OBAMA MIENTE EN TODO, COMO UN NIÑO
(8-13-11-9:35AM)
Por Andrés Pascual
Las mentiras las
dicen los niños con la evidencia contraria a mano. Obama miente así y por eso es
peligroso, porque, como los Castro y “su grey infantil gerontocrática” en Cuba,
al actuar de esa forma, sin seriedad, sin responsabilidad, te escupe a la cara
que lo hace y lo dice porque “le sale de la gandinga”: si quieres, lo crees; si
no, “a otra cosa mariposa”.
Los ilegales
deberían reconocer “el tumbaíto” que se trae con ellos: cada vez que organizan
una protesta, el tipo prepara una visita a algún lugar donde, por regla general,
la minoría hispana o de etnias indígenas del subcontinente, que es la preferida
para cuestionar el capítulo por lo que suena y por lo visible que se hace, son
legales o autorizados bajo condiciones como el TPS.
Después de
solidarizarse con ellos, de llorar (como si fuera uno más) con ellos, porque
“sabe lo que sufre un deportado”, al día siguiente los raids contra estas
personas arrecian en niveles superiores al 70 % de lo que se hacía hasta el día
anterior. El próximo encuentro con el presidente “afro” (usé esa palabra porque
es injusto que se emplee con todos los negros que viven aquí y se deje al 1ero
del mundo fuera, como acostumbran CNN, The Miami Herald, The New York Times…),
será igual al anterior, solo que las deportaciones duplicarán el número pactado
con el ICE desde aquel momento… ¿Por qué le creen? Lo de que es elocuente no es
funcional, porque nunca ha podido convencer a ningún exiliado cubano (dije
exiliado, no comunidad), de sus reales intenciones encubiertas hacia la
dictadura. Con nosotros puede decir lo que le dé la gana, que no le creemos
porque nos sale de “la gandinga”.
Se están “partiendo
las patas” las agencias con el fin de lograr las licencias que les permitan
reactivar el “negocio” de los viajes que llaman de “pueblo a pueblo”,
recuperados por el afroamericano como una de las armas creadas por Clinton para
violar el embargo.
Hay quienes piensan
que un desastre electoral de Chávez en Venezuela pudiera ocasionar la pérdida
del apoyo económico que necesita la tiranía para mantenerse, cuando es al revés:
si Raúl dejara huérfano al gorila del Arauca del apoyo de la contra-inteligencia
militar y logístico, el simio no duraría una semana.
El cuento de la
dependencia de la dictadura del petróleo venezolano es real, pero no como lo
quieren hacer ver los venezolanos que llegan aquí como miembros de un exilio tan
raro como la lucha que desarrollan en su país; que le hacen un cuento al cubano
para que les abran espacio y los apoyen, lo que tal vez no merecen por razones
que no voy a repetir; que, además, vienen con el dinero que haga falta para
comprarse puestos de editores de periódicos, negocios y trabajos para su gente
del ambiente radiotelevisivo. Los mismos que han presentado en los talkshows de
Haza; primero, como “ex dirigente chavista”; después, como “ex funcionario
oficialista” y que, cuando el dinero empieza a correr, les cambian el cartelito
a “analista político”.
La tiranía cubana
la sostienen ciertos americanos: los políticos filocomunistas del partido
demócrata con el apoyo de algunos infieles del republicano y la combinación de
los más poderosos grupos económicos de este país, que incluye a gente de ambos
partidos.
Si Chávez se cae
mañana, pudiera ser porque la nomenklatura lo desprotegió, lo que sería posible
si los americanos se lo piden a los Castro. El tipo está en las manos de Raúl y
de Ramiro Valdés.
Eso es otra
garantía que le da credibilidad al castrismo ante la Casa Blanca, las demás son
históricas, desde 1957 con lo de Herbert Matthews en la Sierra y el New York
Times.
Según el Dpto. del
Tesoro, suavizar las restricciones contra la dictadura, específicamente lo de
“pueblo a pueblo”, es una alternativa (ya han emitido 30 licencias) de apoyo al
cubano común en su deseo de “determinar libremente el futuro de su país”, como
si fuera tan fácil.
Parece que estos
americanos del negocio con el castrismo no saben (o son los más estúpidos del
mundo) que, para entrar a Cuba, para moverse dentro, es obligatorio aceptar la
absoluta supervisión de la dictadura más las consecuencias que se deriven y que,
sin ningún tipo de escrúpulos, fusilan o le meten 100 años al que haga falta.
Visto el caso, se puede decir que Alan Gross no le interesa a ninguno de estos
elementos, de lo contrario, no encubrirían con mentiras relativas a la libre
determinación esa cochinada traidora de apoyo a la tiranía.
El grupo Obama
declaró que “estos viajes pueblo a pueblo son el apoyo a la sociedad civil y al
libre flujo de información” (lo que no dicen es que sociedad civil, para ellos,
es el grupo de disidentes y opositores pagados que firman o declaran cualquier
cosa que respalde, de forma encubierta, a la dictadura).
El grueso de
miembros de “la comunidad” que viaja a Cuba a diario es el mejor referente para
desmentir cualquier justificación, que descubre también los objetivos
verdaderos; porque, en cualquier cuadra, hay por lo menos un emigrado que, cada
noche, hace el cuento de cómo le va a Aroldis Chapman en el beisbol y a Gamboa
en el boxeo; qué marca de tennis es la mejor y lo último de Don Omar.
Son, nadie lo dude,
juglares del modo de vida americano por las calles de Cuba que, en buena medida,
compran una vivienda allá, envían a sus hijos 2 ó 3 meses de vacaciones, llevan
la hija para celebrarle los 15, ponen un negocito a nombre de un familiar y, a
menudo, sueltan lo malo que es esto y lo “hijo de puta que es el exilio”.
Nadie le puede
creer a Obama que esa “política suavizada” va a crear un teatro de
experimentación universitario, con una fotografía recorriendo el mundo en la que
se vea una sala de cualquier casa cubana y un americano-a (encubierto-a en una
ONG) dando clases de cómo se puede alcanzar la libre determinación del pueblo.
Los primeros que
ya “se prepararon” para esa política es la población; ahora, el que le crea al
presidente, que deje la billetera a buen recaudo.
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