DE LOS ARCHIVOS DE NUEVO ACCIÓN
(7-30-11-9:30AM)
MEMORIAS DE LOS DÍAS
DEL FUEGO-II
UN CAÑÓN
DE 20 MM PARA CAZAR VENADOS EN LOS EVERGLADES
Por Aldo
Rosado-Tuero
Nuestro
pequeño yate Crish Craft, necesitaba con urgencia ser artillado. Su débil
estructura no resistiría una ametralladora calibre 50, ni tampoco la teníamos. Y
mucho menos disponíamos del dinero necesario para adquirirla. Ojeando una
revista de cazadores en la Farmacia Roberts de Flagler y la 7 Avenida, descubro
un anuncio de la Hunter Lodge, de
Arlington, Virginia, donde ofrecían un cañón anti tanque Lahti finlandés, por la
increible suma de $99.99. Arranco la hoja y me la meto en el bolsillo. No había
para hacer el gasto de comprar la revista entera. Se me mete en la cabeza que
esa es la solución para nuestro problema y decido que hay que comprarlo. Hay
reunión urgente de camaradas de lucha y de mi familia, que decide una vez más
sacrificar la economía familiar en aras de mis ideales. Mi esposa Lidia aporta
$50.00, su cheque completo de la semana de su trabajo en El East Coast
Fisheries. Su hermano, mi cuñado Roberto, que pesca en las Bahamas y muchas
veces nos ha llevado recados y cartas a pescadores cubanos amigos, que se ven
con él en los lugares de pesca entre Cuba y Las Bahamas, nos regala los otros $
50, aduciendo que eso él se lo gasta en una juerga con sus compañeros de pesca.
Pablo Castellón ofrece su automovil y paga la gasolina en el viaje de Miami a
Arlington. Yo pagaré, los sandwiches y los refrescos que consumamos él y yo en
el viaje de ida y regreso y aporto 45 dólares para comprar 40 balas de 20mm(a
0.99 cada una).
Pablito y yo
nos vamos para Virginia con la misión de comprar el Lahti. Cuando llegamos a la
Hunter Lodge descubrimos que más que un cañón es un viejo rifle anti tanque de
20 mm, sobrante de la guerra ruso finlandesa. El rifle tiene unos pequeños
esquies, como para arrastarlo en la nieve.
En esta foto de la época que narramos,
aparecen en mi casa: de izquierda a derecha, Pablo Castellón Hernández, Orlando
Lorenzo y Raúl Hernández, estos dos últimos mencionados en la anterior semblanza
de esta serie(FOTO
ARCHIVO DEL AUTOR)
Cuando estamos
llenando los papeles para la compra se produce un momento embarazoso. Mi inglés
en esa época se limitaba a lo poco aprendido en las clases del Colegio
presbiteriano que me había impartido Miss Ann Horton y unas clases particulares
recibidas en mi casa en Cuba, con el libro de Sorzano Jarrín, con la jamaicana
Hilda (Tom is a boy, Mary is a girl, and the Smith Family). Cuando me preguntan
el propósito para el que quiero el cañón, no hallé que decir. Pensé para mi, "se
jodió la cosa", pero Pablo, veterano del batallón de paracaidistas de la
Brigada 2506, que había cursado estudios en los Estados Unidos, y hablaba
perfecto inglés, salió en mi ayuda y les dijo muy campante, "para
cazar venados en los Everglades, en la Florida". Yo quedé paralizado. Le
susurré a Pablo en español;- "tú estás
loco, de esta salimos presos". Pablito me calló con un gesto. Para mi
asombro, el dependiente se limitó a apuntar el propósito en la factura y a
cobrar el importe y a entregarnos la enorme caja, pues al cañoncito hubo que
desbaratarlo, para que cupiera en el carro de Pablo.
Llegados a
Miami, nos fuimos a los Everglades a probar el arma. Tres disparos bastaron para
saber de su eficacia. Nos quedaban 37 proyectiles. Había que ahorrarlos.
Aceptando una idea de Jorge Dorticós, le quitamos los esquies al enorme "rifle"
y le atornillamos las patas en unos huecos que horadamos en el fiber glass de la
cubierta.
El cañoncito
nos salvó la vida, en 1964. Salíamos de dejar un pequeño cargamento de
pertrechos y de infiltrar un par de camaradas de armas, por el norte de Las
Villas, entre Caibarién y Sagua, cuando nos descubrió una Lancha R 60, tripulada
por varios milicianos. Nos alcanzaron y hubo que responder a sus disparos,
cuando no nos detuvimos, al darnos el alto. Seguramente pensaron que eran
civiles que abandonaban la isla y esa fue su perdición. Cuando los tuvimos cerca
disparamos con todo lo que llevábamos abordo. Los rifle personales: garand,
carabinas M1 y un M3. Con el Lahti se dispararon 4 proyectiles. Al cuarto, que
aparentemente le pegó al depósito de combustible de la lancha de los milicianos,
ésta estalló en llamas y voló por los aires.
Nunca habíamos
calculado el recoil o "culateo" del cañón, ni lo habíamos probado disparando ya
montado en la proa y atornillado al enconfrado. Aquello fue el acabose, cada vez
que se disparaba un proyectil, el "culateo" del 20mm, estremecía todo el
yatecito y casi lo detenía y lo hacía ladearse. Yo creo que si se hubiera
seguido disparando con el Lahti, hubieramos destrozado la cubierta. (Continuará.
La próxima semblanza: "El día que el Tio Sam nos dijo ¡Basta!) (Publicado en
la edición del 23 de julio del 2007)
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