lunes, 30 de diciembre de 2013

NO FUE UN SUICIDIO: FUE UN ASESINATO QUE DEMORÓ EN CONSUMARSE
ANTONIO VILLAREAL: OTRO NOMBRE QUE AGREGAR A LA LISTA DE LOS ASESINADOS POR EL CASTRISMO
DESPEDIDA
(12-30-13-1:45PM)
Por Normando Hernández

Nos conocimos en el régimen especial de la cárcel de Boniato. Día a día nos comunicábamos a gritos. Compartíamos desde un caramelo hasta una cucharada de azúcar. Solo nos veíamos cuando a él le daban una hora de sol y se paraba frente a mi reja y conversábamos a distancia. Cuando yo salía al sol, también, me paraba frente a su reja y conversaba con él. Así conocí a un hombre que alegraba a los presos cantando boleros y los instruía hablándoles de historia de Cuba. Así conocí el amor infinito que tenía por su patria. Conocí el amor infinito que sentía por su familia. Así conocí a un hombre que pintaba hermosos Ángeles y escribía bellos poemas para regalarlos a su niñita el día de la visita.
Así conocí a un hombre bueno, noble, sencillo, honesto y humilde. Así conocí, en el 2003, a Antonio Augusto Villarreal. (foto). Con tristeza fui testigo de ver como apretaba sus labios, contraía su rostro y salían impotentes lágrimas de sus ojos. Con tristeza recuerdo verlo ahogando un sollozo en la soledad de su celda. Recuerdo como fue apagándose su alegría. Recuerdo como su mirada fue perdiéndose en el infinito cielo y como golpeaba con el puño cerrado su pecho. Las pésimas condiciones de encierro más los tratos crueles, inhumanos y degradantes eran insoportables.
A los seis meses me trasladaron de prisión y las noticias que me llegaban de Villarreal no eran nada buenas: “Está muy afectado de los nervios” me decían.
Nos volvimos a encontrar, pasado 7 años, cuando nos iban a desterrar a España. En esta ocasión el que apretó la boca, ahogó sollozos y derramo impotentes lágrimas fui yo cuando lo vi. Nos fundimos en un fuerte abrazo. Puso su mano en mi rostro y volvió a abrazarme. Villa, como cariñosamente le decíamos, estaba muy delgado, su mirada completamente extraviada, en ciertos momentos hablaba incoherencias y aquel hombre pulcro que conocí ya no era el mismo.
Cuando le avisaron que saldría en horas de la mañana para Madrid no lo creía. Vino donde yo estaba para que se lo confirmara y convencido quiso vestirse para el viaje a la libertad. No pude convencerlo para que se bañara, pero sí pude afeitarlo. Se vistió con ropa nueva y le anudé la corbata. Esa noche durmió completamente vestido.
A la hora de abandonar la prisión quisimos convencerlo de que dejara sus pertenencias, pero nos fue imposible. Al ver lo testarudo que se puso dejamos de insistirle. Logro convencerlo de que me enseñe lo que quiere llevarse a Madrid dentro de un cubo plástico que siempre lo acompañaba: Un par de chancletas viejas, periódicos viejos, pomos plásticos y un uniforme de preso. El mismo uniforme de preso que tendió encima de su cama antes de suicidarse en su apartamento de la Pequeña Habana, de la ciudad de Miami, el día de los inocentes de 2013.
El día antes del suicidio, Villa, me llamó por teléfono. Me preguntó por la familia. Hablamos de nuestra lucha contra los tiranos de Cuba. Me contó de las últimas actividades a favor de la libertad de Cuba en las que había participado. Fue enfático en lo mucho que me apreciaba. Se despidió diciéndome que para fin de año lo llamara para consolidar nuestra amistad. Me han dicho que, también, llamó algunos hermanos de causa.
Villa, hoy no te llamo. Te escribo recordándote como una de las personas más maravillosas que he conocido en la vida. Te escribo, mi hermano, para decirte que siempre estarás en mi corazón y en el corazón de todos los dignos cubanos que queremos libertad para nuestra Cuba. Sí. La misma libertad por la que luchaste y sufriste prisión. La verdadera libertad con justicia que merecen todos los mártires de la patria. Descansa en paz Sr. Antonio Augusto Villarreal.
(Titulares: por Nuevo Acción. Artículo tomado del Blog de ASOPAZCO)