
14 DE AGOSTO:CUMPLEAÑOS DE TAMARGO
martes, 16 de agosto de 2011
14 DE
AGOSTO:CUMPLEAÑOS DE TAMARGO
(8-14-11-5:00PM)

Por Esteban Fernández
Hace años,
muchos años, siendo yo un joven, escribí un libro sobre mi pueblo titulado
“Güines de mis Recuerdos”. Creo está demás decirles que no fue un “best seller”
ni nada parecido.
Sin embargo, cumplió
su cometido, fue comprado por mis coterráneos y saqué los gastos. Eso fue
todo.
¿Eso fue todo?
No, eso no fue todo, porque inocentemente incluí unas cuatro o cinco líneas y
esas palabras fueron la llave que abrieron un verdadero tesoro en mi vida.
Dije, contando
los inicios de toda mi vida como un niño que abre sus ojos a la belleza de un
pueblo y a la vida: “Los jueves desde muy temprano en las mañanas yo me sentaba
en un sillón en el portal de mi casa esperando que llegara el repartidor de
Bohemia, el negro Simón, en un intento porque nadie me ganara la revista y poder
leer antes que nadie a mi escritor favorito AGUSTÍN TAMARGO cuando yo tenía 10
años de nacido”...
Si eso lo
hubiera escrito cuando Agustín era famoso comentarísta en Radio Mambí quizás él
lo hubiera interpretado como una guataquería mas de las que le sobran a los
famosos. Sin embargo, fueron escritas por alguien ( al igual que la mayoría de
los cubanos en ese instante) que no tenía la más ligera idea de donde estaba
metido Agustín Tamargo. Inclusive yo no sabía si todavía estaba en Cuba. Lo
cierto es que no era el gran personaje que después brilló en el exilio miamense.
Pero,
dondequiera que se encontrara Tamargo, esas líneas en mi humilde libro, escritas
por un jovenzuelo en California, no solamente llegaron a sus manos sino que lo
impresionaron extraordinariamente.
Pero el haberlo
dicho cuando “él no era nadie en el destierro” me acredita hoy y me da la moral
para poder decir que casi desde que yo nací MI ESCRITOR PREFERIDO, EL MEJOR
ESCRITOR, SIEMPRE LO FUE AGUSTÍN TAMARGO.
Y por esas cosas
lindas de la vida ( y la vida tiene pocas cosas lindas) hace como 15 años me
llegan las primeras noticias de que Agustín Tamargo, mi ídolo de la niñez,
estaba reciprocando sus elogios hacia mi persona y decía cosas increíbles en
“Radio Mambí” como que “Aquel niño que me leía en Güines hoy vive en California
y según mi opinión es el mejor COSTUMBRISTA del exilio cubano”...
Y desde entonces
comenzó a leer mis escritos, y mientras tuvo voz leyó mis artículos. Y todavía
hoy me cuesta mucho trabajo aceptar que Agustín me admirara. Yo creo que es algo
así como lo que representara para un católico que el Papa dijera de él “que es
un gran religioso”.
Una mañana
cuando Agustín me entrevistaba en su programa le dije: "Hace varios día el ex
boxeador “Huracán” Carter al ver la película de su vida interpretada por el
actor Denzel Washington (un moreno súper bien parecido) dijo: “Wow, yo no sabía
que cuando yo era joven lucía tan bien”. Y eso es lo mismo que a mí me pasa
cuando usted, Sr. Tamargo, lee mis escritos, es cuando únicamente yo pienso:
“¡Ñooo, la verdad es que yo soy un buen escritor!, usted me hace lucir bien”...
Y todavía hoy al
conmemorar su nacimiento el dolor me embarga, no es justo que Agustín abandonó
esta vida sin ver a Cuba libre. Esa Cuba que era su total y única obsesión en su
vida. Esa Cuba por la cual él peleaba, se enojaba, se emocionaba y defendía con
toda entereza.
Cada cual tiene
el derecho de pensar de Agustín lo que mejor desee. Conozco a algunos que no lo
querían, y conozco a otros que hoy lo ponen al lado de Martí y Maceo. Eso es
parte de la libertad de opinión. Que cada cual crea lo que quiera.
Y les pido
que me respeten la creencia de que fue, para mi gusto, el mejor escritor que ha
dado Cuba, porque no han cambiado mis gustos y sigo pensando igual que aquel
niño que esperaba con ansiedad los escritos de Agustín en la calle Pinillos en
Güines.
NOTA AL
MARGEN DE ALDO ROSADO-TUERO: Me consta, porque tuve el privilegio de compartir
con Agustín junto a mi hermano Roberto Cruzamora, por lo menos una vez a la
semana, largas tertulias y cenas, que Tamargo esperaba con ansias las crónicas
de Estebita y que siempre las leía en su Mesa Revuelta.














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