(7-29-11-5:05PM)
Por Andrés
Pascual
La oposición
crítica y frenética a la moción presentada (y aprobada) por Mario Díaz Balart
sobre colocar con carácter retroactivo las fronteras de la concesión de
beneficios a Castro, conocida como viajes y remesas, de la forma previa al 2009,
procede de un sector no exiliado de Miami que, por lo general, se enfrentan a
cualquier medida contra la tiranía con el resultado del apoyo al castrismo,
porque no se les reconoció ni colocó en el lugar que, según creen, deberían
estar.
Una vez desechados
como líderes útiles por el exilio, entonces se viran unos y se mantienen o
destapan otros sus verdaderos intereses político-económicos como castigo a la
única parte intransigente contra la dictadura.
Si algo se le debe
criticar a los congresistas cubano-americanos y otras figuras que pueden, es que
nunca hayan ni criticado a la ley de Ajuste Cubano, tal vez porque Castro,
desde La Habana, le tomó el pelo muchas veces a Lincoln Díaz Balart con la
cantaleta de que “es el arma de la mafia de Miami y del Imperialismo en su afán
de someter al pueblo cubano y responsable de infinidad de muertes en el intento
por llegar” y como que pareciera que se trabajara para la dictadura si se
emprende el obligatorio cabildeo contra la más perniciosa medida anti-exilio y
pro-castrista jamás vista. No ocurre igual con el embargo, que se apoya al
máximo, sin detenerse a pensar que la mayoría de los beneficiados por el Ajuste,
desde 1995, son una legión enorme anti-embargo, situados al lado de las
poderosas fuerzas que promueven su abolición.
Mientras,
bendecidos por una ley que hace 20 años que debió ser derogada, envía desde Cuba
la tiranía el éxodo maloliente y putrefacto que ni se encubren ya en
circunstancias políticas, con la misión impuesta o voluntaria de minar al exilio
desde adentro y para los que el viaje hacia acá queda, prácticamente, en una
mudanza de La Víbora a Santos Suárez.
Es un ejército de
emigrantes económicos que alientan los núcleos familiares allá por la necesidad
de tener “uno o más miembros en Miami que manden y lleven”, capaz de suplir la
falta de coraje y principios conducentes a arrancar sus derechos de la única
forma posible: enfrentando al castrismo.
Pero a Estados
Unidos nunca le interesó filtrar el material procedente de Cuba, de lo
contrario, no anduviera infectada la ciudad de ex militantes comunistas o de
agentes del G-2 que, dicen (y la mayoría nadie sabe si dicen, porque no se
enseñan), que se “cansaron de los abusos e irregularidades del sistema”, sin
embargo, el exiliado tiene un nombre para clasificarlos aquí, “callo pisa’o” y
otros para acusarlos sin que cause efecto la denuncia, porque son protegidos de
este gobierno: “infiltrados o sembrados”.
Si no se puede
enviar a Cuba al 80 % de estos elementos de “la comunidad”, que sería lo ideal
sin tener en cuenta la cantidad, con lo que se le ahorraría al contribuyente su
contribución impositiva en la manutención de delincuentes (y candidatos a) en las
cárceles, más los malos momentos que produce el fraude de todo tipo y el tráfico
de drogas que desarrollan, además del robo en cualquier dimensión, que parece
que es para lo único que viene preparada esta jauría, introducida ilegalmente
por traficantes humanos, precisamente, criminales cubanos llegados durante los
últimos 16 años; pues entonces hay que tirarle a la Ley de beneficio que,
históricamente, hizo privilegiado al exilio cubano anti-castrista.
En vistas de que
no se puede contar con el poder político de altas esferas para derogar el
Ajuste, pues se va haciendo necesario cabildear entre las comunidades de al Sur
del Río Grande para que incluyan en sus protestas en reclamo de la legalidad,
además de fotos de Lenin, Fidel y Che Guevara, las pancartas que le exijan al
gobierno americano la revisión de esa ley, ya que no existe la mínima diferencia
entre ellos y los fidelistas que llegan aquí en balsas o por donde sea, desde
1994, beneficiados por un procedimiento que no merecen y que solo afecta
positivamente a la tiranía.
0 comments
Publicar un comentario