Mostrando entradas con la etiqueta Crisis de Octubre. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Crisis de Octubre. Mostrar todas las entradas
LOS OTROS COHETES DE OCTUBRE Y EL VERDADERO FINAL DE LA CRISIS-FINAL
jueves, 29 de noviembre de 2012
LA HISTORIA EN LA MEMORIA
LOS OTROS COHETES DE OCTUBRE Y EL VERDADERO FINAL DE LA CRISIS-FINAL
(11-20-12-5:00PM)
Por Diego Trinidad, Ph.D.
La Crisis, como ahora se sabe, sobre todo después de la reciente publicación del libro The Fourteenth Day: JFK and the Aftermath of the Cuban Missile Crisis, escrito por el historiador David Coleman, no terminó el 28 de octubre. Este fascinante libro, basado en las grabaciones secretas desde el 29 de octubre hasta abril de 1963, incluye detallados relatos de todas las negociaciones para, primero, verificar que los cohetes rusos se retraban de Cuba, y segundo, para también retirar los bombarderos rusos IL-28 de Cuba. Habían discrepancias sobre si estos aviones, considerados obsoletos, pero con un alcance de 800 millas y contando con seis bombas atómicas, lo cual Estados Unidos ignoraba y consecuentemente Rusia podía haberlas mantenido en Cuba en secreto. Esto, junto con la presencia de cohetes tácticos (Lunas y FKR) en Cuba y su posible permanencia, ha sido tema de actualidad desde que la autora Svetlana Savranskaya revelara que los rusos quizás habían considerado dejarlas en Cuba. Pero sobre todo después que Khrushchev recibió la famosa “carta del Armagedón de Castro el 27 de octubre sugiriendo un ataque nuclear de Rusia a Estados Unidos si Cuba era invadida, si en algún momento consideró esta posibilidad (lo cual yo dudo en extremo), la descartó cuando se dio cuenta de la demencia de Castro.
La cuestión de la verificación de la retirada de los cohetes rusos de Cuba es crucial y así lo fue en aquellos días. La presión de los militares americanos sobre Kennedy por el enorme peligro de los cohetes, ahora posiblemente operacionales si no se verificaba su retirada de Cuba era casi intolerable. El peligro existía de hecho. Y como Castro se negó rotundamente a permitir inspecciones en Cuba por nadie, incluyendo la ONU y la Cruz Roja ¿cómo verificar la retirada de los cohetes? Solo había dos formas y las dos eran muy riesgosas. Una era con los vuelos de aviones U-2 sobre Cuba. Pero las fotos tomadas por los U-2, aunque revolucionarias en aquel tiempo, no eran lo suficientemente detalladas para asegurar que los cohetes ya no estaban. Mucho menos podían descubrir si los cohetes habían sido escondidos, como muchos críticos clamaron, en cuevas en Cuba. Además, y más importante, ya un U-2 había sido derribado el 28 de octubre. ¿Cómo asegurar, sobre todo con la posibilidad de que las bases de cohetes SAM (superficie-aire) quedaran en manos cubanas, que esto no sucedería otra vez? La otra era de utilizar aviones supersónicos en vuelos a baja altura (200 pies) para conseguir fotos más detalladas. Pero en esto había aún más riesgo, ya que las baterías anti-aéreas sí estaban controladas por los cubanos y ya desde el 28 de octubre estaban disparando contra estos aviones de reconocimiento. Eran muy rápidos y era casi imposible para las baterías anti-aéreas impactarlos, pero las probabilidades aumentaban con muchos vuelos diarios sobre Cuba. En definitiva se utilizaron ambas formas, pero nunca se supo absolutamente que los cohetes habían sido retirados.
Lo más que se logró fue que los rusos permitieran a los barcos americanos fotografiar los cohetes cubiertos por lonas en sus cubiertas, las cuales se levantaban para “enseñar” los cohetes. Pero nadie los inspeccionó físicamente y los barcos rusos no fueron abordados. En definitiva, Estados Unidos aceptó la retirada de los cohetes rusos de Cuba, pero más un acto de fe que una razón comprobación de hecho.
Los bombarderos IL-28 se retiraron de Cuba el 20 de noviembre y ese mismo día la cuarentena se levantó. Pero sobre los cohetes Luna (la presencia de los FKR nunca se detectó; solo se sospechó), los cuales los militares americanos estaban convencidos que contaban con cabezas nucleares, y sobre las tropas rusas—42,000 en total, nada se hizo. Kennedy sencillamente decidió dar por terminada la Crisis con la retirada de los IL-28 (los cuales en realidad no se retiraron hasta fines de diciembre) y confiar en Khrushchev. Pero esta imposibilidad de verificar la retirada de los cohetes tuvo una consecuencia inesperada, sobre todo para Cuba. Como eso era una parte esencial del entendimiento entre Kennedy y Khrushchev, y como no se cumplió, la garantía de no invasión también quedó invalidada. Que esto se entienda de una vez por todas. No hubo ninguna garantía de que Estados Unidos NO invadiría a Cuba como resultado del final de la Crisis. Por lo menos no a finales de noviembre cuando la Crisis “oficialmente terminó. La garantía de no invasión no se produjo hasta 1970, cuando el Asesor de Seguridad Nacional del Presidente Nixon, Henry Kissinger, acordó con el Embajador ruso Dobrynin—por escrito—ofrecer esa garantía a cambio de incluir en el acuerdo que a los rusos se le prohibía la introducción de submarinos nucleares en Cuba, además de cohetes. Así terminó realmente la Crisis. Pero este acuerdo por escrito nunca fue ratificado por el Senado y nunca se ha revelado. De manera que al final, seguimos en las mismas. Todavía no se sabe como terminó la Crisis de Octubre.
Una nota final y una gran ironía. Khrushchev introdujo los cohetes en Cuba como parte de una jugada para ganar la Guerra Fría, eso es verdad (aunque no es generalmente aceptado), pero su motivación principal no fue, como ha pasado a la historia, proteger a Cuba ni garantizar la revolución, aunque eso fue lo que sucedió y así ha sido por medio siglo. No, lo principal para Khrushchev era resolver el problema de Berlín, consiguiendo que los aliados se retiraran de la capital alemana. No lo consiguió. Pero por otro lado, Berlín nunca más fue un tema de discordia entre Estados Unidos y Rusia. Un clásico resultado de la Ley de Consecuencias No Intencionadas.
ALGUNOS COMENTARIOS ADICIONALES
Difícil como parezca, todavía hay mucho que escribir sobre este tema, mi favorito en toda la historia de Cuba y sobre el que llevo 45 años investigando y escribiendo. No solo existe ese acuerdo por escrito firmado en 1970 y que se ha mantenido secreto—no se sabe cuando, o si en algún momento, se revelará—sino que hay otras ramificaciones que todavía no se han explorado del todo. Hay varios otros aspectos de la Crisis que los interesados en el tema deben tener siempre en cuenta, y esto es el contexto del mundo de 1962 comparado con el presente. Por ejemplo, en un reciente—y excelente—documental sobre la Crisis, Cuban Missile Crisis: Three Men Go to War, presentado en PBS el 22 de octubre pasado, el escritor Michael Dobbs (One Minute to Midnight, el mejor libro sobre la Crisis), señala que en 1962, enviar un mensaje codificado desde la embajada americana en Moscú al Departamento de Estado en Washington, tomaba ¡12 horas! las cuales incluían un viaje de 15 minutos de la embajada a la oficina de Western Union en Moscú—en bicicleta. No había comunicación directa entre la embajada y el Departamento de Estado y se demora horas en codificar y decodificar el mensaje, además de horas adicionales en transmitirlo por teletipo. No existían ni siquiera las líneas directas seguras, mucho menos los telefaxes o computadoras. O sea, las comunicaciones eran muy primitivas, pero los eventos de la Crisis se sucedían en tiempo real ¿Cómo tomar decisiones en minutos cuando obtener la información tomaba horas?
De la misma manera, hay que entender las dificultades casi increíbles que los líderes, sobre todo Kennedy, tenían que enfrentar cuando se ignoraba que habían submarinos con torpedos nucleares cuyos capitanes no sabían lo que sucedía en la superficie porque no podían comunicarse con Moscú (se enteraron del fin de la Crisis el 28 de octubre cuando uno de ellos fue forzado a emerger por el acoso de los destroyers americanos, lo cual casi provoca al capitán a disparar uno de los torpedos). O peor, que habían cohetes tácticos con cabezas nucleares, los cuales sin duda alguna (a pesar de la prohibición de Moscú) hubieran sido utilizados contra tropas americanas en caso de una invasión. Un emplazamiento de cohetes cruceros FKR en Mayarí Alto, nunca descubiero, podía lanzar uno de estos FKR a la Base Naval de Guantánamo y vaporizarla en ¡dos minutos! ¿Cómo juzgar a Kennedy por no ordenar acciones militares con estas consecuencias—que se conocen hoy, pero no entonces? Sin embargo, por ejemplo, yo todavía considero que bombardear las bases de cohetes en Cuba, especialmente bombardear al menos la base de SAMs emplazada en Banes, desde donde se lanzó el cohete SAM que derribó al U-2 americano el 28 de octubre, no hubiera tenido consecuencias mayores. Pero ¿cómo saberlo? Pero estas decisiones siempre han tenido que tomarse en la historia bajo situaciones similares. Pero se han tomado. Algunas han tenido graves resultados. Otras han evitado resultados peores. En fin, esto es la esencia de lo que se requiere en un líder. El punto es que no es tan simple decir que Kennedy actuó indecisamente o peor, cobardemente. Ese tipo de juicio moral se debe evitar porque casi cualquier decisión equivocada tenía consecuencias terribles. Kennedy probablemente actuó (o no actuó) como el juzgó era lo mejor, y en realidad, no se puede discutir mucho sobre los resultados de su actuación. ¿Qué podía haber hecho más por presionar a Khrushchev digamos para que abandonara completamente a Cuba o suspendiera todo tipo de ayuda a la isla? Probablemente. ¿Qué fue el ganador en la Crisis? Claro que no, no hubo ningún ganador, excepto que todos ganamos porque se evitó una guerra nuclear. Pero si hubo perdedores. Khrushchev fue en más prominente, excepto por todo el pueblo de Cuba. Con la garantía para la revolución que resultó del entendimiento entre los dos líderes que puso fin a la Crisis, los cubanos fueron condenados a padecer el régimen castrista por medio siglo.
Hay más, mucho más. Un tema que no ha sido explorado por nadie que yo sepa, excepto por mí en mi disertación doctoral hace 40 años, es el efecto que las tropas rusas en Cuba tuvo al “liberar” a 30,000 milicianos castristas para “limpiar” al Escambray de opositores al régimen. Es verdad que las tropas rusas estaban acuarteladas y apartadas de la población, y es verdad que Castro contaba con quizás 200,000 milicianos o tropas regulares en 1962 para reprimir la oposición. Pero el hecho cierto es que hasta que las tropas rusas llegaron a Cuba, la “limpieza” del Escambray( foto) no se puso en práctica. ¿Alguien puede dudar que las tropas rusas, sobre todo comandadas por el represor de la rebelión popular de Novocherkassk (en junio de 1962), el General Pliyev (una de las razones que Khrushchev lo nombró para comandar todas las tropas rusas en Cuba), no hubieran aplastado cualquier rebelión popular similar en Cuba? Mientras tanto, desde entonces—fines de 1962—nunca más hubo una oposición activa de miles de cubanos contra el régimen, y eso también fue un resultado indirecto de la Crisis.
Finalmente, hay que considerar en detalle (mucho más de lo que puedo hacer ahora) la actuación de Khrushchev durante la Crisis, o más bien, la falta de actuación del líder ruso. Se equivocó al jugárselo todo basado en su apreciación de que Kennedy era un líder débil y se plegaría a sus amenazas y chantaje nuclear de ser presentado con un fait acompli de cohetes operacionales en Cuba ¿Pero por qué no tomó ninguna decisión cuando Kennedy lo confrontó con un ultimátum de retirar los cohetes de Cuba cuando fueron descubiertos? Podía, por ejemplo, como muchos en la administración, empezando por Kennedy pensaban, haber actuado en Berlín. O al menos podía haber amenazado con hacer algo en Berlín. Pero nada hizo. Se quedó como paralizado por la actuación, para él, enérgica e inesperada de Kennedy, cuando los cohetes fueron descubiertos. ¿Sería porque fue él quien se acobardó? Definitivamente hay evidencia de su terror al enfrentar la probabilidad real de una guerra nuclear que él sabía muy bien que resultaría en la destrucción total de Rusia debido a la gran inferioridad entre los dos países en cohetería intercontinental. Pero un gran apostador como Khrushchev ¿no hacer nada en respuesta al ultimátum americano? Después de todo, Kennedy era quien carecía casi de alternativas salvo ordenar un ataque aéreo a las bases de cohetes en Cuba. La pasividad de Khrushchev fue tal que es por eso que se lamenta que Kennedy no lo presionó para resolver de una vez por todas el cáncer que Cuba ha sido para el mundo en 50 años. En resumen, estas consideraciones y preguntas sin respuesta son las que muestran todo lo que hay por investigar y por escribir sobre la Crisis de Octubre. En algún tiempo, quizás intentemos cubrir algunos de estos tópicos a mayor profundidad.
Publicado por
en
12:23
0 comments
Etiquetas: Crisis de los Misiles, Crisis de Octubre, Diego Trinidad, historia de Cuba
LOS OTROS COHETES DE OCTUBRE Y EL VERDADERO FINAL DE LA CRISIS-I
lunes, 26 de noviembre de 2012
LA HISTORIA EN LA MEMORIA
LOS OTROS COHETES DE OCTUBRE Y EL VERDADERO FINAL DE LA CRISIS-I
(11-19-12-4:30PM)
Por Diego Trinidad, Ph.D.
Hoy hace 52 años que llegué de Cuba con mi padre. El resto de la familia llegó a Miami tres días después, el 22 de noviembre de 1960. Ya mis padres murieron y aquí estamos todavía. Peor, como una vez le dijo mi abuelo Diego a un amigo que le pidió ayuda porque “estaba pasando mucho frío”, le contestó, “eso no es nada; lo que te falta por pasar”. Esa ha sido nuestra triste historia por más de medio siglo, pero a pesar de todo, todavía muchos seguimos luchando, y así supongo que moriremos, ya que cada vez quedamos menos. Pero como decía un lema del primer programa de radio en español que hubo en Miami, transmitido por la estación WGBS 710AM (Ahora Radio Mambí) a las 11pm, “Sin Libertad, la vida nada vale. Únete a la lucha contra el comunismo”. Ahora podemos modificarlo para que diga, “Únete a la lucha contra la Izquierda Eterna”, una lucha mucho más dura y larga. Por eso es que sigo escribiendo sobre nuestra trágica historia en el Exilio Histórico y ahora quiero agregar otra parte a mi último artículo sobre el cincuentenario de la Crisis de Octubre, ya que varios amigos me han pedido que explique con más detalles sobre los “otros cohetes”, los Júpiter que Estados Unidos había emplazado en Turquía en 1959 y los cuales formaron una parte esencial del “entendimiento” entre Kennedy y Khrushchev que supuestamente terminó con la Crisis.
Primero, un breve resumen histórico de los cohetes Júpiter (En la foto: Júpiter emplazado en Turquía) . Fueron los cohetes pioneros de alcance medio (MRBM), desarrollados de un prototipo creado por el gran científico alemán Wernher Von Braun en 1955. Fabricado por Chrysler Corporation, usaba combustible líquido y tenía un alcance de 1200 millas náuticas. Se emplazaron en Italia y Turquía en 1959, después que Francia bajo DeGaulle se negó a recibirlos. Pero los Júpiter siempre fueron cohetes de transición. En otras palabras, ya cuando se emplazaron en 1959, otra serie de cohetes de medio alcance basados en tierra, pero especialmente los Polaris basados en submarinos nucleares, estaban siendo desarrollados. Por eso es que los Júpiter fueron considerados casi desde su emplace inicial como obsoletos. No porque fueran inútiles militarmente, sino porque otros mejores y más adelantados estaban planeados. Además, como estaban basados sobre tierra, al descubierto y sin camuflaje ni protección, se les consideró siempre muy vulnerables a cualquier ataque soviético. En verdad, fueron armas más bien simbólicas, como un alarde abierto del poderío atómico americano y la gran amenaza que sus armamentos nucleares representaban para Rusia durante la Guerra Fría. En aquellos tiempos, pocos cuestionaban la utilidad o siquiera la racionalidad, de gastar millones de dólares en simbolismos.
Los cohetes Júpiter han sido, por medio siglo, no solo los “otros” cohetes de la Crisis, sino que han sido ignorados y hasta olvidados por casi todos los historiadores de la Crisis hasta recientemente. Solo hay un libro sobre los Júpiter, The Other Missiles of October, por Philip Nash, publicado en 1997. Pero en realidad, se puede decir que los Júpiter de cierta manera, iniciaron y terminaron la Crisis y esta es una gran ironía. Pero como es el caso de tantos mitos históricos, ha llegado la hora de darle su lugar en la historia de la Crisis a estos “obsoletos” cohetes. En primer lugar, los Júpiter fueron el germen de la idea de Khrushchev de introducir cohetes ofensivos en Cuba. Ya es algo aceptado que esta idea surgió en abril de 1962 durante una conversación entre el Ministro de Defensa ruso, el Mariscal Rodion Malinovsky y Khrushchev en su casa de verano en Pitsunda, en las orillas del Mar Negro. Khrushchev le preguntó a Malinovsky ¿”Por qué no ponemos uno de nuestros erizos dentro de los pantalones de los americanos”? (Erizos le llamaban los rusos a sus cohetes de alcance intermedio SS-4; “pantalones de los americanos” se refería a Cuba). Esta conversación solamente está citada en el libro The Rise and Fall of the Soviet Empire, del respetadísimo Coronel General y gran historiador ruso Dmitri Volkogonov. Pero la reputación de Volkogonov es tal (también escribió biografías definitivas de Lenin, Trotsky y Stalin), que la conversación se acepta como si existiera una grabación de ella. Y por propia admisión de Khrushchev y considerable evidencia adicional, para el líder ruso, la presencia de los cohetes Júpiter en Turquía, los cuales según él podía ver a través del Mar Negro en un día claro (por supuesto que esto no es verdad; ni con un telescopio los podía ver), era un irritante continuo, era como un cáncer que diariamente afectaba y provocaba a Khrushchev. En segundo lugar, la retirada de los Júpiter de Turquía no solo fue una parte integral del entendimiento entre Kennedy y Khrushchev que puso final a la Crisis, sino mucho más que eso. El entendimiento no fue en verdad un trato de retirar los cohetes rusos de Cuba a cambio del levantamiento de la cuarentena a Cuba y la promesa de no invadir por parte de Estados Unidos. No, el entendimiento fue un intercambio de cohetes: los rusos en Cuba por los americanos en Turquía. Solo que esto se mantuvo secreto y el mito aceptado fue lo publicado y alabado desde entonces.
La política de emplazar los cohetes Júpiter en 1959--15 en Turquía, 30 en Italia—fue heredada por la nueva administración del Presidente Kennedy de la del previo Presidente Eisenhower, igual que también fueron heredados los planes para una invasión de Cuba. Con los planes de la invasión bien se sabe que fueron drásticamente cambiados hasta el punto de emascular la operación y garantizar su fracaso. Esa es una mancha imborrable para el legado histórico de John Kennedy: haber aprobado la invasión bajo esas circunstancias. Pero sobre los Júpiter en Turquía y en Italia, aunque su emplazamiento fue revisado por la nueva administración, nada se hizo, todo quedó igual. Una vez más, durante la Crisis y después, mucho se escribió del “problema” de Kennedy y su consternación cuando se enteró que los Júpiter de Turquía no se habían retirado, tal como él había ordenado meses antes. Pero esto es completamente falso, ya que desde el primer día en que el Executive Committee, el Excomm, como siempre se ha conocido, se reunió en la Casa Blanca el 16 de octubre la presencia de los Júpiter en Turquía—y su posible intercambio por los cohetes rusos en Cuba—se comenzó a discutir por todos los asistentes. Esto está más que probado por las grabaciones secretas, pero sin embargo, loa apologistas de Kennedy han logrado falsificar la historia desde que apareció el primer libro sobre el tema, The Missile Crisis, escrito por el corresponsal de la Cadena ABC Elie Abel en 1966.
El intercambio de los Júpiter en Turquía por los cohetes rusos en Cuba se discutió abiertamente durante casi todas la deliberaciones del Excomm durante la Crisis, pero entre el 20 y el 26 de octubre, la posibilidad se descartó, incluyendo por el presidente, por motivos políticos. Estados Unidos no estaba dispuesto, sobre todo después del discurso de Kennedy televisado nacionalmente el 22 (el Presidium recibió una copia del discurso una hora antes) a aceptar nada a cambio de la retirada de los cohetes rusos de Cuba. Eso era algo incondicional. Claro que casi inmediatamente se comenzaron a considerar alternativas—incluyendo la retirada de los Júpiter. Pero nada se hizo público hasta el intercambio de cartas entre Kennedy y Khrushchev el 26 y 27 de octubre. Ahora se sabe bien—y se acepta como otro gran mito—que el intercambio de los cohetes en Turquía por los de Cuba se ofreció secretamente a Khrushchev a través del Embajador ruso en Washington Anatoly Dobrynin por el Fiscal General de EU y hermano del presidente, Robert Kennedy en la noche del 28 de octubre. De la misma manera, sigue aceptado otro mito por casi todos los historiadores de la Crisis, que gracias a Robert Kennedy en esa reunión con Dobrynin se resolvió la Crisis. No es verdad. Cuando el mensaje de Dobrynin llegó al Kremlim, ya Khrushchev había decidido retirar los cohetes de Cuba a cambio, básicamente, de la promesa de no invasión, aunque también se prometió terminar la cuarentena a Cuba. Pero sin incluir la retirada de los Júpiter de Turquía. Pasaron solo unas horas, y cuando la oferta de retirar los Júpiter se recibió, esto provocó júbilo entre los miembros del Presidium puesto que se consideró como una inesperada bonanza. Pero como la oferta se condicionó a que el intercambio de cohetes se mantuviera secreto, cuando Khrushchev anunció—por radio, ya que Dobrynin había enfatizado la urgencia de contestar en menos de 24 horas—que aceptaba retirar los cohetes rusos de Cuba, no se mencionaron los Júpiter de Turquía como parte del trato. Ni tampoco se mencionó después por ninguno de los dos bandos, ni siquiera cuando los Júpiter se retiraron de Turquía—como prometido por Robert Kennedy—en abril de 1963, ya que esto se hizo discretamente, sin ninguna publicidad.
Khrushchev, como se conoce, envió DOS cartas a Kennedy el 27 de octubre. En la primera, identificada como una carta larga, casi incoherente, llena de faltas gramáticas y borrones, Khrushchev aceptó retirar los cohetes rusos a cambio de una promesa de Kennedy de no invadir a Cuba Según el Embajador americano en Moscú Foy Kohler, quien recibió esa carta en la embajada de Moscú en la madrugada, Khrushchev parecía aterrorizado y quizás estaba borracho cuando personalmente escribió la carta a mano (así se le entregó a Kohler). La carta se recibió con cierto alivio en Washington porque parecía el final de la Crisis. Pero horas más tarde, se recibió una segunda carta. Esta era distinta, bien redactada y concisa, y contenía una condición adicional crucial: la retirada de los Júpiter de Turquía. La segunda carta cambió el panorama en la reunión casi continua del ExComm en Washington, sobre todo para el presidente. En más de ocho horas entre el 27 y el llamado “sábado negro”, octubre 28, Kennedy parecía, de acuerdo con las grabaciones secretas, un hombre obsesionado con el asunto de Turquía, además de mostrar un gran temor de que, debido a esa nueva condición, una operación militar contra Cuba era inevitable—y con eso, la guerra nuclear. Además, casi solo entre todos los “miembros”del ExComm, Kennedy estaba decidido a incluir los Júpiter para lograr un acuerdo, si esto era necesario. Pero, otra vez en contra del mito, el Asesor de Seguridad Nacional McGeorge Bundy (no Robert Kennedy) sugirió contestar a la primera carta e ignorar la segunda, lo que ha pasado a la historia como la estratagema Trollope (por el escritor inglés Anthony Trollope del siglo 19 quien utilizó algo parecido en una de sus novelas). Así se hizo, aunque Kennedy aprobó responder a la primera carta contra su voluntad y convencido que Khrushchev no aceptaría que su segunda carta fuera ignorada. La condición de retirar los Júpiter de Turquía no fue realmente ignorada, solo no mencionada específicamente (la carta decía que la retirada de los cohetes rusos de Cuba “relajaría tensiones mundiales” y facilitaría “un arreglo más general sobre otros armamentos”). Y contrario a las expectativas de Kennedy, Khrushchev SI aceptó la respuesta a su primera carta. Claro que bien se sabe, el trato final incluyó el intercambio de cohetes, aunque esto se mantuvo en secreto. Irónicamente lo que NO incluyó, a pesar del mito, fue una promesa formal de que Estados Unidos no invadiría a Cuba. Más adelante explicaré en detalle lo que se acordó en el entendimiento final, que no fue siquiera lo incluido en el intercambio de cartas entre los dos líderes el 28 de octubre.
Durante las deliberaciones del ExComm cuando se discutió el posible retiro de los Júpiter de Turquía, muchos pensaban que los aliados de la OTAN no aceptarían la retirada de los Júpiter, sobre todo bajo presión (los Júpiter eran parte del armamento de la OTAN y legalmente pertenecían a Turquía, aunque solo los cohetes y no las cabezas nucleares, que pertenecían, y eran controladas, por Estados Unidos). Pero resultó todo lo contrario. Los aliados lo consideraron favorablemente, sobre todo Gran Bretaña. Pero no los turcos. De hecho, el 27, cuando el embajador ruso amenazó al Premier turco con la guerra si los Júpiter no eran retirados, el Primer Ministro turco Ismet Inonu despectivamente contestó” “No me haga reír”. Pero también de hecho, aunque los turcos no aceptaran y crearan divisiones dentro de la OTAN (nunca sería necesario, ya que los Júpiter serían substituidos por más adelantados Polaris), Kennedy había preparado una última opción si los Júpiter tenían que ser retirados de Turquía. Esto se reveló en 1987 por el ex Secretario de Estado Dean Rusk en una conferencia conmemorando el 25 aniversario de la Crisis en Hawk Cay, Florida. Rusk informó a los asombrados conferencistas que se habían confeccionado dos planes, uno que los turcos ofrecieran retirar los Júpiter como parte de la resolución de la Crisis. Pero más específicamente, el segundo incluía que el funcionario americano de la ONU Andrew Cordier ofreciera al Secretario General de la ONU U Thant que este propusiera (con consentimiento americano) a Rusia la retirada de los Júpiter como solución a la Crisis. No fue necesario, pero Kennedy estaba dispuesto a hacerlo y a anunciarlo públicamente con tal de resolver la Crisis. Por cierto, cabe decir dos cosas adicionales sobre el acuerdo secreto de retirar los Júpiter. Primero, Robert Kennedy le pidió a Dobrynin, como un favor personal, que convenciera a Khrushchev mantener secreto el acuerdo, ya que el presidente, y él, Robert, se estaban comprometiendo de palabra a retirar los cohetes en 5 o 6 meses (se retiraron en abril), y que esto podía afectar sus ambiciones políticas futuras si se revelaba (de cuerdo con Dobrynin en sus memorias). Segundo, para Khrushchev personalmente esto fue muy importante, ya que pudo informar al Presidium, y sobre todo a los militares, quienes se sintieron de cierta manera traicionados por la retirada de los cohetes de Cuba, que la amenaza de los Júpiter había desaparecido gracias a su sagacidad. Eso no lo ayudó tanto como él pensaba, pues dos años después, en octubre de 1964, fue depuesto como líder de la Unión Soviética en gran parte gracias a sus decisiones durante la Crisis. (Continuará)
Publicado por
en
13:21
0 comments
Etiquetas: Crisis de los Misiles, Crisis de Octubre, Diego Trinidad
LA CRISIS DE OCTUBRE EN LA MEMORIA: EL CINCUENTENARIO DE LA CRISIS DE LOS COHETES EN CUBA, OCTUBRE 1962-2012-II-FINAL
miércoles, 24 de octubre de 2012
LA CRISIS DE OCTUBRE EN LA MEMORIA: EL CINCUENTENARIO DE LA CRISIS DE LOS COHETES EN CUBA, OCTUBRE 1962-2012-II-FINAL
(10-23-12-5:30PM)
Las relaciones entre Rusia y Estados Unidos mejoraron considerablemente como resultado de la Crisis, aunque no entre Cuba y Estados Unidos. Las operaciones encubiertas contra Castro continuaron y aumentaron, hasta la muerte de Kennedy en 1963, con la Operación Mongoose dirigida por Robert Kennedy. Pero la revolución fue, de hecho, garantizada por el “entendimiento” entre Kennedy y Khrushchev que “resolvió’ la Crisis. Por invalidado que haya quedado este “entendimiento” desde el principio, se ha respetado el compromiso de Estados Unidos de no invadir a Cuba ni permitir acciones contra la isla desde el exterior. Pero quizás la consecuencia directa más importante de la Crisis fue que decidió a los militares rusos a buscar por todos los medios la igualdad nuclear con Estados Unidos, al igual que la igualdad en su punto más débil: la cohetería intercontinental. Hacia el año 1970, Rusia había conseguido tal igualdad y posiblemente hasta cierta superioridad, sin importar los alardes del ex Secretario de Defensa Robert McNamara de que los rusos no tenían ningún incentivo para esto. Pero los generales rusos, como Castro, decidieron que nunca más pondrían su confianza en dirigentes políticos civiles y que para evitar una humillación similar a la sufrida después de la retirada de los cohetes estratégicos de Cuba en 1962, la única solución era buscar la igualdad militar con Estados Unidos.
¿Qué lecciones se aprendieron de la Crisis? La más importante quizás fue la alteración del aforismo atribuido al General prusiano del siglo 19 Carl Von Clausewitz que la guerra es la continuación de la política. No desde la Crisis, no cuando hay armas nucleares presentes. ¿Qué cerca estuvimos de una guerra nuclear? Cerca, pero no tanto. Nunca lo sabremos, pero un accidente, sobre todo con los acosados submarinos rusos, cuyos capitanes no sabían lo que pasaba en la superficie y los cuales tenían la autorización de utilizar los torpedos nucleares conque estaban armados los submarinos en caso de ataque (uno fue, de hecho, atacado con cargas de profundidad). Igualmente, las armas nucleares tácticas podían haber sido utilizadas, sobre todo en caso de invasión. Los jefes militares rusos en Cuba primero fueron autorizados, para más tarde prohibírseles el uso de esas armas tácticas, aún en caso de invasión. Pero bajo ataque, podían haber decidido morir matando. Además, hasta los tenientes a cargo de las baterías de los cohetes FKR (había una emplazada en Mayarí Alto a pocas millas de la Base de Guantánamo) podían—accidentalmente o a propósito—haber decidido atacar, como lo hicieron cuando derribaron un U-2 el 28 de octubre, a pesar de las órdenes terminantes de Moscú de no dispararle a ningún avión de reconocimiento. En caso de tales accidentes, en el mar o en tierra con las armas tácticas ¿pudiera una detonación nuclear limitada haber causado una guerra general? Claro que si, pero probablemente no. Cuba y Rusia hubieran quedado devastadas, pero también la Base de Guantánamo y quizás el sur de la Florida. Otras ciudades como New York y Washington posiblemente hubieran sido atacadas, pero no por más de un puñado de cohetes intercontinentales. (los cohetes rusos eran pocos y no muy certeros). De todas maneras, las muertes en Estados Unidos hubieran sido contadas en millares, no en millones como en Rusia. Pero afortunadamente la prudencia prevaleció, sobre todo en Kennedy, ya que Khrushchev nunca tuvo intenciones de usar los cohetes estratégicos o tácticos colocados en Cuba.
Por otro lado, Kennedy desaprovechó probablemente la última oportunidad de terminar con el cáncer que ha sido la Cuba de Castro por todo este medio siglo transcurrido. Tanto para Estados Unidos, como para el resto del mundo, muy especialmente para el pueblo cubano. También, desafortunadamente, como atestigua la publicación de este nuevo libro de Mikoyan/Savranskaya, la transformación de asesinos brutales como Khrushchev y Mikoyan, responsables ambos de la muerte de quizás millones de inocentes rusos y ucranianos, continúa. Khrushchev, desde su viaje a Estados Unidos en 1959, fue visto por los medios informativos como una figura bufonesca, pero relativamente inofensiva. Tres años después, puso al mundo en peligro mortal. Pero después de su deposición y retiro, fue otra vez transformado, ahora permanentemente, en un tipo de viejo abuelo benévolo. Mikoyan, quien siempre fue generalmente respetado, ahora se nos presenta como un sabio estadista y hastacomo una figura “romántica”. Pero la historia está llena de monstruos y los comunistas son los peores monstruos de todos. Nadie fue más culpable de la Crisis de los Cohetes de Octubre 1962 en Cuba que Nikita Khrushchev y eso nunca debe ser olvidado.
Para los cubanos, sobre todo para el Exilio Histórico, la Crisis de Octubre cada año queda más atrás, cada año se recuerda menos, ahora casi con cierta nostalgia. Esto es lamentable, pero de esperar: después de todo, la Crisis es casi contemporánea con nuestro exilio de más de cincuenta años. Por eso escribo sobre el tema todos los años tratando de crear interés, sobre todo en la generación más joven. Pero además las investigaciones de historiadores serios continúa, como lo evidencia este nuevo libro de Sergo Mikoyan y Svetlana Savranskaya. Es verdad que muchos historiadores todavía creen ciertos mitos, pero quizás con el tiempo, y sobre todo al revelarse más información todavía secreta, esto cambie. Por ejemplo, en 1970, se firmó un acuerdo entre el Secretario de Estado americano Henry Kissinger y el embajador ruso Anatoly Dobrynin, “reafirmando, clarificando y modificando” lo acordado informalmente en octubre de 1962. Este nuevo acuerdo prohibió a Rusia basar submarinos nucleares en Cuba, además de cohetes, como acordado en 1962, pero mucho más importante, Rusia finalmente obtuvo un firme compromiso de Estados Unidos de no invadir a Cuba. Este acuerdo todavía ¡después de 42 años! se mantiene secreto, una de las razones porque muchos aún creen en la existencia de algún siniestro acuerdo secreto que ha mantenido a Cuba protegida de ataques desde el exterior, ya sea por Estados Unidos o cualquier otro adversario.
PD. Como escribí antes, ayer asistí al seminario sobre el cincuentenario de la Crisis de Octubre en Casa Bacardí de la Universidad de Miami. Magníficas presentaciones, sobre todo por Svetlana Savranskaya(foto de la izquierda), Michael Dobbs y Brian Latell. Pude hacer algunas preguntas a Svetlana, como parece que prefiere que le llamen. Es una mujer rusa, joven, quien recibió su doctorado en relaciones exteriores de la Universidad Emory en Atlanta en 1998 (en contraste yo recibí el mío en historia de la Universidad Rice en Houston en 1972), bajo la dirección de Robert Pastor, principal asesor para Iberoamérica del presidente Carter, algo preocupante. Pero parece ser una gran investigadora y aunque solo tuve la oportunidad de hacerle dos breves preguntas sobre las motivaciones de Khrushchev en introducir los cohetes estratégicos en Cuba (ella, como Michael Dobbs, lamentablemente mantiene que Khrushchev tomó la arriesgada decisión para proteger a Cuba), no pude preguntarle lo que más quería, es decir, si en su libro ella indicaba que Khrushchev tenía intenciones de dejarles las armas nucleares tácticas a Castro. Se fue a los pocos minutos por un compromiso previo, pero pude hablar con ella unos minutos durante los cuales le entregué una copia de mi largo y detallado capítulo sobre la Crisis (ella lee español) y ella me pidió que le enviara las fuentes para lo que mencioné en mis preguntas, que los cohetes tácticos (sin las cabezas nucleares) se habían quedado en Cuba y que los bombarderos IL-28 no se habían regresado a Rusia hasta 1964. Le envié la información y espero mantenerme en contacto con ella y leer su libro cuando sea publicado en diciembre. Svetlana también cometió un error al negar mi comentario sobre fuentes de información citadas por los autores Naftali y Fursenko. Dijo que los generales taquígrafos que mencionan los autores no pudieron ser entrevistados en Moscú en 2003 porque estaban muertos. Parece ser verdad, pero eso no cambia lo que yo dije, que esos autores no encontraron evidencia en los archivos que solamente ellos examinaron en Moscú en el 2003 sobre las motivaciones de Khrushchev de introducir cohetes estratégicos en Cuba para proteger el régimen de Castro contra una invasión americana.
Con Michael Dobbs (foto), a quien conozco desde que presentó su gran libro sobre la Crisis One Minute to Midnight en Casa Bacardí en el 2008, también conversé por un buen rato y me enteré que había basado casi toda su “interpretación” sobre las motivaciones de Khrushchev en introducir los cohetes en Cuba en los tres libros publicados con las memorias de Khrushchev. No en balde considera que defender a Cuba fue su motivación principal, si esa siempre fue la justificación del líder ruso. Pero no fue así, como he dicho y como explicaré brevemente ahora. Cito la primera vez que Khrushchev propuso la idea al Mariscal Malinovsky, Ministro de Defensa ruso en abril de 1962. De acuerdo con el General Dmitri Volkogonov, la única fuente sobre esta reunión, allí no se habló una palabra sobre defender a Cuba, sino como balancear la presencia de cohetes americanos en Turquía con la posibilidad de emplazar cohetes rusos en Cuba. Cito además las minutas de las reuniones del Presidium en Moscú en mayo de 1962 donde se decidió introducir los cohetes en Cuba, después de consultar a Castro y obtener su aprobación. Tampoco se menciona ni una palabra sobre defender a Cuba. Finalmente cito las minutas y los protocolos de las reuniones en el Kremlin durante la Crisis antes de tomar la decisión sobre el retiro de los cohetes. Tampoco se menciona la defensa de Cuba. Únicamente cuando Khrushchev decide retirar los cohetes y tiene que admitir que la decisión de introducirlos fue un grave error, para empezar a justificarse ante el Presidium, Khrushchev empieza a mencionar la defensa de Cuba ante una invasión americana como su principal motivación, y defiende débilmente la decisión de retirar los cohetes diciendo que eso no quiere decir que Rusia abandonará a Cuba y que aún sin los cohetes, Rusia puede proteger a Cuba de una invasión americana. Cabe preguntar ¿entonces por qué introducir los cohetes en primer lugar? Pero de todos modos, esto no ocurre hasta el día 25 de octubre. Cito finalmente a los mencionados autores Naftali y Fursenko comentando sobre esta reunión en el Kremlim del día 25. “La defensa de Cuba no había sido la preocupación de Khrushchev y ciertamente no había sido la razán principal porque optó enviar cohetes nucleares a la isla” (Khrushchev’s Cold War, página 484). Para mi, ni Svetlana, ni Dobbs, ni todos los otros que insisten que defender a Cuba fue la principal—o hasta la única—razón de Khrushchev de lanzarse a su gran aventura y apuesta final en Cuba, no pueden contrarrestar mis argumentos, de manera que considero mi posición como la históricamente correcta.
Finalmente, para mi sorpresa, mi buen amigo Brian Latell, aunque ofreció una buena interpretación de lo que en su criterio apresuró la resolución de la Crisis por la “bizarra” actuación de Fidel Castro el “sábado negro” el 27 de octubre cuando el U-2 fue derribado. Esa mañana Castro se presentó en el cuartel general de las tropas rusas en El Chico, en las afueras de La Habana para informar al General Pliyev de su orden inmediata de disparar sobre los aviones de reconocimiento americanos volando sobre Cuba. Latell considera que esa actitud de Castro impresionó tanto al general ruso que posiblemente resulto en que aprobara derribar el U-2 más tarde. (Contrario a lo que muchos creen, Castro ni dio la orden del derribo ni mucho menos apretó el botón para lanzar el cohete SAM que lo derribó; no estaba ni presente, ya que el SAM se lanzó desde una base en Oriente). Pero por otro lado Brian piensa que Castro si, en verdad, estaba conciente de la inferioridad de Rusia ante Estados Unidos en cohetería nuclear. Ni yo ni muchos estamos de acuerdo. Castro en mi opinión, por el contrario, se creyó la propaganda rusa siempre y por eso, en parte, permitió la introducción de los cohetes en Cuba, pero esto es debatible y solo algo sujeto a interpretaciones. Este, entonces, es mi relato sobre el gran seminario de ayer y con esto termina mi artículo conmemorando los 50 años de la Crisis de los Cohetes en Cuba en octubre de 1962.
Publicado por
en
5:19
0 comments
Etiquetas: Crisis de los Misiles, Crisis de Octubre, Diego Trinidad
LA CRISIS DE OCTUBRE EN LA MEMORIA: EL CINCUENTENARIO DE LA CRISIS DE LOS COHETES EN CUBA, OCTUBRE 1962-2012-I
LA CRISIS DE OCTUBRE EN LA MEMORIA: EL CINCUENTENARIO DE LA CRISIS DE LOS COHETES EN CUBA, OCTUBRE 1962-2012-I
(10-22-12-4:30PM)
Por Diego Trinidad, Ph.D.
Hace 50 años hoy, un avión de reconocimiento U-2 americano volando sobre Cuba descubrió la presencia de lo que al analizar las fotos se determinó eran bases de cohetes de medio alcance rusos en varios lugares en Cuba (al principio, en San Diego de los Baños, Los Palacios y San Cristobal, en la provincia de Pinar del Río; más tarde en Guanajay (Pinar del Río), Sagua La Grande y Remedios, en la provincia de Las Villas). Las primeras fotos fueron tomadas el 14, reveladas, analizadas e identificadas las bases el 15, y finalmente el Presidente Kennedy fue informado en la mañana del 16, aunque su asesor de seguridad McGeorge Bundy había sido informado en la noche del 15, pero decidió no despertar al presidente y esperar a la mañana. Ese día se puede decir que comenzó la Crisis, aunque en realidad también se puede decir que comenzó a fines de agosto, cuando los U-2s descubrieron la presencia de bases de cohetes de superpie a aire (SAMs) y el Director de la CIA John McCone comenzó a sospechar las intenciones de los rusos, ya que en su experiencia, los SAMs usualmente eran emplazador para proteger cohetes nucleares de mediano alcance.
Hace diez años que cada octubre escribo algo en conmemoración de la fatídica fecha en que, en mi opinión, se garantizó la revolución cubana y Cuba se perdió para los que queremos y defendemos la libertad y la justicia. El año pasado, varios medios publicaron el capítulo completo sobre la Crisis contenido en el libro El Ocaso del Régimen que Destruyó a Cuba, escrito junto con mis amigos y colegas Efrén Córdova, quien también lo editó, Juan Benemelis, y Miguel Castillo. En ese capítulo de 34 páginas, resumí toda la más reciente información sobre el tema, incluyendo algún importante material nunca antes publicado en español. Como los hechos son bien conocidos, en este artículo no seré tan extenso ni tan detallado. Mi intención aquí será explicar lo menos entendido de la Crisis, las motivaciones y razones que llevaron al Premier ruso (prefiero llamarle ruso que soviético, término que fue una invención de los bolcheviques rusos desde la revolución de 1917) Nikita Khrushchev a tomar la peligrosa decisión de colocar cohetes nucleares de intermedio y medio alcance en Cuba en 1962. Comentaré también extensamente sobre informaciones publicadas en la última semana como algo “nuevo”, la presencia de cohetes nucleares tácticos en Cuba y la especulación de que Khrushchev consideró dejarlos en Cuba bajo el control de Fidel Castro al terminar la Crisis con la retirada de los cohetes “ofensivos” de Cuba. Finalmente, ofreceré mi interpretación y conclusiones sobre la Crisis y sobre que lecciones, si algunas, se pueden aprender de lo sucedido.
Todavía después de 50 años, que yo sepa, solamente los mejores historiadores de la Crisis, Timothy Naftali y Aleksandr Fursenko (One Hell of a Gamble [1997] y Khrushchev’ Cold War [2006]) y yo hemos identificado como la principal motivación de Khrushchev de introducir los cohetes en Cuba el hecho que fue su jugada y apuesta maestra para dominar al mundo. El mejor libro sobre la Crisis, One Minute to Midnight de Michael Dobbs (2008), incluye esta como una de las motivaciones, pero no la principal. Cuando Dobbs, quien es periodista de origen irlandés, pero también tiene títulos en economía e historia, presentó su magnífico libro aquí en la Universidad de Miami (Casa Bacardí) en el otoño del 2008, le pregunté sobre esto y me dijo que no estaba de acuerdo conmigo en la gran importancia que yo le daba a la motivación de Khrushchev ya descrita. Pero al preguntarle adicionalmente si él había visto los archivos rusos donde se pueden encontrar pruebas conclusivas sobre el asunto, las cuales solamente han sido examinadas por Naftali y Fursenko en Moscú en el 2003, me contestó que no, que él no había leído estos archivos, donde se encuentran los protocolos, minutas y deliberaciones en Moscú durante la Crisis. En el libro Khrushchev’s Cold War, Naftali y Fursenko citan mucha de esta documentación secreta. En español, este material, dando crédito a los autores mencionados, por supuesto, solo lo he utilizado yo. De manera que lo que sigue está documentado y, para mí, probado concluyentemente.
La cronología de lo que se llamó Operación Anadyr, por un río en Siberia (para camuflar la operación) es la siguiente. En abril de 1962, Khrushchev le plantea por primera vez al Ministro de Defensa ruso, el Mariscal Rodion Malinovsky (foto de la izquierda), la posibilidad de introducir cohetes nucleares rusos en Cuba (nunca antes cohetes nucleares se habían colocado in ningún lugar fuera de la Unión Soviética). Malinovsky contesta que sería posible pero debía ser aprobado por el Presidium. En esa primera conversación, ni Khrushchev ni Malinovsky mencionan la protección de Cuba contra una invasión americana para nada; solamente la posibilidad de igualar en algo la abrumadora superioridad atómica de Estados Unidos ante Rusia es considerada. Días después, Khrushchev lo consulta con el Vice Premier ruso Anastas Mikoyan, su más cercano colaborador. Mikoyan expresa sus dudas. Poco más tarde, el Ministro de Relaciones Exteriores Andrei Gromyko es consultado y según sus memorias, también se muestra dudoso. Pero Khrushchev sigue adelante y en mayo se discute el plan ante el Presidium. Solamente Mikoyan se opone, pero se decide esperar unos días para consultar al embajador ruso en Cuba, Aleksandr Alekseyev sobre si Castro aceptaría la presencia de los cohetes. Alekseyev también expresa sus dudas, pero se decide enviar una misión a Cuba a consultar a Castro.
El 29 de mayo, después de ser debidamente informado, Castro acepta. ¿Por qué lo hizo? Su motivación es más complicada y ha ofrecido varias versiones durante años, pero se puede decir que para él, lo más importante SÍ fue la protección de Cuba contra una invasión americana. Se debe mencionar por lo que ocurrió después, que Castro propuso de entrada que se firmara un tratado de asistencia mutua entre Cuba y Rusia y que se anunciara públicamente, lo cual estaba perfectamente permitido bajo el derecho internacional. Pero como Khrushchev quería presentar a Kennedy un fait acompli (acto consumado), el Premier ruso rechazó la idea. Luego se arrepentiría.
Los planes para la introducción de los cohetes en Cuba comenzaron inmediatamente, pero no vamos a describir nada de esto en detalle; quien esté interesado puede leer mi artículo del año pasado en los archivos de Cubanálisis.com y NuevoAcción.com, o en nuestro libro mencionado, El Ocaso del Régimen que Destruyó a Cuba, disponible en la Librería Universal localmente y en Amazon y therealcuba.com en Internet. Lo que quiero enfatizar aquí es cual fue el plan de Khrushchev. Consistía en tres partes. Primero, por supuesto, introducir los cohetes en Cuba secretamente, algo muy difícil y que al final probó ser imposible. Segundo, una vez colocados los cohetes en Cuba, Khrushchev planeaba viajar a Cuba y entonces si firmar ese tratado de asistencia mutua con Cuba propuesto por Castro inicialmente, y anunciar públicamente la presencia de los cohetes en Cuba. Pero después de las elecciones Congresionales en noviembre, ya que había falsamente prometido a Kennedy que Rusia no causaría problemas antes de las elecciones. Finalmente, Khrushchev viajaría a New York y ante la ONU, anunciaría el ultimatum final sobre Berlín.
La alternativa para Estados Unidos era aceptar su gran diseño, abandonar Berlin, y básicamente resignarse a ser potencia de segunda clase dominada por Rusia. Esa fue la gran jugada de Khrushchev. ¿Por qué lo hizo? Porque estaba convencido de que podía doblegar a Kennedy debido a su confrontación al Presidente en Viena en abril de 1961. Fue una gran apuesta basada en su intuición personal y la perdió porque subestimó a Kennedy. Ya lo sucedido en Viena había cambiado notablemente, pero el Premier ruso rehusó afrontar la nueva realidad. Gracias a eso, se evitó una posible guerra atómica, pero no antes que su colosal imprudencia puso al mundo lo más cerca que ha estado del abismo nuclear.
Khrushchev fue destituído de su cargo en octubre de 1964, dos años después de la Crisis, en buena parte gracias a su mal concebida decisión en Cuba. Supuestamente escribió sus memorias (publicadas en forma de libro en 1970 (Khrushchev Remembers) después que grabaciones secretas habían sido sacadas de Rusia. En esas memorias, Khrushchev, a manera de justificación, declara enfáticamente que su única motivación de introducir cohetes nucleares en Cuba fue “defender la revolución” y que nunca tuvo intención de usarlas contra Estados Unidos. Lo primero no es verdad, lo segundo, sí. Pero la campaña de justificación, desinformación y engaño abierto comenzó casi inmediatamente después de terminada la Crisis el 29 de octubre.
Primero, con las declaraciones públicas de Anastas Mikoyan en Washington, al regresar de su misión de más de un mes en Cuba para “apaciguar” a Castro y sobre todo, para convencerlo de que permitiera inspecciones en Cuba para asegurar que los cohetes habían sido retirados de la isla. Mikoyan se reunió con Kennedy el 29 de noviembre y declaró que “las armas nucleares no habían sido introducidas en Cuba para atacar a Estados Unidos, sino para defender a Cuba de un ataque desde afuera”. Kennedy rechazó esta explicación y expresó su ultraje por el “engaño deliberado” de los rusos. Pero Mikoyan insistió que NO había habido engaño alguno, sino “una diferencia de interpretación sobre nuestras armas”. Esto se lo mereció Kennedy por haber insistido ante el público americano a través del verano en que la enormidad de armamentos que estaban siendo introducidos en Cuba (pero no los cohetes “ofensivos”, lo que ignoraba hasta octubre 16 cuando fueron descubiertos por el U-2) efectivamente NO eran “armas ofensivas”. Ahora se tenía que tragar que Mikoyan dijera que todo había sido una diferencia de interpretación. Kennedy concluyó la reunión declarando débilmente que “esperaba que Castro se comportara con moderación y no nos provoque”.
Días después, Mikoyan, seguido por Khrushchev, declararon ante el Presidium en Moscú exactamente lo mismo, añadiendo que “habían salvado a Cuba”. De manera que esta “explicación” de la motivación de Khrushchev ya se había aceptado hacía mucho tiempo (no se podía explicar de otra manera en realidad ya que la documentación de sus verdaderas intenciones no fue revelada por 33 años más). Además, en definitiva el “entendimiento” entre Khrushchev y Kennedy que puso fin a la Crisis, en el cual se intercambiaba la retirada de los cohetes de Cuba por la “promesa” de Estados Unidos de no invadir, así lo demostraba. Claro que este endeble “acuerdo” y cualquier “promesa” de no invadir a Cuba habían sido, de facto, invalidados al no permitirse la inspección en Cuba por Castro. No obstante, prácticamente todos los historiadores desde entonces, excepto Naftali, Fursenko y yo, se han creído este cuento, pero la verdad es otra y ya es hora que así se reconozca.
Consideremos ahora las “revelaciones” del fin de semana pasado que han creado un gran revuelo, no solo aquí en Miami sino en otras partes del mundo. Primero fue un artículo publicado en Londres en la revista BBC News Magazine por un periodista inglés llamado Joe Matthews. En el corto artículo, aunque tengo entendido que también hizo un corto documental sobre el tema, ofrece principalmente dos temas. Primero, que en Cuba quedaron 100 “otras” armas nucleares al finalizar la Crisis. Segundo, que Khrushchev decidió obsequiarle a Castro estas armas, no obstante el “entendimiento” con Kennedy que obligaba a Rusia a retirar todos los cohetes nucleares de Cuba. Lo primero es conocido, pero el autor lo tergiversa de entrada para crear algo novedoso y sensacional, sobre todo con el título. Lo segundo es extremamente dudoso y el autor no ofrece un ápice de evidencia para demostrarlo. El artículo está basado en un nuevo libro, pero el autor no lo menciona. Hacia el final nos enteramos que las “otras” armas nucleares que menciona fueron los 80 cohetes “cruceros” tácticos (cruise missiles) denominados FKR, con un alcance de 90 a 110 millas y cabezas nucleares de 5 a 12 kilotones de TNT, los 12 cohetes tácticos denominados “Lunas” de un alcance de 20-25 millas con cabezas nucleares de 2 kilotones lanzados como proyectiles contra posibles fuerzas invasoras, y las seis bombas atómicas de pocos kilotones enviadas para ser usadas por los obsoletos bombarderos IL-28..
Esto se reveló primeramente por el General ruso Anatoli Gribkov, quien estuvo en Cuba durante la Crisis y luego escribió un informativo libro conjuntamente con el también General americano William Smith titulado Operation Anadyr (1994). Gribkov lo dio a conocer en una reunión en La Habana en octubre de 1992 al cumplirse 30 años de la Crisis. Los servicios de inteligencia americanos sospechaban de los Lunas, pero ignoraban la presencia de los más peligrosos y poderosos FKR y esta revelación SI fue sensacional en 1992. Como debe quedar claro, estos cohetes tácticos, aunque sus cabezas nucleares eran capaces de destruir un grupo naval de porta aviones o de causar tanto daño como la bomba atómica de Hiroshima, no representaban ninguna amenaza para Estados Unidos, excepto si fueran utilizados contra una fuerza invasora. Y de todas maneras, las cabezas nucleares de los cohetes tácticos NO quedaron en Cuba, sino que fueron retiradas (no se sabe cuando, pero no más tarde que principios de diciembre de 1962), junto con los más controversiales aviones bombarderos Ilyushin 28, los cuales Khrushchev SI trató de dejar en Cuba, también a fines de noviembre. Todos los cohetes—los FKR y los Luna—quedaron en Cuba, pero sin las cabezas nucleares, estas armas no eran ni muy efectivas ni muy amenazantes, ni siquiera para repeler una fuerza invasora. Los bombarderos IL-28, sin embargo, aunque eran ya obsoletos (quizás por eso Rusia los mandó a Cuba) y aunque Khrushchev acordó sacarlos de Cuba el 22 de noviembre, no fueron regresados a Rusia hasta el año 1964. Estados Unidos, o no se enteró, o no le dio importancia al hecho. Los IL-28 eran ya inconsecuentes y la insistencia de Kennedy para que se retiraran de Cuba era estrictamente política.
El segundo artículo está basado en el mencionado libro, escrito por Sergo Mikoyan (foto), hijo de Anastas en el 2010 y publicado póstumamente hace unos días (Sergo murió en el 2010, pero el libro fue completado por la investigadora Svetlana Savranskaya Directora de los archivos rusos del Archivo de Seguridad Nacional en Washington). El libro, titulado en español “La Crisis Soviético Cubana de los Misiles, está basado parcialmente en otro previo escrito por Sergo Mikoyan en ruso en el 2006 titulado Anatomía de la Crisis Cubana de los Misiles”. Sergo estuvo en Cuba con su padre, de quien fue secretario hasta su muerte en 1978, durante el mes que Anastas pasó en Cuba en noviembre de 1962 tratando de apaciguar a Castro. El artículo sobre el libro, publicado el domingo pasado en El Nuevo Herald por Juan Tamayo, menciona que el libro contiene 50 documentos de los archivos del gobierno soviético y la familia Mikoyan, incluyendo transcripciones de las conversaciones entre Castro y Mikoyan durante ese mes en Cuba. Naturalmente, Tamayo no cita ningún documento, siendo éste un corto artículo periodistico y yo no he leído el libro (no se publicará hasta diciembre). Pero la co autora Savranskaya estará presente en un importante conferencia que se celebrará este sábado 20 de octubre en Casa Bacardí de la Universidad de Miami. Pienso conversar con ella y casi seguro incluiré lo que me diga al final de este artículo. Recomiendo a todos los interesados que asistan a la conferencia; cuesta $25 e incluye desayuno y almuerzo. El ex Secretario de Comercio americano bajo el presidente Bush hijo, Carlos Gutiérrez, abrirá la sesión de la mañana a las 9am.
El artículo de Tamayo menciona que el libro de Mikoyan/Savranskaya también trata de los 100 cohetes tácticos que no habían sido incluidos en el “entendimiento” entre Kennedy y Khrushchev, ya que no eran “armas ofensivas” y que “inicialmente Mikoyan y las fuerzas armadas soviéticas estaban a favor de permitir que Castro quedara en control de las armas nucleares tácticas”, por lo menos hasta que Castro envió a Khrushchev la llamada “carta de la muerte” (doom letter) el 27 de octubre instándolo a lanzar un ataque nuclear contra Estados Unidos en caso de una invasión americana a Cuba. También menciona Tamayo que un cierto acuerdo oral (nunca he sabido de su existencia) soviético cubano del verano de 1962, “incluyó una promesa de que las tropas cubanas tomarían el control de las armas nucleares tácticas después de recibir entrenamiento”. Esto tampoco lo he encontrado en ninguna fuente que he consultado en 45 años y el tratado escrito entre Cuba y Rusia, que SI existe no contiene nada de esto. Tamayo no alude a lo que Matthews asegura, que Khrushchev “decidió” dejarle los cohetes tácticos a Cuba, pero si menciona hiperbólicamente que de esto suceder, “Cuba se hubiera convertido en una potencia nuclear”. Esto es una buena exageración cuando se habla de 80 cohetes que no tenían un alcance más allá de 110 millas y que no eran, ni podían ser, una amenaza para nadie. En fin, a no ser que la señora Savranskaya me convenza de lo contrario, pienso que todo esto es extremadamente dudoso y difícil de probar, pues no creo que entre los 50 documentos incluidos en el libro se puedan encontrar pruebas concluyentes de que Khrushchev efectivamente tenía la intención de dejarle los cohetes tácticos a Castro. Es más, he leído dos cables publicados en la reseña del libro, uno de Mikoyan a Khrushchev desde Cuba el 6 de noviembre; el otro de Khrushchev a Mikoyan el 12 de noviembre. Ambos cables son muy largos—el de Khrushchev tiene 22 páginas—y en ninguno de los dos se menciona la posibilidad de dejarle las armas nucleares tácticas a Castro. Esto es suficiente para mí.
Ni Dobbs, ni Gribkov/Smith mencionan nada sobre esto en sus documentados libros. Naftali y Fursenko, que presentan un largo y detallado capítulo sobre la misión de Mikoyan a La Habana en su primer libro, One Hell of a Gamble (1997), si mencionan muchos detalles sobre el tema. Es más, la información que ofrecen en su libro es prácticamente la misma ahora “revelada” por el libro de Sergo Mikoyan, y ese otro libro fue publicado hace 15 años. Al ser informado Castro del “entendimiento” que retiraría todos los cohetes nucleares de Cuba, primero por el embajador Alekseyev, y luego por Mikoyan, su furia fue tal que ordenó a su Ministro de Relaciones Exteriores Raúl Roa que informara al embajador cubano ante la ONU, Carlos Lechuga, que “todavía tenemos armas atómicas tácticas, las que debemos conservar”. En cuanto los rusos se enteraron de tal imprudencia, la cual podía echar por tierra todo lo acordado con Kennedy, insistieron que esa frase se retirara del cable a Lechuga, pero parece que algo ya sospechaba la administración de Kennedy por ciertos comentarios de Robert Kennedy al embajador ruso Dobrynin, quien ignoraba lo que estaba sucediendo.
Por otro lado, Naftali y Fursenko, aunque nunca mencionan que Khrushchev tenía intenciones de permitir a los cubanos conservar los cohetes tácticos, ni siquiera como un “desagravio” por la retirada de los cohetes estratégicos de largo alcance, indican que el Mariscal Malinovsky, Ministro de Defensa ruso, SI quería mantener los cohetes tácticos en la isla y así dio instrucciones al General Pliyev, a cargo de todas las fuerzas militares rusas en Cuba, para que se comenzara a entrenar a los cubanos en su uso. Pero lo que SI hizo Mikoyan, de acuerdo con estos autores, por su cuenta, ya que carecía de instrucciones de Moscú, fue convencer a Castro de que los cohetes tácticos debían regresar a Rusia por ley rusa (no existía tal ley), tal como menciona el libro de Sergo/Savranskaya. De manera que esto era bien conocido desde entonces; no hay nada “nuevo” en estas sensacionales “revelaciones”. Además, no obstante el “acuerdo oral” que menciona Tamayo en su reportaje sobre el nuevo libro, si existía un tratado escrito (el cual nunca se firmó debido al fracaso del plan de Khrushchev y el desenlace de la Crisis), como ya he escrito antes, que específicamente establecía, en su artículo 14, que Rusia tenía el derecho de retirar todo equipo y material militar de Cuba.
En realidad, entonces, no es siquiera lógico pensar que Khrushchev haya nunca considerado dejarle las armas tácticas a Castro. Si su plan maestro triunfaba, ya no habría necesidad de mantenerlas en Cuba. Si el plan fracasaba, como resultó ser, entonces no tenía sentido correr el riesgo de que esas armas fueran descubiertas en Cuba, sobre todo después de la “carta de la muerte” del 27 de octubre. No creo que más nada sea necesario para desmentir estas alegaciones. La historia también apunta contra intenciones rusas de transportar armas nucleares a otros países fuera de Rusia continental, mucho menos dejarlas en control de otros. Por ejemplo, en los años 1950s, Mao Tse Tung pidió tanto a Stalin como a su sucesor Khrushchev, que mandaran bombas nucleares a China. Los dos negaron la petición, Stalin aún después que China, instada por él mismo, entrara en la guerra de Corea y fuera amenaza por Estados Unidos con posibles ataques nucleares. Khrushchev brindó asistencia técnica y asesores rusos a China, lo cual ayudó a Mao a producir armas nucleares en 1964, después que Rusia había retirado sus asesores y su ayuda a China.
Los resultados y conclusiones de la Crisis son muchos y muy distintos. El primero y más obvio resultado fue que su decisión de introducir cohetes nucleares en Cuba le costó el cargo a Khrushchev dos años después. Las relaciones entre Castro y Khrushchev, después de 1964, entre Cuba y Rusia, también cambiaron radicalmente. Primero vino la rabieta de Castro por el retiro de las armas y tropas rusas (las que mucho le sirvieron para concentrar más de 30,000 tropas cubanas para la “limpieza” de opositores de las montañas del Escambray en Las Villas). Pero poco después, Castro fue invitado a Rusia, donde pasó varias semanas en junio de 1963, y la bonanza de ayuda económica y militar a Cuba comenzó como resultado del viaje. Castro, sin embargo, por muy agasajado y honrado que fue durante su estancia, nunca perdonó ni olvidó su humillación al final de la Crisis. Decidió desde entonces establecer una política independiente—a su conveniencia—de Rusia, sobre todo en cuestiones internacionales. Es verdad que por años pareció estar bajo el control ruso en las diversas intervenciones en casi todo el mundo y en la subversión en Iberoamérica y sobre todo África. Pero cuando sus intereses diferían de los rusos, su voluntad prevaleció. Aún cuando Moscú le negó ayuda económica y/o militar para ciertas de sus aventuras, Castro se aseguró de tener los medios económicos para lograr sus planes. El dinero recaudado en su involucramiento en el narcotráfico mundial (desde 1961) fue más que suficiente para pagar por todas sus intervenciones internacionales que estaban en conflicto con los deseos rusos. (Continuará)
Publicado por
en
4:44
0 comments
Etiquetas: Crisis de los Misiles, Crisis de Octubre, Diego Trinidad
A MEDIO SIGLO DEL ABISMO LA CRISIS DE LOS COHETES DE OCTUBRE 1962: GARANTÍA DE LA REVOLUCIÓN-VIII Y FINAL
viernes, 4 de noviembre de 2011
A MEDIO SIGLO DEL ABISMO
LA CRISIS DE LOS COHETES DE OCTUBRE 1962: GARANTÍA DE LA
REVOLUCIÓN-VIII Y FINAL
(11-3-11-5:10PM)
Por Diego
Trinidad, Ph. D 
La única conclusión a la cual se puede llegar sobre la Crisis
de Octubre es que Kennedy, una vez más, lejos de haber sido el “ganador” en la
crisis, desperdició quizás la última oportunidad de eliminar el régimen
castrista en Cuba.
Esto es de suma importancia y no sólo para los cubanos. Como concluyó un reporte
del Senado en 1963, “La evidencia es abrumadora que Castro está apoyando,
incitando, ayudando y contribuyendo a los movimientos revolucionarios y
subversivos a través del Hemisferio Occidental y que tales actividades
presentan una grave y ominosa amenaza a la paz y la seguridad de las Américas”55
(énfasis mío). Cuba se convirtió en la más grande y peligrosa amenaza para
la seguridad de toda América, incluyendo por supuesto a EU. Y el enorme costo
en dinero y en vidas inútilmente perdidas en 51 años de revolución cubana, es
incalculable. No queda otro remedio que condenar al presidente John F. Kennedy
de la forma más severa, por su responsabilidad en mantener y conservar el
régimen de los hermanos Castro en Cuba por medio siglo.
Por otro lado, se puede decir que algo valioso resultó de la
peligrosidad de la crisis, aunque este “logro” no sea remotamente meritorio en
comparación con el riesgo que se corrió. La mayor parte de los problemas que se
presentaron en tratar de resolver la crisis fueron debidos a la lentitud de las
comunicaciones entre Washigton y Moscú. En verdad, hasta la falta de
comunicaciones en algunos casos,
como con los submarinos rusos,
lo que fue el peligro máximo durante la crisis ya que no había comunicación
posible y los comandantes de los submarinos ni siquiera sabían lo que estaba
sucediendo en el mundo de la superficie. Después de la crisis se estableció lo
conocido como la “línea caliente” (“hot line”) entre Washington y Moscú para
mejorar y apurar las comunicaciones directas entre los líderes de ambos países (curiosamente,
la terminal de Washington por mucho tiempo no estaba en la Casa Blanca sino en
el Pentágono).
Una de las grandes ironías
del desenlace de la Crisis de
los Cohetes fue la neutralización de Berlín como punto focal en las relaciones
entre Occidente y el Bloque Comunista. La Crisis de Berlín del verano de 1961,
la cual surgió del primer ultimátum de Khrushchev a Eisenhower en 1958 (ignorado
por Eisenhower y sin consecuencias) y terminó siendo una de las principales
razones que llevaron a Khrushchev a colocar cohetes nucleares en Cuba 14 meses
después (debido a la reacción de Kennedy, al permitir, entre otras cosas, la
construcción del Muro de Berlín), desapareció después del “entendimiento” entre
el presidente americano y el premier soviético de octubre 28, con la
consiguiente mejora en las relaciones entre EU y la URRS. Khrushchev, quien
pensaba culminar su carrera ante la ONU en New York en noviembre 1962 anunciando
la presencia de cohetes nucleares en Cuba y reanudando su ultimátum sobre Berlín,
el cual esta vez sería aceptado por Kennedy, terminó engavetando a Berlín como
la principal cuestión política entre Occidente y el mundo comunista. Eso
también fue uno de los resultados permanentes de la Crisis de los Cohetes, pues
ningún otro líder de la Unión Soviética volvió a colocar a Berlín como punto
focal en las relaciones entre los dos bloques. El Muro cumplió su cometido
hasta que fue derribado en 1989.
¿Hubieron algunas lecciones de la Crisis de Octubre?
Definitivamente no las lecciones que nos quisieron legar los apologistas de los
Kennedy, tales como Ted
Sorensen y Robert McNamara, quienes además de propagar a los cuatro vientos la
gran victoria de Kennedy gracias a su serenidad y su ¡sabiduría! (para no
mencionar su moderación al no eliminar la presencia de los cohetes en Cuba y
mucho menos en invadir la isla para derrocar el régimen castrista, lo que fue la
obsesión de Kennedy por tres años), también pronosticaron en 1965 que los rusos
abandonarían su esfuerzo por ganar la carrera armamentista y que implícitamente
aceptarían la superioridad de EU. McNamara llegó hasta el punto de predecir en
1965 que no hay indicación de que los soviéticos estén buscando el desarrollo de
una fuerza nuclear tan grande como la nuestra”.
Para 1970, Rusia no sólo había alcanzado a EU en poderío atómico
y militar, sino que se había ido adelante. Con profetas así se llegó a
Vietnam y los “mejores y más
brillantes” nos llevaron a la primera derrota militar de EU en su historia.
Pero en realidad quizás la gran lección de la Crisis fue como los tres
principales protagonistas, Kennedy, Khrushchev y Castro cometieron tremendos
errores de apreciación y de juicio, los cuales contribuyeron más que nada a la
Crisis. Kennedy, por las razones que fueran, negligentemente ignoró—y permitió—que
la Operación Anadyr prosiguiera a través del verano de 1962 y casi tuviera éxito,
ignorando todo tipo de advertencias de muchos expertos y hasta de hombres de su
mayor confianza, como su hermano—quien primero previno de la posibilidad de que
Rusia introdujera cohetes nucleares en Cuba ¡desde fines de abril 1961! Además,
estaba convencido de la presencia e influencia de “fuerzas siniestras” en el
Kremlin que impulsaron a Khrushchev a tomar la fatídica decisión, cuando fue el
líder ruso—y nadie más que él—quien tomó todas las decisiones que llevaron a la
Crisis. Inexplicablemente, ignoró en gran parte la magnífica información que
tenía sobre el verdadero estado de la cohetería nuclear rusa (en buena parte
proveniente del espía Penkovskiy, cuyos reportes leía ávidamente, pero también
de los satélites CORONA) y no utilizó esa enorme ventaja para presionar más a
Khrushchev y lograr una resolución final en las relaciones entre Rusia y EU.
Khrushchev, por supuesto, cometió el más serio error al creer firmemente que
Kennedy era un hombre débil a quien podía dominar y quien se sometería a su
chantaje atómico. Khrushchev también estaba convencido que detrás de Kennedy
había “fuerzas oscuras” que lo controlaban: el Pentágono, la
CIA, Wall Street. Los dos, por supuesto, estaban equivocados y partiendo de
esas bases, cometieron varios errores de cálculo que afectaron las políticas de
sus dos países. Pero Castro fue quien més se equivocó, pues creyó firmemente en
el poderío de la cohetería nuclear rusa y en su voluntad de utilizarlo contra su
archienemigo, EU. Su mal cálculo casi cuesta la destrucción total de Cuba y una
posible guerra nuclear.
¿Hubo tanto peligro de una guerra nuclear
como por tanto tiempo se ha
creído? Desde que escribí mi disertación doctoral en 1971, ni yo ni muchos
otros autores nunca lo pensamos. Había, ya entonces, muchas razones para pensar
así. Kennedy puso las probabilidades de guerra tan altas como una en tres.
Pero uno de los mejores analistas del Departamento de Estado las consideró
remotas, no más de una en 100.56 Pero
según se reveló más documentación, sobre todo después que los archivos del
partido comunista ruso se abrieron por un tiempo en los años 1990 las dudas
aumentaron. Personalmente, solamente en los últimos tres o cuatro años me he
convencido que sí hubo peligro y mucho. Pero no porque Khrushchev hubiera ido a
la guerra. Eso no fue nunca su intención ni tampoco la de utilizar los cohetes
introducidos en Cuba. Sobre esto no hay dudas después de las revelaciones hechas
por Fursenko y Naftali en 2006 y de Michael Dobbs hace unos meses.
El gran peligro fue que por un accidente, lo más probable en
referencia a la situación con los submarinos, pero casi seguramente en caso de
una invasión a Cuba,
sí se hubieran utilizado armas nucleares. En ese caso Cuba hubiera quedado
vaporizada, que eran los deseos macabros de Castro, para así “inmolarse” para
siempre. ¿Y Rusia? Hubiera sido totalmente devastada pues,
como ya se sabe, malamente se podía defender y muy difícilmente
hubiera podido ni lanzar algún que otro ICBM que diera en el blanco en EU. Aún
así, las probabilidades de una catástrofe a nivel mundial son demasiado
espeluznantes para siquiera considerarlas sobriamente. Así que en conclusión, la
verdadera y única lección de la Crisis de Octubre fue que NUNCA se debe llegar
tan cerca del abismo y que en una guerra mundial, no habría ni
ganadores ni perdedores. Afortunadamente para el mundo, así ha sido desde que
se llegó a ese abismo por primera y única vez en octubre de 1962.57
55
Comité de las Fuerzas Armadas, Interim Report, U.S. Senate, 88th
Congress, 1st Session, 9 de mayo de 1963, Washington, Government
Printing Office, 1963, p. 4
56 Garthoff, op. cit.,
pp. 190-91
57 Además de todo lo
dicho al respecto, hay que considerar lo primitivas que eran las
comunicaciones en aquellos tiempos, sobre todo en Rusia, y el
hecho—inusitado y todavía mayormente desconocido—que las armas nucleares
tácticas de ambas superpotencias, a veces estaban controladas, en el sentido
de quien decidía cuando usarlas, por meros tenientes. Todo esto hubiera
podido definitivamente contribuir a un accidente no intencionado.
Thomas C. Reed, At the Abyss: An Inside History of the Cold War
(New York, Ballantine Books, 2005), pp. 322-25
Publicado por
en
15:24
0 comments
Etiquetas: Crisis de los Misiles, Crisis de Octubre, Diego Trinidad
A MEDIO SIGLO DEL ABISMO LA CRISIS DE LOS COHETES DE OCTUBRE 1962: GARANTÍA DE LA REVOLUCIÓN-VII
A MEDIO SIGLO DEL ABISMO
LA CRISIS DE LOS COHETES DE OCTUBRE 1962: GARANTÍA DE LA
REVOLUCIÓN-VII
(11-2-11-5:10PM)
Por Diego
Trinidad, Ph. D 
ANÁLISIS Y CONCLUSIONES
Aún desde antes
del 28 de octubre, cuando
Khrushchev aceptó la retirada de los cohetes de Cuba, ya éste había comenzado su
proceso de racionalización sobre el resultado. Hasta durante la reunión en Moscú
en la mañana del 28 donde se formalizó el final de la crisis, Khrushchev ya
había comenzado a decir que el hecho que Kennedy había “prometido” no invadir a
Cuba constituía una “victoria” para Rusia. Y desde
entonces eso siempre fue lo que repitió hasta la náusea que había sido la razón
de colocar los cohetes en
Cuba en primer lugar. Ahora
sabemos muy bien la verdad: que toda la Operación
Anadyr fue una gran jugada estratégica para terminar la
Guerra Fría con Rusia de árbitro final en el mundo.
Ésta siempre fue la versión aceptada por todos, hasta por los
miembros del Presidium cuando depusieron a Khrushchev en un golpe de estado sin
derramamiento de sangre en noviembre de 1964. La razón principal que se ofreció
para “retirar” a Khrushchev y substituirlo por Leonid Brezhnev fue que
Khrushchev había estado considerando “esquemas de cerebro de liebre”
(hare-brained schemes) en el caso de Cuba, muy convenientemente olvidando que
todos los miembros del Presidium, incluyendo a Brezhnev, habían votado a favor
de Anadyr. De manera
que ya por fin se puede decir por qué los cohetes fueron colocados en Cuba50.
Sin embargo, también hubo otra razón ya olvidada. Ésta fue la
necesidad de “mantener a Cuba quieta”, algo que a través de los años
republicanos en la isla, desde su independencia en 1902, había sido siempre la
consideración primordial de la política de EU hacia Cuba. En 1962, esto se
convirtió una vez más en la razón principal de Castro de aceptar no sólo los
cohetes, sino de mucha mayor importancia para él y los dirigentes
del régimen, las 50.000 tropas
rusas que vinieron con los cohetes. Esta masiva presencia militar rusa le
permitió a Castro concentrar sus tropas y milicias en las montañas del Escambray
y “limpiar” a los alzados de la zona, nada más y nada menos que mediante otra
“reconcentración” parecida a la implantada por el infame “carnicero” Valeriano
Weyler durante la Guerra de Independencia cubana en 1895-1898. Esta nueva
reconcentración de campesinos en el Escambray no produjo tantas muertes, pero
fue igualmente eficaz en eliminar la resistencia en el área para siempre.
Solamente gracias a la presencia rusa en Cuba esto pudo ser logrado.51
Sólo queda analizar el arreglo entre Kennedy y Khrushchev que
puso fin a la Crisis de Octubre.
Para eso es necesario citar la
carta de Kennedy a Khrushchev fechada en Washington, el 23 de octubre de 1962 a
las 8:05 de la noche. El tercer párrafo dice: (1) “Usted acordaría retirar
estos sistemas de armamentos de Cuba bajo la apropiada observación y supervisión
de las Naciones Unidas; y encargarse, con las debidas salvaguardas, de poner fin
a nuevas introducciones de tales sistemas de armamentos en Cuba”. El cuarto
párrafo lee: (2) “Nosotros, por nuestra parte—bajo el establecimiento de
arreglos adecuados a través de las Naciones Unidas para asegurar que estos
compromisos se continúen y se lleven a cabo—(a) eliminar prontamente las medidas
de cuarentena ahora en efecto y (b) dar garantías (assurances) contra una
invasión de Cuba y yo estoy confiado que otras naciones del Hemisferio
Occidental estarían preparadas para hacer lo mismo”.52
Esto es todo. Por estas efímeras palabras, el régimen de los hermanos Castro se
garantizó en Cuba, hasta ahora por 48 años.
Mucho tiempo después, en 1970, cuando los rusos comenzaron la
construcción de una base de submarinos en
Cienfuegos, el entonces
Secretario de Estado de EU, Henry Kissinger pidió el expediente (record) de los
entendimientos Kennedy-Khrushchev. Kissinger escribió después de revisar ese
record: “Emergió que no había ningún entendimiento formal, ni oral ni por
escrito”. De todos modos, continuó: “los soviéticos no habían acordado en 1962
ningún sistema de verificación por la oposición de Castro”.53
Como resultado de la “crisis” sobre la base de submarinos en Cienfuegos,
Kissinger se estuvo reuniendo con el embajador ruso Dobrynin por varios dias (a
espaldas del Secretario de Estado William Rogers) y durante esas reuniones,
después de revisar la documentación sobre los “entendimientos” entre Kennedy y
Khrushchev en octubre 1962, Kissinger decidió “reafirmar, clarificar y reforzar”
lo acordado en 1962. Mediante este nuevo “acuerdo” de 1970, “EU obtuvo
compromisos rusos de no basar submarinos nucleares en Cuba, mientras que [Rusia]
finalmente obtuvo un firme compromiso de EU de no invadir a Cuba”.54
(Aunque algunas transcripciones de las negociaciones entre Kissinger y Dobrynin
han sido publicadas, la versión escrita del nuevo documento firmado entre los
dos, el cual tiene que haber sido aprobado por Nixon y Brezhnev, nunca ha sido
publicado; hasta que eso ocurra, no se sabrá como terminó la Crisis). De manera
que se puede decir que, en verdad, la Crisis de Octubre no terminó hasta octubre
de 1970 ¡ocho años después de la Crisis de 1962! Claro, llámese
como se le llame, lo que se acordó el 27 de octubre de
1962 entre Kennedy y Khrushchev y se reatificó más “oficialmente—y por escrito—en
octubre de 1970, ha sido respetado hasta hoy. EU no ha invadido a
Cuba—ni ha permitido que nadie
ataque al régimen desde su territorio o desde ningún país de América. Cuba
sigue bajo el régimen de los hermanos Castro y nada ha cambiado en estos 51 años
de la revolución cubana. Sólo el largo tiempo que ha pasado. Y
desgraciadamente sigue pasando.(Continuará)
50 La teoría de la
“defensa de Cuba” como la principal motivación de Khrushchev, sin embargo,
se niega a morir. El mismo Michael Dobbs considera—aún después de revisar
la evidencia en los archivos rusos—que esa fue la principal motivación,
aunque no la única. Pero ver Graham Allison & Philip Zelikov, Essence of
Decision: Explaining the Cuban Missile Crisis (New York: Longman, 1999),
pp. 78-109, para una explicación minuciosa de por qué esta conclusión NO es
aceptable. Ofrecen cinco razones totalmente convincentes que invalidan esta
teoría, pero por falta de espacio, no es posible incluirlas aquí
51 Trinidad, op. cit.,
pp. 20-21, 35. De acuerdo con un reporte del Comité de las Fuerzas Armadas
del Senado “la fuerza soviética-cubana era capaz de suprimir cualquier
rebelion interna”. Interim Report, Senate Committee on Armed
Services, U.S. Senate, 88th Congress, 1st Session,
Washington, Government Printing Office, 1963, pp. 4, 7
52
Mark J. White, The Kennedys and Cuba: The Declassified Documentary
History Chicago: Ivan R. Dee, 1999), p. 236
53
George Will, The Lessons of the Cuban Crisis, Newsweek,
Octubre 11, 1982
54
Raymond L. Garthoff, Reflections on the Cuban Missile Crisis
(Washington, Brookins Institution, 1989), pp. 140, 145-47. Ver también
Seymour M. Hersh, The Price of Power (New York: Summit Books, 1983), pp.
250-57. Pero a pesar de que esta vez SI hubieron acuerdos
por escrito, todavía se mantienen secretos. ¿Sabremos algún día que
se acordó y por qué se han respetado los acuerdos por casi 48 años?










