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viernes, 22 de noviembre de 2013

POR LOS FRENTES DE IBEROAMÉRICA:
VENEZUELA, UN PROYECTO TOTALITARIO EN MARCHA
(11-22-13-3:10PM)
Por Ricardo Angoso
La aprobación de la reciente Ley Habilitante por el presidente Nicolás Maduro hace temer que el proyecto totalitario se consolide en el país.
Como en una pesadilla orwelliana, cada día que pasa las cosas empeoran y se agravan en Venezuela. La reciente aprobación de una Ley Habilitante, que le da plenos poderes al presidente Nicolás Maduro, que podrá legislar sin necesidad de consultar al parlamento, viene a añadir más zozobra e incertidumbre a un país ya de por sí hundido en una grave crisis social, política y económica desde la desaparición del fundador del régimen, el sátrapa Hugo Chávez.
Nadie sabe a ciencia cierta las consecuencias que puede tener la aprobación de la medida, pero es más que seguro que el régimen utilizará la misma para intensificar los mecanismos de control de la población, perseguir y aislar más a la oposición y profundizar en el “proceso revolucionario”, es decir, cerrando las puertas a la tenue iniciativa privada que aún queda en pie y cercenando las libertades públicas. El G2 cubano también servirá a tal fin, como ha hecho hasta ahora, e introducirá nuevas medidas de control sobre su colonia caribeña.
Maduro, cuya inexperiencia, incapacidad e ineptitud rayan lo tolerable, pretende sacar al país del grave trance por el que pasa utilizando la demagogia y la fuerza bruta, la violencia contra la empresa y agudizando más todavía si se puede la división social y política en que se halla sumida la nación. Dice que quiere estas armas que le da la Habilitante para luchar contra el “sabotaje económico “y la corrupción, cuando estos dos fenómenos son solo los síntomas de una larga enfermedad que se nutre de catorce años de pervivencia de un sistema caduco, fracasado, despilfarrador y pésimo gestor de los bienes públicos.
Una herencia envenenada en todos los órdenes de la vida. El difunto sátrapa, Chávez, legó a Maduro una herencia envenenada. Un país hundido en lo económico, polarizado en lo político, crispado en los social y padeciendo la recesión más grave que ha sufrido la nación venezolana en toda su historia; ni en los peores tiempos de la “podrida” democracia burguesa los venezolanos habían vivido tan mal y sujetos a un régimen tan despótico, arbitrario y caprichoso. La situación actual no tiene parangón en la historia moderna de Venezuela, nunca se había visto un espectáculo tan dantesco y siniestro a la vez.
Las consecuencias de estas políticas erráticas, fracasadas, condenadas a los anaqueles de historia por su inutilidad manifiesta y los diabólicos efectos que producen, como conocen a la perfección los cubanos y los sufridos ciudadanos de los antiguos países comunistas, se están viendo ahora en Venezuela. Intervenir en los mercados, imponiendo tipos de cambio, regulando los precios y tratando de impedir el desarrollo de la economía de mercado, solo lleva al caos económico y al desbarajuste total, a la corrupción generalizada de las elites en el poder y a la anarquía. Incluso al saqueo y al miedo, tal como se ha visto en estos días en las calles venezolanas y se seguirá viendo. La inflación, superior al 50% este año, además, devora a los sueldos y devalúa el nivel de vida.
Juan Manuel Santos y Nicolás Maduro, pactaron la muerte de Álvaro Uribe.
La mentira institucionalizada, esencia del sistema. Luego está la mentira institucionalizada, tratar de culpar a los demás de los errores propios, ocultar tras cortinas de humo la ruina total de una nación por una gestión -si se puede llamar así- que lleva al naufragio total de todo un pueblo. Nunca tan pocos habían hecho tanto daño a Venezuela. Es como en la novela 1984, de George Orwell: “Saber y no saber, hallarse consciente de lo que es realmente verdad mientras se dicen mentiras cuidadosamente elaboradas, sostener simultáneamente dos opiniones sabiendo que son contradictorias y creer sin embargo en ambas”. Esa es la esencia del sistema: el engaño permanente para adecuarse a las circunstancias.
Se miente desde el poder, se manipulan los datos en beneficio propio, se crea un enemigo externo para justificar la inutilidad de los que gobiernan, se culpa a los otros de lo que sucede para no asumir las responsabilidades propias. Y se genera una cultura totalitaria, que justifica el poder omnímodo de los que supuestamente administran, para no escuchar ni tolerar ninguna crítica, aunque sea constructiva y razonable.
Para concluir esta tragedia venezolana y este cuadro de la situación realmente crítico, hay que añadir la “guinda” de la tarta: la inseguridad. Todos los días se producen centenares de delitos en todo el territorio, cada hora se derrama la sangre venezolana y las morgues de Caracas aparecen atestadas de cadáveres todos los fines de semanas. Más de 200.000 venezolanos han muerto debido a la inseguridad reinante en estos largos años de descontrol, tolerancia hacia el crimen, impunidad pavorosa y, sobre todo, una cultura del odio que se proyecta desde el poder y que ha permeado en todos los sectores sociales. ¿Alguien da más?

miércoles, 6 de noviembre de 2013

POR LOS FRENTES DE IBEROAMÉRICA:
HONDURAS, LO QUE ESTÁ EN JUEGO
(11-6-73-5:00PM)
Por Ricardo Angoso-Periodismo sin fronteras
Cada cuatro años, desde 1981, han acudido a las urnas el último domingo de noviembre y, en enero siguiente ha asumido el Presidente escogido por el pueblo en las urnas y los diputados electos para su Congreso Nacional, esta vez no será la excepción, le guste a quien le guste.
Algunos críticos de Honduras y su proceso electoral, normalmente provenientes de países ligados a la “ideología” del socialismo del siglo XXI, deberían demostrar una dosis de humildad y ver con respeto y, sobre todo, con envidia lo que hace ese país centroamericano. Aunque no les guste. También podrían irse a vivir a Venezuela o a Cuba...
La novedad que aportan estas elecciones es la participación de un nuevo partido político denominado irónicamente “Libre” donde el jefe supremo es el ex presidente Manuel Zelaya Rosales, tal como manda el manual de los sigloveintiuneros la candidata escogida es ¡su esposa!. De haber tenido un hermano medianamente cuerdo ese hubiera sido el candidato.
“Libre” es un apéndice del chavismo como todo mundo podrá comprobar o del actual “Madurismo” si es que alguien tiene el valor de atribuir al dudoso presidente de Venezuela la capacidad de dar su nombre a alguna ideología política, aunque esta sea la que pretende ganar las elecciones en Honduras llevando como candidatos lo más graneado del lumpen de ese país.
(En la foto: Santos, Zelaya y Maduro)      
“Libre” se lo está jugando todo porque sabe que nunca va a tener otra oportunidad como esta, así lo han entendido sus aliados quienes ya han empezado una campaña internacional de apoyo a su hijo más pequeño para tratar de desprestigiar a todos sus oponentes y, de paso, a las instituciones políticas hondureñas que son las que desarrollan el proceso. La campaña irá tomando fuerza animada por los recursos cuantiosos y de dudosa legalidad y procedencia que suelen usar. Podemos esperar algo parecido a aquel fuego que atizaron bajo el mando de Chávez cuando los hondureños se sacudieron a Zelaya en la víspera de una consulta ilegal que lo iba a perpetuar en el poder.
Preparémonos para esa campaña, y estemos atentos también a los resultados de las elecciones hondureñas y a la reacción que van a tener los albos y locos similares cuando el tribunal electoral anuncie los datos de las elecciones y resulte que “Libre” ni siquiera ha quedado en segundo lugar.
Ellos ya lo saben: son minoría, no tienen posibilidad de ganar limpiamente las elecciones pero la limpieza no es algo que les preocupe, más bien estorba, ellos está preparados para hacer LO QUE SEA con tal de agenciarse el poder en Honduras. Para lo que no están preparados, porque su manual ideológico no tiene ese capítulo, es para aceptar al ganador de las elecciones y reconocer decentemente que ellos son los perdedores. A ver cuánto brincan y quienes brincan con ellos.

martes, 22 de octubre de 2013

POR LOS FRENTES DE IBEROAMÉRICA:
HONDURAS, ELECCIONES A LA VISTA SOBRE FONDO ROJO
(10-22-13-4:45PM)
Por Ricardo Angoso
El proceso preelectoral hondureño se está complicando, cuando a primera vista no tenía que ser así y todo parecía previamente controlado, incluso precocinado, tranquilo. Pero la política no es una ciencia cierta, ni certera, y ahora en los sondeos vuelve a aparecer -contra todo pronóstico- el peligro castro chavista, esta vez encarnado en ese monstruo del surrealismo y el esperpento, en versión caribeña, que es la esposa del anterior bufón de corte. Se trata, ni más ni menos, que de Xiomara Castro de Zelaya, cuyo principal mérito reside en haber sido Primera Dama en el gobierno más siniestro, turbio, corrupto y tragicómico de la historia reciente de Honduras.
Pero es que, como diría Carlos Marx -no Groucho, no sea que se vayan a confundir los Zelaya, Rodas y compañía-, la historia se repite dos veces, la primera como tragedia y la segunda, como farsa. Algo parecido sucede en Honduras. Si la presidencia de Mel Zelaya (2006-2009) acabó en la intervención institucional en favor del cambio político en la persona del presidente del legislativo, Roberto Micheletti, esta campaña electoral, para suceder al inepto y fracasado políticamente Roberto Lobo, parece que va a terminar en el peor de los escenarios si las encuestas no se equivocan y el pueblo hondureño no evoluciona a tiempo. ¿Reaccionarán los hondureños y cambiarán el viento de los sondeos que soplan a favor de Xiomara?
El sainete hondureño, que comenzó cuando el difunto Hugo Chávez puso en el punto de mira a este pequeño país como “punta de lanza contra el imperio”, no tiene fin y no quiere concluir nunca. La pretensión de los países bolivarianos, un bloque en plena descomposición y en crisis tras la sucesión en falso de Nicolás Maduro, de reconquistar Honduras tiene fundamentos lógicos. Serviría para apuntalar a Maduro al frente de Venezuela, legitimar la decrépita Alianza Bolivariana para los pueblos de Nuestra América (ALBA) y crearle problemas a los Estados Unidos, la obsesión permanente de los hermanos (y tiranos) Castro de La Habana y la “pléyade” payasesca de Caracas. Los Castro siguen al frente del timón de la isla-prisión de Cuba y ahora controlan la caja del petróleo venezolano, una amenaza conjunta para la región que no debe minusvalorarse.
Peligros reales para Honduras. Y es que el problema real es que los cuatro años de Lobo no han pasado en balde y no ha dejado a nadie indiferente. El presidente Lobo, junto con su corte de aduladores a sueldo, inútiles asesores y torpes ministros, es el principal responsable de lo que está ocurriendo. Pero también hay una responsabilidad en el fracaso total de sus políticas en todos los órdenes. Nada bueno ni nuevo que destacar, un fiasco que no admite maquillaje.
Los hondureños están cansados de la inseguridad creciente, de la pobreza alarmante, de la corrupción galopante y un sinfín de lacras que en estos cuatros años de desgobierno de opereta lejos de atajarse no han dejado de reproducirse como una metástasis que amenaza con una lenta pero inexorable defunción. No olvidemos que el presidente Lobo es uno de los mandatarios latinoamericanos peor valorados de todo el continente.
La agonía del país se constata en el día a día y se manifiesta en el descontento del pueblo hacia los políticos tradicionales, lo cual reflejan fielmente las encuestas. Tanto liberales como nacionalistas aparecen muy mal valorados en todos los estudios y sondeos de opinión, algo que, paradójicamente, ha favorecido a la heredera política, Xiomara, del político más corrupto de la historia reciente del país: Zelaya. Incluso políticos honestos, como el liberal Mauricio Villeda, que al principio aparecían como favoritos y la esperanza para este país abatido y arruinado, hoy se sitúan en puestos secundarios en la carrera electoral y con escasas posibilidades de remontar los más negros augurios.
La única perspectiva de que la actual tendencia electoral se revierta es que el candidato de los nacionalistas, Juan Orlando Hernández, se recupere en los sondeos y llegue a superar en votos el 24 de noviembre a Xiomara. El resto de los candidatos, incluido Villeda, ya no tienen ningún posibilidad de superar las adversas tendencias electorales que les pronostican los sondeos, ya que apenas queda un mes para las elecciones y el ambiente de polarización social y política entre el nacionalista y Xiomara va en aumento a medida que se acerca tan importante convocatoria electoral.
Xiomara Castro de Zelaya(Foto a la izquierda)
¿Y si gana Xiomara qué ocurre? ¿Y qué ocurriría de ganar Xiomara las elecciones? Es evidente que sería el regreso encubierto de Zelaya y sus antiguos aliados al poder. En primer lugar, tras haber sido desplazados por la fuerza del gobierno, los antiguos partidarios del depuesto presidente se tomarían la justicia por su mano y la administración, incluidas las Fuerzas Armadas, la carrera diplomática y otros ámbitos, sería purgada de aquellos elementos que tomaron partido por Micheletti. Zelaya no paga traidores, obvio.
Después, y en segundo orden pero no en menor importancia, el país volvería al redil bolivariano y se alejaría de la esfera de los intereses norteamericanos y occidentales, tal como ha ocurrido en todos los países bajo la órbita de la ALBA y, más concretamente, de Caracas. El petróleo de Caracas sigue comprando voluntades y ganando adhesiones políticas, pese al creciente desinterés del Departamento de Estado norteamericano hacia los asuntos de su antaño patio trasero. Y, en tercer lugar, esta victoria significaría el regreso de los antiguos izquierdistas y abiertamente comunistas, como la ex canciller Patricia Rodas, al poder y el cumplimiento de sus nunca ocultados planes de cubanizar el país.
Aparte de estas consecuencias geoestratégicas a las que me refería antes, para Honduras, además, significaría el regreso de una forma de hacer política basada en el nepotismo, la corrupción, la mentira, el pago de favores, la subversión del sistema político y constitucional -al estilo de Nicaragua- y, por supuesto, el abandono de las formas democráticas.
No debemos de obviar que Zelaya fue destituido por las instituciones políticas representativas hondureñas por haber quebrantado las Leyes de la República y la Constitución. En Honduras, pese a lo que digan Telesur, la CNN y Gramma, nunca hubo un golpe de Estado, sino una intervención cívico-militar para poner las cosas en su sitio y evitar que el país cayera en una dictadura encubierta el estilo de la que viven hoy Venezuela y Nicaragua. El verdadero golpe de Estado fue el que pretendía dar Mel Zelaya el 29 de junio del año 2009, imponiendo la cuarta urna y legitimando, de una forma ajena a los usos democráticos, su reelección. E instaurando un sistema político contrario a los intereses de los hondureños y nunca refrendado a través de las urnas. Ahora, de nuevo, esa amenaza gravita sobre el futuro democrático de Honduras y, quizá, ni los mismos hondureños lo saben. Veremos qué pasa en las próximas semanas.

lunes, 14 de octubre de 2013

DE POR QUÉ LA IZQUIERDA GANÓ LA POSTGUERRA FRÍA EN AMÉRICA LATINA

(10-14-13-11:30AM)


Por Ricardo Angoso- Periodismo sin fronteras

En el año 1989, derribado el Muro de Berlín por una multitud hastiada del “socialismo real”, los planes quinquenales, el hambre, la miseria consabida, el racionamiento y la disciplina carcelaria, comenzaba una nueva era para el mundo. El viejo comunismo, utopía totémica para los progres de salón y la izquierda totalitaria de medio mundo, pasaba a los libros de historia. Una nueva era comenzaba, se enterraban los viejos dogmas y el triunfo de la democracia liberal se asentaba sobre bases firmes y rotundas: la ira popular contra el viejo (y caduco) socialismo y el colapso del sistema. Los antiguos comunistas, pensábamos ingenuamente entonces, cambiarían.

Pero estábamos equivocados y, en lugar de surgir una revitalización ideológica por parte de los viejos dinosaurios de izquierda, se generó, como de la nada, la ideología bolivariana. Asistimos, perplejos, al regreso de los sandinistas y vimos, atónitos, como los antiguos terroristas se reconvertían en demócratas de toda la vida. Y, en definitiva, un sinfín de personajes y grupos sacados de un aquelarre castro comunista aceptaban las reglas de juego democrático, como Hitler, para intentar llegar al poder a través de las urnas. La Habana asentía, pues sabía que la estrategia daría resultados y había que remozar la vieja nave estalinista. El horno ya no estaba para bollos. Pero el asunto no se quedó en mera retórica, nada de eso, sino que derivó en una estrategia izquierdista bien pergeñada y con unos objetivos bien claros; se trataba, en el caso de América Latina, del Foro de Sao Paulo.

El Foro de Sao Paulo nació como una suerte de corriente revolucionaria de la izquierda latinoamericana liderada por el Partido de los Trabajadores de Brasil, en 1990, y cuyo máximo líder era el más tarde presidente Luiz Ignácio Lula da Silva. Sintomáticamente, y no por casualidad, el Foro se constituía un año después de la caída del Muro de Berlín y constatado el fracaso del “socialismo real”, tanto en la extinta Unión Soviética como en la Europa del Este, enarbolando la bandera de la lucha contra el neoliberalismo, la solidaridad con la isla-prisión de Cuba y un discurso claramente “antiimperialista”, es decir, antinorteamericano.

Luego, al calor de las transiciones a la democracia en América Latina y la consolidación de este sistema político en todo el continente, la izquierda pasó a la acción, se adaptó a los nuevos tiempos, abandonó la violencia y abrazó la democracia burguesa -como hicieron los nazis en los tiempos de la República de Weimar- para allanar el camino para llegar al poder. La estrategia, bien aderezada con buenas dosis de marketing político y aprovechando la parálisis socialdemócrata y la franca decadencia de los partidos comunistas, tuvo éxito muy pronto.

El caso de Venezuela y el éxito político de Hugo Chávez. En el caso de Venezuela, además, convergieron otros factores. La descomposición del sistema tradicional de partidos venezolano -siempre dominado por los “adecos” y “copeyanos”, socialdemócratas y demócrata-cristianos, respectivamente- junto con una errática política económica durante el gobierno de Carlos Andrés Pérez, que desembocó en el “caracazo” a merced de un ajuste radical en los precios, proporcionó el momento propició al movimiento bolivariano en ciernes para hacerse con el poder en unos años. Corría el año 1989, comenzaba la tragedia venezolana que dura hasta hoy.

Hugo Chávez, uno de los líderes más activos y decididos del movimiento bolivariano -el famoso Movimiento Bolivariano Revolucionario-200 (MBR-200)- sabía, tal como le habían enseñado sus lecturas de Lenin que le había prestado su hermano Adán, que tan solo tenía que esperar el momento propicio, que las circunstancias de descontento, descomposición social y debilidad de régimen se dieran para pasar a la acción y dar el golpe de mano que le permitiera llegar al poder. Como en el libro 1984, de George Orwell, Chávez conocía bien, al igual que su mentor y tirano Fidel Castro, que “no se establece una dictadura para salvaguardar una revolución; se hace la revolución para establecer una dictadura”. El “caracazo” fue el primer ensayo revolucionario del proyecto bolivariano, la dictadura comunista que estaba por venir para Venezuela y que no tardaría en llegar.

(En la foto de la izquierda: Piedad Córdoba e Iván Cepeda, cómplices de Chávez en Colombia)

Más tarde, Chávez participó activamente en el golpe de Estado de febrero del año 1992 en Venezuela, que apuntaló la caída de Carlos Andrés Pérez, y que fracasó quizá debido a la congénita cobardía y escasa audacia que caracterizaron al máximo líder siempre, por no hablar del abandono a sus compañeros de armas. Chávez fracasó, en 1992, en su intentó en llegar por la fuerza al poder. No se daban las circunstancias objetivas ni las “condiciones” que diría Lenin para que coronara aquella suicida misión con éxito. Pero no se amilanó, siguió conspirando contra la democracia y el orden constitucional.

Dos años después, la supina estupidez y consabida miopía política del presidente Rafael Caldera le llevarían a amnistiar Chávez sin darse cuenta de que estaba liquidando al sistema democrático. Peor fue que el difunto Caldera, además, decapitara políticamente a su delfín, dejando las puertas abiertas para que el máximo maestro de la demagogia y el populismo chabacano se hiciera con el poder en las elecciones de 1998. Como Lenin, que también habría tenido su gran fracaso revolucionario en el aquel fallido intento de 1905, Chávez sabía que tenía que aprovechar la ocasión, derrotar y exterminar a los “mencheviques” e impedir en el futuro cualquier experimento democrático que amenazara todo el poder que, de repente, sin casi esperarlo, había alcanzado. Y así sería, ya no había marcha atrás: “todo el poder para soviets”, como en la revolución soviética, todo el poder para Chávez.

Desarme político, moral e ideológico frente a la izquierda. De esta forma, el movimiento bolivariano se hacía con el poder total en Venezuela, el segundo país en importancia del continente para los hermanos Castro desde que en un lejano uno de enero de 1959 se hicieran con la isla-prisión de Cuba, “primer territorio libre de América Latina”, en sus propias palabras. Luego, con el flujo de dinero a favor del proyecto y cuando la gran ergástula cubana estaba más necesitada que nunca de dólares, Chávez derrochó el patrimonio de los venezolanos en la mayor operación política de la historia latinoamericana: apuntalar a la izquierda del Foro de Sao Paulo en casi todos los gobiernos del continente. Y también, claro, salvar a la Cuba comunista de su segura ruina.


Así fue posible, gracias también a una estrategia desestabilizadora en la mayor parte de estos países, que muy pronto una izquierda desahuciada políticamente se fuera haciendo con el poder, en apenas unos años, en Ecuador, Bolivia, Nicaragua, Honduras, Uruguay, Paraguay y Brasil. Seguramente, y ojalá me equivoque, en el año 2013 solamente quedará un gobierno de centro-derecha en América Latina, el de Paraguay, y el dominio rojo sea ya total, sin cortapisas de ningún tipo. Caerán Panamá, Chile y seguramente Colombia, donde de la mano de ese gran bobalicón y pelotudo que es el presidente Juan Manuel Santos( en la foto con Raúl Castro y Chávez) la izquierda más siniestra se hará con el gobierno. Ya verán, pronto veremos a las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) sentadas en el Congreso de la República de Colombia y dictando cátedra democrática. Qué tiempos tan tragicómicos vivimos.

Sin embargo, la responsabilidad de todo lo que ha ocurrido, que es la derrota de los liberales y los auténticos demócratas en el continente a manos de los antiguos comunistas, no recae solo en la habilidad de la izquierda para haber dado la batalla en el momento preciso y haberse sabido adaptar a los nuevos tiempos, sino en la incapacidad de la derecha -sí, la derecha, ya sin vergüenza- para haber dado el combate político e ideológico.

Desarmada en los campos político e ideológico, ausente de referentes morales e históricos, solo le quedaba el mediocre destino de fenecer, e incluso agonizar, en un mundo cambiante y global que demandaba respuestas lógicas y coherentes a los nuevos retos y desafíos. Pero no, no fue capaz de adaptarse, sin renunciar al pasado y decir la verdad, y ahora estamos pagando las consecuencias de este desarme frente a un enemigo mejor preparado, adiestrado y que goza del favor de los medios y una oligarquía cobarde, esclerótica políticamente hablando y pusilánime. Los “tontos útiles”, como Santos, de los que hablaba Lenin.

No fuimos capaces de explicar, por ejemplo, que en el Cono Sur de América -Argentina, Chile y Uruguay, principalmente- se libraba una guerra a muerte contra el comunismo y en defensa de unos principios y valores sustentados en la libertad y la justicia. Y tampoco que los militares argentinos, chilenos y uruguayos, junto con otros miles de patriotas señalados hoy como fascistas por la canallada mediática roja, supieron dar la batalla y ganar de una forma efectiva y heroica la guerra contra la subversión marxista. Esa derecha de hoy, vergonzante y claudicante, que se esconde de una forma cobarde tras las mentiras marxistas, no merecía la pena ganar no ya un combate, sino unas elecciones locales. Ganamos la batalla militar, pero perdimos la guerra política. Por ese motivo, y otros que darían para un largo ensayo, perdimos la posguerra fría y todavía estamos pagando, y pagaremos por un largo tiempo, esta cadena de fatales errores. Qué lástima que era mi América.