Por
Andrés PascualMEJOR SOLOS QUE CON EL CARDENAL ORTEGA
viernes, 2 de septiembre de 2011
MEJOR SOLOS QUE CON EL CARDENAL ORTEGA
(9-1-11-5:00PM)
Por
Andrés Pascual
Monseñor Jaime
Cardenal Ortega y Alamino parece cualquier cosa menos un “siervo de Dios”; es
más, si me aprietan, como a muchos representantes del aparato administrativo de
la Iglesia, e incluyo a parte del Colegio Cardenalicio, Obispado…les pongo a
buen recaudo “la esencia divina”, porque no hay algo más diferente a Dios, a
Jesús y al apostolado que muchas de estas “casas del señor”.
El mundo actual,
que se cae a pedazos, es la justificación absoluta de aquel genio
literario-filosófico del XVIII, ateo acérrimo que fue capaz de concederle a la
creencia en Dios la única posibilidad de controlar los instintos animales del
peor de todos los concebidos: el ser humano.
Cuando Voltaire
escribió que “si no hubiera Dios habría que inventarlo”, reafirmaba los miedos y
las esperanzas del hombre desde que comenzó a actuar con inteligencia como solo
controlables a través de la Fe; o a la ausencia de esta como el verdadero
principio del Armagedón.
Pero la Iglesia de
hoy enfrenta una conspiración todavía no localizable en su célula originaria: a
pesar de los escándalos de los últimos tiempos, fuerzas poderosas que apuestan
al desenfreno, al descontrol y a la anarquía en todos los sentidos, están a
cargo de la desmoralización del aparato único de confianza del hombre a la hora
de calmar la pena personal o el miedo en grupo y esto, con seguridad, hubiera
sido considerado por los grandes pensadores de antes como un peligro mayor para
la Humanidad que el problema que enfrenta con lo del abuso sexual a menores;
eriza el solo hecho de pensar en una Iglesia sin poder y abandonada, porque una
asociación atea mundial, que busca imponerse como dictadura sin igual en la
historia, se interpuso entre esta y el hombre… ¿De dónde saldrá el valor para
vivir la vida?, Porque está demostrado que el hombre de Fe es valiente, como no
lo es quien no la tiene ¿Con qué se sustituirá la esperanza? ¿Cómo soportará el
dolor una madre que pierda a un hijo cuando la realidad la asfixie, al reconocer
solo el hueco a donde descendió el cadáver como morada final?
La Cuba de hoy
necesita a una Iglesia que complemente con el valor del misionero el rescate de
su moral, su honor y su libertad. Para poder cumplir con ese compromiso, el
aparato eclesiástico tiene que reconocerse en la verdad, la justicia humana y el
hombre que la predique a cualquier costo que, para el sacerdocio, por su entrega
a Dios, es la propia vida.
La Iglesia no es
un aparato que pueda justificar ni encabezar el esclavismo en ninguna de sus
variantes, por eso sobrevivió a pesar de la Reforma.
Entonces, a la
Iglesia no se le pueden poner frenos, como ha intentado el Vaticano, cuando de
tomar partido al lado de los luchadores por la libertad de Cuba se trate; el
caso cubano, bien centrado en el Nuevo Mundo y vecino de los Estados Unidos, no
puede obviar la tremenda influencia histórica del Norte súper-desarrollado. A
fin de cuentas, Cristo levantó al hombre y su idea y limpió las calles de
Palestina del demonio del miedo en base a la Fe, que fue predicada y ordenada a
continuar predicándose: 2000 años después, el pequeño país del Caribe,
considerado la “llave del Golfo”, exige hoy la conducta de la iglesia en igual
nivel de honestidad, decisión y coraje que ayer hizo el primero de los mártires
de la religión que hoy lleva su nombre.
Esa Iglesia de hoy
en Cuba, encabezada por un cardenal que quizás no merece su título y tal vez le
fue concedido para crear una base sólida de importancia en un momento de
necesidad popular, aunque de pérdida de terreno de la fe cristiana en el país,
provocado por el discurso ateo de muchos años; por el adoctrinamiento y por la
proliferación del culto afro satánico, no está en disposición de ayudar a
rescatar ni la libertad ni el pleno convencimiento de la idea divina.
Cuando Ortega y
Alamino clamó por el cese de la represión contra las Damas de Blanco y, a su
vez, por el de las protestas del exilio contra artistas castro-comunistas que
visitan la ciudad y las colocó en un rasante comparativo de igualdad, hacia
realidad la sospecha de que esa Iglesia, por tener ese cardenal al frente en
Cuba, forma parte importante del grupo de desgobierno que esclaviza al país, por
su apoyo no tan velado, que va desde darle la espalda a la defensa de esas
valientes mujeres, hasta pretender, desvergonzadamente, comparar una acción con
la otra. O desde haber oficiado misa por la recuperación del tirano sin haberse
arrodillado, posiblemente, a implorar por la paz del alma de Orlando Zapata.
Si Ortega y
Alamino no es capaz de entender por miedo cómplice que las protestas de Miami
son de apoyo a las Damas de Blanco; porque se dirigen contra quienes en Cuba las
reprimen, ese es su problema; pero el pueblo debe saber que, durante lo que
reste de camino hasta la libertad total, mejor solos que mal acompañado por la
Iglesia, no por el aparato como tal, sino por un representante tan mezquino,
indigno, cobarde y manipulado por la tiranía para todo como el Cardenal que se
gasta, del que se desconoce aún la otra cara de la moneda escondida en el caso
de las ex carcelaciones que le tuvieron como supuesto intermediario.














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