
¡COMO VIENE VA!
sábado, 7 de agosto de 2010
¡COMO VIENE VA!
(8-6-10-5:15PM)

Dionisio: Lo que escribes es como el colorario de lo que hemos estado comentando. Hay, sin embargo, algunas consideraciones que quisiera agregar. Amén de lo que señala con acierto y no menos frustración, que como sabes también comparto, tú amigo Aldo, sobre los errores de la "disidencia" -algo que pesa mucho- tampoco es probable que en medio de un ambiente totalmente represivo estén creadas las condiciones para la elaboración de una estrategia colectiva capaz de hacer mella en el sistema.
Ya lo había advertido, no sin cierto pesimismo y desasosiego, que el resultado visible e inmediato de la estrategia de la tiranía iba a poner en vilo lo positivo que pudo haber tenido el cúmulo de acontecimientos desencadenados con la muerte de Zapata. La razón se define simplemente: ellos tienen la fuerza del poder y como sabemos no paran mientes en usarla sin que cuente para nada el descrédito que ello les pueda causar.
La Iglesia Católica -desde mi punto de vista el único vehículo utilizado de nueva cuenta- en un país como el nuestro tiene su propia agenda y en su desenvolvimiento y desempeño tienen mucho que ver sus seculares intereses. El cardenal no habla públicamente, no realiza actividades eclesiásticas en las que haciendo uso de su representatividad y autoridad aliente la acción desde el púlpito -lo que no quiere decir alentar la sublevación popular- sino más bien ejercer su autoridad eclesiástica, al menos en relación con los "fieles". Otros purpurados lo han hecho; éste, sin embargo, no. Anda dando viajes a Washington y reuniéndose con funcionarios del Departamento de Estado. ¿Qué se oculta detrás de todo esto? No me gustan las especulaciones baldías y evito caer en ellas, pero por experiencia pienso que nada bueno ha de ser.
Hubo un tibio llamado, más para el consumo externo que otra cosa, a la necesidad de que el régimen introduzca cambios que "...beneficien a la población..." (sic), publicados en la revista del arzopispado; me pregunto: ¿cúantas personas en Cuba, tienen acceso a esa publicación? Pensemos entonces en la ya sistemática y presente permanencia de Castro en la televisión, la transcripción consecuente en la prensa de lo que dijo el día anterior, la discusión en círculos de estudio de las exposiciones del Comandante, en fin, lo que sabemos todos sobre lo que él mismo ha llamado "batalla de ideas". Ello se vincula con el propósito de la tesis de que en un régimen totalitario que se diga de inspiración marxista basta un muy reducido porcentaje de apoyo para mantener el poder. Los tiranos, que falsean este presupuesto invirtiendo falazmente los números, saben que es así y convierten su retórica en una "verdad impuesta" desde arriba. ¿Qué hace, por ejemplo, Chávez cuando dice que él no tiene nada que ver con las acusaciones interpuestas contra los principales accionistas de Globovisión y que es el pueblo quien reclama su presencia, a la vez que conmina a los encartados a comparecer ante la "justicia venezolana"? ¿Quién puede espetar en la cara de estos señores el calificativo de farsantes y mentirosos sin el peor de los resultados para quien se atreva a hacerlo?
Hoy escuché con interés una entrevista a Carmelo Mesa-Lago donde con conocimiento de causa explicó su criterio sobre las medidas propuestas por Raúl en su discurso del domingo frente a la Asamblea Nacional del Poder Popular. Sin dudas, decía, es más de lo mismo pero en menor cuantía. Los cubanos, escuálida y malintencionadamente informados se ilusionan y se deslumbran ante lo que llaman una apertura. A mi me basta con observar como Castro -el viejo- se va colando poco a poco para contrarrestar los pálidos efectos del librito que su hermano muestra en una mano, mientras se arma con el jan de la ideología para volver a cerrar todas las puertas. ¿Qué puede representar para un país arruinado -que ya ni siquiera es monoproductor de azúcar- un puñado de infelices vendiendo bisutería y panes con jamón o croquetas entre las ruinas de las ciudades? Si se fuera serio esto debería ser una vergüenza, máxime frente a la ola de despidos que se avecinan. Entre las cosas dichas por el "Presidente" hay quizás una sóla verdad: "...debemos acostumbrarnos a dejar de pensar que Cuba es el único país donde se puede vivir sin trabajar..."; y me pregunto: ¿Quiénes han sido los culpables?
Luego, sabiendo lo que Castro quiere y piensa -en ese orden-; la pregunta de rigor sería: ¿Qué piensan y quieren los cubanos? Elaborar conjeturas a manera de respuesta es harto difícil. Si como a veces me parece es la de una difuminada percepción de inmovilismo cómplice y culpable, que alguna vez todos asumimos, cualquier cosa sucederá menos conseguir los verdaderos, urgentes y necesarios cambios.
José A. Arias















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