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CARLISTAS EN LA GUERRA DE SECESIÓN

jueves, 15 de noviembre de 2012


CURIOSIDADES HISTÓRICAS
CARLISTAS EN LA GUERRA DE SECESIÓN
(11-13-12-9:50AM)
Por Rodolfo Jorge Brieba 
Un episodio bastante desconocido de nuestra historia son las guerras carlistas, y dentro del mismo, más aún la participación carlista en la guerra de secesión americana. Muchos carlistas, entre 4000 y 7000, se unieron a las tropas confederadas al inicio de la Guerra. Es posible que esta cifra pudiera ser incluso superior, dado que otros contingentes se unieron mediada la contienda e incluso en los estadios finales de la Guerra, cuando ya todo estaba perdido.
¿Por qué este afán de lucha más allá del océano? Resulta lógica la afinidad entre carlistas y confederados:(a la izquierda las banderas carlista y confederadas) defensa de un orden tradicional y agrario, apegado a la tierra y a la naturaleza, defensa de los derechos de los Estados a decidir su propio futuro (no olvidar que los estados confederados eran eso precisamente: Estados, libres e independientes, integrados en la Unión voluntaria y libremente). Añádase a esto el interés que había –que se llegó a discutir en el Parlamento de la Confederación en Richmond, Virginia- en proclamar la Confederación como una República Cristiana, donde todas las leyes tendrían que estar en consonancia con los Mandamientos de la Ley de Dios. Todo ello casaba perfectamente con el ideario carlista. Era pues lógico que los exiliados carlistas se sintieran proclives a abrazar esta causa. 
Huelga decir que los carlistas, como buenos católicos, sentían profunda aversión por la institución de la esclavitud, “la oprobiosa institución” como los Papas la habían denominado secularmente. Como aversión por la misma sentían tanto el General Robert E. Lee como el Presidente Jefferson Davis, que habían dado libertad a sus esclavos en los años anteriores a la Guerra de Agresión Yanqui, a diferencia del presidente Abraham Lincoln, que dictaba la libertad de los negros esclavos en los territorios que no controlaba militarmente, pero no en la zona yanqui que él presidía (donde si bien eran escasos en número debido al desarrollo industrial yanqui que no necesitaba esclavos pues los sueldos mínimos y el propio trabajo en las fábricas ya era una nueva forma de esclavitud, no fueron liberados hasta después de la guerra, dándose la paradoja que los negros que llegaban del Sur eran libres y no los del Norte). Tan adictos a la esclavitud eran algunos “protectores de los esclavos” que el alcohólico (al parecer luego rehabilitado) Ulysses Grant, General y luego Presidente de los Estados Unidos, seguía con sus esclavos particulares en 1866, cuando ya había sido dictada la liberación de todos los negros no sólo en el Sur ocupado, sino también en el Norte. Baste decir que casi la totalidad del comercio de esclavos de Norteamérica estaba centralizado en un estado como Rhode Island, que como todo el mundo “sabe”, era plenamente norteño y yanqui, y el 100 % de los buques dedicados al comercio de esclavos estaban registrados en los estados de Nueva Inglaterra y en manos yanquis. 
Para muchos españoles carlistas, especialmente aquellos vascos y catalanes que habían luchado en la Segunda Guerra Carlista, conocida como “Guerra dels Matiners” en el Principado de Cataluña, la situación en España se hizo insostenible. De ahí que el contingente de carlistas emigrados a la Confederación fuera mayoritariamente catalán, valenciano, navarro y vascongado, regiones hispánicas donde esta guerra fue particularmente virulenta. También algunos castellanos dispersos, más por afinidad que por represalias. Familias españolas enteras, incluyendo mujeres, niños y ancianos, volvieron a hollar los mismos territorios otrora del Imperio Español en Texas, Louisiana, Florida y otros estados sureños. Cabe decir que allí les recibieron con los brazos abiertos. 
Una vez en el Sur, muchos carlistas militaron en los famosos “Louisiana Tigers”, la división más condecorada, brava y valiente de la Guerra, compuesta en su gran mayoría por voluntarios irlandeses. De ellos dijo el General Robert E. Lee con lágrimas el día de su rendición, y delante de todo su propio Ejército de Northern Virginia, que si todos sus soldados hubieran sido como ellos, hace tiempo que la victoria hubiera caído del lado confederado. No es extraño esto, pues la herencia celta-española es a menudo negada, y es sabido que irlandeses, escoceses, franceses del oeste y los pueblos celtíberos de la Península están entre los guerreros más fieros del mundo, al menos históricamente. Cito: “La participación heroica de los carlistas españoles con las tropas confederadas en la Guerra Civil americana llevó a que Jefferson Davis les concediera la ciudadanía norteamericana y el mando directo de Echegaray.” 
El general español Echegaray mandó un cuerpo de tropas carlistas: los piquetes confederados de la Segunda División de Tennessee. La gesta de Echegaray venciendo a los federales en West Woods para a continuación morir en otra acción de campaña donde se enfrentaron gallardamente a fuerzas diez veces superiores en número, es recordada en los anales de la historia militar sureña, y, por ende, estadounidense. 
También cabe reseñar la impresión que dejaron los voluntarios carlistas que se unieron al Ejército de Northern Virginia. De éstos, muchos de ellos combatientes de la legendaria Brigada Zumalacárregui(en la foto, el general Carlista Tomás de Zumalacárregui) que a punto estuvo de derribar el gobierno liberal de Madrid, dijo el general confederado Ambrose Power Hill: “Mis toscos, harapientos y valerosos leones de la Providencia…”. Parece ser que estos antiguos y veteranos combatientes de las montañas españolas lucharon en tierras americanas llegando a tocar con sus boinas rojas el uniforme confederado que vestían. Su uniforme resultó ser una rara mezcolanza de zuavos, boinas, mantas de leopardo... Estos herederos de la Brigada Zumalacárregui fueron los que consiguieron la toma épica de la colina de Malvern Hill, a partir de la cual los carlistas recibieron siempre un trato especial dentro del Ejército de la Confederación y estuvieron ya siempre al mando de un español, nunca más de un oficial extranjero. 
Otro episodio de los carlistas españoles en suelo americano constituyó la defensa y freno de la Segunda División Federal, los Regimientos 89º de Illinois y los 32º y 39º de Indiana, al mando del general yanqui August Willich en Harpers Ferry. El Regimiento 35º de Tennessee de requetés –que ya había sido rebautizado con el imperial nombre de “Regimiento Nueva España”, como el Virreinato al que estos territorios pertenecieron en origen- frenó el avance de las tropas federales, permitiendo la marcha forzada del 19º de Arkansas que permitió al General Lee, que mandaba también las tropas requetés, para infligir una severa derrota al General McLellan. Las bajas de las tropas tradicionalistas españolas, especialmente de los fusileros de Navarra (el 41º de Tennessee), fueron altísimas (cerca del 70%). 
En 1863 entró en combate otro Regimiento, los Húsares del Maestrazgo, que traían el eco lejano de la comarca castellonense donde los carlistas se habían batido con fiereza contra las tropas liberales y habían infligido contundentes derrotas al ejército isabelino hasta el punto de generar en estas comarcas un estado paralelo y completamente autónomo que no precisaba del gobierno liberal de Madrid para nada. 
Si alguien se acerca un día al Cementerio Nacional de Antietam (El campo de batalla nacional de Antietam es una localización histórica increíblemente importante. En 1863, el campo de batalla era el sitio de la primera invasión del norte del ejército confederado. La batalla fue simplemente brutal con sobre 23.000 soldados matados o heridos. La batalla pasa por ser el acontecimiento one-day más sangriento de la historia de EE.UU.. En 1934, Antietam fue establecido como parque nacional. A la luz de su importancia histórica, es una destinación turística importante con cerca de 300.000 visitantes que visitan anualmente el parque. En él se hayan enterrados soldados de ambos bandos), hay algunas localizaciones que no debes dejar de ver. Localizado encima de una colina, el cementerio nacional de Antietam es el lugar de reposo de cerca de 4.000 soldados. Si giras un poco hacia la derecha y desciendes la colina un trecho, podrás ver las tumbas con plenos honores de nuestros compatriotas: los soldados y oficiales carlistas caídos en tierras extrañas...

¿POR QUÉ LE IMPORTA LA SOBERANÍA A AMÉRICA?

martes, 14 de agosto de 2012


¿POR QUÉ LE IMPORTA LA SOBERANÍA A AMÉRICA?
(7-26-12-5:15pm)
Estados Unidos es una nación soberana. La soberanía es una idea simple: Estados Unidos es una nación independiente, gobernada  por el pueblo americano, que controla sus propios asuntos.
El pueblo adoptó la Constitución y creó un gobierno. Elige a sus representantes y hace sus propias leyes.
Los Padres Fundadores comprendieron que si América no tenía soberanía, no tendría independencia. Si una potencia extranjera puede decirle a América “lo que tenemos o no tenemos que hacer” según escribió George Washington a Alexander Hamilton, eso significaría que “todavía seguimos buscando Independencia y habríamos luchado hasta ahora por muy poca cosa”.
Los Fundadores creían en la soberanía nacional. En 1776 lucharon por ella. Pero, ¿por qué le importa aún la soberanía a Estados Unidos?
La Declaración de Independencia nos dice por qué la soberanía era importante para los Fundadores de la nación.
Cuando Estados Unidos declaró su independencia en 1776, la Declaración describía a los americanos como “un pueblo” que tenía el derecho de “asumir ante las potencias del mundo la separada y equivalente posición a que le dan derecho las Leyes de la Naturaleza y el Dios de la Naturaleza”.
Con estas palabras, Estados Unidos declaró su soberanía. Se convirtió en una nación separada, con derecho a todos los derechos de las naciones existentes. Por tanto, reclamaba para sí “pleno proceder de declarar guerra, firmar paz, contraer alianzas, establecer comercio y todas las otras cosas que los estados independientes tienen derecho a hacer”.
Pero las naciones de entonces eran monarquías en su mayoría. Los Padres Fundadores tenían una visión diferente para América. Estados Unidos era legítimamente soberano, no por decreto de un rey, sino porque en América quien gobierna es el pueblo.
El propósito del gobierno es asegurar los derechos del pueblo. Los gobiernos legítimamente soberanos derivan “sus justos poderes del consentimiento de los gobernados”. Por tanto, la soberanía de Estados Unidos se justifica en el derecho inherente, conferido por Dios, al autogobierno.
La Declaración enumera las formas en que el rey Jorge III infringió las libertades de los americanos y les negó su derecho al consentimiento de las leyes por las que eran gobernados. Mediante sus “repetidas ofensas y usurpaciones que todas persiguen el fin directo de establecer una tiranía absoluta”, el rey había tratado a los colonos americanos como meros súbditos a los que gobernar.
La lista de agravios de la Declaración incluyen:
Para transportarnos más allá de los mares, con el fin de ser juzgados por supuestos agravios.”. El rey declaraba tener la autoridad para apresar colonos americanos y forzarlos a someterse a juicio en Gran Bretaña por delitos supuestamente cometidos en América.
“Se ha asociado con otros para someternos a una jurisdicción extraña a nuestra Constitución y no reconocida por nuestras leyes”. Aunque los colonos americanos eran súbditos británicos, nunca consintieron estar ligados a los mandatos del Parlamento británico, un cuerpo legislativo en el que no estaban representados.
“Imponernos impuestos sin nuestro consentimiento”. Los americanos estaban indignadísimos por la imposición real de la Ley de Imprenta de 1765 que gravaba a los colonos requiriendo que sus documentos legales, periódicos y revistas se imprimiesen en un papel especial hecho sólo en Londres.
Estos actos impedían la capacidad de los colonos de gobernarse a sí mismos. Un pueblo, sujeto a impuestos foráneos o a ser llevado allende los mares para enfrentarse a acusaciones criminales en una tierra extraña, no es un pueblo verdaderamente independiente. En la Declaración, los Padres Fundadores dieron aviso de que esos ataques a la soberanía americana no se consentirían.
Pero hoy nuestra soberanía se enfrenta a nuevas amenazas. Las organizaciones y cortes internacionales pretenden dar nueva forma al sistema internacional. Se pretende que los países renuncien a su soberanía y sean gobernados por “consenso global”. Las naciones independientes, soberanas, serán reemplazadas por organizaciones “transnacionales” que rechazan el principio de soberanía nacional.
La exigencia de que Estados Unidos ceda a este “consenso global” no respeta la soberanía americana. Las ofensas de las que los Fundadores se quejaban en la Declaración de Independencia tienen ahora un aire internacional. Este nuevo proyecto está repleto de ejemplos de instituciones, cortes e “impuestos” que violan el espíritu de la Declaración:
En 1998 se creó la Corte Penal Internacional. Tiene poderes para someter a soldados americanos a enjuiciamiento criminal en Holanda por acusaciones de crímenes de guerra y contra la humanidad. Los Fundadores rechazaban que se juzgara a americanos fuera de cortes americanas de justicia.
En Kioto, Japón, en 1997, y en Copenhague, Dinamarca, en 2010, una conferencia internacional redactó un tratado global para regular el uso de energía en Estados Unidos. Una burocracia internacional controlaría el cumplimiento de los términos del tratado. Los Fundadores rechazaban la idea de que se sometiese a los americanos “a una jurisdicción ajena a nuestra Constitución”.
En años recientes, organizaciones internacionales y líderes extranjeros han propuesto “impuestos internacionales” a billetes de avión y transacciones financieras — impuestos que serían pagados por empresas y ciudadanos americanos. Lo recaudado sería gastado por organizaciones internacionales sin obligación de rendir cuentas. Los Fundadores rechazaban impuestos sin derecho a representación política.
Esta visión transnacional también conlleva profundas implicaciones para la seguridad nacional de Estados Unidos. Muchos líderes internacionales, e incluso algunos académicos americanos especializados en leyes, creen que el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas — y no el pueblo americano, el presidente o el Congreso — deberían tener la última palabra sobre la legitimidad del uso de la fuerza del ejército de Estados Unidos.
Las organizaciones internacionales buscan dictar aspectos fundamentales de la vida personal y profesional de los americanos. Esos comités, cuyos miembros incluyen egregios violadores de los derechos humanos como Cuba, China o Siria, sermonean habitualmente a Estados Unidos para que implemente cupos raciales o de género y dan lecciones a las familias americanas sobre cómo educar a sus propios hijos. 
El adecuado ejercicio de la diplomacia por Estados Unidos no amenaza nuestra soberanía. Los Padres Fundadores comprendían el valor de la diplomacia. Escribieron la Constitución, en parte, porque querían que Estados Unidos pudiese negociar tratados con otras naciones. Pero también entendían que, a la postre, la política exterior de Estados Unidos debería ser controlada por el pueblo americano.
Por ejemplo, ésa es la razón por la que el Senado de Estados Unidos debe aprobar los tratados que negocia el presidente. Así es como funciona nuestro proceso diplomático. Pero hoy, la soberanía americana está amenazada por los muchos tratados que procuran quitar poder a las naciones que los negocian. La solución no está en rechazar los tratados o la diplomacia: Está en volver a la visión de los Fundadores y a su creencia en que los americanos tienen un derecho inherente al autogobierno a través de sus representantes electos, derecho que ningún tratado puede abolir.
Los redactores de la Declaración se sorprenderían de ver a sus compatriotas sometiéndose a estas organizaciones internacionales y a las restricciones de su independencia que éstas han generado. Por supuesto, Estados Unidos podría trabajar con otras naciones a partir de sus principios para favorecer sus intereses nacionales. Pero los Fundadores se quedarían con la boca abierta al ver la extensión y profundidad de las amenazas a la soberanía nacional que supone esta nueva visión transnacional.
Los Fundadores no arriesgaron la vida, la fortuna y su sagrado honor al deshacerse del dominio del rey Jorge III para que, doscientos años más tarde, Estados Unidos se sometiese a los caprichos de burócratas extranjeros no electos en las urnas y de abogados internacionales. La soberanía fue esencial para la fundación de América en 1776 y es esencial para América en la actualidad.
Al declarar su independencia del rey Jorge III y del Parlamento británico, la nación americana declaró su soberanía. Dedicándose a los principios de libertad, igualdad y consentimiento popular estableció el estándar por el que todas las naciones soberanas han de ser juzgadas.
**Steven Groves es investigador adscrito a la donación Bernard y Barbara Lomas del Centro Margaret Thatcher por la Libertad, una división de la Fundación Heritage.

JOHN F. KENNEDY Y LA RESERVA FEDERAL ¿MATARON A KENNEDY POR ESTA ACCIÓN?

martes, 4 de octubre de 2011

OTRAS VOCES:
JOHN F. KENNEDY Y LA RESERVA FEDERAL
¿MATARON A KENNEDY POR ESTA ACCIÓN?
(10-2-11-5:00PM)
Edificio de la Reserva Federal
La reserva federal y la orden ejecutiva 11110
“La misma palabra ‘secreto’ es repugnante en una sociedad libre y abierta”. JOHN FITZGERALD KENNEDY
Texto original: Cedric X, “The Final Call”,
Vol. 15, No.6, On
January 17, 1996
Traducido por: Greg Grisham
El 4 de junio de 1963, John Fitzgerald Kennedy intentó quitarle a la Reserva Federal de EE.UU. su poder de prestar dinero con interés al gobierno. El entonces presidente firmó la Orden Ejecutiva Nº 11110 que devolvió al gobierno de los EE.UU. la facultad de emitir moneda, sin tener que pedirlo prestado a la Reserva Federal. Kennedy dió a la Tesorería la facultad “para expedir certificados de plata respaldados por reservas de plata metal en el Tesoro“. Esto significa que por cada onza de plata en poder del Tesoro el gobierno podría poner nuevo dinero en circulación. En total, cerca de 4,3 millones de estos “dólares Kennedy” fueron puestos en circulación por este mandato de Kennedy. Las ramificaciones de este proyecto de ley eran y siguen siendo enormes.
Con un golpe de pluma, Kennedy dictó la sentencia de muerte de la Reserva Federal. Si una cantidad suficiente de estos billetes respaldados en plata hubieran sido puestos en circulación se hubiera eliminado la demanda para billetes de la Reserva Federal porque los “Billetes de Plata de Kennedy” estaban respaldados por metales preciosos y los de la Reserva Federal por nada. La Orden Ejecutiva 11110 hubiera impedido que la deuda nacional llegase a su nivel actual, debido a que hubiera dado al gobierno la capacidad de reembolso de la deuda sin tener que acudir a la Reserva Federal y el subsiguiente pago de intereses a fin de crear el nuevo dinero. La orden Ejecutiva 11110 dio al Congreso de los EE.UU. la posibilidad de crear su propio dinero respaldado por plata y libre de deuda e interés.
Sólo cinco meses después de que fuera asesinado Kennedy, dejaron de imprimirse más “Billetes de plata”. El decreto 11110 nunca fue derogado por ningún Presidente después por Orden Ejecutiva y legalmente sigue siendo válido hoy día. ¿Por qué entonces no lo ha utilizado ningún presidente después? Prácticamente la totalidad de los casi 6 billones de dólares de la deuda federal ha sido creada desde 1963, y si un presidente hubiese utilizado la Orden Ejecutiva 11110, la deuda sería muy diferente de los niveles actuales. Quizás el asesinato de JFK fue una advertencia a futuros presidentes que piensen eliminar la deuda federal revocando el control que tiene sobre la creación de dinero la Reserva Federal.
Kennedy desafió a los gobernadores del dinero retando a los dos vehículos más eficaces jamás utilizados para provocar el aumento de la deuda - la guerra y la creación de dinero por un Banco Central privado-. Sus esfuerzos por replegar todas las tropas de Vietnam en el 64, y por la Orden Ejecutiva 11110 hubieran cortado severamente a los beneficios y el control del establecimiento bancario de Nueva York. Ahora que EE.UU. se arrastra por el fango en el Suroeste Asiático y alcanza una deuda más que insostenible nos hace preguntar: ¿algún candidato de estas campañas presidenciales tiene el valor de considerar la utilización de la Orden Ejecutiva 11110 y está dispuesto a pagar el supremo precio por hacerlo?
EXECUTIVE ORDER 11110
ENMIENDA DE LA ORDEN EJECUTIVA NO. 10289
En virtud de la autoridad conferida a mi persona por la sección 301 del título 3 del Código de los Estados Unidos, se ordena de la siguiente manera:
Sección 1. Decreto Ejecutivo Nº 10289 de 19 de septiembre de 1951, en su versión modificada, se vuelve a modificar -
Al añadir al final del párrafo 1, el siguiente inciso(j):
(j) La autoridad que recae en el Presidente por el párrafo (b) de la sección 43 de la Ley de Mayo 12,1933, en su versión modificada (31 USC821 (b)), para emitir certificados de plata respaldado por reservas de plata de La Tesorería, para prescribir la denominación de tales certificados de plata, y emitir monedas dólar de plata estándar y divisa subsidiaria por su equivalente en plata.
Revocando los incisos (b) y (c) del apartado 2 del mismo.
Sec. 2. Las modificaciones introducidas por la presente Orden no afectarán a ningún acto realizado, o cualquiera de los derechos devengados o cualquier juicio o procedimiento presente o iniciado en cualquier causa civil o penal antes de la fecha de la presente Orden, pero todos esos pasivos continuarán y pueden ser ejecutados como si dichas modificaciones no se hubiesen hecho. John F. Kennedy, La Casa Blanca, el 4 de junio de 1963.
El hecho de que tanto a JFK como a Lincoln les tocara el mismo fin no es mera coincidencia. Abajo la política monetaria de Abraham Lincoln. 1865 (página 91 del documento Senado 23.)
"El dinero es la criatura de la ley y la creación de la emisión original de dinero debe mantenerse como monopolio exclusivo de un gobierno nacional.
El dinero no posee valor para el Estado salvo el que obtiene por circulación.
El capital tiene el lugar que le corresponde y tiene derecho a toda protección. El salario de las personas debe ser reconocido en la estructura y en el orden social como más importante que los salarios de dinero.
Ningún deber es más imperativo para el Gobierno que el deber que se debe proporcionar al Pueblo con una moneda sólida y uniforme, y de la regulación de la circulación de este medio de intercambio de modo que se proteja el trabajo de una moneda viciosa, y el comercio se facilitará por el intercambio seguro y barato.
La oferta disponible de Oro y Plata es totalmente insuficiente para permitir la emisión de monedas de valor intrínseco o papel moneda convertible en moneda en el volumen necesario para cubrir las necesidades del Pueblo. Alguna otra base para la emisión de moneda debe desarrollarse, y algunos medios que no sean el de la convertibilidad en moneda debe ser desarrollado para prevenir la excesiva fluctuación en el valor de la moneda papel o cualquier otro sustituto por dinero de valor intrínseco que podría entrar en uso.
Las necesidades monetarias de un número creciente de personas que avanzan hacia niveles más altos de vida pueden y deben ser cumplidas por el Gobierno. Tales necesidades pueden ser atendidas por la emisión de una moneda nacional y de crédito a través de la operación de un sistema bancario nacional. La circulación de un medio de intercambio emitido y respaldado por el Gobierno puede ser adecuadamente regulado y la redundancia de emisión evitada por retirar de la circulación esas cantidades que sean necesarias a través de impuestos, reintegro, y demás. El Gobierno tiene la facultad de regular la moneda y el crédito de La Nación.
El Gobierno debe respaldar su moneda y crédito y los depósitos del Banco de la Nación. Ningún individuo debería sufrir una pérdida de dinero a través de la depreciación o inflación de la moneda o de la quiebra de un banco.
El Gobierno que posee el poder de crear y emitir moneda y crédito como dinero y de disfrutar el derecho a retirar tanto la moneda como el crédito de la circulación a través de Fiscalidad, no necesita ni debe obtener préstamos a interés como medio de financiación de los trabajos gubernamentales y empresas públicas. El Gobierno debe crear, emitir, y distribuir toda moneda y crédito necesario para satisfacer la capacidad de gasto del Gobierno y el poder adquisitivo de los consumidores. El privilegio de la creación y emisión de dinero no es sólo la suprema prerrogativa de Gobierno, sino es su más grande oportunidad creativa.
Mediante la adopción de estos principios, la larga espera por un medio uniforme será atendida. Los contribuyentes ahorrarán inmensas sumas de intereses, descuentos, y cambios. La financiación de toda empresa pública, el mantenimiento de gobierno estable y ordenado progreso, y la realización de la Tesorería se convertirán en asuntos de administración práctica. El pueblo puede ser y será servido con una moneda tan segura como su propio Gobierno. El dinero dejará de ser el amo y se convertirá en sirviente de la humanidad. La democracia se elevará superior al poder del dinero."
Un poco de información sobre la Reserva Federal, una corporación privada.
Una de las preocupaciones más comunes entre las personas que se dedican a cualquier intento de reducir sus impuestos, es: “¿al guardar mi dinero se debilitará la capacidad del gobierno de pagar sus facturas?” Como se explica al principio de este informe: El impuesto de la renta moderna no fue diseñado para pagar ni paga los servicios gubernamentales. Lo que sí hace es financiar el Sistema privado de La Reserva Federal.
“El Sistema de la Reserva Federal”, se define en los diccionarios de derecho como: “La red de doce bancos centrales a la que pertenecen la mayoría de los bancos nacionales y a la que pueden pertenecer bancos estatales. Normas de composición requieren la inversión de valores y reservas mínimas.
Bancos privados son propietarios de La Reserva Federal. Esto se explica con más detalle en el caso de Lewis contra los Estados Unidos, Federal Reporter, 2 ª Serie, Vol. 680, Páginas 1239, 1241 (1982), en el cual el tribunal dice:
Cada Banco de la Reserva Federal es una corporación aparte y es propiedad de los bancos comerciales en su región. Los bancos comerciales accionistas en La Reserva Federal eligen dos tercios de los nueve directores del consejo de administración. Del mismo modo, los bancos de la Reserva Federal, aunque muy regulados, son controlados localmente por sus bancos miembros. 
En el siguiente extracto de los diccionarios de derecho, encontramos que estos bancos de propiedad privada en realidad emiten dinero.
Acta de Ley de la Reserva Federal: Ley que crea los bancos de La Reserva Federal que actúan como agentes en el mantenimiento de reservas de dinero, emitiendo dinero en forma de billetes, prestando dinero a bancos, y en la supervisión de bancos. Administrado por la Junta de la Reserva Federal (q.v.).
 Los bancos de “La FED”, que son de propiedad privada, realmente emiten, es decir, crean, el dinero que utilizamos. En 1964 el Subcomité de Finanzas doméstica del Comité de Banca y Moneda, en la segunda sesión de la 88 ª Congreso, publicó un estudio titulado “Money Facts” (Hechos del Dinero) que contiene una muy buena descripción de lo que la FED realmente es:
La Reserva Federal es una gran máquina de dinero. Puede emitir dinero o cheques. Y nunca tiene problema con pagar sus cheques porque puede obtener los billetes necesarios para cubrir sus cheques simplemente pidiéndo a la Casa de la Moneda del Departamento del Tesoro que se los imprima.(Foto de la izquierda)
Como todos sabemos, cualquier persona que tenga mucho dinero, tiene mucho poder. Imagina un grupo de personas que tienen el poder de crear dinero. Imagínese el poder que estas personas tendrían. Esto es lo que es la Reserva Federal.
Ningún hombre jamás hizo más para exponer el poder de la Reserva Federal que Louis T. McFadden (foto de la izquierda), quien fue el Presidente del Comité Bancario de la Cámara de Representantes en la década de los 30. Constantemente señalando que las cuestiones monetarias no deben ser partidistas, criticó tanto a la administración de Herbert Hoover como la de Franklin Roosevelt. En su descripción de la Reserva Federal, señaló en el “Congressional Record”, páginas 1295 y 1296 de 10 de junio de 1932 lo siguiente:
“Señor Presidente, tenemos en este país una de las instituciones más corruptas que el mundo ha conocido jamás. Me refiero a la Junta de la Reserva Federal y los bancos de reserva federal. La Junta de la Reserva Federal, una Junta de Gobierno, ha estafado al Gobierno de los Estados Unidos y al Pueblo de los Estados Unidos tanto dinero como para pagar la deuda nacional. Las depredaciones y las iniquidades de la Junta de la Reserva Federal y los bancos de reserva federal de actuar juntos han costado a este país bastante dinero como para pagar la deuda nacional varias veces. Esta institución maléfica ha empobrecido y arruinado al Pueblo de los Estados Unidos; ha provocado la bancarrota de sí, y prácticamente la bancarrota de nuestro Gobierno. Ha hecho esto a través de la mala administración de la ley por la cual la Junta de la Reserva Federal existe y, a través de las prácticas corruptas de los buitres que la controlan.
Todo el mundo piensa que los bancos de la Reserva Federal son instituciones del Gobierno de los Estados Unidos. No son instituciones del Gobierno. Son monopolios privados de crédito que explotan a la población de los Estados Unidos en beneficio de ellos mismos y sus clientes extranjeros, especuladores y estafadores extranjeros y nacionales, y los ricos prestamistas predatorios. Entre su tripulación de oscuros piratas financieros hay quienes degollarían a un hombre por un dólar. Hay los que compran votos para el control de nuestros legisladores. Y aquellos que mantienen una propaganda internacional con el propósito de engañarnos con el fin de otorgar concesiones que les permitan encubrir sus crímenes y poner en marcha de nuevo su enorme tren de la delincuencia. Estos 12 monopolios privados de crédito fueron engañosamente y deslealmente impuestos a este país por banqueros que llegaron de Europa y que nos agradecen nuestra hospitalidad socavando a nuestras instituciones. 
La Fed básicamente funciona así: El gobierno dió su poder de crear dinero a los bancos de la Reserva Federal. Ellos crean dinero, y luego lo prestan al gobierno cobrando intereses. El gobierno recauda impuestos sobre la renta para pagar los intereses de la deuda. 
Observemos, que la Acta de Ley de La Reserva Federal y la enmienda XVI , que dió al Congreso la facultad de recaudar los impuestos sobre la renta, fueron ambas aprobadas en el mismo año 1913. El increíble poder de la Reserva Federal sobre la economía es universalmente admitido. Algunas personas, sobre todo en la banca y las comunidades académicas, incluso lo apoyan. Por otra parte, hay aquellos, tanto en el pasado como en el presente, que se pronuncien en contra de ella. Una de estas personas fue el Presidente John F. Kennedy. 
Otro aspecto olvidado del intento de Kennedy por reformar la sociedad americana también involucraba el dinero. Kennedy razonaba que volver a cumplir la Constitución, que establece que sólo el Congreso deberá emitir y regular la moneda, reduciría la deuda nacional suprimiendo el pago de intereses a los banqueros de la Reserva Federal, que imprimen dinero papel que prestan al Gobierno cobrando interés. 
Pisó en este terreno el 4 de junio de 1963, mediante la firma de la Orden Ejecutiva 11110 que ordenó la emisión de 4.292.893.815 de dólares en billetes de Estados Unidos a través del Tesoro de los EE.UU. en lugar del Sistema de la Reserva Federal. Ese mismo día, Kennedy firmó un proyecto de ley cambiando el respaldo en plata de los billetes de uno y dos dólares al de oro, así reforzando la muy debilitada moneda estadounidense. 
El asesor de la moneda de Kennedy, James J. Saxon, también llevaba tiempo enfrentado con la poderosa Junta de la Reserva Federal. Él alentaba a la inversión y poderes de crédito en bancos que no eran parte del sistema de la Reserva Federal. Saxon también había decidido que bancos ajenos a La Reserva Federal podrían emitir bonos para obligaciones estatales y locales generales, así también el debilitamiento de los dominantes bancos de la Reserva Federal.
Bastantes “Billetes Kennedy”(foto de arriba. Vea que dice United States Note, en lugar de Federal Reserve Note) fueron puestos en circulación con el título de “United States Note”. Estos billetes fueron rápidamente retirados después de la muerte del Presidente. 
Según información de la Biblioteca de la Contraloría de la Moneda, la Orden Ejecutiva 11110 continúa vigente, a pesar de que las sucesivas administraciones, empezando por Lyndon Johnson lo han ignorado y en su lugar prosiguen con la práctica del pago de intereses para los “Federal Reserve Notes”. Hoy, seguimos utilizando los billetes de la Reserva Federal. Y el déficit se multiplica exponencialmente. 
En resumen: La Renta que tu pagas a la Agencia Tributaria (IRS) no se utiliza para financiar servicios gubernamentales. No haría ningún daño a la nación, (al contrario la salvaría) reducir o eliminar legalmente tu responsabilidad tributaria.