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lunes, 2 de diciembre de 2013

HOMENAJE A UN GRAN CUBANO Y BUEN AMIGO: GUSTAVO DE LOS REYES A LOS 100 AÑOS
(12-2-13-2:00PM)
Por, Diego Trinidad, PhD. 
El 29 de noviembre, cumpl mi buen amigo Gustavo de los Reyes 100 años.  Esto en sí es una grandiosa hazaña, inclusive en estos tiempos en que la gente vive vidas cada vez más largas.  Pero Gustavo además tiene la suerte de gozar de relativamente buena salud y sobre todo, una claridad mental envidiable, al igual que una extraordinaria memoria.  Sin embargo, nada de eso lo hace un gran cubano.  Su trayectoria y comportamiento en su larga vida son lo que lo hacen grande.
Gustavo nació en La Habana, hijo de padres españoles pero con un pasado bien distinto.  La familia de los Reyes fue una familia de militares por muchas generaciones, como lo atestigua el escudo familiar donde solo hay emblemas militares. Gustavo dice no saber cómo y cuándo la familia de su madre vinieron a Cuba, pero fueron hacendados y abogados radicados en Matanzas, quizás la provincia más rica de Cuba en tiempos coloniales.  Pero miembros de ambas familias lucharon y murieron en las guerras de independencia contra España. 
Su padre era médico y su madre estudió en Estados Unidos.  Gustavo aprendió francés desde niño, al igual que a montar a caballo y practicar el antiguo deporte de la esgrima.  A los 11 años lo mandaron a un campo de verano en las montañas Adirondack en el estado de New York, donde también aprendió a hablar inglés.  Gustavo dice que su niñez no fue feliz, pues casi nunca veía a su padre.  Sin embargo, hoy en día uno recorre su larga vida, sobre todo antes de salir de Cuba en los años 1960s, y no se puede evitar pensar que fue una vida casi idílica.  Esos tiempos ya nunca volverán, y no me refiero solamente a la Cuba que se perdió, sino a su vida de joven en la también joven república.  Vivir en el campo, como yo también, recuerdo bien mi niñez y juventud en Ranchuelo, donde como Gustavo, aunque 30 años después, pasábamos mucho tiempo montando a caballo en la finca de mis padres a tres kilómetros del pueblo, era una vida muy distinta a la que conocieron los que se criaron en las ciudades más grandes de Cuba, sobre todo en La Habana.
Estudió medicina como su padre, primero en la Universidad católica de Georgetown en Washington, luego en la Universidad de La Habana, pero descubrió que no tenía vocación para esa dura carrera, y como su pasión era el campo, los caballos y el ganado, eventualmente decidió estudiar Ingeniería Agrónoma en la Universidad de La Habana.  Pero antes de eso, se inició en el elegante y exclusivo deporte del Polo y consecuentemente viajó a varios países en Centro y Sur América a practicar su deporte favorito, especialmente a Venezuela, que en el futuro se convertiría en su patria adoptiva.  También viajó extensamente por Estados Unidos y por  Europa.  Finalmente se estableció en Camagüey y se convirtió con el tiempo en uno de los principales ganaderos de Cuba.
Fue un rebelde desde joven y con solo 18 años, estuvo a punto de embarcarse en la expedición de Gibara durante la dictadura de Gerardo Machado.  Solo la intervención de su padre lo evitó a última hora y súbitamente fue enviado a Estados Unidos.  Eso posiblemente le salvo la vida, o al menos la prisión, ya que sus intenciones eran continuar la lucha contra la dictadura de Machado.  Así lo hizo años después contra las dictaduras de Fulgencio Batista y de Fidel Castro.
Esto nos trae a su vida desde 1959.  Gustavo fue de los primeros en conspirar contra la incipiente dictadura comunista de Castro.  Se involucró muy temprano en el primer intento de derrocar al gobierno revolucionario, en el verano de 1959.  Un grupo de hacendados y ganaderos, entre los cuales estaba Gustavo de los Reyes, conspiraban con grupos en los que figuraba prominentemente el Comandante William Morgan y que supuestamente contaría con el apoyo del dictador dominicano Rafael Trujillo.  Poco antes de la operación, que se realizaría en Trinidad, donde William Morgan operaba una finca de criar ranas, Gustavo y George Braga, presidente de Czarnikow-Rionda, una de las firmas corredoras de azúcares más importantes del mundo, volaron a Washington.  Por mediación del gran amigo de Gustavo, Robert Kleberg, dueño del Rancho King, uno de los más grandes de Cuba y a quien Gustavo había conocido años antes en Estados Unidos, Braga y de los Reyes se reunieron con el Director de la CIA Allen Dulles.  También presente estaba el agente de la CIA y buen amigo de Kleberg, Jack Malone.
Dulles le preguntó a Gustavo cuánto dinero necesitaban para la operación.  Gustavo contestó que no necesitaban dinero y solo estaban allí para informarle a Dulles de lo que pretendían.  Dulles le respondió que ya sabían sobre la conspiración y que el gobierno de Estados Unidos no podía respaldarla. Dulles les advirtió que si insistían en la operación, terminarían en la cárcel o el cementerio.  Tristemente Gustavo y Braga se retiraron, pero no terminó el asunto con la negación de Dulles.  Inmediatamente el Director de la CIA le comunicó al Departamento de Estado todos los detalles de la conspiración. 
En aquel entonces, William Weiland (en la foto) (verdadero nombre: Guillermo Montenegro, miembro del Partido Comunista de Cuba desde los años 1930s) estaba a cargo del Buró de Asuntos del Caribe y de Cuba.  Su jefe inmediato era Ray Rubbotom, Sub Secretario de Estado para América Latina.  Ambos funcionarios contribuyeron directamente al triunfo de Fidel Castro en enero de 1959.  La información que Dulles pasó al Departamento de Estado pocos días después le llegó al embajador americano en Cuba, Philip Bonsal.  Es de suponer que Weiland y/o Rubbotom le “sugirieran” a Bonsal que informara al Ministro de Estado cubano Raúl Roa de la conspiración. Casi inmediatamente, Gustavo de los Reyes fue detenido, junto con Roberto Caíñas Milanés y Arturo Hernández Tellaheche, entre otros hacendados y ganaderos.  La expedición que aterrizó en Trinidad en agosto de 1959 unos días después (solo dos aviones) fue fácilmente sofocada, ya que el mismo Castro y William Morgan estaban esperándola en la pista del aeropuerto de Trinidad.  Roberto Martín Pérez, entre otros, fue capturado.  Félix Rodriguez, quien participó en la captura de Ernesto “Che” Guevara en Bolivia en 1967, se salvó por la intervención de su tío cuando estaba a punto de montarse en uno de los aviones, ya que era muy joven.  Si Morgan o el Departamento de Estado fueron responsables por la delación, probablemente nunca se sabrá, pero el funesto resultado de un plan que el mismo Gustavo ahora reconoce fue una locura, como le advirtió Dulles, casi le cuesta la vida.
Gustavo de los Reyes fue condenado a muerte por un tribunal revolucionario poco después.  Gracias a la intervención de su buen amigo Robert Kleberg, quien envió a su abogado, Fausto Yturria a negociar directamente con Fidel Castro, la sentencia de muerte le fue conmutada y fue condenado a 30 años en el Presidio Modelo de Isla de Pinos.  Fue liberado después de cuatro años, en su opinión por el esfuerzo de su hermana Silvia, pero probablemente por negociaciones que incluían la posible intervención de Gustavo para relajar las relaciones entre Estados Unidos y el régimen castrista. De cualquier manera, Gustavo abandonó Cuba después de dos meses negociando con rusos y mejicanos como intermediarios para un acercamiento entre Cuba y Estados Unidos que nunca funcionó.  Al final de todos estos esfuerzos en 54 años ha estado Fidel Castro, quien nunca ha tenido la más mínima intención de restablecer buenas relaciones con su feroz enemigo, Estados Unidos.
De todas maneras, como todos los que llegamos al exilio, sobre todo después del fracaso de la invasión de Bahía de Cochinos y la Crisis de los Cohetes, Gustavo tuvo que ocuparse del sustento de su familia y relegar la lucha por la libertad de Cuba temporalmente a segundo plano.  Por un tiempo trabajó en un rancho ganadero del centro de la Florida hasta que su consuegro Alfonso Fanjul le avisó que Robert Kleberg venía a la Florida y quería conversar con él.  Kleberg prontamente le ofreció administrar uno de sus ranchos King en donde Gustavo prefiriera.  Gustavo escogió Venezuela.  Los Fanjul y Álvaro Carta también eran socios en el rancho ganadero.  Al principio fue el Mostrenco, posteriormente se estableció El Cedral.  El resultado fue el mismo.  Gracias a la labor de Gustavo, sus grandes conocimientos agropecuarios y sus innovaciones, los ranchos King de Venezuela, sobre todo el Mostrenco, se convirtieron, de acuerdo con el biógrafo de Robert Kleberg, John Cypher, en la más eficiente fábrica de carne a base de yerba en el mundo.
Gustavo no abandonó la lucha por la libertad de Cuba y aunque no habla mucho de eso, desde Venezuela hizo lo que pudo y fue una figura importante según sus obligaciones se lo permitían.  Cuando llegó la hora de su retiro, vino a Miami donde vive en una casa llamada como la finca donde creció en La Habana, La Aurora.  Hace varios años preside honoríficamente un grupo que se reúne todos los miércoles para almorzar, hablar de historia, política y la libertad de Cuba. 
Yo lo conocí en uno de esos almuerzos de la llamada Peña Santiago Rosell.  A pesar de la diferencia en edades, hemos establecido desde el principio una magnífica relación.  Curiosamente, a él le gusta tanto oírme hablar de historia, sobre todo de mis especialidades, la invasión de Bahía de Cochinos y la Crisis de los Cohetes, y de política americana, como a mí me gusta oírlo hablar de su larga vida y de sus experiencias.  Estas cortas líneas, que son mi humilde homenaje a su vida ejemplar, espero que sean leídas con interés por los cubanos del Exilio Histórico.  Gustavo de los Reyes se lo merece con creces.  Su vida ha sido un ejemplo que nos debe honrar a todos los cubanos.

jueves, 7 de noviembre de 2013

EL PROGRAMA "A LA INTEMPERIE"
DIEGO TRINIDAD: LA VERDAD SOBRE EL ASESINATO DE KENNEDY
(11-7-13-4:45PM) 

 

jueves, 31 de octubre de 2013

RULETA RUSA-IV-FINAL
(10-31-13-4:30PM)
Por Diego Trinidad, PhD.
El material recientemente revelado—en los últimos ocho años, tiene que ver con las motivaciones de Khrushchev, la resolución de la Crisis, y el peligro que el mundo corrió.  Sobre estos temas, el libro esencial es Khrushchev Cold War, por Aleksandr Fursenko y Timothy Naftali, publicado en el 2005 (la narrativa clásica de la Crisis está también escrita por estos grandes autores, One Hell of a Gamble (1997).  En este libro del 2005, los autores revelan las discusiones en el Kremlin antes, durante y al final de la Crisis.  Son los únicos (y los primeros) que tuvieron acceso a ciertos de los archivos de la Oficina de la Federación Rusa en el 2003 y además, a las notas taquigráficas y a las minutas de la reuniones en el Kremlin catalogadas (y parcialmente tomadas por él mismo como taquígrafo oficial) por el General Vladimir Malin.  Basados en esa documentación, Fursenko y Naftali son los únicos que comparten mis ideas sobre la motivación principal de Khrushchev en colocar los cohetes en Cuba: alcanzar la paridad nuclear con EE.UU. y chantajear al presidente Kennedy para ganar la guerra fría.  Muchos otros consideran (como Dobbs) que estas fueron motivaciones importantes, pero no las únicas.  Nosotros no opinamos tampoco que fueron las únicas, pero si las principales.  Definitivamente no creemos en la justificación de Khrushchev cuando se vio obligado a retirar los cohetes de Cuba: que todo había sido por garantizar la existencia permanente de la revolución cubana, lo que según él, se había conseguido.  Pero esto es demostrablemente falso, como se verá enseguida. 
Las otras dos grandes narrativas sobre la Crisis (en su totalidad) son Defcon-2, por Norman Polmar y John D. Gresham (2006), y la mejor en mi opinión (y la más reciente), One Minute to Midnight, por Michael Dobbs (2008).  Dobbs solo cubre en exquisito detalle, casi hora por hora, los sucesos entre octubre 16 y 28, todo lo ocurrido en Washington, Moscú y La Habana en esos días aciagos.  Pero además, revela por primera vez algunos de los grandes peligros y la existencia de los cohetes tácticos FRK con cabezas nucleares.  Uno de ellos, emplazado en Mayarí Alto, podía haber destruido la Base de Guantánamo en dos minutos en caso de una invasión americana, lo cual nunca se descubrió hasta que Dobbs lo reveló en su libro. 
Dos otros importantes libros (uno publicado hace meses) exploran temas poco conocidos de la Crisis, como los “otros” cohetes, los emplazados en Turquía; y los días siguientes a la “resolución”, incluyendo el verdadero final de la Crisis.  Estos son, The Other Missiles of October, por Philip Nash (1997) y The Fourteenth Day, por David G. Coleman (2012).  Nash describe la historia de los cohetes Júpiter emplazados en Turquía (y en Italia e Inglaterra) en 1962, desde el comienzo de este proyecto en 1957.  La importancia de este libro es que en definitiva, la Crisis se resolvió con el intercambio de los cohetes en Cuba por los Júpiter en Turquía, y Nash ofrece el único relato completo sobre esto.  Coleman cubre algo todavía menos conocido: lo sucedido después del 28 de octubre, cuando la Crisis supuestamente terminó.  Pero no fue así; duró un mes más, hasta que los bombarderos IL-28 fueron retirados de Cuba a fines de diciembre de 1962.  La importancia de este interesante relato es que todavía en esos días hubo gran peligro y todos los acuerdos tomados pudieron haberse anulado. 
Tres libros más deben ser mencionados.  No son historias completas de la Crisis, pero se refieren a partes importantes.  Uno es un clásico, Eyeball to Eyeball, por Dino A. Brugioni (1990).  Aunque se subtitula The Inside Story of the Cuban Missile Crisis, en verdad es un recuento de cómo se descubrieron los cohetes en Cuba y como se analizaron las fotos.  Brugioni fue uno de los principales analistas fotográficos de la CIA y estuvo muy involucrado en el desarrollo de los U-2s y los satélites espías, de manera que sus experiencias son invaluables.  Además, el título se refiere a la famosa frase de Dean Rusk cuando los barcos rusos pararon en el mar después que la “Cuarentena” fue anunciada por Kennedy el 22 de octubre.  Dijo Rusk: “Los dos tipos estaban ojo con ojo (eyeball to eyeball) y creo que el otro pestañó”.  Brugioni también fue el primero que mencionó la “brecha de las fotos”, pero pocos le prestaron atención entonces y cuando escribió su libro, había todavía mucho material sobre la Crisis clasificado como secreto, pero le dio el merecido crédito a los “héroes ignorados” de la Crisis, los analistas fotográficos de la CIA.  Sin ellos, los cohetes estratégicos no se hubieran identificado.   
 El libro October Fury, por Peter A. Huchthausen, capitán retirado de la Marina quien estuvo a bordo del destroyer Blandy durante la Crisis, relata algo muy poco conocido: la odisea de los cuatro submarinos rusos en el Caribe y los barcos americanos que los estuvieron “cazando” en la superficie.  Cuando uno de los submarinos, el U-59, capitaneado por Valentin Savitsky, era acosado por el Blandy, y Savitsky, desesperado por la falta de oxígeno y el calor insoportable (temperaturas de más de 120 grados dentro del submarino), el Capitán estuvo a punto de disparar el torpedo con cabeza nuclear a bordo del U-57.  Cargas de profundidad fueron lanzadas por el Blandy y Savitsky estaba convencido que lo estaban atacando.  Como los comandantes de submarinos tenían la autorización de usar los torpedos nucleares en caso de ataque, esto hubiera destruido (si funcionaba, algo improbable) a un grupo completo de barcos americanos en un área de millas a la redonda.  Casi seguro que hubiera resultado en un ataque nuclear vengativo americano contra Rusia: la Tercera Guerra Mundial, la Final.  Huchthausen también cuenta sobre el programa de submarinos rusos, como los submarinos nucleares rusos, que estaban incluidos en la Operación Anadyr, no pudieron ser utilizados debido a que eran un peligro porque sus reactores se recalentaban demasiado.  Por eso, los más lentos submarinos de petróleo tuvieron que ir al Caribe a “proteger” a la Armada rusa.  Pero los protectores resultaron los cazados, ya que fueron descubiertos por la Marina casi al llegar al Caribe.  La actuación heroica de la Marina americana, quizás quien mejor actuó durante la Crisis, queda bien descrita en este libro, al igual que otro famoso episodio cuando McNamara fue expulsado del cuartel general naval en Washington por el Almirante Anderson, Jefe de la Marina, cuando trató de inmiscuirse demasiado en las operaciones. 
Finalmente, otro libro valioso que narra las experiencias de un alto funcionario del Departamento de Estado, Reflections on the Cuban Missile Crisis, por Raymond L. Garthoff (1989), es de suma importancia.  Aquí se encuentra por primera vez el verdadero final de la Crisis—ocho años después, en 1970.  Como ya es bien conocido, el “entendimiento” entre Kennedy y Khrushchev que supuestamente terminó con la Crisis (pero que en verdad no fue como se cree) fue un simple intercambio de cartas entre los dos líderes el 26 y 27 de octubre.  Siempre se ha pensado que el “acuerdo” (nunca fue tal cosa) era a base de la retirada de los cohetes de Cuba a cambio de una promesa de Kennedy de que EE.UU. no invadiría a Cuba.  Pero esto estaba predicado en que los americanos pudieran verificar la retirada de los cohetes, que pudieran conducir una inspección en Cuba.  Fidel Castro absolutamente prohibió tal inspección, ni siquiera por la ONU.  De manera que el “entendimiento”, desde el principio, quedó invalidado.  Los rusos lo sabían, los cubanos, no.  Nunca se hizo público este hecho.  Simplemente, todos asumieron que en realidad existía la promesa de no invasión.  Como en definitiva se ha mantenido desde 1962, todavía muchos creen que está en vigor y que es válida.   
Nada de eso.  Garthoff relata lo ocurrido, cuando el “entendimiento” Kennedy-Khrushchev se modificó y se puso por escrito: un verdadero acuerdo oficial, aunque ni fue anunciado, ni se ha revelado—todavía está clasificado como secreto.  Esto sucedió en 1970, cuando la “mini-crisis” creada al tratar la URSS de construir una base de submarinos nucleares en Cienfuegos, Cuba.  El Asesor de Seguridad Nacional del Presidente Nixon, Henry Kissinger, al darse cuenta que el famoso “entendimiento” de 1962 era nulo e inaplicable, acordó con el embajador Soviético Anatoly Dobrynin en Washington revisar el “entendimiento” de la manera siguiente.  Se prohibía a la URSS introducir submarinos nucleares en Cuba, además de cohetes.  A cambio, EE.UU. prometía, por escrito, no invadir a Cuba.  Este es el verdadero pacto entre los dos países, algo que nunca se aprobó por el Congreso y algo que ya no puede ser aplicado, puesto que una de las dos partes, la URSS, dejó de existir como nación en 1991.  Garthoff revela esto en su libro y nadie le prestó mucha atención cuando fue publicado en 1989.  Ese fue el final de la Crisis de los Cohetes en Cuba, no en octubre, ni en diciembre de 1962, sino en octubre de 1970.  Y ahora se sabe que SI hubo un acuerdo real—y por escrito--de una promesa de no invasión. Pero nunca se ha revelado y han pasado 43 años.  Repito entonces ¿alguna vez sabremos la verdad de todo lo sucedido y del final de la Crisis? 
Finalmente, hay que considerar la trilogía de libros escritos por Sheldon Stern.  Stern, un historiador eminente, fue quien primero oyó, examinó y catalogó las famosas grabaciones de los años de Kennedy (Kennedy Tapes).  Entre 1977 y el 2000 fue Historiador Oficial de la Biblioteca Kennedy en Boston.  Sus tres libros son: John F. Kennedy and the Secret Cuban Missile Crisis Meetings (2003); The Week the World Stood Still (2005); y The Cuban Missile Crisis in American Memory (2012).  En el ultimo, publicado el año pasado, Stern destruye TODOS los mitos restantes sobre la Crisis, especialmente sobre la actuación de los que participaron en las deliberaciones del ExCom en Washington durante los días críticos de la Crisis. Lo que allí dijeron y lo que después escribieron y declararon.  Aquí todos salen muy mal parados, excepto el Presidente Kennedy y el Secretario Rusk. Stern—y ese es su único problema—es un gran admirador del presidente y considera que su actuación durante la Crisis fue ejemplar.  Con Rusk es simplemente justo.  Rusk, como era su personalidad, fue prudente y nunca habló demasiado, ni entonces ni después.  Eso no quiere decir que sus consejos fueron particularmente buenos, pero no trató de tergiversar los hechos ni de falsificar la historia, como hicieron todos los demás, especialmente Robert Kennedy y McNamara.  Estos libros de Stern, pero muy particularmente The Cuban Missile Crisis in American Memory, deben ser consultados por todos los que quieren en verdad entender lo sucedido, sobre todo de parte de los americanos en esas famosas reuniones en Washington entre octubre 16 y 29 de 1962.  El profesor argentino se beneficiaría mucho en leer los libros de Stern y todos los demás que menciono.  De esa manera, quizás pudiera escribir una continuación bien documentada y revisada de su ensayo “Los Misiles de la Discordia” del pasado año.  
Para terminar este largo trabajo, debo mencionar algo con modestia aparte.  Aunque soy un historiador profesional y llevo 45 años investigando y escribiendo sobre la invasión de Bahía de Cochinos y la Crisis de los Cohetes, los dos sucesos más importantes en Cuba en todos los tiempos en mi opinión, nunca he consultado fuentes originales sobre estos temas, excepto los documentos del archivo del Departamento de Estado (Foreign Relations of the United States) y he conocido y entrevistado a solo unos cuantos actores participantes en estos episodios.  Sin embargo, puedo decir con modestia aparte, pero con toda confianza, que mi capítulo sobre la Crisis de los Cohetes publicado en mi libro (con otros tres autores, Efrén Córdova, el editor, Juan Benemelis y Miguel Castillo) El Ocaso del Régimen que Destruyó a Cuba (2011), es lo mejor escrito en español sobre la Crisis.  Sin comparación.  Ningún autor en español ha leído o siquiera conoce bien las fuentes, sobre todo las rusas, como yo.  Si mis artículos y capítulos—pues tengo cientos de páginas escritas sobre ambos temas—tienen la calidad literaria esperada en algo definitivo sobre algún tema, eso es para que lo juzguen otros, pero las investigaciones y los conocimientos aportados no son igualados por nadie en nuestro idioma. 
La Crisis de los Cohetes en Cuba, que en realidad se produjo a través de ocho meses—desde mayo a diciembre de 1962—en mi opinión es el evento más importante del Siglo XX.  No solo fue el momento de mayor peligro para el mundo, cuando en verdad enfrentamos la posible destrucción del planeta, sino que también fue de gran importancia por muchas otras razones. Fue el episodio que definió la Guerra Fría y que cambió para siempre la relación entre EE.UU. y la URSS. Le costó su posición a Nikita Khrushchev como líder de la URSS.  Nos trajo la carrera armamentista que tanto daño le hizo al mundo y que tanto peligro y malgastados recursos produjo en 46 años de Guerra Fría.  Creó las condiciones y causó, al menos indirectamente, la elección de Ronald Reagan como Presidente de EE.UU. en 1980 y la selección del gran Papa Juan Pablo II en 1978.  Finalmente, aunque indirectamente, produjo la caída y desaparición de la URSS en 1991 y del movimiento comunista internacional también en 1991.  El comunismo internacional resultó en la muerte de casi 200 millones de seres humanos  en 74 años. Eso en si fue lo más trascendental del Siglo XX.  De manera que, Si, la Crisis de los Cohetes FUE el evento del Siglo. 
Nota final.  A los que quieran leer mi capítulo sobre la Crisis y prefieran no comprar el libro “El Ocaso del Régimen que Destruyó a Cuba”, donde aparece (se puede obtener en Amazon.com), si me escriben adtrinidad3@comcast.net, con gusto se los envío.  Tiene como 50 páginas de largo, pero toda la información que quien quiera conocer a fondo este tema, puede ser encontrada en ese capítulo, con todas las referencias, por supuesto.

miércoles, 30 de octubre de 2013

RULETA RUSA-III
(10-30-13-5:00PM)
Por Diego Trinidad, PhD.
El otro asunto fue el reclutamiento de cubanos exiliados para que se enlistaran en el ejército americano después del fracaso de la invasión de Bahía de Cochinos. ¿Por qué se hizo? ¿Cueles fueron las razones de Kennedy para ordenarlo?  Al parecer, o al menos eso le hicieron creer a varios líderes de la Brigada 2506 como San Román, Oliva y Ruiz Williams (todos confidentes de Robert Kennedy), serían utilizados como parte de una nueva invasión americana a Cuba.  Existía un plan para una invasión de tropas americanas a Cuba, el cual fue preparado en detalle por el Pentágono (no la CIA), esta vez por órdenes directas del presidente.  El plan todavía existe, aunque nunca se implementó y es muy dudoso que Kennedy hubiera ordenado ponerlo en acción.  Quizás esos cubanos que se enlistaron tomarían parte en una nueva y futura invasión.  Se les hizo creer eso a algunos.  Quizás serían utilizados para mantener el orden después de una exitosa invasión americana a Cuba.  No lo sabemos; fue otro de los misterios que se llevó Kennedy a la tumba.  En mi opinión, fue una pantalla, para hacer parecer que algo se planeaba contra Castro.  Pero por otro lado, no que para esto se utilizaran a esos cubanos reclutados en el ejecito americano necesariamente, de hecho SI había planes contra Castro.  Los hermanos Kennedy tenían  todas las intenciones de vengarse de Castro; era algo personal, debido al fracaso de la invasión.  Esos planes produjeron la Operación Mangosta (Mongoose), dirigida por el mismo Robert Kennedy.  Infiltraciones, sabotajes, ataques a instalaciones costeras cubanas. . . y planes para asesinar a Castro.  De esos planes, el último, utilizando al doble agente Rolando Cubela para asesinar a Castro, puede haber provocado directamente el asesinato de Kennedy.  Hay evidencia conclusiva de que al menos tres agentes de la DGI cubana estaban presentes en Dallas el 22 de noviembre de 1963 y de que ellos estuvieron íntimamente involucrados en el asesinato del presidente.  El mismo 22 de noviembre, un enviado directo de Robert Kennedy, el agente de la CIA Desmond Fitzgerald, se estaba reuniendo con Cubela en París en el momento que Kennedy era mortalmente herido por disparos de Oswald y quizás de agentes de la DGI.  
El artículo de Michael Dobbs es sumamente importante por las posibles implicaciones y por como toda la historia de la Crisis pudo haber cambiado.  Dobbs, quien como dije antes se ha convertido en el mejor investigador de la Crisis, mientras investigaba en los archivos del gobierno para escribir su gran libro One Minute to Midnight (2009), descubrió una enorme cantidad de rollos de películas tomadas por aviones Crusader de la Marina y otros interceptores de la Fuerza Aérea, a baja altura sobre Cuba desde octubre 23.  A diferencia de las fotos de los U-2, estas fotos tomadas a baja altura tenían una definición mucho mayor y se podía notar, casi a simple vista, detalles que con las fotos de los U-2s no era posible definir bien.  Estos jets volaban tan bajo como a 100 pies de la superficie y solo tenían entre 3 y 5 segundos para fotografiar las instalaciones de cohetes, sobre todo en el occidente de Cuba. Estos vuelos se conocieron como Operation Blue Moon. Cuando Dobbs descubrió por accidente la existencia de estas películas, pensó que todo el material estaba aún clasificado.  Pero gracias al analista Dino Brugioni de la CIA (quien también escribió un gran libro sobre la Crisis, Eyeball to Eyeball, mencionado más adelante), Dobbs se enteró que todo el material de Blue Moon estaba en el Archivo Nacional.  Las películas NO estaban clasificadas, pero nadie las había examinado hasta entonces.  
¿Cuál es la importancia de este material? Dobbs descubrió que la CIA nunca logró encontrar donde estaban las cabezas nucleares de los cohetes de medio alcance (las de los cohetes de alcance intermedio nunca llegaron a Cuba antes de la resolución de la Crisis).  Los analistas pensaban que estaban bajo gran vigilancia en el puerto de Mariel.  En realidad, estaban en Bejucal, y fueron “descubiertas” por Dobbs después de examinar películas tomadas por los rusos y después de entrevistar antiguos militares soviéticos.  Pero esto sucedió años después.  Es decir, la CIA nunca descubrió la presencia de las cabezas nucleares en Bejucal (también la CIA ignoraba el emplazamiento de los cohetes tácticos FRK).  Consecuentemente, cada vez que el Presidente Kennedy le preguntaba a los militares si era posible destruir todos los cohetes y todas las cabezas nucleares en una serie de bombardeos, la respuesta siempre era la misma: No todo, quizás hasta un 90%, pero esto de acuerdo a la información que existía.  Si sabían dónde encontrarlas, podían destruir hasta un 90%. ¿Pero y las que NO podían encontrar?  Esa fue la razón por la cual Kennedy decidió no aprobar ningún bombardeo.  Pero, especula Dobbs, si se hubiera descubierto con un buen grado de seguridad donde estaban todos los cohetes y todas las cabezas nucleares, entonces hubiera sido casi imposible para Kennedy no dar la orden de bombardear las bases en Cuba.  La presión de los militares y de los líderes de Congreso, especialmente de Demócratas como el poderoso Senador Russell de Georgia, quizás hubiera sido insoportable y el presidente hubiera cedido. 
Una vez más ¿y eso que?  Bueno, como ni la CIA ni los militares conocían la presencia de armas nucleares tácticas en Cuba (lo supieron a última hora, pero ni siquiera entonces se enteraron del emplazamiento de los cohetes FRK, que también tenían cabezas nucleares y que estaban bajo el control de personal Soviético sobre el terreno.  A pesar que existía la orden de no usar esas armas tácticas sin previa autorización de Moscú, varios generales y coroneles Soviéticos han declarado que definitivamente ellos hubieran autorizado el uso de armas nucleares tácticas en caso de una invasión americana a Cuba. Eso casi seguramente hubiera provocado una guerra nuclear entre Estados Unidos y la Unión Soviética.  En el mejor de los casos, Cuba hubiera sido devastada, pero la primera víctima hubiera sido la Base Naval de Guantánamo.  Eso en sí, probablemente hubiera provocado una confrontación entre las dos superpotencias. (Continuará)

lunes, 28 de octubre de 2013

RULETA RUSA-II
(10-28-13-5:00PM)
por Diego Trinidad, PhD.
Kennedy, desde la desastrosa reunión con Khrushchev en Viena en junio de 1961, donde según sus propias palabras, el líder ruso le había dado una “paliza” (a beating, en sentido figurado, naturalmente) y según Khrushchev, él le “había tomado la medida al joven presidente” (a quien consideró desde entonces como un hombre débil e indeciso), había implementado una serie de medidas que hicieron su posición, vis-a-vis Khrushchev, mucho más fuerte.  Pero inexplicablemente, durante ese verano, cuando la intervención masiva de la URSS en Cuba (tropas y equipos, incluyendo aviones y grandes cantidades de armamentos) se hizo realidad y cuando comenzaron los rumores, primero por parte de reportes de refugiados cubanos, luego con acusaciones de congresistas al respecto, el presidente americano decidió confiar en las intenciones “pacíficas” de Khrushchev.  El Premier ruso le había pedido, como parte del camuflaje de la Operación Anadyr, que EE.UU. cesara los vuelos de reconocimiento para evitar “incidentes” (los vuelos de bajo nivel se redujeron, pero no se cancelaron; de manera que la administración sabía bien lo que sucedía).  A cambio, le prometió a Kennedy que las armas introducidas en Cuba eran solamente “defensivas” y que no haría nada antes de las elecciones al Congreso  en noviembre que pudiera “abochornar” al presidente.  Kennedy lo creyó, y el resto, como dice la expresión, “es historia”. 
El Director de la CIA John McCone(en la foto con el presidente Kennedy)regresó a Washington de Francia a fines de septiembre, y aunque no se sabe exactamente cuando se enteró de la decisión de no permitir los vuelos de U-2s sobre Cuba del 10 de septiembre, poco después logró convencer a Kennedy de reanudar los vuelos y el 12 de octubre, se descubrió la presencia de cohetes de medio alcance en varios puntos de Cuba.  Después de eso, comenzó propiamente la Crisis de los Cohetes.  Pero McCone, a pesar de que gracias a su intervención se hizo el descubrimiento de los cohetes ofensivos rusos el 12 de octubre, nunca recibió agradecimiento alguno de Kennedy y sus asesores.  Al contrario, desde entonces lo consideraron un adversario, un “verdadero bastardo” (a real bastard), en palabras del mismo presidente en una conversación (grabada) con su hermano Robert en la Casa Blanca el 4 de marzo de 1963.  
El libro Blind Over Cuba describe en detalle todo el proceso de lo conocido como “la brecha de las fotos”, pero además, en la segunda parte, cubre las cuatro investigaciones que se condujeron entre noviembre, 1962 y marzo, 1963, tres por la CIA y otras organizaciones del Ejecutivo, la cuarta por un Comité del Senado.  El resultado de todas estas investigaciones y reportes, en general muy críticas de la administración, no se revelaron hasta 40 años después.  Todavía quedan muchas partes clasificadas.  (¿Nos enteraremos algún día de todo lo ocurrido durante la Crisis?) Pero lo más importante del libro es que destruye, a los 40 años, el mito de que la “brecha de las fotos” fue causada por el clima, por la nubosidad sobre Cuba en esos casi fatales 39 días.  Este fue un mito deliberadamente creado por los hermanos Kennedy y sus apologistas que escribieron la “historia oficial” desde entonces.  Todo lo contrario: los autores demuestran, concluyentemente, que los 39 días sin vuelos de U-2s sobre Cuba fueron estrictamente debidos a la política de “no ver y no oír”  de la administración; a la política de ignorar la actividades de la URSS en Cuba durante ese verano de 1962; la política de negligencia casi criminal que permitió la introducción de cohetes nucleares estratégicos a 90 millas de las costas americanas.  
La última parte del libro, a manera de un Apéndice final, es en mi opinión lo mejor: una historiografía de la “brecha de las fotos”, pero en realidad, una historiografía de la Crisis de los Cohetes en su totalidad.  Aquí se encuentran todos  los libros importantes publicados sobre este controvertido tema, muy especialmente los que han aparecido en la última década, los que han verdaderamente cambiado drásticamente la perspectiva de la Crisis y han producido nuevas interpretaciones que en verdad, enseñan que esta no fue la Hora más Grande de Kennedy ni su Apoteosis.  No, lejos de eso.  Fue otra demostración de cómo un presidente mediocre en toda la extensión de la palabra, simplemente porque fue asesinado en su apogeo y porque sus apologistas quisieron—y consiguieron—crear a su alrededor el Mito de Camelot, puso al mundo al borde del abismo por su ineptitud y por su falso orgullo. 
Para resumir, la Crisis de los Cohetes en Cuba comenzó, como propiamente describe el profesor, en abril de 1962, cuando Nikita Khrushchev, probablemente en su afán de emparejar de la manera más rápita y económica el balance en cohetería nuclear intercontinental entre EE.UU. y la URSS, ideó la introducción de cohetes estratégicos en Cuba.  La fuente citada por el profesor también es correcta: el gran historiador ruso, el General Dmitri Volkogonov (foto) fue quien primero documentó la conversación entre Khrushchev y el Mariscal Rodion Malinovsky, Ministro de Defensa, en su residencia de verano en Sochi, en la costa del Mar Negro, donde el líder ruso le pregunta al Ministro sobre la posibilidad de introducir cohetes ofensivos en Cuba.  Días después, durante tres reuniones en el Kremlin a fines de mayo, el Politburó unánimemente, aprueba el proyecto, Operación Anadyr (por un río de Siberia) y se decide enviar a una delegación rusa a Cuba para buscar la aprobación de Fidel Castro. Castro consultó solo con su hermano Raúl, Ernesto “Che” Guevara, el presidente cubano Raúl Dorticós y Ramiro Valdés, y al día siguiente, dio su consentimiento. ¿Por qué lo hizo?  No se puede confiar en sus palabras, puesto que ha ofrecido varias versiones, algunas de las cuales lo hacen lucir como un gran estratega, lo que el aquellos tiempos no era.  Probablemente creyó en Khrushchev, su mentor y protector, y sus promesas de protección contra una invasión americana, confiando en los alardes del poderío atómico ruso que el líder ruso no se cansaba de propagar.  Algunos piensan que Castro sabía la inferioridad de Rusia ante EE.UU. en cohetería nuclear (Brian Latell, por ejemplo); pero yo estoy convencido que Castro definitivamente creyó a Khrushchev.  Sin embargo, Castro propuso a la URSS firmar un tratado de defensa mutua y hacerlo público.  Era lo lógico y Cuba tenía todo el derecho de hacerlo de acuerdo con las normas internacionales.  Pero Khrushchev se negó.  ¿Por qué? Porque su plan dependía del secreto y de la sorpresa.  No era nada menos que una atrevida gran  apuesta para ganar la guerra fría.  
La Operación Anadyr consistía de tres partes.  La primera era introducir los cohetes en Cuba mediante una gigantesca operación encubierta que eventualmente llevaría a la isla a más de 50,000 tropas rusas, cientos de toneladas de equipos militares, incluyendo aviones—de ataque y bombarderos, cohetes nucleares tácticos, cuatro submarinos, y por supuesto, los cohetes estratégicos de intermedio y medio alcance.  Una vez que los cohetes estratégicos estuvieran instalados y operacionales, poco después de la elección Congresional en noviembre,  la segunda parte contemplaba el viaje de Khrushchev a Cuba para entonces firmar un tratado de defensa mutua con Cuba.  La tercera parte  llevaría a Khrushchev a la ONU en New York, para anunciar la presencia de los cohetes en Cuba y el tratado recién firmado entre los dos países, y exigir la retirada de las tropas aliadas de Berlín.  Ese era el objetivo final: Berlín.  Todo estaba basado en el convencimiento absoluto de Khrushchev de que el presidente Kennedy aceptaría los hechos consumados y por su falta de carácter y debilidad, negociaría la rendición de Occidente al Comunismo Internacional, el sueño dorado de Lenin y Stalin hecho por fin realidad.  Por esa increíble fantasía, Khrushchev se lo jugó todo.  Perdió, pero con esa insensata apuesta, puso al mundo en el mayor peligro de su destrucción en la historia. 
No es necesario relatar los hechos de la Crisis; son muy conocidos y aquí no hay nada nuevo que se pueda aportar.  Pero dos asuntos adicionales mencionaré a petición de otro amigo.  Uno es todavía controversial y falsificado; el otro, casi desconocido e ignorado.  Primero, el derribo del U-2 americano en la mañana del sábado 28 de octubre, llamado desde entonces “el sábado negro”. ¿Quién ordenó el derribo? Ciertamente no Castro, como algunos todavía mantienen.  Uno de sus más íntimos colaboradores, Carlos Franquí, me dijo en una entrevista en Puerto Rico hace varios años que Fidel Castro mismo había oprimido el botón que lanzó el cohete SAM que derribó al U-2.  Otros propagan que Castro dio la orden a la batería de SAMs cerca de Banes, en la provincia de Oriente, para que disparara.  Las dos versiones son falsas.  Castro no podía oprimir ningún botón; estaba en La Habana, a cientos de kilómetros de Banes.  Tampoco dio la orden; no tenía autoridad para hacerlo. Los rusos tenían el control absoluto de las baterías de SAMs.  Pero esa mañana, Castro se apareció en el cuartel general de los rusos en El Chico, cerca de La Habana, enfurecido por los continuos vuelos de reconocimiento a casi ras de tierra por aviones americanos sobre las bases de cohetes estratégicos (no los vuelos de los U-2, los cuales bien sabía que nada podía hacer para evitarlos) y ordenó a las baterías antiaéreas cubanas disparar sobre estos rápidos aviones de reconocimiento (así se hizo, pero cuando se ordenaba disparar, ya los aviones habían pasado).  Los rusos, sobre todo el General Pliyev, jefe de todas las tropas rusas en Cuba, quedaron muy impresionados por el fervor “socialista” de Castro y a la vez estaban abochornados porque los cubanos tenían órdenes de disparar, pero los rusos nada hacían para evitar los vuelos de U-2s.  Pliyev decidió que derribaría el próximo U-2 que volara sobre Cuba y así lo informó a Moscú.  Una hora después, se presentó la oportunidad.  Pero Pliyev había desaparecido del cuartel.  Dos generales subalternos, Grechko y Garbuz, dieron la orden conjuntamente pues el U-2 estaba al salir del espacio aéreo cubano.  Pliyev aprobó la orden y defendió a los generales ante la ira de Moscú (ese derribo casi provoca un ataque americano a Cuba).  No fueron nunca sancionados. (Continuará)

RULETA RUSA-I
(10-27-13-4:55PM)
Por, Diego Trinidad, PhD.
Lo que sigue se escribió originalmente en abril, pero nunca se ha publicado.  Como llevo muchos años escribiendo algo en cada aniversario de la Crisis, aprovecho ahora, en uno más, para publicar este material después de actualizarlo.  Me parece que debe ser muy útil a todos los interesados en el tema porque es un análisis nuevo y porque incluye todo lo mejor publicado sobre el tema, especialmente desde el 2005. 
Cada vez que los historiadores que llevamos décadas (en mi caso 45 años) investigando y escribiendo sobre la Crisis de los Cohetes en Cuba de mayo a diciembre, 1962, pensamos que ya todo se ha revelado, aparece un libro nuevo sobre un tema no muy explorado, nuevas investigaciones o idealmente, nuevas revelaciones sobre la Crisis.  Pero en realidad, todavía queda mucho que descubrir y mucha documentación aún clasificada.  No solo en los archivos del gobierno de Estados Unidos, sino también de Rusia y otros antiguos países dominados por comunistas.  Inclusive falta lo que hay en los archivos de Cuba, los únicos que nunca se han abierto ni para un vistazo. 
Hace algunas semanas, un buen amigo argentino me pidió que leyera y escribiera una corta crítica sobre un trabajo publicado en Buenos Aires el pasado 24 de octubre por un profesor en sesión privada de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas. (Omito el nombre del profesor a petición de mi amigo). El ensayo, titulado “Octubre de 1962: Los Misiles de la Discordia”, es un buen resumen narrativo sobre un tema que supongo no es muy conocido en Argentina.  Pero aprovecho la oportunidad para además hacer algunos comentarios adicionales sobre un importante libro publicado a finales del 2012, Blind Over Cuba: The Photo Gap and the Missile Crisis, por David M. Barrett y Max Holland. También quiero comentar sobre un importante artículo del mejor investigador sobre la Crisis desde hace tiempo, Michael Dobbs, publicado en la revista Smithsonian en Octubre, 2012. Lo que sigue es un nuevo análisis de la Crisis y todo lo publicado en los últimos diez años.  Al final, ofrezco una lista de varios importantes libros que se han escrito desde el 2005, y los cuales han cambiado bastante las interpretaciones sobre lo ocurrido en Cuba entre mayo y diciembre de 1962. 
Primero el ensayo del profesor argentino.  Generalmente es una narrativa interesante, informativa y  objetiva; cubre lo sucedido de una manera sucinta y ofrece mucha información para los neófitos en un ensayo relativamente breve.  Pero tiene un defecto fatal: está basado en información de más de 25 años.  Esto hace que aunque la materia que cubre es verídica, por otro lado hay una gran cantidad de información que ha sido revelada, sobre todo desde el 2005, de la cual quien lea “Los Misiles de la Discordia” nunca se puede enterar.  Específicamente, el profesor se basa en casi todo lo cubierto en su ensayo en dos libros, publicados entre 1987 y 1993, que cubrieron varias conferencias celebradas en Hawks Cay, Florida y Cambridge, Massachussets (1987); Moscú, Rusia (1989); Antigua (1991); y La Habana (1992).  Muchos de los participantes tuvieron importantes papeles protagonistas en la Crisis.  Estos libros fueron: On the Brink: Americans and Soviets Reexamine the Cuban Missile Crisis (1989), por James G. Blight y David Welch; y Cuba on the Brink: Castro, the Missile Crisis and the Soviet Collapse (1993) por James G. Blight, Bruce J. Allyn y David Welch.  Algunas de las figuras que participaron en las varias conferencias fueron los Secretarios de Defensa y Estado americanos Robert McNamara y Dean Rusk, y el líder cubano Fidel Castro.  Los principales en el drama, el presidente John Kennedy y su hermano Robert, Fiscal General de EE.UU. entonces y Nikita Khrushchev, Premier de la desaparecida Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), por supuesto estaban muertos, aunque Robert Kennedy estuvo presente  “en espíritu” ya que su memoria “13 Días” (1999) fue utilizada por el autor sin citarla. 
Basar un ensayo tan amplio en tan pocas fuentes (y tan poco confiables) es riesgoso, y el profesor desafortunadamente cae en esa trampa y comete serios errores—no de facto, necesariamente—sino de omisión.   En primer lugar, este tipo de reuniones produce pocos nuevos datos; los participantes a veces actúan más como “celebridades” que como testigos.  Segundo, usualmente poco se aprende, solo se cubre territorio conocido (aunque en la reunión de Hawks Cay, Dean Rusk reveló algo hasta entonces secreto: que Kennedy tenía preparado a un antiguo funcionario de la ONU para que propusiera el intercambio de cohetes en Cuba por los instalados en Turquía si la URSS no aceptaba su propuesta; pero no fue necesario).  Finalmente, ocasionalmente los participantes tratan de cambiar los hechos y sobre todo, lo que dijeron y lo que hicieron durante los eventos.  Esto sucedió varias veces con McNamara, quien padeció siempre de una memoria muy selectiva cuando describía lo sucedido durante la Crisis.  Por ejemplo, el profesor cita a McNamara diciendo que el Almirante Denison había prohibido a los barcos americanos utilizar cohetes Honest John (tácticos) con capacidad nuclear.  Esto no es cierto.  Denison de hecho SI tenía la autoridad—sin contar con McNamara—de usar cohetes nucleares tácticos y nunca prohibió su uso, en buena parte porque la Marina de EE.UU. no sabía que los cuatro submarinos rusos  que merodeaban en aguas caribeñas estaban armados con un torpedo nuclear cada uno (y uno de ellos estuvo muy cerca de dispararlo). 
Otros participantes, como los generales Smith (EE.UU.) y Gribkov (URSS), no contribuyeron mucho en las discusiones, pero luego escribieron un excelente libro sobre la Crisis, Operation Anadyr (1994).  Y claro, en la conferencia de La Habana, la “estrella” fue el mismo Fidel Castro.  Pero como siempre fue su costumbre, Castro ofreció varias versiones de los hechos que estaban en conflicto con lo que había dicho en otras ocasiones. específicamente sobre sus motivaciones en permitir la instalación de los cohetes en Cuba y su famosa carta a Khrushchev, conocida como la “carta del Armagedón”, donde sugería al líder soviético que lanzara sus cohetes nucleares intercontinentales contra EE.UU. si se producía una invasión en Cuba por los americanos.  Como se puede ver, este es un peligro cierto: que algunos participantes tergiversen la historia.  Más adelante ofreceré evidencia de cómo casi todos los participantes en la Crisis del lado de EE.UU. cambiaron, algunas veces radicalmente, lo que hablaron y escribieron sobre sus actuaciones durante la Crisis, sobre todo los que fueron parte del Excom en Washington.  Claro que los autores de estos dos libros en que el profesor basa tanto de su relato no solo citaron a los participantes, sino que ofrecieron buenos análisis y comentarios, pero el problema es que el profesor acaba de escribir su ensayo hace seis meses y no sabemos por qué ignora toda la documentación que ha aparecido desde 1994, sobre todo varios magníficos libros que han sido publicados especialmente desde el 2005. 
Pero ahora vamos al gran libro Blind Over Cuba.  Aquí se cubre una de las grandes omisiones de la Crisis, algo de suma importancia pero hasta el pasado año, casi totalmente ignorado.  Sin embargo—y por eso título este artículo “Ruleta Rusa”—en verdad, debido a los 39 días en que los aviones de reconocimiento U-2 no volaron sobre Cuba desde septiembre 3 hasta octubre 12 de 1961, la Crisis pudiera haber terminado de una manera muy distinta y desastrosa para EE.UU.  Primero unas palabras sobre los autores. No conozco a Holland, pero es un buen investigador sobre asuntos del Internet y un experto en inteligencia.  A Barrett (Foto: David Barrett) si lo conozco bien. Fue instrumental en lograr que se desclasificara el Volumen III de la Historia Oficial de la CIA escrita por Jack Pfeiffer entre 1979 y 1984.  Pfeiffer pasó 10 años tratando de publicar los cuatro volúmenes, pero la CIA le ganó la batalla legal.  Después de la muerte de Pfeiffer, Barrett demandó a la CIA bajo la Ley de Libertad de Información (Freedom of Information Act), ganó el caso y logró que el Volumen III se publicara en su página de internet.  Barrett me pasó el Volumen III hace más de cinco años y me envió las notas de pie a su costo (no estaban incluidas en el Volumen III que publicó en su website). En el 2012, se han publicado los volúmenes I y II; solo el IV queda clasificado. Barrett es un gran investigador y un magnífico historiador, profesor de la Universidad de Villanova y autor de otro libro importantísimo libro, The CIA and Congress: The Untold Story from Truman to Kennedy (2005). 
En resumen, esto fue lo sucedido. Desde agosto de 1961, la CIA llevaba volando dos veces sobre Cuba cada mes.  Aunque el vuelo del 5 de agosto de 1962 no descubrió presencia de cohetes en Cuba (por unos días), John McCone, el nuevo Director de la CIA (republicano conservador), quien había substituido al legendario Allen Dulles después del fracaso de la invasión de Bahía de Cochinos por el cual la CIA—y Dulles—fueron culpados (cuando Kennedy fue el verdadero responsable) tenía sospechas desde el 10 de agosto por otras razones de que la URSS estaba planeando introducir cohetes en la isla, pero por la nubosidad sobre Cuba, el segundo vuelo del mes no se realizó hasta el 29.  McCone, mientras tanto, estaba de viaje de luna de miel en Francia desde el 23 de agosto, pero mantenía sus sospechas y era informado de lo que sucedía. Cuando McCone se enteró del descubrimiento de una posible base de SAMs en el occidente de Cuba el 29, (se descubrieron ocho bases), se alarmó aún más, pues estaba convencido de que la única razón de Moscú en instalar bases de SAMs en Cuba era para proteger  otras bases de cohetes estratégicos que seguirían a los tácticos SAMs poco después.  Pero lejos de iniciar ninguna acción, Kennedy ordenó que todo se mantuviera en secreto (se revelo a la prensa el 4 de septiembre). 
Nada se hizo hasta el 10 de septiembre.  Ese día, en una reunión en la oficina del Asesor de Seguridad Nacional McGeorge Bundy, en la que estaban presentes Dean Rusk, Robert Kennedy, el General Pat Carter, Subdirector de la CIA y otros analistas, se decidió cancelar los vuelos de septiembre indefinidamente.  Al final, por mediación de Rusk, se permitieron los vuelos, pero no sobre la isla, sino en la periferia.  Así se llegó al famoso vuelo del 12 de octubre, cuando se descubrieron emplazamientos de cohetes estratégicos de mediano alcance.  Este fue la casi fatídica ruleta rusa que jugó la administración del Presidente Kennedy con el mundo.  Porque los primeros cohetes estratégicos se piensa que llegaron a Cuba entre el 15 y el 17 de septiembre y si su descubrimiento se demora unos días más, los cohetes rusos hubieran estado operacionales.  Entonces, nadie sabe lo que hubiera sucedido.  Pero el peligro de—al menos—un accidente nuclear, sino una guerra en sí, habría por seguro aumentado considerablemente. 
¿Por qué se tomó esta casi suicida decisión el 10 de septiembre?  Es en verdad muy difícil de explicar, pero básicamente la razón aludida por Rusk y Bundy fue el temor al derribo de un U-2 sobre Cuba. El 30 de agosto, un U-2 se había desviado y había violado el espacio aéreo ruso por varios minutos, lo que produjo una airada protesta del Kremlin.  El 8 de septiembre, otro U-2 procedente de Taiwán, se había “perdido” sobre China (nunca se supo que sucedió).  De manera que Rusk y Bundy decidieron—y Kennedy lo aprobó—que el peligro de un derribo era mucho peor que no volar sobre Cuba después que se habían descubierto ocho bases de SAMs en el occidente de la isla el 29 de agosto.  Además, esto hay que ponerlo en el contexto de la política americana hacia Rusia durante todo el verano de 1961.(Continuará)

miércoles, 23 de octubre de 2013

EL INSIDIOSO “COMPAÑERO" PALLÍ 
 (10-23-13-4:30PM)
Por Diego Trinidad, PhD. -Especial para Nuevo Acción
Una vez más, el “compañero” PALLÍ demuestra su incalculable ignorancia y mendacidad.  En un artículo publicado por El Nuevo Herald el pasado viernes PALLÍ supera sus acostumbradas necedades con creces.  ¿Por dónde empezar?  En verdad, no debía siquiera empezar.  Con este propagandista del colectivismo no se puede razonar.  El problema es que los dos Heralds lo han convertido en uno de sus voceros favoritos y no se puede permitir que se nos trate de identificar con los cubanos que PALLÍ representa.  Es decir, con los únicos cubanos que para él son dignos de llamarse cubanos, los que comparten su gran ardor por “dialogar” con el régimen castrista y los que también comparten su feroz odio contra el Exilio Histórico.  No hay día que este ser no trate de difamar y de atacar al Exilio Histórico.  Para él, los que orgullosamente nos identificamos con los valores de ese Exilio Histórico, somos indignos, somos obsoletos, somos “dinosaurios”. 
Tilda de “insignificante” al Senador Ted Cruz de Texas, un distinguido abogado y prominente líder del movimiento conservador en el Senado.  Lo acusa de “magnicidio” contra una ley  debidamente aprobada por el Congreso, cuya constitucionalidad fue confirmada por la Corte Suprema el pasado año.  Es verdad—no la ridícula acusación de “magnicidio”—pero eso se le puede perdonar.  Probablemente no sabe lo que magnicidio significa.  Claro que el insignificante es él, en más de una manera.  El Senador Cruz fue propia y debidamente elegido, por una mayoría abrumadora de votos, en la elección de noviembre del 2012.  Una mayoría, debo señalar, mucho más amplia que la recibida por su adorado presidente, ese gran cáncer que mancha con su presencia la Casa Blanca en Washington desde el 2009.  Además, el Senador Cruz representa a los votantes que lo eligieron, los cuales están opuestos a la Ley de Salud. 
José Manuel Pallí(en la foto), quien se jacta de saber mucho sobre el sistema legal americano, demuestra una ignorancia realmente impresionante sobre ese sistema.  Cualquier graduado de high school (bueno, cuando yo me gradué en 1963 aún se estudiaba cómo funcionaba el gobierno americano; ahora no se) sabe muy bien que la Cámara de Representantes tiene el deber, señalado por la Constitución, de aprobar leyes que otorgan fondos para el manejo del gobierno federal.  No importa si una ley ha sido debidamente aprobada por el Congreso (aunque en el caso de la Ley de Salud fue solo con votos del Partido Demócrata), la Cámara tiene el deber y el derecho de aprobar fondos para su implementación.  Eso fue exactamente lo que la Cámara trató de hacer recientemente.  Fracasó por otras razones que no es necesario considerar ahora, pero hizo lo correcto y cumplió con su deber constitucional.  PALLÍ y sus colectivistas ganaron esta batalla, pero eso no es suficiente para él.  No, aprovecha el momento para atacar, una vez más, no solo a los conservadores que tratamos de defendernos y de defender la Constitución, sino también a los “cubanoamericanos”.  ¿Por qué? Está criticando al movimiento conservador y a Ted Cruz. ¿Qué tienen que ver los “cubanoamericanos” (léase los cubanos del Exilio Histórico) con esto?  Bueno, es por Ted Cruz, a quien describe como cubano y luego entre paréntesis como canadiense.  Cruz en realidad es hijo de padre cubano (y anti-castrista, a mucha honra, pero para mucha molestia de PALLÍ) naturalizado y de madre americana.  Nació en Canadá, es verdad, pero es ciudadano americano y él es quien debe ser descrito como cubanoamericano, sin que eso se considere una deshonra (parece que el “compañero” así lo considera).
En fin, claro que muchos cubanos del Exilio Histórico que somos conservadores admiramos a Ted Cruz.(foto)  También admiramos a Marco Rubio, a pesar de su error apoyando una propuesta de inmigración inservible hace algunos meses.  No PALLÍ.  El admira a su buen amigo Joe García y al Senador Robert (si, se llama Robert, no Roberto) Menéndez de New Jersey.  Solo es una casualidad que los dos políticos están entre los más corruptos en el Congreso, pero eso es otra cosa.  ¿Por qué PALLÍ admira a García y a Menéndez?  Porque los dos apoyan, como PALLÍ, políticas colectivistas, ese es el por qué. Tuvo la osadía de comparar al distinguido Senador Cruz con el inmundo ex-guagüero y analfabeto presidente Maduro de Venezuela en un almuerzo que desafortunadamente compartimos hace días.  Por lo cual le llamé la atención.  El solo se sonrió; le pareció una “gracia”. 
Finalicemos con el alegato de que gracias a la intransigencia del Exilio Histórico, medicinas que pueden salvar vidas americanas no son permitidas en EU simplemente porque están hechas en Cuba.  Pero esa NO es la razón y PALLÍ bien lo sabe.  El Doctor Darsi Ferrer ha escrito sobre el intento de Joe García de apoyar que esa medicina hecha en Cuba (para curar las llagas que la diabetes produce en los pies) y la falsedad de que ese medicamento sirva para algo.  También Darsi ha escrito sobre el largo historial del régimen castrista de producir medicinas que no solo son inservibles, sino que son dañinas para la salud.  Es decir, el Representante García apoya la introducción en Estados Unidos de una medicina potencialmente nociva y peligrosa, Y PALLÍ lo aplaude, mientras critica al Exilio Histórico.  Además, los dos saben bien que introducir ese medicamento en EU es imposible, lo prohíbe la ley americana que PALLÍ tanto defiende—cuando le conviene.  El FDA. tiene que aprobar la entrada a EU de cualquier medicina, no importa donde sea hecha.  Luego entonces, es imposible lo que el “distinguido” Representante García propone.  Pero PALLÍ defiende las leyes americanas que le conviene, mientras su adorado presidente las viola impunemente, incluyendo la Ley de Salud.  
PALLÍ también culpa al Exilio Histórico por oponerse a reuniones que “un ciudadano americano ofrece en su casa privada a un par de diplomáticos cubanos”.  Bueno, como él no lo menciona, esto se refiere al fracasado intento de invitar a representantes del régimen castrista (no diplomáticos, como el compañero les llama) a Key West por un renegado cubano concejal de la ciudad.  En realidad, la invitación era al histórico Instituto San Carlos.  Y en realidad,  la invitación era para negociar viajes entre Cuba y Key West, en un propuesto nuevo ferry entre La Habana y Key West, algo apoyado por comerciantes americanos de Key West y seguramente por PALLÍ. El prominente abogado cubanoamericano de Miami Rafael Peñalver explicó todo esto muy claramente en presencia de PALLÍ en el almuerzo que compartimos.  PALLÍ lo ignoró, como ignora todo lo que no le conviene. No me interesa esto más que por la hipocresía que demuestra.  ¿En qué ayuda esto al pueblo cubano?  En nada.  ¿A quién beneficia?  A comerciantes americanos y al régimen castrista. ¿Por qué apoya el compañero PALLÍ esto?  Porque corresponde con su agenda de mejorar las relaciones—NO con el pueblo en Cuba, sino con el régimen cubano. 
Les pido excusas a los lectores de Nuevo Acción por someterlos a perder el tiempo leyendo algo sobre José Manuel PALLÍ.  Pero no podemos permitir que se le considere como nuestro representante (no que él lo quisiera ser) ante el público americano y cubano de Miami.  PALLÍ dice ser un gran defensor de la libertad.  Pero es, en verdad, su gran enemigo.  Su ideal es el colectivismo y el progresismo, por lo que tiene, por definición, que ser enemigo de la libertad.