Por. Ing. Dionisio de la Torre, Jr. Por un tiempo las masas solo se movían para engrandecer el ego insaciable del líder único, los trabajadores y estudiantes suspendían sus actividades para servir al Señor que con discursos interminables y buscados aplausos, prometía sueños y cumplía castigos, pero pese a eso las masas palmoteaban como pingüinos sin ver que el círculo también los encerraba a ellos y los que se daban cuenta, tragaban en seco y buscaban escapar. Los actos de repudio pasaron a los centros de trabajos y las aulas, donde los trabajadores y estudiantes eran reprimidos públicamente por debilidades ideológicas o sociales, donde eran acusados de pequeños burgueses, gusanos y cuanta palabra calificara que esa persona no quería saber nada de Castro y su comunismo. Muchos fueron los inquisidores y distribuidores de castigos que durante esos años de silencio en las calles abusaron y denunciaron a sus conciudadanos y fueron la cara del repudio hasta que un día también marcharon al exilio, en muchos casos desertando de simples delegaciones deportivas y culturales hasta de alto rango gubernamental para al final incrementar este exilio que tienen que compartir con los que ellos repudiaron ayer.
Estos actos no son nuevos y hoy menos que nunca desaparecerán de Cuba mientras exista el Castrismo. La diferencia es que hoy son cuidadosamente organizados, los coreógrafos que dirigen estos actos seleccionan y entrenan a los repudiadores, los que son llevados como ganado al matadero, que sin saber nada los ponen a gritar y empujar, pero les pagan el día de trabajo o no tienen clases también son parte y víctimas del gran castigador. Lo triste es que esos que gritan tienen parientes o amigos por acá o por allá, son los que reciben los regalitos de los de acá, pero no importa, esos también envidian, pues muchos de ellos quisieran tener el valor de los que toman la calle y también envidian que ese opositor de hoy, puede conseguir una visa mañana y ser libre mientras que a él gritando, solo le queda el camino de la balsa o jinetear para al final llegar al mismo exilio que ha crecido por 50 años no solo gracias a la natalidad sino al constante arribo de repudiadores y envidiosos ente otros.
Ahora que la oposición es pacifica y no violenta el miedo del régimen es mayor, pues hombres y mujeres están exigiendo sus derechos civiles públicamente, con temor, pero con dignidad. Ahora que la Internet se desborda por el mundo y los que mandan sus mensajes de cambio al universo han entendido al igual que otros opositores que si no toman la calle el mundo seguirá siendo cómplice del victimario y que solo llevando a la calle sus denuncias y demandas, los envidiosos dejaran de serlo y los que repudian no tendrán que partir al exilio un día no lejano, porque todos seremos libres.














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