EL REGRESO DE “HARRY EL LIMPIO”

martes, 11 de septiembre de 2012


EL REGRESO DE “HARRY EL LIMPIO”
(9-2-12-5:00pm)
Por Andrés Pascual
Debo confesar que los discursos durante la celebración de la Convención Republicana en Tampa, como dicen los ancianos en Cuba, “me asentaron”, especie de aquel Tranfusán B12, muy popular en la Isla, capaz de levantar las defensas y hacerlas más resistentes que el Maracaibo caribeño cuando Morgan intentó tomarlo.
“Me hicieron bien”, porque yo no soy pesimista, soy el padre de ese sentimiento que, según algunos, conforma la personalidad derrotista (no derrotada) sin embargo, para mi es, no en todo claro, una posición realista de mucho tiempo de análisis con perspectiva a mediano o largo plazo de lo posible, sacados del caudal de la experiencia vivida, oída o leída.
Hay gente que dicen que Clint Eastwood no debió estar en el podio de los oradores de la Convención Repusálvame"blicana, dos de ellos, Ann Romney (no considera acertado poner a los actores en función de propaganda política, con lo que olvidó a Reagan en California en 1968); y un analista político de Miami, consultor del partido republicano… no les gustó lo que dijo ni la forma que empleó, técnica de la dramaturgia, con una silla vacía como representación de Obama.
La lectura del símbolo empleado debe verse como la representación del “vacío” que hay en la presidencia americana para algo beneficioso a la nación: después de la política fríamente calculada contra el modo de producción y las instituciones de forma abierta y sin tapujos, el gobierno está al garete, sencillamente, es un relajo.
Luego Eastwood, figura popular de un gremio en que el antiamericanismo es pandemia,  debe ser aplaudido por el solo hecho de representar la moral dentro del Hollywood liberal y corrupto. Es una lástima que no hubiera diez más como él, con el valor para enfrentar la reacción comunista que puede afectarle hasta el trabajo, como le ha ocurrido a Kelsey Granmer, actor principal de la serie de STARZ The Boss, que se considera reprimido laboralmente porque es un activo republicano, es decir, un patriota de arriba abajo. O como Jon Voight o James Wood, a quienes, por su posición conservadora, no les ofrecen libretos de interés, dignos de su talento y de la competencia por ese fraude liberal que llaman Oscar.
El discurso de Marcos Rubio no tiene precio ni su llamamiento a mirar hacia Cuba, no hacia los “hermanos de sus hermanos”, que debe ser tarea de Obama, del miembro de la Raza, del elemento tipo Cristina Saralegui, del liberal o del izquierdista (todos antiamericanos) que ocupe su turno ante el micrófono en NC.
A fin de cuentas, aliado fiel y consecuente con la posición de principios republicanos, nuestros también por verdaderamente demócratas, el exilio cubano (leyó bien, exilio, no comunidad) y lo que quede allá que se pueda salvar de la influencia negativa, anticubana y antiamericana del castrocomunismo.
A fin de cuentas, el discurso de Mitt Romney, de su esposa y de cada uno de los que expusieron su fe en unos Estados Unidos no mejor, sino como tienen que ser, despierta esperanzas de que, pese a la Media, pese a la política de los ilegales y por ellos, pese a lo que sea, puede deponerse al califa que ha ocupado, como un sarraceno cualquiera, la primera silla de gobierno más poderosa del mundo.
No obstante, como que la campaña de Obama es tan sucia como la del 2008, única forma como puede hacerla quien tiene como entretenimiento una reforma para ilegales sin importarle el estado crítico del sector laboral, por eso es necesario atacarlo con la misma moneda, por eso, ante este Barack el Sucio, era obligatoria la presencia en Tampa de Harry el Limpio.