TAL VEZ HAYA QUE BUSCAR APOYO EN EL SUR

martes, 2 de agosto de 2011


TAL VEZ HAYA QUE BUSCAR APOYO EN EL SUR
 (7-29-11-5:05PM)
Por Andrés Pascual
La oposición crítica y frenética a la moción presentada (y aprobada) por Mario Díaz Balart sobre colocar con carácter retroactivo las fronteras de la concesión de beneficios a Castro, conocida como viajes y remesas, de la forma previa al 2009, procede de un sector no exiliado de Miami que, por lo general, se enfrentan a cualquier medida contra la tiranía con el resultado del apoyo al castrismo, porque no se les reconoció ni colocó en el lugar que, según creen, deberían estar.
Una vez desechados como líderes útiles por el exilio, entonces se viran unos y se mantienen o destapan  otros sus verdaderos intereses político-económicos como castigo a la única parte intransigente contra la dictadura.
Si algo se le debe criticar a los congresistas cubano-americanos y otras figuras que pueden, es que nunca hayan ni criticado a la ley  de Ajuste Cubano, tal vez porque Castro, desde La Habana, le tomó el pelo muchas veces a Lincoln Díaz Balart con la cantaleta de que “es el arma de la mafia de Miami y del Imperialismo en su afán de someter al pueblo cubano y responsable de infinidad de muertes en el intento por llegar” y como que pareciera que se trabajara para la dictadura si se emprende el obligatorio cabildeo contra la más perniciosa medida anti-exilio y pro-castrista jamás vista. No ocurre igual con el embargo, que se apoya al máximo, sin detenerse a pensar que la mayoría de los beneficiados por el Ajuste, desde 1995, son una legión enorme anti-embargo, situados al lado de las poderosas fuerzas que promueven su abolición.
Mientras, bendecidos por una ley que hace 20 años que debió ser derogada, envía desde Cuba la tiranía el éxodo maloliente y putrefacto que ni se encubren ya en circunstancias políticas, con la misión impuesta o voluntaria de minar al exilio desde adentro y para los que el viaje hacia acá queda, prácticamente, en una mudanza de La Víbora a Santos Suárez.
Es un ejército de emigrantes económicos que alientan los núcleos familiares allá por la necesidad de tener “uno o más miembros en Miami que manden y lleven”, capaz de suplir la falta de coraje y principios conducentes a arrancar sus derechos de la única forma posible: enfrentando al castrismo.
Pero a Estados Unidos nunca le interesó filtrar el material procedente de Cuba, de lo contrario, no anduviera infectada la ciudad de ex militantes comunistas o de agentes del G-2 que, dicen (y la mayoría nadie sabe si dicen, porque no se enseñan), que se “cansaron de los abusos e irregularidades del sistema”, sin embargo, el exiliado tiene un nombre para clasificarlos aquí, “callo pisa’o” y otros para acusarlos sin que cause efecto la denuncia, porque son protegidos de este gobierno: “infiltrados o sembrados”.
Si no se puede enviar a Cuba al 80 % de estos elementos de “la comunidad”, que sería lo ideal sin tener en cuenta la cantidad, con lo que se le ahorraría al contribuyente su contribución impositiva en la manutención de delincuentes (y candidatos a) en las cárceles, más los malos momentos que produce el fraude de todo tipo y el tráfico de drogas que desarrollan, además del robo en cualquier dimensión, que parece que es para lo único que viene preparada esta jauría, introducida ilegalmente por traficantes humanos, precisamente, criminales cubanos llegados durante los últimos 16 años; pues entonces hay que tirarle a la Ley de beneficio que, históricamente, hizo privilegiado al exilio cubano anti-castrista.
En vistas de que no se puede contar con el poder político de altas esferas para derogar el Ajuste, pues se va haciendo necesario cabildear entre las comunidades de al Sur del Río Grande para que incluyan en sus protestas en reclamo de la legalidad, además de fotos de Lenin, Fidel y Che Guevara, las pancartas que le exijan al gobierno americano la revisión de esa ley, ya que no existe la mínima diferencia entre ellos y los fidelistas que llegan aquí en balsas o por donde sea, desde 1994, beneficiados por un procedimiento que no merecen y que solo afecta positivamente a la tiranía.