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EL CUBANO EN LA CARNICERÍA

lunes, 24 de septiembre de 2012


EL COSTUMBRISMO DE ESTEBITA 
EL CUBANO EN LA CARNICERÍA
(9-24-12-9:15AM)
por Esteban Fernández 
El resto de los seres humanos va a la carnicería y con el dedo índice señala: "Me das dos libras de esto, y tres libras de esto otro". Y se acabó el asunto. Pagan y se van. Nosotros, al igual que sabemos más de política que los senadores ( no olviden que nosotros estamos a la altura de cualquier Estado de este país porque tenemos dos cubanos en el senado), más de guerra que el general David Petraeus, también sabemos más de carne que los carniceros... 
El cubano llega y se demora varios minutos observando todas las carnes que están en el refrigerador. De pronto le dice al carnicero: ¡Ñooo, que cantidad de pellejos tiene toda esa carne, compadre!"...  
Pregunta: "¿Cómo está la palomilla?". El carnicero invariablemente responde: "Buenísima, fresca, me la acaban de traer del matadero"... Entonces el cubano dice: "Está bien, dame una palomilla entera, una parte me la picas en cuadritos para hacer carne con papas, me picas unos cuantos bisté, unos gordos porque a mí me gustan gruesos, como los que comía el Niño Valdés, los otros bien delgaditos porque a mis muchachos les gustan así , y el resto lo haces picadillo". 
El carnicero comienza su labor de descuartizar la palomilla y el cubano lo interrumpe: "Oye ¿esa es la única palomilla que tú tienes?" por favor, trae otras a ver cual me gusta más"...  
El carnicero trae cuatro palomillas más y el cubano le dice: "Chico, no me decido por ninguna ¿cual tú crees que está mejor?" El carnicero escoge una y el cubano le dice: "Campeón, quítale todos los pellejos antes de pesarla, quítale, quítale más pellejos"... 
El carnicero entonces comienza a moler parte de la carne para hacer picadillo y el cubano le dice: "No te pongas bravo pero muele la carne dos veces, y busca tres o cuatro trozos de carne de puerco y tíralos en la moledora junto con la carne de res"...  
Hay siete chorizos en el refrigerador y el cubano pregunta: "¿De dónde son esos chorizos?", el carnicero complaciente todavía dice: "Me los trae un señor de Hollywood"...Pero el cubano le contesta: "No, no chico, no me interesa de dónde te los traen, sino dónde los hacen, lo que quiero saber es si son españoles, que son los chorizos que a mi me gustan"...  
El carnicero dice: "Sí, son españoles, creo que son El Miño, y también tengo bacalao pero antes de que me preguntes quiero decirte que no tengo ni la menor idea de la nacionalidad de esos bacalaos". Y en el colmo de los colmos el cubano le dice: "Está bien, pero trata que no esté muy cargado de sal porque el último bacalao que me diste estaba 'salao' como loco"...  
El cubano dice: "Me das cinco bisté  "T- Bone", tres con el hueso y a dos se los quitas y trata de que me estén blandos porque la semana pasada la riñonada me salió más dura que un palo, y de paso me das una buena falda para hacer ropa vieja y vaca frita"...  
Entonces usted escucha a nuestro compatriota decir: "Cheíto ¿de qué son las longanizas esas?". El carnicero responde: ¿"Cómo que de qué son?"- "Sí, chico ¿qué tienen adentro, qué les echan?"-"¿Tú las haces aquí o te
las traen congeladas de afuera?"... El carnicero no está seguro cual de las dos cosas le van a agradar más al cliente cubano pero se arriesga y dice: "Yo mismo las hago, y les pongo carne de la mejor calidad y mucho jamón". Todavía insatisfecho con esa respuesta dice: "Y ¿el jamón es importado?"... 
Al fin el cubano se decide y dice: "Bueno, está bien, dame seis longanizas de esas, pero ¿tú me las garantizas? porque si no me salen buenas te las devuelvo mañana"...Y dice: "Compadre ¿tú tienes una par de huesos por ahí para el perro mío? pero busca que tengan un poquito de carne"- "No, no, ese hueso no, ese hueso está muy chiquito"... 
El carnicero por primera vez pierde la tabla y protesta: "¡Socio, por favor, no me digas eso, que yo he visto el perrito Chihuahua que tú tienes y este hueso es MAS GRANDE que tu perro!"... Y creyendo que ya terminó su odisea se pone a pesar la carne. Con picardía el cubano le dice: "Y ahora anda muy claro con la pesa porque te estoy vigilando, Okay?"...

EL COSTUMBRISMO DE ESTEBITA COSAS QUE LOS HOMBRES NO VEMOS

jueves, 16 de agosto de 2012


EL COSTUMBRISMO DE ESTEBITA
COSAS QUE LOS HOMBRES NO VEMOS
(7-29-12-1:20PM)
por Esteban Fernández, Jr. 
Lo primero que los hombres nos vemos es el color de los ojos del resto de los hombres. A la hora de describir a otro hombre decimos: “Sí, chico, es alto, gordo, pesa como 225 libras, tiene pecas en la cara, y tiene un tatuaje en el brazo izquierdo”. Jamás se nos ocurre agregar: “Ah, sí, se me olvidaba, tiene unos ojos azules preciosos”. Esas son cosas que solamente las dicen las mujeres o quizás los homosexuales también.  
Los hombres no vemos (no distinguimos) casi nunca la diferencia entre el color negro y el azul Prusia. ¿Usted nunca se ha comprado un pantalón negro (convencido completamente de que es negro), llega a la casa y le dice a su mujer:  “Vieja, mira que pantalón negro más bonito me compré” y la esposa le da un simple vistazo y le responde:  “No, chico, no, eso no es negro, eso es azul oscuro”?  
Y ahí comenzamos a discutir, a pelear, a defender la negrura de nuestro pantalón, y al final podemos traer a todas las mujeres del mundo,  y todas estarán de acuerdo en que el dichoso pantalón es azul.  
Los hombres no vemos las grandes cualidades de una mujer si esa mujer es feísima y está malísima. Primero tiene que encantarnos, gustarnos, encontrarla bellísima, y después poco a poco, pasamos a verla internamente y a darnos cuenta de su “gran corazón”... Sólo nuestras madres, nuestras hijas y hermanas gozan del privilegio de adorarlas internamente sin importarnos para nada la belleza exterior. 
¿Usted no ha leído en revistas (como Vanidades por ejemplo) artículos indicando “100 formas diferentes para complacer y tener feliz a un hombre”? Observe usted que esos escritos SIEMPRE LOS HACEN LAS MUJERES, jamás son redactados por hombres. ¿Por qué? Simple y llanamente porque de esas “Cien formas de complacernos” 98 no las vemos. En realidad,  sólo se necesitan (y nosotros vemos y notamos eso) dos formas: Sexo sabroso y comida deliciosa. No sé por qué se esfuerzan tanto si todo lo demás es secundario... 
Nosotros los hombres no vemos los defectos de nuestros íntimos amigos. No es que se los tapemos, sino que no los vemos. Como siempre sucede, nuestros íntimos amigos piensan exactamente igual que nosotros; por lo tanto, es imposible ver sus defectos y sus equivocaciones. Son las mujeres, las esposas, las que ven esos defectos. Nosotros sólo vemos esos fallos cuando el amigo discrepa con nosotros.   
Los hombres no vemos la necesidad (cuando vivimos solos) de comprarle un marco a una foto. Con un pedacito de “tape” podemos poner perfectamente la foto en la pared. Tampoco vemos la necesidad de colocar  un regalo en una caja y después ponerle un lazo y una bella moña de adorno. Esa necesidad la ven las mujeres. Nosotros consideramos que la bolsa que nos da la tienda es suficiente.  
Nosotros los hombres, ni en una fiesta, ni en ningún lugar, vemos (como las mujeres) la necesidad de que el resto de los hombres, en manada, nos acompañen al baño. Nosotros no visualizamos eso.  
Nosotros vemos que los demás hombres se están poniendo viejos, pero no vemos (yo creo que es porque nos vemos todos los días en el espejo) que nosotros también envejecemos. ¿Usted no ha visto que un tipo nos dice “¡Ñooo, que viejo se ha puesto Cheo!” Y uno tiene ganas de decirle: “Chico ¿y tú no ves lo viejo que estás tú?” 
La verdad es que los hombres sólo vemos lo buena que está Jennifer López y lo rica que está una paella (como la que me invitaron a comer Mayda y Jorge Riopedre) pero aunque tengamos 85 años, no vemos por qué diablos ya no le resultamos atractivos a una muchacha de 25 años.  
Las mujeres ven y recuerdan los zapatos que usaron todas sus amigas en la fiesta del sábado pasado, sin embargo a los hombres, aunque nos ofrezcan mil dólares no podríamos dar la descripción de los zapatos que se pusieron Arturo Bueno, o Abel Pérez, o Yoel Borges, porque  ni idea tenemos. Y de Hugo Byrne,  ni hablar,  porque desde que Migdalia su esposa lo viste,  usa una variedad de zapatos enorme...

Chino no son bobo..

lunes, 16 de julio de 2012


EL RINCÓN DE LA NOSTALGIA
(7-16-12-8:50AM)



EL BAILARÍN CUBANO

domingo, 1 de julio de 2012


EL COSTUMBRISMO DE ESTEBITA
EL BAILARÍN CUBANO
(6-28-12-5:00PM)
por Esteban Fernández, Jr.  
El 90 por ciento de los cubanos bailan muy bien, hay un 10 por ciento que no baila tan bien, pero un 99 por ciento nos creemos buenos bailarines. Si hay alguno que no le gusta bailar entonces todo el mundo dice: "¿Qué le pasa al pesado ese que no baila?".  
Al cubano que no le gusta bailar le cuesta mucho trabajo ir a una fiesta porque NO LO DEJAN  TRANQUILO,  y a cada instante se le acerca un imprudente y le dice: "Chico ¿no vas a bailar? esto es una fiesta no un velorio". 
Al fin tocan una musiquita suave  y, motivado por la presión en su entorno, se levanta de su asiento y le dice a su sorprendida mujer: "Vamos a bailar vieja que están tocando la música mía"... Despacito se van hacia el centro de la pista y cuando llegan allí ya se acabó la música suave y están disparando un tremendo rumbón y dice: "De eso nada, mi amor, vamos para la mesa". Menos Hugo Byrne que después que se casó con Migdalia - "y está sacando juventud de su pasado"- baila hasta una copla. 
Y observe usted que la mayoría de los cubanos no nos llevamos por el compás de la música sino, me señala Leonardo Fandiño, por las miradas de los presentes. Es decir, si  nadie nos está mirando entonces aflojamos el paso, bailamos despacio, nos recostamos a la esposa, descansamos, pero si nos damos cuenta que nos están observando entonces cogemos tremenda velocidad, vamos más rápido que la música y dejamos  chiquito a Rolando aquel bailarín compañero de Ana Gloria en el Cabaret Regalías.  
Por lo regular a los cubanos no nos agrada bailar con la mujer de nadie, ni nos gusta que bailen con la nuestra, porque la verdad monda y lironda es que el baile puede ser baile, pero también fácilmente puede ser utilizado para dar "jamón", para agarrarle las manos y la cintura a una mujer, pegar cachete contra cachete y estar cinco minutos abrazado a ella. 
Entonces cuando nos vemos obligados a bailar con la esposa de un amigo nos ponemos nerviosos y mantenemos la distancia necesaria para que pueda pasar un tren por el medio. 
Al pasar los años LA SEGUNDA COSA ( la primera dejo que usted se la imagine) que más le molesta al viejo cubano es el deterioro en su habilidad de bailar. Baila una pieza y al terminar dice: "¡Qué va, ya no soy el mismo de antes, quiero que sepas que antes bailaba toda la noche en el Liceo de Bejucal y de ahí me iba a las cuatro de la mañana a la panadería del pueblo para comerme media barra de pan acabado de salir del horno!" 
¡Claro que "el viejo ya, con 20 achaques, no es el mismo"!, pero encima de eso ¡está bailando con la misma bailarina por más de 40 años!, pero yo he visto que a ese mismo viejo lo ha sacado a bailar un pollo de 34 años y entonces el viejo VUELVE A SER EL MISMO y hace más piruetas que Rafael Bacallao el antiguo bailarín y cantante de la Orquesta Aragón. 
Entre los cubanos hay bailarines profesionales, pero el resto ya "le hemos cogido el tumbao al baile" y nos da lo mismo que toquen una rumba o un cha- cha- chá  y metemos los MISMOS PASOS que nos sabemos. En realidad todos los ritmos cubanos los neófitos en la materia los podemos dividir en dos: música suave y música rápida. Igualito (lentamente) bailamos un bolero, un son o un danzón, y  ya sabemos que tenemos que cambiar la velocidad si tocan un mambo. 
También existen dos tipos de bailarines cubanos: el discreto y el alardoso. Está el que sabe que sabe bailar y no necesita demostrarlo, y el que demuestra con sus aspavientos que no sabe bailar pero quiere que todo el mundo crea lo contrario. 
Y la nota triste: el verdadero bailarín cubano y los simplemente amantes de la música mas linda del mundo, estamos sufriendo  el ocultamiento indecente de ella , y de todo lo nuestro, por parte de los medios radiales y televisivos  “hispanos” que obviamente están encaprichados en "mejicanizarlo" todo, principalmente -como la llama Manuel Prieres- CHARROVISIÓN.   

EL ROBALO DE LA POZA HONDA

martes, 26 de junio de 2012


CRÓNICAS DEL ARCHIPIÉLAGO
EL ROBALO DE LA POZA HONDA
(6-25-12-5:00PM)
Por Aldo Rosado-Tuero
Debe de haber estado allí antes de que yo naciera, pues desde que tuve uso de razón he oído hablar de él.
El Robalo de la Poza Honda era famoso en toda la zona. El río Cambao, o por la cercanía  a la costa y lo bajo de esa área, estaba salinizado por la penetración del mar o porque sus manantiales eran sulfurosos, francamente nunca lo supe a ciencia cierta, pero sus aguas eran semi salobres, aunque—y es mi opinión personal, no basada en ningún estudio científico—no llegaban a ser lo que aquí se llaman “brackish water” y mantenía en perfecto equilibrio una fauna de especies de agua dulce y algunas que pueden vivir en agua salada o semi-saladas. Así yo solía observar nadando en sus aguas, cardúmenes de lisas y solitarios sábalos, y capturé anguilas, sin mencionar las incontables biajacas y los cientos de jaibas, con los que volvía loca a mi inolvidable abuela Aurelia, cuando en mis visitas a la finca de mis abuelos maternos,  me aparecía al regreso de mis pesquerías, cargado con todas las alimañas que yo capturaba y que me empeñaba en que ella me los cocinara.
Pero de todos los habitantes de aquel río de mi niñez—yo criado en un puerto de mar y viviendo casi en sus mismas orillas, que disfrutaba como nadie el cambio de medio ambiente—el que más llamaba mi atención era el legendario Robalo de la Poza Honda. Un pez legendario entre los campesinos de la zona, por su tamaño, por su territorialidad, ya que no abandonaba nunca La Poza Honda de aquel río y por su imposibilidad de capturarlo.
Y yo, cabezón y empedernido luchador por lo imposible. Me metí en la cabeza que me correspondía a mí el honor y la gloria de capturar a la leyenda. Tendría yo unos siete años de edad, cuando me atacó la fiebre y la obsesión de pescar a aquel impescable pez.
Muchas veces después he pensado, usando la lógica que posiblemente no fuera siempre el mismo robalo, o que tal vez, el original hubiera muerto y otro ocupara su nicho ecológico en la misma poza, ya que pasaban los años, nadie lo capturaba y seguían los cuentos sobre los avistamientos del gigantesco pez, al que muchos le atribuían de dos a tres metros de largo. Yo francamente avisté  en varias oportunidades a un enorme robalo nadando majestuosamente en la poza, cuyo tamaño pudiera calcular, si la memoria no me engaña, que debía haber medido entre uno y medio a dos metros.
Todos mis esfuerzos por pescarlo resultaron infructuosos. Ni siquiera picaba las carnadas. En mis largas horas de pesca en esa poza, capturaba biajacas e incluso picaron varias veces y logré capturar un par de grandes anguilas, y en todos esos años probablemente una docena de sábalos, pero el robalo pasaba indiferente por el lado de mis anzuelos sin molestarse siquiera en detenerse a mirarlos.
Hasta que un día—debía yo tener unos catorce años de vida—en que Pipe, un primo segundo (primo hermano de mi madre) al verme tan desesperado por coger al “jodido pescado” me dijo que el secreto estaba en la carnada, y que para que el robalo picara, había que cebar los anzuelos con lagartijas o ranas. Sin perder tiempo le rogué que me ayudara a buscar las carnadas adecuadas. El joven campesino, que tenía que atender tareas de la finca de su padre, tuvo la amabilidad de dedicar un poco de su tiempo al muchacho de la ciudad, que le rogaba tan vehementemente por una lagartija y una rana.
Con una crin de su caballo hizo un lacito, con el que capturó una lagartija viva, que me ayudó a enganchar a uno de mis anzuelos. Inmediatamente penetramos en el platanal de mi abuelo Manín y después de “pelar” unas cuantas matas de plátanos, encontramos una ranita blanca escondida entre las hojas de plátano. El la partió en dos y me la entregó, mientras se marchaba deseándome buena suerte.
Corrí a la orilla del río y enganché las dos mitades de la rana a sendos anzuelos, conectados a líneas de pesca. Preparé tres anzuelos: uno con la lagartija y otro con la primera mitad de la rana. Estos dos conectados a una línea de nylon de 30 libras. La tercera, con la otra mitad de la rana, conectada a una línea, de 40 libras de resistencia. Tiré las tres líneas a la poza. A una la até a una roca mediana, a la otra a un pequeño arbusto y la tercera, la de 40 libras, la até a una pequeña mata de café, que crecía justo en el borde de la poza, debajo de una frondosa mata de mangos machos.
Pasaba el tiempo y el cabrón robalo no picaba. La suave brisa me fue dando sueño y creo que me dormí por un rato. Me desesperesé y desde la misma posición en que estaba—medio acostado en el suelo y recostado al tronco de la mata de mango—recogí una pequeña piedrecita y la tiré al agua, cerca del anzuelo en la línea amarrada a la mata de café. Lo que ocurrió después, aun lo veo con los ojos de la imaginación y el recuerdo, como si estuviese viendo una película delante de mis ojos: De repente, la línea de pesca se tenzó y a una velocidad increíble la matica de café se dobló hacia el río, hasta  que sus ramas más altas tocaron el agua. Me levanté inmediatamente, con el corazón desbocado y latiéndome dentro del pecho como un  caballo desbocado a galope tendido por una sabana, y cuando tomé la “pita” ésta restalló con un sonido seco, y se partió, dejándome con sola un pequeño pedazo de nylon entre mis dedos. El robalo había ‘PICADO” pero había partido la pita de pescar, con la que yo lo hubiera, tal vez, podido sacar de su habitat acuático y convertirme en el héroe que había capturado al robalo de la poza honda.
Me sentí frustrado y ese día suspendí el regreso a Caibarién, aun a costa de perder un día de clases. A la mañana siguiente, me levanté temprano, y pese a mi torpeza como “guajiro amateur”, conseguí una rana viva. Con ella corrí a la Poza y repetí la jugada del día anterior, esta vez teniendo el cuidado de tirar dos líneas: una de 50 y otra de 60 libras y de conservarlas ambos en mis manos. Al poco de estar allí inerte esperando la picada—era temprano en la mañana y el sol comenzaba a alumbrar el agua de la poza honda—pude vislumbrar que el enorme pez se acercaba muy lentamente a uno de los anzuelos. En  la parte derecha del labio inferior de su enorme boca, era visible una parte de un anzuelo, clavado a su carne. El animal se detuvo ante el anzuelo, lo miró dubitativo, ascendió un poco hacía la superficie, y me dedicó una mirada de hondo desprecio, que me desarmó. Seguidamente, bajó majestuosamente hacia la profundidad, ignorando los anzuelos y las carnadas.
Allí mismo decidí que el robalo merecía seguir viviendo en la poza honda y que debía seguir siendo una leyenda y que nunca más, no solo no lo trataría de capturar, sino que desalentaría a otros de que lo hicieran. Aun no conocía yo la historia del Monstruo de Loch Ness. Pero aun sin conocerla, como adelantándome al futuro, estaba instando a que los guajiros de Cambao, cerca de Yaguajay, tuvieran también  su “Nessie” en El Robalo de la Poza Honda.

THE CUBAN "JAMA"

sábado, 9 de junio de 2012


EL COSTUMBRISMO DE ESTEBITA
(6-9-12-8:00AM)
THE CUBAN "JAMA"
Por Esteban Fernández, Jr. 
Las precursoras, ante nosotros, de la cultura cubana de la comida, son nuestras madres. Desde que la madre cubana categóricamente nos dice: “¡Usted no vaya a dejar nada en ese plato, cómaselo todo!” ya hemos quedado expuestos para siempre, eternamente, a la cultura de la comida cubana.  
Son esas madres cubanas las primeras (mucho antes que la revista National Geographic) quienes nos dijeron y enseñaron que “En África los negros pasan tremenda hambre”. Solo era necesario dejar cuatro granos de arroz en el plato para que la mamá, incomoda, dijera: “Muchacho ¿tu no sabes la cantidad de africanos que se volverían locos de alegría con esos sencillos granos de arroz?”. Recuerdo a mi pobrecita madre lo brava que se ponía conmigo cuando yo le contestaba: “Está bien, mamita, manda esos cuatros granos para ElCongo”. 
Mi primer choque al respecto entre la “mentalidad americana” y la mía cubana la tuve cuando mi hija Sandra era una muchachita y su mamá Rina y yo estábamos totalmente de acuerdo en que “¡Esta niña no come nada!” Estaba, según nosotros, flaca, desganada, desnutrida, y no probaba un solo bocado de los alimentos que se le servían. Todas las semanas la llevábamos  ante todos los doctores del Káiser Hospital quejándonos de la flaquencia de nuestra hija y de que no  comía absolutamente nada. 
Tanto molestamos, que un día me trajeron al jefe de todos los pediatras del Káiser. El especialista (creo que se llamaba Dr. Fers) se me presentó sonriente y venía con un montón de papeles en sus manos. Me saludó y me dijo: “¿Sandra Fernández no come, eh?”. Más que una pregunta me sonó como una burla. Y comenzó a darme detalles de la vida alimenticia de mi hija: “Cuándo tenia dos años pesaba tanto y medía tanto, ahora mide tanto y pesa tanto, el peso y tamaño de ella ESTÁ PERFECTAMENTE BIEN PARA SU EDAD. Ustedes no lo verán pero ella está comiendo lo necesario”.  
Y entonces el médico me dijo algo que me dejó frío: “¿Usted es cubano? Oh, ya entiendo, yo viví en Miami muchos años y la mentalidad cubana es que hay que comer hasta reventar, pero ustedes están equivocados”. 
Usted puede recorrer el planeta completo visitando restaurantes de todas partes y en ninguno se encuentra con dueños y empleados del negocio que se molesten si usted no se dispara todo lo que le sirven. ¡Sólo en los restaurantes cubanos ocurre!  
A usted le sirven un tremendo bisté de palomilla, arroz con frijoles negros y 20 plátanos maduros fritos. Usted le da tres mordidas a la carne, se come cuatro platanitos y casi deja todo el arroz. ¡Y pa’que fue aquello! Ahí hasta el cubano dueño del restaurante se le para a usted al frente averiguando: “¿Qué pasó, compadre, no te gustó la comida?” Usted contesta apenado: “No, chico, lo que pasa es que estoy lleno”. Irritado el dueño lo regaña: “¡Para que tu sepas esa palomilla  está deliciosa, me estás haciendo tremendo desaire!” 
Nunca para mí ha sido más obvia la diferencia de la cultura americana y la nuestra que cuando llevábamos a mi otra hija, Ana Julia a comer a El Colmao. Ahí siempre surgía el choque de culturas de la hija del dueño, Candy Souza, y mi hija nacida aquí. Ana Julia tratando de comer lo menos posible y Candy empeñada en que saliera  de allí con el estómago lleno. Yo me moría de la risa cuando Candy le decía: “Oh, mi amor, no te gustó eso, entonces ahora te voy a traer un caldito gallego” y mi hija le contestaba "Sólo traeme el caldito, no quiero el gallego"... 
¿En que restaurante del mundo usted no se come toda la comida y la empleada cubana le trae un plato de lengua estofada y le dice: “Mi amor, ya vi que no te comiste el tasajo, esto si te va a encantar y llenar”? Eso se lo hizo una camarera a Carlos Hurtado, delante de mí, en el Versailles de Miami...

EL BRUTO CUBANO

viernes, 18 de mayo de 2012


EL BRUTO CUBANO
 (5-17-12-8:40AM)
por Esteban Fernández, Jr.
La gran diferencia entre el bruto cubano y los brutos del resto del mundo es que los brutos de otras nacionalidades apenas hablan ni opinan, y los brutos cubanos hablan hasta por los codos. 
A los brutos de otros parajes es muy difícil captarles su brutalidad porque como no se expresan podemos confundirlos con “penosos o introvertidos”, y entonces nos rompemos la cabeza pensando ¿serán estúpidos o tímidos?…Y no nos queda más remedio que darles el beneficio de la duda. 
Con el bruto cubano no tenemos ese problema porque a mil millas lo vemos vociferando y ya sabemos que es bruto. Es más, ni él mismo tiene problemas porque NO SABE QUE ES BRUTO, y además al bruto cubano Dios lo compensa con 75 oficios diferentes y eso lo hace pensar no solamente que es inteligente sino que es brillante. 
El bruto cubano ADEMÁS de que sabe serruchar, destupir un inodoro, arreglar un carro, sabe muy bien ganar, contar y acumular dinero, lo cual lo hace sentir, ante sus propios ojos, como un genio. Y entonces se convierte en propulsor de ideas absurdas e irritantes. Observe usted que mientras más inteligente es un cubano MÁS TORPE CON SUS MANOS resulta ser. Yo nunca he conocido a un brillante intelectual cubano que sepa clavar un clavo en la pared. 
El bruto cubano se cree saber de todo, opina sobre todo, saca sus propias conclusiones de todo. El bruto latinoamericano es sumiso, mientras que el cubano sabe más de política que los Senadores norteamericanos en pleno, más de pelota que el legendario  catcher del Almendares Andrés Fleitas, y es mejor estratega militar que Patton… 
La agresividad que falsamente se nos atribuye a los cubanos en general proviene de los brutos cubanos, porque los cubanos inteligentes (la inmensa mayoría) son callados, saben escuchar, aceptan ideas ajenas, y jamás hacen alardes de sus conocimientos. 
El tener cuatro pesos en el banco, saber hacerle un “tune up” a un automóvil y poseer una picardía nata, le imposibilita tener la menor idea de que es bruto. Por eso el bruto cubano es el único bruto en el mundo que no inspira lástima, ni compasión, ni ganas de ayudarlo, sino ganas de ahorcarlo. 
El bruto latinoamericano- menos los argentinos y chilenos que son parecidos a nosotros- JAMÁS brinda una opinión contundente. A veces no creemos que sea torpe sino MUDO. El bruto cubano opina sobre todos los tópicos y no existe un solo tema donde él no se considere competente, pueda “meter la cuchareta”, y dar un veredicto tajante y a veces insultante… 
La gran picardía del bruto cubano le permite captar, a medias, ideas ajenas y lanzarlas tergiversadas como propias. Si el bruto cubano es (por ejemplo) zapatero, y sabe muy bien como componer un par de zapatos, eso trae como consecuencias que considere que puede opinar, y saber, sobre todo, haciendo caso omiso de la frase “zapatero a tus zapatos”. 
Para mí que el bruto cubano es más bruto que todos los brutos del Universo, simple y llanamente porque el bruto cubano es el único bruto en ese Universo que no tiene la menor idea de que es bruto y por lo tanto hace OBVIA su brutalidad.
Jamás un bruto cubano pregunta, ni dice, cosas como: “¿Qué tú crees?”, “Chico, me interesa saber tú opinión”. No, no, de eso nada, el bruto cubano desde que tenía 12 años y se dio cuenta que él podía hacer una mezcla de cemento, agua y arena, mucho mejor que los eruditos cubanos Guillermo Cabrera Infante o  Jorge Mañach se le “subieron los humos”, y es capaz de querer enseñar a los astronautas la mejor forma de llegar a la Luna.

LA HORA CUBANA

domingo, 22 de abril de 2012


EL COSTUMBRISMO DE ESTEBITA
LA HORA CUBANA
 (4-20-12-9:30AM)
por Esteban Fernández Jr. 
Es muy difícil asegurar que los cubanos somos o no puntuales, porque si bien a la hora de la fiesta, de la reunión familiar, siempre llegamos tarde, somos completamente puntuales a la hora de arribar al trabajo. Al empleo somos los primeros en presentarnos.  
El antídoto para la tardanza cubana es mentirles y decirles que “la cosa es una hora antes”. Es decir, si el “party” comienza a las dos de la tarde hay que manifestarles que es a la una. Y así quizás lleguen a las tres, a más tardar.  
También es muy difícil saber a quien culpar (al cubano o a la cubana) por la llegada tarde a la fiesta o reunión. El cubano si sabe que mañana una organización dará un acto público ya desde hoy comienza a prepararse.  
Entonces empieza a importunar a la esposa: “Vieja ¿ tu recogiste mi traje negro de la tintorería?” “¿Tengo una camisa blanca limpia y almidonada?”
Es decir que si bien desde el día anterior ya comenzamos mentalmente las preparaciones para el banquete al mismo tiempo comenzamos a echarle encima a la mujer todas las responsabilidades.  
El día de la fiesta, o hasta puede ser una invitación que nos han hecho a almorzar, los hombres desde las 9 de la mañana ya comenzamos a bañarnos y a vestirnos. A las 10 y media ya estamos listos. O ¿no será la mujer la que nos ha puesto listos? 
Mientras tanto ella (por ocuparse de las cosas de su esposo y de sus hijos) son las 12 del día y todavía ni se ha metido en el baño a bañarse. Y ahí comenzamos a agitarla: “¡Dale, dale vieja, báñate, apúrate, corre, que como siempre vamos a llegar tarde por tu culpa!”  
La mujer ignora eso, tal parece que es sorda. Ya es la una de la tarde y todavía no ha comenzado a maquillarse.  Ahí ya el cubano comienza a desesperarse. Mira el reloj cada 10 minutos, y grita: “¡Oye, carijo, por lo menos ya debías estar vestida!”  
Pero después del baño viene lo peor: pintarse, arreglarse, y peinarse. Y entonces cada cinco minutos, bravos, nos paramos en la puerta del baño a ver si hay algún “adelanto” pero de eso nada “la bola pica y se extiende”.  
Nos parece una eternidad la hora que la esposa se pasa ante el espejo “arreglándose” y al fin decidimos hacer lo peor, lo que vuelve loca a la mujer: Nos vamos para el garaje y nos sentamos en el carro y a cada a rato pitamos para ver si eso ayuda.  
Al fin la mujer está lista, pero ahí viene lo increíble: Mientras ella ha estado pintándose los labios y echándose colorete (y aquí hay que defender a la mujer) nosotros “no hemos hecho nada constructivo”.  
Entonces la esposa pregunta: “Viejo ¿están todas las puertas y ventanas cerradas?” “¿Te ocupaste de apagar el aire acondicionado antes de salir?”...  
Desde el carro le gritamos: “No, no te preocupes de eso”, y la mujer responde: “Ah ¿tu quieres que mientras no estemos en la casa entre un ladrón por la ventana que dejamos abierta y nos robe lo que tenemos y lo que todavía debemos?", "O ¿deseas que el mes que viene la cuenta de la electricidad sea de 500 dólares? Fíjate que todas  las luces de la casa las dejaste encendidas, chico bájate del carro y ocúpate de eso”.  
Al fin la dama cubana se sienta en el carro junto a su esposo, lo mira con una sonrisa de compasión y le pregunta: “¿Tiene gasolina el carro?” El hombre responde: “No, ni una gota, pero ahora yo paro a echarle”. La mujer le dice: “Pero, eso pudiste hacerlo en lo que yo me emperifollaba".  
Después de 20 discusiones, de echarse la culpa uno al otro, la pareja de cubanos llega a la fiesta y ¡allí no hay nadie! Ni los dueños de la casa SE HAN BAÑADO TODAVÍA, y tienen que sentarse en la sala a esperar que llegue el resto de los tardíos compatriotas.

CUANDO ME LEÍAN "LA CARTILLA"

sábado, 31 de marzo de 2012

EL COSTUMBRISMO DE ESTEBITA
 CUANDO ME LEÍAN "LA CARTILLA"
(3-29-12-9:10AM)
Por Esteban Fernández Jr.
Aquí en los Estados Unidos les aconsejan a los jóvenes cosas como: "Digan NO a las drogas"... La verdad es que los consejos que me daban a mí eran de MENOS CATEGORÍA. 
Me iba al cine y me decían: "Oye, Estebita, si hay un fuego en el cine NO VAYAS A CORRER"... Se reían de mi atrevimiento cuando les respondía: "Parece que ustedes prefieren que sufra unas cuantas quemaduras mejor que morir pisoteado"...  
Otra admonición muy importante era: "Acuérdate de ponerte ropa interior limpia por si acaso tienes algún accidente". Es decir que a mi madre le preocupaba mucho que me cayera de la bicicleta, me partiera una pierna, y que al llegar a la Clínica Lavernia el médico me dijera: "Por favor, yo no puedo atenderlo mientras usted tenga puesto ese calzoncillo cochino, váyase a la casa y cámbieselo"...  
"No te puedes meter en la playa hasta que pasen tres horas de haber comido" Y mi madre se paraba, como si fuera un guardia rural, entre el mar y yo, con un reloj en una mano y un amenazador periódico enrollado en la otra. Y mi padre me decía: "No le pases por detrás al mulo de Manolón porque te puede lanzar una patada"...   
Un consejo magnifico era: "Si llueve duro no te acerques al pararrayos de la Iglesia". Parece que creían que existía la posibilidad de que al comenzar el aguacero yo iba a subirme a la torre de la Iglesia en busca de que me cayera un rayo en la cabeza.  
Como dije durante mis palabras en el acto de Municipio de Güines: La parada de la Ruta 33 (La Sambumbia) quedaba cerca del Capitolio, entonces cuando iba a La Habana me daban esta inolvidable recomendación: "Pasea todo lo que quieras en La Habana, pero SIN PERDER DE VISTA AL CAPITOLIO para que puedas regresar sin problemas".  
Una sugerencia que he seguido toda mi vida era: "Límpiate bien los oídos porque te puede salir una mata ahí". Y otra   que tenía que seguir a la fuerza era: "Al colegio se va a estudiar, no a comer catibía", simple y llanamente porque en ninguna de las escuelas encontraba el lugar exacto donde vendían la catibía.  
Recibía una orden que hoy horrorizaría a los sicólogos: "Sí el muchacho es más grande que tú, y te mortifica mucho, y no puedes con él, entonces PARTELE UN PALO EN LA CABEZA".  
Desde luego, en eso mi padre me daba una opción muy buena por sí acaso no me atrevía a darle con una tranca en la cocorotina al abusador: "Si no te fajas con él entonces te tienes que fajar conmigo".  
En época de zafra en el Central Amistad salía a la calle con una camisa blanca y mi mamá invariablemente me leía la cartilla: "Fíjate bien que no te vaya a caer hollín en la camisa".
Una vez el Instituto de Güines tuvo una excursión al zoológico de La Habana, y al despedirme mis padres me dieron una indicación extraordinaria y que seguí al pie de la letra: "Ten mucho cuidado y no se te ocurra meter la mano en la jaula del león".
En la etapa de Batista, y después con Castro, mis padres me cuidaban con una recomendación de seis palabras: "¡Usted no se meta en nada!". Y acto seguido me decían: "¡Muchacho, no camine en el piso frío descalzo!" 
Cuando me ilusionaba con algo me aconsejaban: "Usted no se deje llevar por cantos de sirena". Desde luego, está de más decirles que jamás pude ver a una sirena cantando en mi pueblo. En agosto, con el sol partiendo las piedras, me decían: "Vaya por la sombrita".  
Y al salir de Cuba me hicieron un ruego que no pude seguir: "Allá ni abras las maletas porque esto se cae en cualquier momento y usted regresa para acá antes de dos meses".

EL GUATACA

martes, 27 de marzo de 2012


EL COSTUMBRISMO DE ESTEBITA
 EL GUATACA
(3-18-12-9:50AM)
por Esteban Fernández Jr.
¡Qué simpático era   aquel personaje de la televisión cubana que le decía   al  político: "LA CENIZA  SENADOR"!  y extendía la mano para que la depositara ahí.  Sin embargo, yo tuve mi primer encontronazo con la guataquería siendo un niño.  Eso fue cuando Carlos Prío era presidente,  mi primo  y padrino Jaime Quintero era alcalde de mi pueblo, y mi padre secretario de la administración.  
Nuestra casa se mantenía llena de "amigos" congraciándose con toda la familia. Y yo me sentía feliz, pero el 11 de marzo del 52, un día después del golpe de estado de Fulgencio Batista, toda la gente desapareció de mi hogar como por encanto. Todo había sido una farsa de gente hipócrita.  
En las Navidades, durante toda la época Auténtica, recibíamos decenas de regalos: turrones, guineos, pollos, botellas de vinos. Provenían del campo, de los guajiros, de lo que mi padre le llamaba  los barrios rurales: Rural primero, segundo, tercero y cuarto.  Sin embargo, en la Navidad del 52, no llegó ni una simple caja de dulce guayaba.                                         
Y de ahí en adelante comencé a detestar la adulación. Y a través de los años, he llegado firmemente a la conclusión de que “Tanto tienes, tanto vales, momentáneamente”. Hoy me imagino que todos los que se pasaban la vida colados en mi casa después estarían en la residencia de Rafael Morales Febles, el nuevo alcalde.  
Aquí en California nunca olvidaré cuando al triunfante comerciante Sotero Machín lo llamaban “El Rey Midas” y la gente lo abrumaba dándole coba. Después, a Machín las cosas le fueron de mal en peor  y lo veía llegar solo en alma al restaurante Guantanamera y nadie parecía ni reconocerlo. Y así puedo señalar cientos de ejemplos.  
El "chicharrón" es un ser poco confiable que ríe y celebra todas las gracias y opiniones de los que quiere halagar. Actúa como inferior, a la altura del betún, del que tentativamente considera superior. 
El encumbrado puede decir que ve el sol a las tres de la madrugada y el cachanchán coge una sombrilla para evitar los rayos ultravioletas. Le hace creer al feo rico que es lindo, al pedante triunfador lo presenta como un simpatiquísimo personaje.  
El adulador profesional alardea de que: “Hoy le voy a cantar las 40 al dueño del negocio donde laboramos”. Y delante de todos los empleados, se le encara  al empresario diciéndole: “¡Óigame lo que tengo que decirle, usted se porta muy mal porque ES DEMASIADO NOBLE y con el gran corazón que usted posee está perjudicando el buen funcionamiento de la empresa!” Es decir, hace lucir un inmundo halago como si fuera una queja .   
Dígame la verdad ¿alguna vez usted ha visto o escuchado las zalamerías con un muerto de hambre, con un derrotado, con un pobre diablo, con el humilde conserje de una fábrica, con el peón de albañil, por muy buenos y honestos que sean?...  
Un verdadero alabardero nunca profiere una discrepancia, ni una verdadera crítica constructiva, ni es capaz de quedarse serio ante un chiste del jerarca. Cada vez que usted vea a un ser humano dándose lija yo le aseguro que solamente tiene un 50 por ciento de culpa, el otro 50 por ciento de  culpabilidad recae en los "hala levas" que se han esforzado en endiosarlo.  
Créame que si 20 personas se pasan días y meses diciéndole  que es un adonis, que es precioso,  que es el nuevo Brad Pitt, antes que llegue diciembre ya usted deja de hacerle caso al espejo y  considera que  es un regalo de Dios a la naturaleza. No tengo dudas de ninguna clase que este mundo sería un millón de veces mejor sin los repugnantes lisonjeros.

MANUAL DEL VAGO DESCARADO

miércoles, 7 de marzo de 2012


LA RISA REMEDIO INFALIBLE
MANUAL DEL VAGO DESCARADO 
(3-4-12-10:25AM)
Por Esteban Fernández Jr.
La meta, en la vida de un vago, debe ser comprarse 365 calzoncillos para tener que lavar una sola vez al año. Siempre debe poseer, como la goma de repuesto del carro, dos de cada cosa.   
En el caso de las mujeres,  lo correcto para un descarado, debe ser tener una doctora como esposa y una odontóloga como amante. Así se ahorran los gastos de médicos, dentistas y seguros para la salud. Lograr siempre que la caridad y los favores sean públicos y notorios y que la guataquería luzca sincera.   
Si en una cafetería hay un vasito para poner las propinas,  debe estar seguro que el empleado lo vea cuando ponga  su dólar en él. El verdadero vago debe tratar de obtener un empleo de “umpire” de tercera base porque muy pocos bateadores llegan hasta ella y así se ­podía pasar casi todo el tiempo mirando el juego sin hacer nada.   
Siempre debe asistir a la misa más concurrida. Jamás debe coger esos sobrecitos para cooperar anónimamente. Y se asegura que todos los feligreses lo observen cuando de su dádiva.   
Es muy  importante que  cuando vaya a cenar con un grupo de amigos, deje olvidada la billetera en la casa. Cuando va a una cita con una muchacha que no conoce (blind date) debe decirle telefonicamente a la dama que lo espere en el portal de la casa, por si  de lejos ve que está muy fea, seguir de largo.   
Solamente apostar e invertir cuando las posibilidades de ganar sean de un cien por ciento. El descarado debe aprender a dominar el difícil arte de sonrojarse y de lucir apenado. Nunca debe hacer alardes de riqueza ni llorar miseria. Y cuando se sienta obligado, a la cañona, a pagar por algo, jamás debe sacar  un abultado paco de dólares.  
No debe salir nunca con una desconocida que le digan que es “muy interesante”. Eso es sinónimo de ser "un cocomacaco".  Y cuando se vea en la necesidad de hablar de edad y de peso,  siempre debe quitarle 15 años y 20 libras de encima a una mujer. Eso, al igual que las flores, les encanta a todas.  
Nunca le debe preguntar a una señora si está embarazada, ni a un hombre si la dama que lo acompaña es su hija o su mamá. Cuando una muchacha empiece  a gustarle,  evite discutir de política y  de religión. Y antes de lanzarse a enamorarla, debe llevarla a la playa y verla en bikini primero.  Cuando un policía lo pare para ponerle una multa,  debe decirle que su hijo o su hermano es patrullero en Arizona. A veces la solidaridad y hermandad entre ellos lo puede beneficiar.   
Siempre el descarado debe tener presente que desde que se inventó la coba,  es innecesario fajarse. No debe robar, ni matar, si existe la más remota posibilidad de ser descubierto y terminar los últimos días de su vida siendo la novia de Leroy en la Prisión Estatal de Chino.

EL CÉSPED AMERICANO

miércoles, 15 de febrero de 2012


EL COSTUMBRISMO DE ESTEBITA
EL CÉSPED AMERICANO
(2-13-12-9:00AM) 
por Esteban Fernández 
Posiblemente lo primero que nos impresiona al llegar a este país es ver el césped en cada casa, tan bonito, tan uniforme, tan verde. Al principio pensamos admirados que "¡Dios hizo la naturaleza, pero los norteamericanos la perfeccionaron muchísimo!"… 
Al comprar una casa en un barrio americano nos sentimos como que en ese momento estamos REPRESENTANDO A TODOS LOS LATINOAMERICANOS  del Universo.  Es decir, que tenemos que esmerarnos con nuestro césped para que los americanos no puedan decir que: "¡Todos estos hispanos son iguales, son unos cochinos!"... 
Nosotros estamos acostumbrados a que el domingo es el día de descanso y de elegantizarnos, pero con sorpresa vemos que nuestros vecinos Joe y Mr. Johnson se levantan ese día, se visten de mamarrachos, con unos pantalones de mecánicos rotos, un par de tenis sucios y un T-Shirt empercudido y se ponen  cada uno a arreglar su césped. 
Como existe la teoría absurda de que  "en el lugar donde usted esté debe imitar al nativo" nos ponemos a emular a los vecinos. Entonces uno se mete la semana trabajando y el fin de semana intentamos utilizarlo para competir con toda la gente de la cuadra a ver quien tiene el césped más verde... 
Pronto nos damos cuenta de que,  lo que para ellos es un placer y un entretenimiento,  para nosotros los cubanos es un TORMENTO, y cada domingo terminamos con dolor en la espalda, con ampollas en las manos, con el pescuezo quemado por el sol, y encima de eso,  nos entra un complejo tremendo porque a pesar del esfuerzo realizado,  nuestro césped no luce tan bello como el  de ellos... 
Pero no nos damos por vencidos y le decimos a la esposa: "No te preocupes, vieja, que la semana que viene voy a estar mejor preparado para esta lucha". Entonces el siguiente domingo salimos para el jardín con un sombrero en la cabeza para no quemarnos, un par de guantes para no hacernos ampollas en las manos,  y un par de espejuelos de esos que usan los que trabajan en la soldadura para que no nos caiga hierba en los ojos. Y los vecinos americanos nos miran creyendo que somos unos ASTRONAUTAS acabados de venir de un viaje a la Luna. 
De pronto,  hacemos un descubrimiento maravilloso: nos damos cuenta que en el mundo existe una cosa extraordinaria que se llama JARDINERO.  Y ahí llegan a nuestra casa  un montón de muchachos jóvenes, fuertes, saludables, expertos en sus países de origen en las labores agrícolas, cobran barato, y en 20 minutos resuelven  alegremente  lo que a nosotros nos llevaba por lo menos ocho horas de sufrimiento. 
En el instante en que llegan los jardineros nos entra tremenda alegría, ya sentimos que son "íntimos amigos nuestros".  Los  recibimos mejor que lo que hubiéramos tratado al matrimonio Obama si hubieran llegado de visita, a no ser que los dueños de la casa hubieran sido Emilio y Gloria Estefan. Y les  decimos a los trabajadores: "Muchachos, no me llamen más Don Esteban;  yo soy Estebita, lo que quiero es que hoy me siembren en el patio una mata de limón, otra de mango y una de guayaba".                                      
Y de pronto, cuando menos lo esperamos, se nos acercan los vecinos americanos y nos preguntan: "¿Cómo sé ‘llamar’ el gardener de usted, por favor ‘hablar’ con ellos para que nos hagan nuestro garden". Y mientras eso sucede ya puedo ir el domingo a la Iglesia, y el día anterior me fui con Rogelio Martínez a comernos unas medias noches en Porto's y devolverle la revista ARS Atelier City de Zoé y Gustavo Valdés y de Ricardo Vega que me habían prestado.

LOS ANTIDEPRESIVOS CUBANOS

sábado, 28 de enero de 2012


EL COSTUMBRISMO DE ESTEBITA
LOS ANTIDEPRESIVOS CUBANOS
(1-21-12-9:10AM)
por Esteban Fernández Jr. 
Los sicólogos y siquiatras en el mundo entero no lo saben, ni poseen un libro de texto que lo indique, pero en la actitud y fraseología cubana podían encontrar la cura para la mayoría de los casos de depresión crónica. 
Ya con cuatro palabritas cubanas ellos verían que sus pacientes se sienten un poquito mejor, y esas palabras son: "¡Yo soy el caballo!" Yo les garantizo a los siquiatras que si logran que el enfermo repita 100 veces al día "yo soy untigre",  a lo mejor comienza a rugir, y desaparece la depresión. 
Por favor, si no hay nada mejor que decir: "A mí,  plin" ante cada problema que encaramos en esta vida... Y también es bueno levantarnos la moral diciendo:  "A mí eso me interesa tres pepinos", "Eso me importa un bledo" y "Me da lo mismo 8 que 88".
No entiendo por qué los sicólogos,  cuando se les presenta un caso difícil de depresión,  no le enseñan al enfermo que "Da lo mismo brincar que saltar". 
El problema puede ser muy grave, pero la solución obvia es que en esta   vida todo "da lo mismo chicha que limoná".  Todos los motivos que tenga una persona para sentirse "alicaída" se resuelven llegando a la plena conclusión de que "A mí  me roncan los...mameyes".  
No hay nada mejor para una persona con una fobia que hacerle entender que "si  se cae,  del suelo no pasa".  Por ejemplo, yo me acuerdo cuando en Cuba el tirano Castro comenzaba a quitarle sus propiedades a todo el mundo y la gente andaba deprimida, mi padre me dijo una frase extremadamente antidepresiva: "¡A mí,  QUE ME QUITE LO BAILA’O, a ver si puede!" 
Con los enfermos de depresión no se puede andar con paños de agua caliente,  ni mucha finura, y hay que meterles en la cabeza que cada uno de los males que les aquejan tiene la importancia de "tres cominos". 
Desde que el paciente comienza a decir: "Mire, doctor, el problema que yo tengo es que mi mujer me dejó por otro",  ahí mismo el siquiatra debe responder: "Oh, no te sientas mal chico, porque  la verdad es que esa mujer que te dejó  vale menos que una de las amiguitas de Mariela Castro". 
Hay algunos que se vuelven locos por la limpieza, y se enjuagan las manos 300 veces al día, y lavan los alimentos y las frutas 75 mil veces antes de comérselas. El médico y el sicoanalista   debían resolver eso con otra gran frase cubana: "Chico, no te preocupes que TODO LO QUE NO MATA, ENGORDA"... 
Cuando una mujer se siente muy sola y amargada, va al médico y éste le receta "tómese un Valium cuatro veces al día". Entonces, además de solitaria y deprimida lo que parece es una sonámbula. ¿Eso no se resolvería mejor diciéndole: "Chica, no te preocupes que "no hay mal  que por bien no venga"...  
Y desde que una  mujer dice: "¡Es que a mí  nadie me quiere!" Hay que contestarle:   "¡No, chica, de eso nada, si yo te llevo a ti de rama en rama como Tarzán lleva a Juana." 
Las frases cubanas son una maravilla y tienen  unos poderes curativos enormes.  Solamente tiene un amargado que decir: "Muchacho, tengo tremendo problema encima" para que salte alguien y le responda: "¡Ay, viejo, no te preocupes y DEJA QUE SALGA EL SOL POR DONDE SALGA!" 
Honor a quien honor merece;  los españoles nos enseñaron una frase muy buena, que sin importarnos lo grande que sea la pérdida que alguien tenga, siempre nos da la respuesta perfecta:  "¡No te preocupes, MAS SE PERDIÓ EN CUBA!" 
En un final todo el mundo debe pensar: "Que sea lo que Dios quiera, y que no hay mal que dure 100 años ni cuerpo que lo resista" y debe utilizar como tranquilizante la canción de Willy Chirino "¡Lo que está pa'ti nadie te lo quita!"

EL COSTUMBRISMO DE ESTEBITA LAS"MALAS PALABRAS" CUBANAS

lunes, 16 de enero de 2012


EL COSTUMBRISMO DE ESTEBITA
LAS"MALAS PALABRAS" CUBANAS
(1-15-12-9:50AM)
Por Esteban Fernández 
Hugo Byrne me las criticaba. Abel y Gina Pérez, en el periódico 20 de Mayo, si las veían, me las censuraban. El Rev. David Achón me decía: "Tus columnas están buenas, pero... a veces se te va la mano". Mi amiga Luisa Diez es alérgica a ellas. Pero no podía evitar que, en determinados momentos, se me escapaba una mala palabrita cubana. Por las cuales, desde luego, yo les pido disculpas Y YA NO LAS UTILIZO. Sin embargo tenía una gran justificación.   
El problema consistía  en dos cosas: una, que yo no considero el  "jodedor cubano", el "coño", y el "carajo", malas palabras sino "expresiones típicas  cubanas". Y en segundo  lugar: yo no encuentro nunca un sinónimo adecuado. 
Por ejemplo: "Jodedor cubano". ¿Cómo se traduce eso? ¿Cuál es el sinónimo? No tengo la menor idea. Porque "jodedor" no es malcriado, ni es majadero, ni necesariamente tiene que ser una persona mala, ni es bandido, ni es malandrín, ni es nada, ni existe una sola palabra en el idioma castellano que se pueda equiparar, ni existe un buen sustituto, ni un sinónimo. 
"Jodedor es jodedor" y se acabó el asunto. Si usted va a un diccionario no encuentra una verdadera definición de lo que es "jodedor cubano". Un jodedor cubano es un "jodedor cubano". Es algo que no tiene un buen    adjetivo calificativo similar. 
Y si un cubano se da un martillazo en un dedo y mete un grito de dolor ¿Qué palabra yo puedo utilizar ahí que no sea "Ñooooooo"?. La cosa más absurda del mundo es que yo quisiera escribir: Un cubano se lastimó con un martillo el pulgar y gritó "Ouch" o "Uyyyy". 
Si yo deseo indicar que un compatriota vio una mujer en la calle y notó que estaba muy hermosa ¿qué quieren que diga?: ¿"Wow?"  Hasta un niño cubano de cinco años sabe que en esas circunstancias todos los cubanos decimos: "¡Coñoooo, se acabó el mundo!"... 
La palabra "carajo" no tiene comparación con nada, es insustituible, es necesaria y es inigualable. Vaya, los americanos dicen "Hell", "hell" es infierno. Pero el "carajo" no es "hell", carajo no es infierno, carajo es carajo, y no tiene sinónimo ni superlativo... 
"Váyase usted al carajo" no es "váyase al diablo", ni "váyase de aquí", ni "váyase al infierno". "El carajo", y sobre todo "a casa del carajo", es un bello invento que no tiene un vocablo mejor en el idioma Español y mucho menos en Inglés. 
Quizás "No me jodas más" se pudiera decir "no me molestes" o "no jeringues". Pero la fuerza, el sentido, el poder, que posee un "¡No me jodas más!" (Bien dicho) no es fácil de sustituir en un escrito ni en una discusión entre cubanos. 
La gran verdad es que entre cubanos un "No molestes" o un "Chico, déjame tranquilo" no para a nadie. Puede que le moleste a algún lector pero lo cierto es que entre nosotros hay gente que hasta que usted verdaderamente se incomoda y les grita: "¡Chico, NO JODAS MAS!" no se están tranquilos. 
Yo quiero que ustedes sepan que yo he logrado evitarlo, sé que a veces hería la sensibilidad de algunos finos lectores, pero es que prefería ser sincero y decirle "al pan pan y al vino vino". 
Y hablando de vinos, dígame la verdad, si usted se mete un buche de vino en la boca y el vino no sirve ¿Qué usted dice?, ¿Qué decimos los cubanos?. Por favor, con toda sinceridad ¿no decimos: "éste vino es una mierda"?
La frase cubana correcta, la que conocimos desde que nacimos, es: "¡Se jodió la bicicleta!". Y ¿no sería ridículo que yo tratara en esta columna de enmendarla diciendo "se descompuso la bicicleta" o que tratara de americanizarla diciendo: "The biclycle is broke"? 
La verdad es una, que yo (a pesar de que les pido todo género de disculpas) he llegado a la conclusión de que si el 95 por ciento de los cubanos le paga a Álvarez Guedes por sus malas palabras, a mí me debían perdonar unos cuantos "coñitos y carajitos" gratis.