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SANTIAGO CARRILLO: LA SANGRE, LA MENTIRA, LA HISTORIA-II-FINAL

martes, 2 de octubre de 2012


SANTIAGO CARRILLO: LA SANGRE, LA MENTIRA, LA HISTORIA-II-FINAL
 (10-1-12-5:20PM)
Por Diego Trinidad, Ph.D
El mismo 6 de noviembre en que Santiago Carrillo fue nombrado Consejero de Orden Público en Madrid, huyótodo el gobierno del Frente Popular de la capital hacia Valencia, temiendo que las tropas nacionalistas de Franco tomaran la ciudad.  Carrillo firmó esa misma noche una serie de órdenes destinadas al exterminio de miles de inocentes presos en las cárceles madrileñas, principalmente las más grande, la Cárcel Modelo. Pero algo importante se debe notar: nunca autorizó directamente la muerte de nadie. Por eso después pasó el resto de su vida negando responsabilidad alguna por los asesinatos de Paracuellos y por eso todavía muchos historiadores izquierdistas en España y Europa (casi no en Estados Unidos, donde el interés por este siniestro personaje es mínimo) lo eximen de responsabilidad.  Pero cabe aquí preguntar por qué se produjeron las matanzas masivas entre noviembre 6 y diciembre 4 bajo la autoridad de Carrillo en su función de Delegado de Orden Público a cargo de la seguridad personal de todos los madrileños.  
En efecto, existen varias teorías.  Primero, como ya se ha explicado, las tropas franquistas estaban en las afueras de Madrid el 6 de noviembre.  Segundo, como se temía la caída de Madrid y como el General Mola llevaba tiempo, desde octubre,  alardeando de los 25,000 “quintacolumnistas” que había en Madrid listos para unirse a las tropas nacionalistas, las autoridades que quedaron en la capital lo tomaron suficientemente en serio no solo para buscar casa por casa a esos “quintacolumnistas” de Mola, sino para comenzar a eliminar a quienes pensaran se podían unir a las tropas franquistas—sobre todos los militares presos. Tercero, desde la entrada de cuatro ministros anarquistas en el segundo gabinete del Primer Ministro socialista Largo Caballero el 4 de noviembre, la presión para comenzar la política de exterminio contemplada por el Frente Popular desde el comienzo de la Guerra se incrementó.  De hecho, el nuevo Ministro de Justicia anarquista Joan García Oliver, en la noche del 4 de noviembre llamó al Secretario de Prisiones Antonio Fernández para preguntar cuantos presos había en la Cárcel Modelo.  Fernández contestó que había 10,500. García Oliver contestó, “serán 500”.  No señor, aclaró Fernández comprendiendo enseguida la implicación.  “Habrá 10,500, pero en pocos días solamente tienen que quedar 500” dijo García Oliver, añadiendo “Está visto que usted o no me entiende o no quiere entenderme”  Fernández fue destituido poco después y lo dicho por García Oliver por supuesto se cumplió.
Cuarto, a principios de noviembre llegó a Madrid el agente soviético Mikhail Koltsov (foto), nominalmente corresponsal de Pravda, pero realmente un alto funcionario de la Komintern y enviado especial de Stalin al gobierno de Largo Caballero. Koltsov se reunió con el Comité Central del Partido Comunista Español en la tarde de noviembre 6 y les “instó” a que fusilaran a todos los presos en las cárceles de Madrid. ¿Orden o sugerencia?  ¿Qué tuvo más peso, cual de estas teorías fue la más decisiva?   
Probablemente todas fueron importantes en la decisión de comenzar la matanza esa noche de noviembre 6. Pero algunas consideraciones. Aunque no todas eran tropas profesionales, había más de 40,000 defensores del Frente Popular en Madrid y habían comenzado a llegar las Brigadas Internacionales, organizadas y equipadas por Stalin y la Komintern y con importante presencia en Madrid a principios de noviembre.  Equipo militar ruso, incluyendo tanques de guerra y aviones también estaban en Madrid desde octubre (cuando todas las reservas de oro del Banco de España, entre las mayores del mundo, fueron enviadas a Moscú).  ¿Qué tan importantes entonces serían 10,000 presos desarmados en la conquista de Madrid? Los anarquistas querían comenzar el exterminio, pero esa era de hecho la política del Frente Popular y solo fue accidental que se implementara en noviembre de 1936.  La intervención de Koltsov puede haber sido decisiva, pero no se puede probar. La verdad es que los que permanecieron en Madrid estaban dispuestos a pelear hasta la muerte, de manera que la posibilidad de perder no pudo haber sido tan decisiva en la matanza. Pero no, hay una explicación más razonable y concordante con la historia: la influencia decisiva de los comunistas en el gobierno del Frente Popular, especialmente de la Komintern y su presencia en Madrid desde octubre de 1936. 
Como es bien conocido, la implantación del terror siempre va conjunta con la dominación de los comunistas en cualquier gobierno del que, o forman parte, o controlan.  En Rusia, por supuesto, donde todo empezó, ya hemos visto como Lenin y Dzerzhinsky introdujeron la Checa casi desde que los bolcheviques tomaron el poder en noviembre de 1917.  Bueno, en España sucedió igual y esa presencia cada vez más dominante de los comunistas en el gobierno del Primer Ministro socialista Francisco Largo Caballero coincidió con el comienzo de las exterminaciones masivas en noviembre en Madrid.  Aunque debe señalarse que los asesinatos habían comenzado casi desde febrero, y que especialmente desde agosto, ya se habían hecho algunas “sacas” de las cárceles de Madrid para asesinar a los presos. 
Largo Caballero sucedió a Giral como premier el 4 de septiembre y en ese nuevo gobierno ya hubo la inclusión de dos ministros comunistas—más seis socialistas—en contraste con el anterior de Giral donde no había ni socialistas ni comunistas.  El 4 de noviembre entraron cuatro ministros anarquistas como se ha mencionado antes y el gobierno se radicalizó aún más.  Casi todos los elementos del Frente Popular visualizaron la eliminación de la oposición desde que tomaron el poder en febrero, pero con los comunistas, eso  siempre fue parte de su agenda política, incluyendo la exterminación física de manera masiva.  Cuando el gobierno de Largo Caballero huyó a Valencia el 6 de noviembre, la oportunidad se presentó al fin, y Santiago Carrillo estaba presente para ejecutar la política de exterminio del partido comunista.   
Como es sabido, en cualquier organización, el ejecutivo da una orden, y sus subalternos la hacen cumplir.  Cuando la orden llega al nivel de su aplicación, el que la aplica es directamente responsable, aunque claro, toda la cadena, desde el ejecutivo principal, comparten la responsabilidad.  En el Madrid del 6 de noviembre, la cadena de responsabilidad comenzaba con Largo Caballero, luego pasaba a su Ministro de Justicia, García Oliver, a su Director de Seguridad Manuel Muñoz Martínez, y finalmente, al Consejero de Orden Público, Santiago Carrillo.  Pero Largo Caballero y todos los demás habían huido a Valencia en la tarde, de manera que en Madrid, como jefe militar quedó el General Miaja, quien recientemente se había afiliado al Partido Comunista Español. Miaja, sin embargo, estaba muy ocupado con la defensa de Madrid, y los asuntos de seguridad interna, por ende, quedaban solamente bajo la autoridad de Carrillo¿Cuál fue, exactamente, la responsabilidad de Carrillo en los asesinatos de Paracuellos? ¿Fue Carrillo culpable de ordenar los asesinatos?  La evidencia, incluyendo la evidencia documental, es irrefutable. 
Como se ha señalado, no existe ningún documento con la firma de Carrillo que ordenara los asesinatos. Pero esto es claramente la norma histórica.  Con la posible excepción de Lenin y Stalin, quienes de hecho firmaron en muchas ocasiones las órdenes de exterminio, casi nunca en la historia esto ha ocurrido. Pero Carrillo si firmó muchos documentos dirigiendo a sus subalternos, sobre todo a su asistente Segundo Serrano Poncela (a quien Carrillo, típicamente culpa de todo lo sucedido) a sacar a los presos de las cárceles para trasladarlos a otras prisiones fuera de Madrid y evitar que se unieran a las tropas franquistas en caso de caer Madrid. Todos los dirigentes a cargo de Madrid sabían perfectamente que tales “sacas” y “traslados” de los presos implicaban su eliminación física. Además, hay una multitud de testigos que han identificado a Carrillo, quien como jefe directo en todo caso era, de hecho, el responsable, como quien dio las órdenes de los asesinatos entre el 6 de noviembre y el 4 de diciembre de 1936 (naturalmente, Carrillo no fue responsable de la mayoría de los asesinatos de Madrid desde agosto, cuando ni se encontraba en la capital, pero si lo fue de los muertos de Paracuellos).(Arriba a la izquierda, ilustración de los fusilamientos de Paracuellos)  
Existe además un documento firmado nada más y nada menos que por Georgi Dimitrov, el búlgaro que fue jefe de la Komintern entre 1934 y 1943, identificando específicamente a Carrillo como responsable directo de todos los asesinatos de Paracuellos.  Escribe Dimitrov en una carta a Kliment Voroshilov (ministro de defensa ruso desde 1934)  el 30 de julio de 1937) “Carrillo, que era entonces gobernador (en realidad, Consejero de Orden Público, pero en verdad, el jefe de seguridad de Madrid) dio la orden de fusilar a los funcionarios fascistas detenidos”. Esta fue una carta secreta entre importantes funcionarios comunistas en la que Dimitrov, desde Valencia, informa a Voroshilov en Moscú sobre la situación en España. De ninguna manera esta carta, que tiene varias páginas y que solo menciona a Carrillo de paso, puede ser considera como algo que implica y culpa a Carrillo por algún ánimo contra él, sino como un simple reporte. Esta, en mi opinión, es la prueba definitiva de la culpabilidad de Carrillo.  Esta es la prueba que cubre sus manos de la sangre de los 9,500 muertos de Paracuellos del Jarama en noviembre de 1936. 
No obstante, Carrillo siempre negó, después de la Guerra, ninguna responsabilidad por el crimen de Paracuellos, mucho menos su culpabilidad o alguna orden firmada por él autorizando el asesinato de los presos de la Cárcel Modelo y otras en Paracuellos entre noviembre 6 y diciembre 4 de 1936.  Muy bien, ahora entonces es tiempo de examinar la mentira y su diseminación, hasta el punto que todavía la enorme mayoría de la Izquierda, de los social demócratas europeos—y de muchos historiadores izquierdistas—niegan que Carrillo fuera responsable de la matanza de Paracuellos excepto en el sentido que era el Delegado de Orden Público.  Claro que ese hecho innegable por si mismo lo implica en todo lo sucedido como jefe, pero como Carrillo culpó a su asistente Serrano Poncela, todos sus defensores prefieren creer a Carrillo que confrontar la enorme evidencia histórica.  Un historiador específicamente, el irlandés Ian Gibson, quien ha escrito mucho sobre la Guerra Civil, incluyendo una de las primeras investigaciones sobre la muerte de Federico García Lorca, SI responsabiliza a Carrillo de lo que pasó en Paracuellos, pero malamente, y exime a casi todos los demás, especialmente a Muñoz Martínez, y básicamente culpa a los comunistas dirigidos por Moscú (como si Carrillo no hubiera sido un agente comunista en primer lugar, lo cual, por supuesto, fue verdad.  Gibson y el historiador francés Max Gallo entrevistaron a Carrillo y creyeron sus mentiras, de manera que sus “historias: al respecto tienen que ser consideradas como, al menos, sospechosas. Por supuesto, el propagandista “historiador” inglés Paul Preston tiene que ser descartado—pero no lo es.  Un hombre que odia tan intensamente a Franco y que miente abierta y probadamente debe estar descalificado, pero no lo está. 
El historiador más prestigioso de la Guerra Civil es probablemente el inglés Hugh Thomas, pero solo dedica UNA página a Carrillo y malamente cubre el crimen de Paracuellos.  Otros historiadores españoles más jóvenes igualmente exculpan a Carrillo.  Contra todos ellos, la cabalgata de otros historiadores españoles como el gran Ricardo de la Cierva (cuyo padre fue ejecutado en Paracuellos el 7 de noviembre), César Vidal y Pío Moa, han escrito ejemplares historias generales de la Guerra Civil. Otros como los hermanos Salas Larrazábal, José Manuel Martínez Bande y Rafael Casas de la Vega (cuyo padre también fue fusilado en la provincia de Madrid en 1936), han escrito magníficas monografías sobre aspectos específicos de la Guerra.  Los datos de los hermanos Salas Larrazábal sobre las pérdidas de vidas en la Guerra y de Casas de la Vega sobre el terror en Madrid en 1936 son inigualables.  Pero en inglés, hay dos historiadores muy especiales.  Primero, Stanley Payne, eminentemente objetivo y de ninguna manera favorable a Franco, quien ha escrito varios libros sobre la Guerra Civil.  Y el más grande de todos, Burnett Bolloten, quien dedicó 40 años de su vida a escribir la monumental y definitiva historia de la Guerra Civil Española, Spanish Civil War, un libro de más de mil páginas documentando todo lo que sucedió en esos tiempos.  Todos estos historiadores exponen la gran mentira de que Santiago Carrillo no fue culpable. 
En honor a la justicia, se debe apuntar que el reino de terror de Carrillo terminó el 4 de diciembre de 1936 gracias al re nombramiento ese día del anarquista Melchor Rodríguez como Director de Prisiones en Madrid (había sido inicialmente nombrado el 12 de noviembre, pero sus gestiones para parar las sacas fue exitosamente obstaculizada por Carrillo).  Este hombre puso su nobleza y su alto sentido de la justicia ante su ideología anarquista y su valiente y enérgica actuación salvó la vida de miles de inocentes en Madrid a finales de 1936. Su memoria debía ser recordada en lugar de la del asesino Carrillo, pero desgraciadamente no ha sido así. 
Finalmente, ¿Cuál es el juicio de la historia sobre Santiago Carrillo?  Culpable, absolutamente culpable de la masacre de al menos 9,500 inocentes seres humanos en Paracuellos del Jarama en 1936.  Ese es el juicio histórico y  esa es la sangre que siempre cubrirá su memoria y la mentira que es su herencia—mentira ahora definitivamente expuesta.  Santiago Carrillo fue uno de los grandes asesinos en la historia española y es una gran vergüenza para España que todavía su nombre, lejos de estar cubierto de ignominia, sea celebrado por muchos españoles casi como un héroe.  Quizás algún día se le recuerde solamente por sus crímenes y por su infamia.

SANTIAGO CARRILLO: LA SANGRE, LA MENTIRA, LA HISTORIA-I


SANTIAGO CARRILLO: LA SANGRE, LA MENTIRA, LA HISTORIA-I
 (9-30-12-5:10PM)
Por Diego trinidad, Ph.D
El martes 18 de septiembre del 2012, murió en Madrid, España, el despreciable asesino comunista Santiago Carrillo.  Murió en su cama.  Murió tranquilo.  Y lo peor, murió en su país natal como un hombre admirado y hasta querido por muchos.¡Que distinto a los miles de inocentes que murieron en Paracuellos del Jarama, en las afueras de Madrid, entre noviembre 6 y diciembre 4 de 1936, condenados a muerte por ese mismo Santiago Carrillo! Hay que leer los obituarios en la larga lista de periódicos “colaboradores” como The New York TimesThe Guardian de Londres (escrito por el apologista mayor de la Izquierda en cuestiones de la Guerra Civil Española, el “historiador” británico Paul Preston, gran difamador de Franco) y hasta El País de Madrid, para darse cuenta hasta que punto la Izquierda Eterna trata—y logra—falsificar la historia.  En ninguno de los tres periódicos citados se menciona la responsabilidad de Carrillo por la muerte de tantos seres inocentes e indefensos.  Se menciona que fue acusado de tales crímenes por “franquistas” pero la abierta implicación es que tales acusaciones son falsas.  Ya veremos lo que muestra la evidencia histórica. 
Primero, algunos datos y hechos históricos. La Guerra Civil Española comenzó el 18 de julio de 1936 con el levantamiento de las tropas de Ultramar en Marruecos bajo el liderato del General Francisco Franco, quien se unió a la conspiración semanas antes.  El movimiento estaba dirigido por el General Emilio Mola, quien se levantó en el norte de España y rápidamente conquistó a Burgos, donde estaba basado, y la provincia de Guipúzcoa inicialmente.  El movimiento insurreccional fracasó en casi el resto de España, especialmente en las grandes ciudades de Barcelona, Valencia y Madrid.  Pero sorprendentemente triunfó, gracias a la osadía del General Gonzalo Queipo de Llano, en Sevilla—a pesar de que la provincia de Andalucía generalmente apoyaba al gobierno del Frente Popular.  Muchos pensamos que la Guerra comenzó en realidad en 1934, cuando casi todos los grupos de izquierda—los socialistas, los anarquistas y los comunistas—se rebelaron contra el legítimamente electo gobierno de centro-derecha de la República. Ese levantamiento fue derrotado, excepto por las varias semanas en que Asturias estuvo bajo el control de los mineros izquierdistas.  Pero por los próximos dos años, la Izquierda conspiró contra el gobierno republicano continuamente hasta que en las elecciones de febrero de 1936, una coalición de todas las izquierdas, incluyendo a los anarquistas, formaron el Frente Popular y, aunque perdieron por más de 700,000 votos contra las derechas y el centro, las turbas se lanzaron a las calles antes de que los votos fueran contaron y el pusilánime gobierno de Casares Quiroga le entregó el poder al Frente Popular. 
Santiago Carrillo nació en Gijón, Asturias en 1915 (foto con su esposa en la premier de la película "Che" en España).  Su padre Wenceslao fue desde joven un importante líder socialista y durante la dictadura del General Primo de Rivera (1923-1930) colaboró, junto con el principal líder socialista Francisco Largo Caballero con ese gobierno.  Su hijo Santiago también formó parte de las Juventudes Socialistas desde los 13 años y eventualmente llegó a ser su Secretario General.  Al comenzar la Guerra, Santiago estaba en París exiliado, Al regresar a España, a los pocos meses traicioneramente unió a las Juventudes Socialistas, de las cuales era todavía su líder, al pequeño Partido Comunista Español, a espaldas del Jefe del Partido Socialista Popular (PSOE) Largo Caballero.  
En noviembre de 1936, las fuerzas nacionalistas, ahora comandadas por el General Franco, estaban a las puertas de Madrid. El 6 de noviembre es nombrado Santiago Carrillo, con solo 21 años, como Consejero de Orden Público en Madrid.  Esa misma noche, comienza la tragedia de Paracuellos del Jarama y las grandes “sacas” de las cárceles de Madrid, sobre todo la más grande, la Cárcel Modelo. Pero antes de detallar el íntimo involucramiento de Carrillo en el asesinato de miles—quizás 9,500—de víctimas inocentes en Paracuellos, tenemos que describir brevemente la situación en España desde que el Frente Popular tomó el control del gobierno de la República en febrero de 1936.  
El primer gobierno estuvo dirigido por Manuel Azaña hasta que este pasó a la presidencia de la República en mayo.  Santiago Casares Quiroga fue Primer Ministro de mayo a julio y desde el comienzo de la Guerra en julio, el Farmacéutico José Giral dirigió al gobierno, todavía presidido por Azaña (el presidente tenía limitadísimos poderes en la República).  Giral era fundador, con Azaña, del pequeño Partido de Acción Republicana.  En su primer gabinete no había ni un solo socialista, mucho menos anarquistas o comunistas.  Todos eran republicanos de la extrema izquierda.  Y Giral, desde que estalló la Guerra, lo primero que hizo fue darle armas a las milicias, sobre todo en Madrid.  Pero ya desde febrero, casi en cuanto el Frente Popular tomó el gobierno, los desmanes y los crímenes comenzaron a través de toda España.  En abril de 1936, el líder de las Derechas (CEDA) en las Cortes (Parlamento), José María Gil Robles, pronunció un famoso discurso donde declaró que “la mitad de la nación no se resigna a implacablemente morir”. Y en junio, ofreció las siguientes cifras: 160 iglesias destruidas, 43 sedes de  periódicos destrozados, 381 edificios privados atacados y dañados, 140 bombas explotadas, 269 muertos y 1287 heridos, solamente en Madrid. Pero lo más grave de todo fue la creación de las “checas”, de las que llegaron a existir más de 220 nada más en Madrid. 
¿Qué eran las checas? Originadas por Lenin a los pocos días de tomar el poder en Rusia en noviembre de 1917 y desde el primer momento dirigidas por el maniaco homicida polaco Feliks Dzerzhinsky, son las siglas de las tres primeras palabras en ruso significando “Comisión Panrrusa Extraordinaria de Lucha contra la Contrarrevolución, la Especulación y el Sabotaje.  En realidad, una organización de policía secreta diseñada para implementar el terror bolchevique, para robar y matar a todos los opositores de la revolución rusa simplemente por pertenecer a unas clases distintas, sin importar el grado de oposición al régimen comunista ni la culpabilidad de las victimas, si es que existía alguna.  Y esto fue un plan de Lenin desde al menos 1908 (al igual que contemplado por Marx en sus “teorías científicas”) para proteger su dictadura del proletariado y exterminar a todas las clases incompatibles con ese fin. En Rusia solo hubo una gran Checa, pero  llegó a ser gigantesca (al finales de 1918, tenía 40,00 esbirros y al final de 1920, contaba con 280,000 burócratas represivos) y con el tiempo se convirtió en las más conocidas GPU, OGPU, NKVD, MVD y finalmente KGB.  Pero siempre fue la misma checa original creada por Lenin y dirigida por Dzerzhinsky. 
Pero en España, la creación de las checas fue distinta.  Primero porque hubo cientos—en Madrid nada más llegaron a 226.  Segundo, porque nunca tuvieron sanción oficial del gobierno del Frente Popular.  En Rusia, la Checa siempre fue un organismo represivo oficial del régimen.  No en España, donde cada checa si, estaba afiliada con uno de los partidos izquierdistas que formaban parte del gobierno del Frente Popular (tenía que ser así; nada en España en 1936 funcionaba sin afiliación con alguno de los partidos de izquierda y no tenerla significaba, hasta para los individuos, una condena de muerte), o alguno de los sindicatos gubernamentales como la CNT (Anarquista) o UGT (Socialista) pero ninguna era parte oficial del régimen.  Y las había de todos tamaños, algunas de solo tres o cuatro personas, otras de cientos. Algunas trabajaban directamente bajo las órdenes y control de ciertos altos funcionarios del gobierno.  Por ejemplo, una de las principales, la conocida como Checa de Bellas Artes (luego Checa de Fomento), trabajaba directamente bajo las órdenes del Director General de Seguridad (que a su vez respondía al Ministro de Gobernación) Manuel Muñoz Martínez. A veces existían varias checas en una misma cuadra, todas establecidas en casas particulares, iglesias o edificios privados, todos robados a sus dueños legítimos. Los “chequistas” tenían la autoridad y el poder de detener a cualquier ciudadano en las calles y de no producir documentación de pertenecer a alguna organización del Frente Popular, podían ser—y eran muchas veces—asesinados en la misma calle, aunque usualmente esperaban a la noche y los mataban en lugares apartados.  Podían igualmente entrar en cualquier domicilio privado y robar impunemente a sus ocupantes—o despojarlos del domicilio—sin ninguna orden judicial o permiso de ningún cuerpo policial. Y por supuesto, podían asesinar sin consecuencia alguna a cualquiera donde fuera. Esas eran las checas de España en la República gobernada por el Frente Popular desde febrero de 1936.(Continuará:  última parte mañana)

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domingo, 15 de julio de 2012


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martes, 10 de julio de 2012


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MANUEL CEPEDA

lunes, 23 de abril de 2012


LA HISTORIA EN LA MEMORIA
MANUEL CEPEDA
(4-23-12-5:50PM)
Por Pedro Conde Soladana
Aunque la censura, brazo armado de toda dictadura frente a la información, se impuso, la noticia, como el agua, acabó filtrándose por las rendijas del bulo que en esta ocasión resultó ser cierto.
«El Jefe de una Centuria, la XVI, de Montañeros de la Guardia de Franco, ha girado sobre sí misma dando la espalda al Generalísimo cuando le pasaba revista».
Aquel Jefe de Centuria, aquel hombre valiente y auténtico ha muerto hace unos días. Se llamaba Manuel Cepeda.
Hay que tenerlos «cuadraos», nunca mejor ocasión para decirlo, y de la consistencia del acero para atreverse a dar una orden que era un desaire, un desprecio y un desacato nada más y nada menos que al mismo Jefe del Estado, el General Franco; en pleno poder y vigor de su régimen.
Era el 20 de noviembre de 1957; a diecisiete años del final de la Guerra Civil, el Generalísimo y su atípico Estado se encontraban en pleno auge, con un creciente reconocimiento internacional, avalado por la primera potencia del mundo, los EE.UU., que habían dado su visto bueno a ese reconocimiento con el acuerdo de ayuda y el establecimiento de bases militares en suelo español.
Ese día, aniversario del fusilamiento de José Antonio Primo de Rivera, aquel personaje excepcional, Fundador de la Falange, efeméride anual exaltada en el calendario oficial del régimen y en el majestuoso escenario de El Escorial, una centuria, de la que formaban parte curtidos veteranos, héroes de la Guerra Civil y la División Azul, dan la espalda, con su abanderado y banderín como seña y con el brazo extendido en dirección contraria al Generalísimo que les iba a pasar revista. La orden de ese movimiento de instrucción la dio, contra todo peligro, contra todo pasmo, contra todo reglamento, su Jefe de Centuria, Manuel Cepeda.
¿Quién o qué podría explicar aquel acto de desacato de un falangista a su Jefe Supremo, a la vez Jefe del Estado y Generalísimo de los Ejércitos de Tierra, Mar y Aire?
Sólo la fe en la auténtica doctrina, traicionada y tergiversada, la coherencia en la conducta y la exigencia de su ortodoxa aplicación, puede explicar la decisión de Manuel Cepeda; acto que pudo costarle muy caro.
Qué muestra de ética, honradez y valentía.
Aprendamos. El tiempo no hace viejo ni caduco el ejemplo de los héroes.
La coherencia será quizá la conducta del ser humano para la que Dios tenga preparado el mejor premio y la máxima benignidad.
Manuel Cepeda, un saludo de despedida con el brazo firme, apuntando al horizonte por donde te has ido y nacen los luceros, con la mano abierta y limpia diciéndote ¡Adiós! ¡Hasta pronto!
Fuente: Ágora Hispánica y Patria Nacionalsindicalista
LA HISTORIA DEL INCIDENTE
Era el 20 de noviembre de 1957. En la Lonja del Monasterio del Valle de los Caídos, formada frente a un batallón del ejército se situaba la Centuria XVI de Montañeros de la Guardia de Franco, mandada por su Jefe de Centuria, Manuel Cepeda. La centuria estaba encargada de rendir honores al Jefe del Estado, Francisco Franco a la salida del funeral en el aniversario del asesinato del fundador de la Falange, José Antonio Primo de Rivera. La Centuria, estaba compuesta por esquiadores y montañeros veteranos de la guerra civil y de la División Azul y entre ellos no faltaban precisamente los que habían abrazado el falangismo durante los primeros años del partido, antes de la guerra y a las órdenes del propio José Antonio, por lo que para todos, el 20 de noviembre era una fecha casi religiosa. Ese momento eran precisamente los años del final del régimen, ni Franco estaba nada acostumbrado a que nadie le rechistara lo más mínimo y cualquier atisbo de desafectación al régimen, no era tratado precisamente con remilgos y diplomacia.
Cuando Franco descendió por la escalinata del Patio de los Reyes y salió por el portalón del Monasterio, se inició la interpretación del himno nacional. Franco pasó revista al Batallón del Ministerio del Ejército, que ceremonioso prestó honores, sin pasárseles por lo cabeza lo que va a ocurrir unos instantes después. Cuando Franco iba a pasar revista a los falangistas de la Centuria XVI de montañeros, su Jefe de Centuria, el falangista Manuel Cepeda, a menos de un par de metros del mismísimo Generalísimo Franco, da la orden al abanderado de la centuria de dar media vuelta, y al hacerlo este, toda la centuria hace lo mismo, quedando todos los miembros de la centuria de espaldas a Franco, mientras saludan brazo en alto en dirección contraria al lugar donde estaba impertérrito el entonces incontestable Generalísimo Franco. Ni los gritos, ni las voces, ni las órdenes, ni incluso el sonido de algunas armas que se montan para estar listas para poder ser disparadas contra los falangistas en unos momentos de extrema tensión, hacen que ninguno de los curtidos miembros de la centuria flaquee, y por supuesto, Manuel Cepeda menos que ninguno. Fue uno de los mayores y más públicos desplantes de los falangistas que protestaban así por la deriva capitalista del régimen que en nada se parece a lo que el fundador de la Falange había predicado en su doctrina, y con las camisas azules como mera coreografía para un régimen que en nada era nacional-sindicalista. La escena es contemplada con estupor por toda la jerarquía del Estado y por el cuerpo diplomático con representación en Madrid, que rápidamente informan a sus países, y de lo que se hacen eco varios importantes periódicos extranjeros.
El malestar de los falangistas era creciente, que veían como el régimen derivaba hacia un estado capitalista controlado por tecnócratas y que aprobaban leyes como la de sociedades anónimas que los falangistas detestaban, y en el que eran arrinconados los postulados falangistas de Justicia Social, nacionalización de la banca, reforma agraria y propiedad de los trabajadores de los medios de producción.
Muchos de esos falangistas pasan a engrosar las filas de la oposición falangista al régimen de Franco, que siempre había estado encabezada por los partidarios del segundo jefe nacional de Falange, Manuel Hedilla, condenado a muerte por Franco y posteriormente conmutada a cadena perpetua, por negarse a fusionarse con los carlistas y a renunciar a su ideario. No pocos de esos falangistas participan en la fundación de Comisiones Obreras, desde grupos como el Frente Sindicalista Revolucionario (FSR) o la Unión de Trabajadores Sindicalistas (UTS) encabezada por Ceferino Maestú y en esos momentos representan la vanguardia en la defensa de los derechos de los trabajadores, de la que la Seguridad Social creada por el falangista José Antonio Girón de Velasco, es su máximo exponente. No sería este el único desplante de los falangistas a Franco, e incluso en otro aniversario, otro falangista se habría salido de su formación al grito de ¡Franco, traidor! Unas horas después, Manuel Cepeda, era detenido en su casa, por tres comisarios de la policía y su desplante tuvo importantes costes para él y para muchos de los miembros de la centuria. Ese hombre, Manuel Cepeda, que tuvo el coraje para llevar a cabo esa afrenta que nunca fue olvidada por Franco, y con la que se jugó la vida por sus ideales, falleció el pasado 10 de abril en Madrid y fue enterrado en el cementerio de La Almudena. Un gesto, una afrenta para la que hacía falta tanto valor, que hay que reconocer, que si lo hubiera hecho cualquier miembro de uno de los partidos hoy gobernantes, habría sido objeto de cientos de homenajes, honores, cargos públicos e incluso libros. Como no fue de esas filas, su vida y su fallecimiento ha pasado desapercibido en los medios de comunicación, hueco que desde Diario El Aguijón pretendemos llenar con esta pequeña aportación, porque la historia es historia, y las ideas de cada cual, son algo que no debe empañar nunca la existencia de esa historia.
Fuente: Diario El Aguijón