LA CRISIS DE OCTUBRE EN LA MEMORIA: EL CINCUENTENARIO DE LA CRISIS DE LOS COHETES EN CUBA, OCTUBRE 1962-2012-I

miércoles, 24 de octubre de 2012


LA CRISIS DE OCTUBRE EN LA MEMORIA: EL CINCUENTENARIO DE LA CRISIS DE LOS COHETES EN CUBA, OCTUBRE 1962-2012-I
(10-22-12-4:30PM)
Por Diego Trinidad, Ph.D.
Hace 50 años hoy, un avión de reconocimiento U-2 americano volando sobre Cuba descubrió la presencia de lo que al analizar las fotos se determinó eran bases de cohetes de medio alcance rusos en varios lugares en Cuba (al principio, en San Diego de los Baños, Los Palacios y San Cristobal, en la provincia de Pinar del Río; más tarde en Guanajay (Pinar del Río), Sagua La Grande y Remedios, en la provincia de Las Villas).  Las primeras fotos fueron tomadas el 14, reveladas, analizadas e identificadas las bases el 15, y finalmente el Presidente Kennedy fue informado en la mañana del 16, aunque su asesor de seguridad McGeorge Bundy había sido informado en la noche del 15, pero decidió no despertar al presidente y esperar a la mañana.  Ese día se puede decir que comenzó la Crisis, aunque en realidad también se puede decir que comenzó a fines de agosto, cuando los U-2s descubrieron la presencia de bases de cohetes de superpie a aire (SAMs) y el Director de la CIA John McCone comenzó a sospechar las intenciones de los rusos, ya que en su experiencia, los SAMs usualmente eran emplazador para proteger cohetes nucleares de mediano alcance.
Hace diez años que cada octubre escribo algo en conmemoración de la fatídica fecha en que, en mi opinión, se garantizó la revolución cubana y Cuba se perdió para los que queremos y defendemos la libertad y la justicia.  El año pasado, varios medios publicaron el capítulo completo sobre la Crisis contenido en el libro El Ocaso del Régimen que Destruyó a Cuba, escrito junto con mis amigos y colegas Efrén Córdova, quien también lo editó, Juan Benemelis, y Miguel Castillo.  En ese capítulo de 34 páginas, resumí toda la más reciente información sobre el tema, incluyendo algún importante material nunca antes publicado en español. Como los hechos son bien conocidos, en este artículo no seré tan extenso ni tan detallado.  Mi intención aquí será explicar lo menos entendido de la Crisis, las motivaciones y razones que llevaron al Premier ruso (prefiero llamarle ruso que soviético, término que fue una invención de los bolcheviques rusos desde la revolución de 1917) Nikita Khrushchev a tomar la peligrosa decisión de colocar cohetes nucleares de intermedio y medio alcance en Cuba en 1962. Comentaré también extensamente sobre informaciones publicadas en la última semana como algo “nuevo”, la presencia de cohetes nucleares tácticos en Cuba y la especulación de que Khrushchev consideró dejarlos en Cuba bajo el control de Fidel Castro al terminar la Crisis con la retirada de los cohetes “ofensivos” de Cuba. Finalmente, ofreceré mi interpretación y conclusiones sobre la Crisis y sobre que lecciones, si algunas, se pueden aprender de lo sucedido.
Todavía después de 50 años, que yo sepa, solamente los mejores historiadores de la Crisis, Timothy Naftali y Aleksandr Fursenko (One Hell of a Gamble [1997] y Khrushchev’ Cold War [2006])  y yo hemos identificado como la principal motivación de Khrushchev de introducir los cohetes en Cuba el hecho que fue su jugada y apuesta maestra para dominar al mundo.  El mejor libro sobre la Crisis, One Minute to Midnight de Michael Dobbs (2008), incluye esta como una de las motivaciones, pero no la principal. Cuando Dobbs, quien es periodista de origen irlandés, pero también tiene títulos en economía e historia, presentó su magnífico libro aquí en la Universidad de Miami (Casa Bacardí) en el otoño del 2008, le pregunté sobre esto y me dijo que no estaba de acuerdo conmigo en la gran importancia que yo le daba a la motivación de Khrushchev ya descrita.  Pero al preguntarle adicionalmente si él había visto los archivos rusos donde se pueden encontrar pruebas conclusivas sobre el asunto, las cuales solamente han sido examinadas por Naftali y Fursenko en Moscú en el 2003, me contestó que no, que él no había leído estos archivos, donde se encuentran los protocolos, minutas y deliberaciones en Moscú durante la Crisis.  En el libro Khrushchev’s Cold War, Naftali y Fursenko citan mucha de esta documentación secreta.  En español, este material, dando crédito a los autores mencionados, por supuesto, solo lo he utilizado yo.  De manera que lo que sigue está documentado y, para mí, probado concluyentemente.
La cronología de lo que se llamó Operación Anadyr, por un río en Siberia (para camuflar la operación) es la siguiente.  En abril de 1962, Khrushchev le plantea por primera vez al Ministro de Defensa ruso, el Mariscal Rodion Malinovsky (foto de la izquierda), la posibilidad de introducir cohetes nucleares rusos en Cuba (nunca antes cohetes nucleares se habían colocado in ningún lugar fuera de la Unión Soviética).  Malinovsky contesta que sería posible pero debía ser aprobado por el Presidium. En esa primera conversación, ni Khrushchev ni Malinovsky mencionan la protección de Cuba contra una invasión americana para nada; solamente la posibilidad de igualar en algo la abrumadora superioridad atómica de Estados Unidos ante Rusia es considerada. Días después, Khrushchev lo consulta con el Vice Premier ruso Anastas Mikoyan, su más cercano colaborador. Mikoyan expresa sus dudas. Poco más tarde, el Ministro de Relaciones Exteriores Andrei Gromyko es consultado y según sus memorias, también se muestra dudoso. Pero Khrushchev sigue adelante y en mayo se discute el plan ante el Presidium. Solamente Mikoyan se opone, pero se decide esperar unos días para consultar al embajador ruso en Cuba, Aleksandr Alekseyev sobre si Castro aceptaría la presencia de los cohetes. Alekseyev también expresa sus dudas, pero se decide enviar una misión a Cuba a consultar a Castro.
El 29 de mayo, después de ser debidamente informado, Castro acepta. ¿Por qué lo hizo? Su motivación es más complicada y ha ofrecido varias versiones durante años, pero se puede decir que para él, lo más importante SÍ fue la protección de Cuba contra una invasión americana. Se debe mencionar por lo que ocurrió después, que Castro propuso de entrada que se firmara un tratado de asistencia mutua entre Cuba y Rusia y que se anunciara públicamente, lo cual estaba perfectamente permitido bajo el derecho internacional.  Pero como Khrushchev quería presentar a Kennedy un fait acompli (acto consumado), el Premier ruso rechazó la idea. Luego se arrepentiría.
Los planes para la introducción de los cohetes en Cuba comenzaron inmediatamente, pero no vamos a describir nada de esto en detalle; quien esté interesado puede leer mi artículo del año pasado en los archivos de Cubanálisis.com y NuevoAcción.com, o en nuestro libro mencionado, El Ocaso del Régimen que Destruyó a Cuba, disponible en la Librería Universal localmente y en Amazon y therealcuba.com en Internet. Lo que quiero enfatizar aquí es cual fue el plan de Khrushchev. Consistía en tres partes. Primero, por supuesto, introducir los cohetes en Cuba secretamente, algo muy difícil y que al final probó ser imposible. Segundo, una vez colocados los cohetes en Cuba, Khrushchev planeaba viajar a Cuba y entonces si firmar ese tratado de asistencia mutua con Cuba propuesto por Castro inicialmente, y anunciar públicamente la presencia de los cohetes en Cuba. Pero después de las elecciones Congresionales en noviembre, ya que había falsamente prometido a Kennedy que Rusia no causaría problemas antes de las elecciones. Finalmente, Khrushchev viajaría a New York y ante la ONU, anunciaría el ultimatum final sobre Berlín.
La alternativa para Estados Unidos era aceptar su gran diseño, abandonar Berlin, y básicamente resignarse a ser potencia de segunda clase dominada por Rusia. Esa fue la gran jugada de Khrushchev. ¿Por qué lo hizo?  Porque estaba convencido de que podía doblegar a Kennedy debido a su confrontación al Presidente en Viena en abril de 1961. Fue una gran apuesta basada en su intuición personal y la perdió porque subestimó a Kennedy. Ya lo sucedido en Viena había cambiado notablemente, pero el Premier ruso rehusó afrontar la nueva realidad. Gracias a eso, se evitó una posible guerra atómica, pero no antes que su colosal imprudencia puso al mundo lo más cerca que ha estado del abismo nuclear.
Khrushchev fue destituído de su cargo en octubre de 1964, dos años después de la Crisis, en buena parte gracias a su mal concebida decisión en Cuba. Supuestamente escribió sus memorias (publicadas en forma de libro en 1970 (Khrushchev Remembers) después que grabaciones secretas habían sido sacadas de Rusia.  En esas memorias, Khrushchev, a manera de justificación, declara enfáticamente que su única motivación de introducir cohetes nucleares en Cuba fue “defender la revolución” y que nunca tuvo intención de usarlas contra Estados Unidos.  Lo primero no es verdad, lo segundo, sí. Pero la campaña de justificación, desinformación y engaño abierto comenzó casi inmediatamente después de terminada la Crisis el 29 de octubre. 
Primero, con las declaraciones públicas de Anastas Mikoyan en Washington, al regresar de su misión de más de un mes en Cuba para “apaciguar” a Castro y sobre todo, para convencerlo de que permitiera inspecciones en Cuba para asegurar que los cohetes habían sido retirados de la isla.  Mikoyan se reunió con Kennedy el 29 de noviembre y declaró que “las armas nucleares no habían sido introducidas en Cuba para atacar a Estados Unidos, sino para defender a Cuba de un ataque desde afuera”. Kennedy rechazó esta explicación y expresó su ultraje por el “engaño deliberado” de los rusos.  Pero Mikoyan insistió que NO había habido engaño alguno, sino “una diferencia de interpretación sobre nuestras armas”.  Esto se lo mereció Kennedy por haber insistido ante el público americano a través del verano en que la enormidad de armamentos que estaban siendo introducidos en Cuba (pero no los cohetes “ofensivos”, lo que ignoraba hasta octubre 16 cuando fueron descubiertos por el U-2) efectivamente NO eran “armas ofensivas”.  Ahora se tenía que tragar que Mikoyan dijera que todo había sido una diferencia de interpretación. Kennedy concluyó la reunión declarando débilmente que “esperaba que Castro se comportara con moderación y no nos provoque”.  
Días después, Mikoyan, seguido por Khrushchev, declararon ante el Presidium en Moscú exactamente lo mismo, añadiendo que “habían salvado a Cuba”. De manera que esta “explicación” de la motivación de Khrushchev ya se había aceptado hacía mucho tiempo (no se podía explicar de otra manera en realidad ya que la documentación de sus verdaderas intenciones no fue revelada por 33 años más). Además, en definitiva el “entendimiento” entre Khrushchev y Kennedy que puso fin a la Crisis, en el cual se intercambiaba la retirada de los cohetes de Cuba por la “promesa” de Estados Unidos de no invadir, así lo demostraba. Claro que este endeble “acuerdo” y cualquier “promesa” de no invadir a Cuba habían sido, de facto, invalidados al no permitirse la inspección en Cuba por Castro.  No obstante, prácticamente todos los historiadores desde entonces, excepto Naftali, Fursenko y yo, se han creído este cuento, pero la verdad es otra y ya es hora que así se reconozca.
Consideremos ahora las “revelaciones” del fin de semana pasado que han creado un gran revuelo, no solo aquí en Miami sino en otras partes del mundo.  Primero fue un artículo publicado en Londres en la revista BBC News Magazine por un periodista inglés llamado Joe Matthews.  En el corto artículo, aunque tengo entendido que también hizo un corto documental sobre el tema, ofrece principalmente dos temas.  Primero, que en Cuba quedaron 100 “otras” armas nucleares al finalizar la Crisis.  Segundo, que Khrushchev decidió obsequiarle a Castro estas armas, no obstante el “entendimiento” con Kennedy que obligaba a Rusia a retirar todos los cohetes nucleares de Cuba.  Lo primero es conocido, pero el autor lo tergiversa de entrada para crear algo novedoso y sensacional, sobre todo con el título.  Lo segundo es extremamente dudoso y el autor no ofrece un ápice de evidencia para demostrarlo. El artículo está basado en un nuevo libro, pero el autor no lo menciona.  Hacia el final nos enteramos que las “otras” armas nucleares que menciona fueron los 80 cohetes “cruceros” tácticos (cruise missiles) denominados FKR, con un alcance de 90 a 110 millas y cabezas nucleares de 5 a 12 kilotones de TNT, los 12 cohetes tácticos denominados “Lunas” de un alcance de 20-25 millas con cabezas nucleares de 2 kilotones lanzados como proyectiles contra posibles fuerzas invasoras, y las seis bombas atómicas de pocos kilotones enviadas para ser usadas por los obsoletos bombarderos IL-28.. 
Esto se reveló primeramente por el General ruso Anatoli Gribkov, quien estuvo en Cuba durante la Crisis y luego escribió un informativo libro conjuntamente con el también General americano William Smith titulado Operation Anadyr (1994).  Gribkov lo dio a conocer en una reunión en La Habana en octubre de 1992 al cumplirse 30 años de la Crisis.  Los servicios de inteligencia americanos sospechaban de los Lunas, pero ignoraban la presencia de los más peligrosos y poderosos FKR y esta revelación SI fue sensacional en 1992. Como debe quedar claro, estos cohetes tácticos, aunque sus cabezas nucleares eran capaces de destruir un grupo naval de porta aviones o de causar tanto daño como la bomba atómica de Hiroshima, no representaban ninguna amenaza para Estados Unidos, excepto si fueran utilizados contra una fuerza invasora.  Y de todas maneras, las cabezas nucleares de los cohetes tácticos NO quedaron en Cuba, sino que fueron retiradas (no se sabe cuando, pero no más tarde que principios de diciembre de 1962), junto con los más controversiales aviones bombarderos Ilyushin 28, los cuales Khrushchev SI trató de dejar en Cuba, también a fines de noviembre.  Todos los cohetes—los FKR y los Luna—quedaron en Cuba, pero sin las cabezas nucleares, estas armas no eran ni muy efectivas ni muy amenazantes, ni siquiera para repeler una fuerza invasora.  Los bombarderos IL-28, sin embargo, aunque eran ya obsoletos (quizás por eso Rusia los mandó a Cuba) y aunque Khrushchev acordó sacarlos de Cuba el 22 de noviembre, no fueron regresados a Rusia hasta el año 1964.  Estados Unidos, o no se enteró, o no le dio importancia al hecho.  Los IL-28 eran ya inconsecuentes y la insistencia de Kennedy para que se retiraran de Cuba era estrictamente política.
El segundo artículo está basado en el mencionado libro, escrito por Sergo Mikoyan (foto), hijo de Anastas en el 2010 y publicado póstumamente hace unos días (Sergo murió en el 2010, pero el libro fue completado por la investigadora Svetlana Savranskaya Directora de los archivos rusos del Archivo de Seguridad Nacional en Washington). El libro, titulado en español “La Crisis Soviético Cubana de los Misiles, está basado parcialmente en otro previo escrito por Sergo Mikoyan en ruso en el 2006 titulado Anatomía de la Crisis Cubana de los Misiles”.  Sergo estuvo en Cuba con su padre, de quien fue secretario hasta su muerte en 1978, durante el mes que Anastas pasó en Cuba en noviembre de 1962 tratando de apaciguar a Castro.  El artículo sobre el libro, publicado el domingo pasado en El Nuevo Herald por Juan Tamayo, menciona que el libro contiene 50 documentos de los archivos del gobierno soviético y la familia Mikoyan, incluyendo transcripciones de las conversaciones entre Castro y Mikoyan durante ese mes en Cuba.  Naturalmente, Tamayo no cita ningún documento, siendo éste un corto artículo periodistico y yo no he leído el libro (no se publicará hasta diciembre).  Pero la co autora Savranskaya estará presente en un importante conferencia que se celebrará este sábado 20 de octubre en Casa Bacardí de la Universidad de Miami.  Pienso conversar con ella y casi seguro incluiré lo que me diga al final de este artículo.  Recomiendo a todos los interesados que asistan a la conferencia; cuesta $25 e incluye desayuno y almuerzo.  El ex Secretario de Comercio americano bajo el presidente Bush hijo, Carlos Gutiérrez, abrirá la sesión de la mañana a las 9am.
El artículo de Tamayo menciona que el libro de Mikoyan/Savranskaya también trata de los 100 cohetes tácticos que no habían sido incluidos en el “entendimiento” entre Kennedy y Khrushchev, ya que no eran “armas ofensivas”  y que “inicialmente Mikoyan y las fuerzas armadas soviéticas estaban a favor de permitir que Castro quedara en control de las armas nucleares tácticas”, por lo menos hasta que Castro envió a Khrushchev la llamada “carta de la muerte” (doom letter) el 27 de octubre instándolo a lanzar un ataque nuclear contra Estados Unidos en caso de una invasión americana a Cuba. También menciona Tamayo que un cierto acuerdo oral (nunca he sabido de su existencia) soviético cubano del verano de 1962, “incluyó una promesa de que las tropas cubanas tomarían el control de las armas nucleares tácticas después de recibir entrenamiento”. Esto tampoco lo he encontrado en ninguna fuente que he consultado en 45 años y el tratado escrito entre Cuba y Rusia, que SI existe no contiene nada de esto.  Tamayo no alude a lo que Matthews asegura, que Khrushchev “decidió” dejarle los cohetes tácticos a Cuba, pero si menciona hiperbólicamente que de esto suceder, “Cuba se hubiera convertido en una potencia nuclear”.  Esto es una buena exageración cuando se habla de 80 cohetes que no tenían un alcance más allá de 110 millas y que no eran, ni podían ser, una amenaza para nadie.  En fin, a no ser que la señora Savranskaya me convenza de lo contrario, pienso que todo esto es extremadamente dudoso y difícil de probar, pues no creo que entre los 50 documentos incluidos en el libro se puedan encontrar pruebas concluyentes de que Khrushchev efectivamente tenía la intención de dejarle los cohetes tácticos a Castro. Es más, he leído dos cables publicados en la reseña del libro, uno de Mikoyan a Khrushchev desde Cuba el 6 de noviembre; el otro de Khrushchev a Mikoyan el 12 de noviembre.  Ambos cables son muy largos—el de Khrushchev tiene 22 páginas—y en ninguno de los dos se menciona la posibilidad de dejarle las armas nucleares tácticas a Castro. Esto es suficiente para mí.
Ni Dobbs, ni Gribkov/Smith mencionan nada sobre esto en sus documentados libros.  Naftali y Fursenko, que presentan un largo y detallado capítulo sobre la misión de Mikoyan a La Habana en su primer libro, One Hell of a Gamble (1997), si mencionan muchos detalles sobre el tema. Es más, la información que ofrecen en su libro es prácticamente la misma ahora “revelada” por el libro de Sergo Mikoyan, y ese otro libro fue publicado hace 15 años. Al ser informado Castro del “entendimiento” que retiraría todos los cohetes nucleares de Cuba, primero por el embajador Alekseyev, y luego por Mikoyan, su furia fue tal que ordenó a su Ministro de Relaciones Exteriores Raúl Roa que informara al embajador cubano ante la ONU, Carlos Lechuga, que “todavía tenemos armas atómicas tácticas, las que debemos conservar”.  En cuanto los rusos se enteraron de tal imprudencia, la cual podía echar por tierra todo lo acordado con Kennedy, insistieron que esa frase se retirara del cable a Lechuga, pero parece que algo ya sospechaba la administración de Kennedy por ciertos comentarios de Robert Kennedy al embajador ruso Dobrynin, quien ignoraba lo que estaba sucediendo.
Por otro lado, Naftali y Fursenko, aunque nunca mencionan que Khrushchev tenía intenciones de permitir a los cubanos conservar los cohetes tácticos, ni siquiera como un “desagravio” por la retirada de los cohetes estratégicos de largo alcance, indican que el Mariscal Malinovsky, Ministro de Defensa ruso, SI quería mantener los cohetes tácticos en la isla y así dio instrucciones al General Pliyev, a cargo de todas las fuerzas militares rusas en Cuba, para que se comenzara a entrenar a los cubanos en su uso.  Pero lo que SI hizo Mikoyan, de acuerdo con estos autores, por su cuenta, ya que carecía de instrucciones de Moscú, fue convencer a Castro de que los cohetes tácticos debían regresar a Rusia por ley rusa (no existía tal ley), tal como menciona el libro de Sergo/Savranskaya.  De manera que esto era bien conocido desde entonces; no hay nada “nuevo” en estas sensacionales “revelaciones”.  Además, no obstante el “acuerdo oral” que menciona Tamayo en su reportaje sobre el nuevo libro, si existía un tratado escrito (el cual nunca se firmó debido al fracaso del plan de Khrushchev y el desenlace de la Crisis), como ya he escrito antes, que específicamente establecía, en su artículo 14, que Rusia tenía el derecho de retirar todo equipo y material militar de Cuba.
En realidad, entonces, no es siquiera lógico pensar que Khrushchev haya nunca considerado dejarle las armas tácticas a Castro.  Si su plan maestro triunfaba, ya no habría necesidad de mantenerlas en Cuba.  Si el plan fracasaba, como resultó ser, entonces no tenía sentido correr el riesgo de que esas armas fueran descubiertas en Cuba, sobre todo después de la “carta de la muerte” del 27 de octubre.  No creo que más nada sea necesario  para desmentir estas alegaciones.  La historia también apunta contra intenciones rusas de transportar armas nucleares a otros países fuera de Rusia continental, mucho menos dejarlas en control de otros.  Por ejemplo, en los años 1950s, Mao Tse Tung pidió tanto a Stalin como a su sucesor Khrushchev, que mandaran bombas nucleares a China.  Los dos negaron la petición, Stalin aún después que China, instada por él mismo, entrara en la guerra de Corea y fuera amenaza por Estados Unidos con posibles ataques nucleares.  Khrushchev brindó asistencia técnica y asesores rusos a China, lo cual ayudó a Mao a producir armas nucleares en 1964, después que Rusia había retirado sus asesores y su ayuda a China.
Los resultados y conclusiones de la Crisis son muchos y muy distintos.  El primero y más obvio resultado fue que su decisión de introducir cohetes nucleares en Cuba le costó el cargo a Khrushchev dos años después.  Las relaciones entre Castro y Khrushchev, después de 1964, entre Cuba y Rusia, también cambiaron radicalmente.  Primero vino la rabieta de Castro por el retiro de las armas y tropas rusas (las que mucho le sirvieron para concentrar más de 30,000 tropas cubanas para la “limpieza” de opositores de las montañas del Escambray en Las Villas).  Pero poco después, Castro fue invitado a Rusia, donde pasó varias semanas en junio de 1963, y la bonanza de ayuda económica y militar a Cuba comenzó como resultado del viaje.  Castro, sin embargo, por muy agasajado y honrado que fue durante su estancia, nunca perdonó ni olvidó su humillación al final de la Crisis.  Decidió desde entonces establecer una política independiente—a su conveniencia—de Rusia, sobre todo en cuestiones internacionales.  Es verdad que por años pareció estar bajo el control ruso en las diversas intervenciones en casi todo el mundo y en la subversión en Iberoamérica y sobre todo África.  Pero cuando sus intereses diferían de los rusos, su voluntad prevaleció.  Aún cuando Moscú le negó ayuda económica y/o militar para ciertas de sus aventuras, Castro se aseguró de tener los medios económicos para lograr sus planes.  El dinero recaudado en su involucramiento en el narcotráfico mundial (desde 1961) fue más que suficiente para pagar por todas sus intervenciones internacionales que estaban en conflicto con los deseos rusos. (Continuará)