EL ESPEJO (COMPROMISO CON CUBA)

sábado, 17 de noviembre de 2012


UN CLÁSICO
(11-15-12-9:50AM)
NOTA DE N.A.- Hay cosas que el verdadero exilio (no la diáspora emigrante que ha llegado  conformar “la vanguardia de la revolución en el exterior) necesita: noción de su tragedia; conocimiento de sus debilidades; conciencia de su deber. Aquí  están, presentes, en este artículo del recordado Dr. Luis Aguilar León.
EL ESPEJO
Por, Dr. Luis Aguilar León
El hombre escuchaba con amable impaciencia. El muchacho hablaba pausada y gravemente.
-Nosotros estamos tratando de hacer lo posible en las presentes circunstancias. Tenemos un barco pequeño, hemos realizado algunas acciones  de sabotaje, procuramos ayudar a los que están luchando y muriendo en Cuba, tenemos otros planes, pero necesitamos dinero. Por eso estamos acudiendo a todos los cubanos, sin distinción, para que cooperen a terminar la batalla contra el comunismo, para darles armas a los que están dispuestos a dar la vida…pero necesitamos dinero.
La pausa fue suficiente para que el hombre hablara. Las palabras le salían meticulosas, adecuadas, como de discurso preparado para la ocasión:
-Mire amigo, yo simpatizo y admiro a todo el que esté tratando de hacer algo por Cuba, es más, yo también, cuando llegué al exilio dediqué muchos esfuerzos a la lucha activa, pero ya estoy convencido de que todo es inútil. Los americanos no van a hacer nada y sin los americanos nada puede hacerse…Yo creo que ya es hora de que cada cubano afronte la realidad de la situación y busque su camino…Yo tengo una familia que mantener y mi primer deber es para con mi familia…
No vaya a creer que no siento con Uds., le repito que lo admiro y aplaudo, pero es que, y perdóneme la franqueza, no creo que Uds. van a lograr nada. Barquitos y grupitos son ineficaces; la lucha así es inútil.
El muchacho se reclinó en el asiento. Súbitamente lució cansado, con el cansancio de quien ha caminado mucho y descubre de pronto que está al principio del mismo camino. Respondió, sin embargo, con voz serena y suave
-En realidad, compatriota (el hombre se intranquilizó ante aquel título y hurgó en la mirada buscando una huella de ironía. Pero los ojos del muchacho estaban limpios y su voz proseguía inalterable), lo único verdaderamente inútil es la inutilidad, lo único que nada hace es no hacer nada…Nosotros sabemos muy bien la situación de los cubanos, por eso le pedimos a cada cual lo que pueda dar. Nosotros no queremos que Ud., ni nadie, abandone su trabajo y se una a nosotros y venga a arriesgar la vida. De sobra sabemos que el momento no requiere ese sacrificio colectivo…Pero donde quiera que se esté se puede luchar por Cuba…Cada palabra, cada acción, cada pensamiento de los exiliados puede ser útil si se sigue pensando en la patria. Lo importante es no renunciar a Cuba y tratar de hacer algo por ella. Y sin en Cuba, y fuera de Cuba, hay grupos combatiendo y muriendo por la causa común, es un deber ineludible ayudarlos en todo lo posible. Nosotros no le pedimos, ni a usted ni a nadie que se olvide de su familia…Simplemente le pedimos que no se olvide de Cuba.
El muchacho se interrumpió aguardando un comentario, pero el hombre permaneció silencioso, comtemplando la móvil columna de humo de su tabaco. Entonces prosiguió:
-Cooperar con la acción cuando el regreso a Cuba parecía posible y próximo era fácil, es más, resultaba casi una inversion, una especie de boleto patriótico que iba a rendir rápidos dividendos en proclamaciones y reclamaciones a la vuelta. Cooperar ahora, cuando muchos horizontes se han cerrado y el camino luce largo y duro, es dar pruebas de verdadero amor a Cuba, de desinterés, de fe en que la causa de la libertad y de la justicia no puede ser abandonada, no importa cuan adversas sean las circunstancias.
Esta vez el hombre abrió la boca como para interrumpir, pero el muchacho le hizo un gesto con la mano y siguió hablando:
-Sí, ya sé lo de los americanos y lo de la inutilidad, pero es que la lucha no estará perdida, hasta que nosotros no la demos por perdida. Es que, aunque no lo parezca, tenemos muchos factores que nos ayudan. Es que…el muchacho tomó aliento para la frase siguiente— hay que seguir luchando aunque supiéramos que nunca íbamos a ganar. Aunque yo estoy convencido de que ganaremos…Mire, hace poco leí un pensamiento que quiero repetirle a todos los exilados. Decía un escritor, creo que francés, hablando de la muerte: “si la nada es lo que nos espera después de la muerte, hay que vivir de tal forma que eso sea una injusticia”…Pues bien, aún en el caso de que el comunismo vaya a perdurar en Cuba, cada exiliado debe de vivir y actuar para demostrar que esa permanencia es una injusticia…Si renunciamos a la lucha, estaremos demostrando precisamente lo contrario, estaremos demostrando que el triunfo comunista es justo, porque ellos lucharon mejor, porque ellos lucharon siempre, porque ellos creyeron en su triunfo.
El hombre se puso de pie nerviosamente.—Bueno, a lo mejor usted y el francés tienen razón, Por lo menos las palabras son impresionantes. Déjeme su dirección y veré lo que puedo hacer.
El muchacho se levantó despacio y miró al hombre cara a cara. Los labios le sonreían, pero los ojos no.
-No—dijo—en vez de mi dirección le voy a dar algo más útil: un espejo…No, no crea que estoy loco…Recuerde que los comunistas dicen que los exiliados somos parásitos, que no queremos a Cuba, que solo pensamos en lo que perdimos, que somos incapaces de ningún sacrificio…Recuerde que nosotros, en cambio, creemos que los exiliados son cubanos esenciales, cubanos que quieren a Cuba por lo que tuvieron en ella.
Aquí le dejo el espejo. Si Ud. se mira en él y ve al tipo de cubano que describen los comunistas, entonces no vale la pena que tenga mi dirección. Si por el contrario, el reflejo que Ud. ve es el de un cubano esencial, entonces tampoco necesitará mi dirección; usted mismo buscará la manera de ayudar…si no a nosotros a cualquier otro grupo de acción…Un cubano esencial siempre sabe encontrar el camino del deber.
Esta vez el hombre lo miró firme y profundo. El muchacho extendió la mano. El hombre giró y se internó en la casa…Volvió con un billete encogido y húmedo en la mano. Y se lo entregó al muchacho serio y grave que sonreía con los labios pero no con los ojos.
Y al entregarlo, fue el hombre el que dijo en voz baja: ¡Muchas gracias!
(Publicado originalmente en el periódico “Acción”, órgano oficial del Movimiento Nacionalista Cristiano-Joven América, Año VII- Número 46, de marzo de 1970.)