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EL PRIMER PASO
miércoles, 21 de marzo de 2012
EL PRIMER PASO
(3-13-12-5:30PM)
Por Luisa Diez-Vega
El 26 de Febrero pasado asistí al restaurante ‘Havana/Miami’, donde como de costumbre, se efectúan los desayunos patrióticos de fin de mes, organizados en mi opinión, por un grupo de grandes patriotas. Durante el acto de ese día tuve el placer de oír al gran escritor Tito Rodríguez Oltmans hablar de la debacle que, inevitablemente, tendrá lugar en Cuba el día que el castrismo se venga abajo.
A parte del muy posible ‘baño de sangre’ que tanto horroriza a algunos, el Sr. Rodríguez Oltmans mencionó muy elocuentemente algo interesante que quizás muchos no hayan pensado. El asegura que Cuba no posee un sistema judicial establecido como para funcionar democráticamente y procesar a tantos que merecerán ser castigados por los 53 años de continuos crímenes cometidos contra el pueblo.
Tito nos dice que para empezar, en Cuba no existe ni el mas rudimentario sistema para custodiar las cárceles ni tampoco hay un jurista que conozca el código penal antiguo y sea capaz de llevar adelante un proceso justo y balanceado.
Después de oír esto, se me ocurre pensar que en Cuba no hay una sola persona, que después de medio siglo de dictadura totalitaria, tenga la menor idea de cómo manejar los mecanismos necesarios para gobernar ni el más pequeño de los términos municipales. Ningún ‘hombre nuevo’ sabría como dirigir lo que sería algo tan sencillo como la limpieza de las calles.
Para que un nuevo gobierno funcione debidamente, tendrían que haber miles de cambios radicales. Habría que empezar por entrenar a los policías porque la actual fuerza policial es un cuerpo de represión y no una entidad encaminada a servir y auxiliar a la ciudadanía. Lo mismo habría que hacer con la guardia rural, el cuerpo de bomberos y hasta con la última posición gubernamental.
¿Habrá alguien que conozca las obligaciones de un alcalde o alguien que sepa como desempeñar un puesto de concejal, o habrá empleomanía suficientemente capacitada cómo para preparar y asentar debidamente los documentos en un juzgado municipal? ¿Habrá expertos en sistemas de ordenadores electrónicos capaces de hacer más fáciles estas tareas que se anticipan descomunales? Todo cargo público debe ser re-evaluado y desmenuzado hasta en sus mínimos detalles para que cada individuo pueda desempeñar su trabajo correctamente.
Las fuerzas armadas habría que eliminarlas de un plumazo y empezar una re-organización y un entrenamiento como en los tiempos del presidente Estrada Palma. En mi humilde opinión, todos los sectores que son parte de una sociedad civilizada tendrían que re-edificarse desde los cimientos.
Especialmente el sistema educacional necesitaría ser planeado con extremo cuidado. Actualmente, los maestros cubanos son prácticamente analfabetos e ignoran temas tan importantes como la historia, no solamente de Cuba, sino del mundo. También ignoran la geografía y desconocen por completo que existe una asignatura llamada ‘Moral y Cívica’. Habría que re-entrenarlos en la manera de infundirle a sus alumnos el amor a la Patria y NO LA LEALTAD a un sistema absurdo o a un caudillo malvado e insolente. En realidad, habría que empezar ‘una marcha atrás’ al adoctrinamiento brutal que existe en nuestra tierra.
Sería interminable la lista de sectores en toda la isla que necesitarían una total y nueva reconstrucción. Lo citado anteriormente sería el paso posterior al desastre inicial y tendría lugar poco después que se asentara el polvo del ‘derrumbe’.
Ahora bien, EL PRIMERO, EL MÁS IMPORTANTE, EL MAS CRUCIAL DE TODOS LOS MONUMENTALES ESFUERZOS para salvar el futuro de la Patria, sería solicitar la perentoria cooperación de hombres íntegros, de mentes brillantes y probada cubanía, capaces de establecer una republica democrática, usando como guía y faro hacia el porvenir cubano, los XIX Títulos de la Constitución de la República de Cuba de 1940, único documento que legítimamente puede gobernar la Cuba libre del futuro.
CASI UN EDITORIAL
viernes, 19 de febrero de 2010
CASI UN EDITORIAL
(2-18-10-5:30PM)
LA DEMOCRACIA VENIDERA
En el mundo de hoy ya no se habla de la democracia a secas. Se acostumbra a adornarla con algún calificativo: funcional, integral, pluralista, pluripartidista, participativa, representativa, verdadera. Y más, a veces se combinan adjetivos que se enfatizan o rechazan mutuamente. No se menciona la popular porque ese eufemismo estalinista, el pueblo de Cuba lo padece desde hace más de medio siglo.
Pero ninguno de esos compuestos aclara como se desenvolvería la futura democracia cubana, una vez derribada la tiranía actual. Las estructuras que muchos proponen son las mismas. Y si las estructuras son las mismas y el pueblo de Cuba es igual ¿Dónde estaría la diferencia? Si esa democracia con apellido que nos ofrecen no es sino la de los polvos—democracia torpe, tramposa y bullanguera—que nos trajo estos lodos. Aquella que fracasó en Cuba, no tenemos ninguna razón para esperar resultados diferentes.
En cambio, nos sobran razones para suponer que el nombre particular sirve para dar identidad a alguna ideología. Es decir, contribuye a diferenciar lo mismo. Nada más parecido en nuestro patio a un liberal que un conservador. Nada más parecido a un auténtico que un ortodoxo. Nada más parecido en patio ajeno a un demócrata que un republicano. Nada más parecido a un Tirano Banderas, en cualquier patio del mundo que un líder máximo.
Por eso el pueblo de Cuba, escarmentado, sospecha de las ideologías. En estos momentos, el cubano de a pie, no tiene ideología. Tiene criterios. Y esos criterios serán mucho más firmes cuanto más se ajusten a la naturaleza humana y cuanto más concuerden con el sentido común y la experiencia histórica.
Nuestra experiencia histórica más próxima es una concentración de poderes sin precedentes. El sentido común sugiere que la más amplia libertad contribuya a su remedio. Y la naturaleza humana no recuerda lo poco que el pueblo disfruta su libertad sin medios eficaces para ejercerla y retenerla.
Nos pronunciamos por la democracia, pero por una democracia que devuelva “la responsabilidad decisiva a donde legítimamente pertenece y de donde nunca debió haberse sustraído: a la base misma donde trabaja y reside el pueblo soberano”.
La democracia es el gobierno del pueblo. No de un líder o una camarilla. No de la burocracia. No de los partidos. Si bajo ese gobierno, cada ciudadano en el centro de trabajo donde ejerce su profesión u oficio, en la esfera inmediata de su vecindario, su municipio y su provincia, carece de los medios para intervenir directamente en los asuntos que lo afectan, para disponer de sus contribuciones, para delegar y reclamar cuentas, para deponer al delegado de abusa de su mandato, concluiríamos que bajo ese gobierno, sin importar que nombre se le adhiera como apellido, la democracia será una farsa y la soberanía del pueblo un mito.










