AMNISTÍA PARA SATÁN

martes, 24 de agosto de 2010

AMNISTÍA PARA SATÁN
(8-23-10-5:30PM)
Por Lázaro González Valdés, ex prisionero de conciencia
Luego que el cura Jaime Ortega pidió “que el amor, la reconciliación y el perdón se abran paso entre todos los cubanos”, en Tumba Cuatro ocurrió lo siguiente.
-¿Cómo está Guajiro?
-¡Cómo puerco en la cochiquera. Esperando la puñalá!
-Vaya depresión la suya.
-¡Carijo, Apolonio, usted cree que soy un guanajo!
-Deje el berrinche compay. Vengo pa conversar pero primero bríndeme un poco de café.
El Guajiro entró a su bohío mientras Apolonio se dejó caer en uno de los taburetes situados fuera de la casucha para descansar entre una y otra faena agraria.
 -Agarre su café.
Los campesinos bebieron lentamente el contenido de los jarros humeantes. Del bolsillo de su camisa de caqui Apolonio sacó dos brevas rústicamente torcidas, le extendió una al Guajiro y comenzaron a fumar después de desechar 33 cerillas que no encendieron.
-Estos fósforos comunistas ni prenden- se quejó Apolonio.
El Guajiro de Tumba Cuatro sonrió astutamente y cuestionó: -¿Qué coño sirve en este país?
-La Habana está revuelta según me contó La Prieta, la sobrina de Pichilingo, que regresó de allá hace un par de días.
-¿Qué dice La Prieta?  -indagó el Guajiro chupando tanto el tabaco que la punta chisporroteó.
-Ella dice que hay unas mujeres que los domingos cuando salen de la misa caminan pidiendo la libertad de sus familiares presos políticos.
-¡Coñoooo!
-Pero también me contó que un preso político se murió en huelga de hambre protestando contra los ñangaras y que una familia matancera salió tronco en mano a enfrentarse a los chivatientes del MININT.
-¡No hay mal que dure cien años ni cuerpo que lo resista!
-La Prieta me confesó que ese cura vestido de rojo...
-¿El Cardenal Ortega?
-Ese mismo. El curita Ortega está pidiendo que nuestro problema se arregle con amor, reconciliación y perdón.
-¡Venga El Diablo y monte mi yegua Pomarrosa! ¡Qué carajo tiene que meterse un cura en asuntos políticos!  -se quejó el Guajiro sacándose el tabaco de la boca y exhalando más humo que una locomotora de carbón por su chimenea.
-Compay, ¿no le parece bien eso de reconciliarse y perdonar pa que todo marche en paz?
-Apolonio, usted está tomao.
-Negativo compadre.
-Entonces como usted se cree el cuento de que con amorío, perdones y reconciliación se arreglan años de maltratos, muertes y sufrimientos de todo tipo. ¿Usted come de la que pica el pollo?
-¡Caray Guajiro, qué quiere, que los curas suelten las sotanas, agarren una escopeta y se alcen pa la loma!
-Podrían rezar más y pasar menos el cepillo en las misas.
-Te equivocas Guajiro porque, según me dijo La Prieta, el Cardenal conversó con el alto mando comunista y consiguió la liberación de muchos presos políticos. ¡Así que el método de Ortega ha dado resultados positivos!
-Positivo era uno de los bueyes de Genaro. El otro era negativo. Recuerda que a los dos le dieron tafia los matarifes de la zona y dejaron a Genaro sin bestia pa arar.
-Contigo no hay razones ...
-Las razones no funcionan con hijoeputas como los comunistas. A ver, ¿quién me garantiza que la Iglesia Católica y el Cardenal no se han puesto a favor de los ñángaras pa, por ejemplo, conseguir que les devuelvan las clínicas y las escuelas que les quitó el Comandante en Jefe? ¿Tú me lo garantizas?
-No. Yo no garantizo nada pero...
-¡Pero nada!
-Si los curas piden reconciliación, amor, perdón y la respuesta del gobierno es liberar presos o aflojar un poco la soga que nos aprieta pues ¡del lobo un pelo! ¿No crees que es una solución aceptable?
-Bueno Apolonio, vamos a virar la tortilla pa poner en claro este asunto. Si el Cardenal y su iglesia son capaces de perdonar a los comunistas después de lo que nos han hecho, pa ser consecuentes con su prédica de ponle la mejilla derecha a quien te golpee la izquierda, ellos también deberían perdonar a Satanás. Así se acabaría el eterno problema entre el bien y el mal...
-Pero Guajiro...
-¡Pero Guajiro un carajo. No me interrumpas cuando hablo! 
Apolonio se puso de pie y lanzó la breva contra el piso.
El Guajiro de Tumba Cuatro también se levantó bruscamente del taburete y agregó: ¿O es que hay perdón para unos y no para otros?
-Contigo no hay quien hable civilizadamente Guajiro- sentenció Apolonio al tiempo que se retiraba del lugar.    
-¡Y contigo no habló más hasta que vengas a anunciarme la amnistía de Satán!
Desde ese día Apolonio y el Guajiro no se dirigen la palabra. Ni siquiera se saludan cuando se cruzan en algún camino.
Como era de esperar la bronca trascendió y ahora los residentes de Tumba Cuatro, con opiniones divididas en pro de uno y otro, esperan por la reconciliación de estos compatriotas.
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