado ese modelo?  Por una razón muy sencilla.  Las democracias sociales europeas, que repito, no son sino sistemas socialistas donde prevalece una economía mixta estatal/privada y donde mayormente se respeta la voluntad de los votantes (excepto en sus variantes hispanoamericanas), como buen socialismo, adoptó hace mucho tiempo el estado de beneficios sociales, el alto gasto público y los impuestos prohibitivos necesarios para mantener esos beneficios sociales.  Cada vez menos personas trabajaban menos horas, produciendo menos riquezas, y cada vez más personas recibían más beneficios sociales, mientras los impuestos subían para los inversionistas y creadores de trabajos. Mientras tanto, cada vez más parasíticos burócratas y empleados públicos son agregados a las nóminas del gobierno y cada vez se crean menos y peor pagados empleos privados.  Sucedió lo que tenía que suceder por necesidad: esa manera de vivir sin producir solo se puede mantener pidiendo dinero prestado. Como dijo Margaret Thatcher famosamente, el problema con el socialismo es que eventualmente se acaba el dinero de otra gente para gastar.  Cuando al fin hubo que pagar las cuentas, no se pudo y casi todas las naciones europeas  se acercaron cada vez más a la quiebra. Primero, Grecia, luego Islandia, seguida por Irlanda, Italia, Portugal, España y pronto Francia, con su flamante nuevo presidente, quien prometió, y está cumpliendo, aumentar enormemente los impuestos a los “ricos” para seguir robando y malgastando los recursos del país. Pero el dinero de los “ricos” también se acaba. ¿Entonces que?  Los disturbios callejeros que hemos visto durante todo este último año, la desesperación de la gente por el desempleo y la inflación, la decepción de la población, sobre todo la juventud, con las promesas incumplidas por gobiernos que no tienen de donde sacar recursos porque sus economías simplemente no los producen.  En resumen, un callejón sin salida y la gran posibilidad de que un enorme estallido popular similar al ocurrido en Francia en 1968 suceda otra vez con consecuencias gravísimas para toda Europa. Una nueva revolución social no es inconcebible en Europa.
¿Cómo rebasar esta crisis, o mejor dicho, esta serie de crisis que parecen interminables? Definitivamente no con las medidas que siguen aplicando.  Es decir, todavía más préstamos a corto plazo de los bancos de la Unión Europea a los distintos países que se siguen tambaleando, en un afán imposible de salvar ese gran error que fue la introducción del Euro como moneda nacional de la Unión Europea.  Sobre todo cuando la única economía que está manteniendo a la Unión Europea es la de Alemania.  Pero ¿hasta donde y hasta cuando?  ¿Qué se puede hacer entonces? En realidad, es muy simple; solo hay que aplicar la aritmética y el sentido común. En todo el mundo, cada familia tiene que vivir dentro de un presupuesto que se ajuste a sus entradas y gastos. Eso lo sabemos todos. A veces, con la ayuda de préstamos de familiares y amigos, o en las sociedades más modernas, con la ayuda de las tarjetas de crédito y préstamos bancarios, se puede vivir  más allá de los medios por cierto tiempo. Pero llega el momento que no hay comoconseguir  más dinero prestado y entonces no queda otro remedio que controlar los gastos, sobre todo si es imposible aumentar las entradas. Bueno, eso es exactamente lo que hay que hacer en Europa y en cualquier otro lugar donde existan tales condiciones económicas. Primero, reconocer los errores y el fracaso total del modelo de las mal llamadas democracias liberales.  Segundo, tratar de revertir ese fracasado modelo, recortando el gasto público, rebajando los impuestos, controlando la burocracia, relajando las regulaciones a la empresa privada, y lo más importante: terminar con  el estado de bienestar social.   
Solamente así se puede producir un aumento en la tasa de crecimiento en cada país, lo cual, por si mismo, resolvería eventualmente todos los problemas que azotan a Europa.  Estados Unidos no está muy lejos de caer en las mismas situaciones  si no se controla el desmesurado gasto público y se reduce la deuda nacional. Pero aquí viene ahora el asunto más importante. Nada de esto se puede lograr a corto plazo; son todas soluciones a largo plazo y que requieren la voluntad para imponerlas, la cual no existe.  Solo queda que surjan políticos con la valentía y la honestidad de decirle la verdad a los votantes y convencerlos de que no hay otra manera de resolver problemas que tomaron años en producirse.  Entonces, otro problema casi insoluble se presenta.  Si esto sucediera, casi seguro que los votantes derrotarían aplastantemente a los que proponen las únicas soluciones posibles.  Solamente un compromiso de todos los políticos de cada nación puede siquiera comenzar este largo proceso de recuperación.  En verdad, eso no se vislumbra por ahora y cada vez más se acerca el abismo. (Continuación y final, mañana)