
PUNTO Y. APARTE
martes, 16 de agosto de 2011
PUNTO
Y. APARTE
(8-14-11-5:00PM)

Por: El Director
He estado a punto de regalar el título de esta
columna--que vengo publicando por casi 4 años a Tito Rodríguez Oltman--que ha
comenzado todas las semanas a enviar por la net un artículo semanal usando este
título y el mismo formato--pero muchos hermanos mios me han convencido que no lo haga, porque eso
sería premiar la fea costumbre que se está arraigando en la internet, que se
olvida de la ética y toma lo que le da gana de la cosecha de otros.
Obviado y explicado este tema, pasemos al meollo de
la columna de hoy.
Desde mi temprana juventud milité en la política,
pero entiendiendo esta, como el conjunto de actividades orientadoras a la
consecución del bien común, sin perder jamás de vista que todas esas actividades
iban encaminadas a la instauración en mi patria de un verdadero gobierno
nacionalista.
Pero a través de los años de militancia descubrí la
miseria de la clase dirigente, la falsedad y la hipocresía de tantos que decían
estar al servicio del pueblo, cuando en realidad, se servían a sí mismos a costa
del pueblo, y se aferraban al poder por el poder y por el enriquecimiento
ilícito.
La política, o más bien la politiquería suele ser
muy sucia y muchas veces he sentido asco, al descubrir que ese camino lleno de
inmundicias no era el mio.
La asquerosa traición perpetrada por Fidel Castro a
los que buscábamos una revolución nacional, en democracia, con banderas,
fronteras y tradiciones propias, sin un amo internacional y sin consignas
venidas del extranjero, definió mi vida en el orden político y me abrió los ojos
al descubrir el secreto contubernio existente entre el súper capitalismo
internacional y el capitalismo de estado, disfrazado de comunismo.
Desde entonces andamos por los caminos sin reposo,
porque la Cuba que nos impuso el castrismo, en contubernio con el súper
capitalismo, no me gusta nada, porque la que me gusta, es la otra, la Cuba
exacta, la dificil, la de la verdadera democracia, la de la primacía de los
valores eternos del hombre, la de la justicia social y de la total independencia
de las ambiciones hegemónicas de las grandes potencias.
Esa Cuba nacionalista, donde el empresario respete
al obrero en su verdadera dimensión humana y el obrero se sepa una pieza
importante de la producción encaminada al bienestar del pueblo y la familia, es
la Cuba que no existe ahora, pero es la que se merece dar la vida por ella.
Por esos caminos andamos cuesta arriba, muchas
veces solos, porque la unión de varios enanos nunca formarán un gigante,
pero como ahora en estos días la vida me ha dado nuevamente la oportunidad de
conjuntar voluntades, con un puñado de camaradas de lucha e ideales, a pesar de
los años que cargo sobre mis entusiasmos juveniles--a caballo de un cuerpo ya
resentido por los años y el uso--siento que el entusiasmo me gana y que aún se
puede hacer un intento más.
Sé que al esfuerzo que ahora se gesta se opondrán
todos los egoismos de los de allá y de acá, pero lo importante es que se forme
una falange de voluntades irreductibles, para que la catástrofe de lo material
no acabe de arruinar también los valores esenciales del espíritu, porque eso es
lo que tenemos que salvar, cueste lo que cueste, aún sacrificando todas las
ventajas personales, para lograr construir de las ruinas que dejará el castrismo,
la Cuba luminosa de los valores nacionales irrenunciables, para poder instilar
en las nuevas generaciones de cubanos, la idea de que el hombre es portador de
valores eternos, para lograr el sueño de Martí de tener una patria libre y
soberana, con todos y para todos, donde desterremos la politiquería e
instauremos una verdadera política nacional, tomando a la patria como ara y no
como pedestal.














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