INVENTA JEAN GUY ALLARD OTRA TENEBROSA NOVELA
(8-22-10-10:25AM)
Vuelve a las andadas el fabulador por excelencia del mentiriódico Granma, el franco canadiense, devenido en jinetero intelectual y chivato inventor de novelas tenebrosas, amalgamando los más disímiles y casi siempre repetitivos personajes, Jean Guy Allard.(Foto de la izquierda) Ahora, meses después de la muerte del húngaro croata Eduardo Rosza, asesinado en extrañas circunstancias por las fuerzas de Seguridad de Evo Morales en Bolivia, en abril del año pasado, resulta que se ha descubierto que—entre tantas otras cosas que se han inventado en año y medio— que "Rosza planeaba atacar a las 'Brigadas de cooperates cubanos en Bolivia', en contubernio con el terrorista internacional Armando Valladares". Y como siempre, repitiendo la misma técnica, el cuentista Jean Guy, se fabrica otra novela, en la que se mezclan los nombres de cubanos anticastristas, la CIA, “el pinto de la paloma” y “Mambrú” el que se fue a la guerra.
Según el pagado fabulador canadiense, un agente de la CIA—que por supuesto ya está muerto y no puede desmentirle—era el encargado no sólo de volar a Evo Morales, sino de atacar a los cubanos castristas que están en Bolivia. Y como era de esperar, en la trama no podían faltar de ingredientes la participación de la “mafia terrorista anti cubana” de Miami. Según una de las subtramas de la tenebrosa novela original del escritor de fantasías Jean Guy Allard, el representante en Bolivia de la “Human Rights Foundation” (Fundación de Derechos Humanos) Hugo Achá Melgar(en la foto de la izquierda), que “había estado todo el tiempo en contacto con el terrorista cubano-americano Armando Valladares, que es el hombre que dirige las actividades de esta fundación de la CIA desde New York”,era otro de los que estaba en el ajo de la cuestión Para poder justificar la parte de su sueldo de mercenario, que paga Hugo Chávez, Guy Allard también mezcla en la conspiración” a UNO America y a Alejandro Peña Esclusa, prisionero política del chavismo. Y como para que el lector se ataque de la risa en la trama se apunta que el difunto Rosza, “se distanció de sus padrinos separatistas de la oligarquía de Santa Cruz, porque éstos de negaron a entregarle los fenomenales recursos que él demandaba para comprar armas de destrucción masiva, como missiles y tanques de guerra, y buscó contacto con la CIA via Valladares”. O lo que es lo mismo, Valladares, según esta fábula tiene la llave de los truenos para entregar tanques de guerra y cohetes de largo alcanza y otras poderosas armas.
Y ya "en sus capítulos culminantes”—como se anuncian las telenovelas cuando están llegando a su fin—por supuesto, liga a “la mafia terrorista cubano americana de Miami” afirmando que “el difunto Rosza estaba en contacto con la organización fascista UnoAmérica, dirigida por Alejandro Peña Esclusa, quien tiene muchos contactos con la mafia cubano americana de Miami y dos grupos antichavistas afiliados a esa organización en esa Ciudad”.
Al novelista se le pasó incluir en la trama a Luis Posada Carriles y al salvadoreño Chávez Abarca. Al darse cuenta de este fallo, seguramente sus amos le ordenarán escribir una segunda parte de la novela que incluya a estos dos personajes ya que siempre el personaje “maligno” de Luis Posada Carriles, está a pupilo en las novelas del apapio de la pluma Jean Guy Allard. Guy Allard parece ser un pobre perrito amaestrado que se conforma con los huesos y las sobras de comida que le arrojan los Castro. Le recomendamos que haga contacto con algún productor de telenovelas, por ejemplo con la gente de O’Globo de Brasil, y seguramente, haría mejor fortuna, pues ha demostrado con creces que es un buen escritor de novelas de ficción, que siempre se ajustan a un mismo patrón, y que repite a los mismos villanos una y otra vez, lo que se ha demostrado le encanta a los fanáticos de las telenovelas.
Francamente, leyendo esta novela publicada hoy por Granma, uno se desternilla de la risa, pues no hay la más ligera variación, en los hechos y los villanos, con los anteriores culebrones que trata de vender Jean Guy Allard.
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